martes, 7 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXV

(Anteriormente, Grugnig y Alfredo se han
separado ya. Tras entrar dentro de la estatua,
comienza aquí su clamor a la verdad oscura
que se oculta a la mayoría de cucarachas).

<<¡Saludos mortales!
¡Os traigo noticias fatales!>>

Nada más comenzar,
las cucarachas se quedaron mudas.
A los instantes, comenzaron a clamar:

<<¡NUESTRO DIOS HA VENIDO!>>
<<¡JAMÁS CREÍ QUE ESTE MOMENTO
HABRÍA VIVIDO!>>

<<VIENE A APOYARNOS,
¡PARA QUE A LOS HUMANOS
PODAMOS CARGARNOS!>>

La chamana no se hizo a un lado,
reaccionó, aprovechando la situación
con un tono enfadado:

<<NUESTRO DIOS, CUCHSTRAL,
ENTRE NOSOTRAS SE HA MANIFESTADO,
¡LAS FIELES VEREMOS COMO TANTO SACRIFICIO TIENE FINAL!>>

Antes de que continuará, Alfredo impuso orden fácilmente:
<<¡Silencio cucarachas!
¡No sois conscientes de que sucede realmente!

<<Si, soy yo, ¡CUCHSTRAL!
La deidad que debéis escuchar.
¡Y vuestra raza está arrasada por el mal!>>

Se oyeron asustados murmullos.
Alfredo sonrió,
aquellos bichos eran suyos.

<<¡Vuestro rey os oculta el horror!
Os ha convencido para matar a los humanos,
¡Ha cometido un craso error!>>

Los muros aumentaron.
Cucarachas inquietas,
de nuevo clamaron.

<<Siempre se ha sabido,
que cada muro construido,

<<Con cucarachas viejas se levanta,
o al menos eso dice vuestro rey.
¡La verdad, os oculta, y hasta a mí me espanta!

<<Habréis notado probablemente
la ausencia de algunas compañeras
que no habéis visto últimamente...>>

Se oyeron comentarios aislados.
Todas recordaban misteriosas desapariciones.
Amigas y familiares que se esfumaban, sin tener razones,
y cuyos recuerdos aún no habían sido olvidados.

Alfredo se preparó para revelar la verdad:
<<No tenéis más que romper un reciente muro.
Como aquel en el que encerrasteis a ese pedo inseguro.
En sus paredes las encontraréis en gran cantidad.

<<Se trata de cucarachas que criticaban esta sociedad,
y que sospechaban del rey y su tamaña crueldad.

<<Se las junta en grupos sin avisar,
y mercenarias las rocían de alquitrán hirviente y acero.
Mueren tras un horrible sufrimiento para esos muros levantar.

<<Si a las más sádicas no os parece demasiado,
si con todo, pensáis que algo tan cruel está justificado...
visitad la puerta del comedor en el que tantas veces habéis estado.

<<Tras ese portal se esconde la mayor atrocidad.
Visitad la despensa y veréis que es lo que coméis.
Debéis interiorizar la oscura verdad.

<<Y por último, nunca salgáis al exterior.
No estáis preparadas para ese mundo,
ya que ni siquiera sois libres en esta galería inferior.

<<Ahora, erradicad esta locura de forma total,
¡O caerá sobre vosotras la ira de CUCHSTRAL!>>

Apenas acabó aquella confesión,
estalló entre las cucarachas la ira,
el deseo de venganza, odio, destrucción.
Desde uno de los ojos vio su reacción:

Todas las presentes se abalanzaron a la salida de forma masiva,
empujando, pisoteando, y actuando de forma primitiva.

Pero ahora no podía quedarse ahí mirando.
Cada instante contaba,
¡tenía que escapar volando!

Detrás suyo la oquedad se expandía.
<<No puedo ver como acaba esto,
¡no tengo todo el día!>>

Siguiendo la prolongación,
ante sus ojos el hueco en un túnel se abría.
Unos metros más adelante este en vertical se torcía.
El pasadizo final a la salida le llenó de intimidación.

Cuando ya se estaba adentrando,
notó un sonido seco y lejano,
y no pudo evitar quedarse escuchando:

Era el ruido que hace una construcción al ser derruida.
Le sucedieron terroríficos y distorsionados rugidos,
los más monstruosos que había oído en toda su vida.
Los insectos habían descubierto las paredes con sus seres queridos.

<<Supongo que ahora se dirigirán al comedor.
Me pregunto como reaccionarán tales bestias
cuando vean a sus crías almacenadas y mutiladas a su alrededor...>>

Tras unos instantes de reflexión, siguió avanzando.
Algo en su interior le decía que faltaba poco,
que la superficie pronto acabaría alcanzando.

Tras unos minutos de subida,
la cavidad acababa en una pequeña grieta.
Tras esta, estaba la sala del rey, y por último la salida.

<<Si Grugnig no me ha engañado,
pronto la libertad habré hallado.

<<Por fin podré abandonar este infierno de locura,
y volver a tierra segura.>>

A pesar de su resolución, la sala real,
ahora le inspiraba un miedo tal,

que tardó un rato en mentalizarse
y para salir disparado prepararse.

Como había ido allí con anterioridad,
decidió meditar todo con brevedad.

Había estado allí antes, así que logró recordar
hacia que dirección debía flotar.

Finalmente, tras unos momentos de reflexión,
se coló por aquella pequeña grieta,
dispuesto a cruzar la sala y alcanzar su salvación.

Solo unos instantes después de entrar,
se dio cuenta de que la habitación
estaba sin iluminar.

No podía ver absolutamente nada.
Hasta la última antorcha estaba apagada.

Sin saber donde estaba la salida,
escudriñó la habitación forzando la vista.
No distinguió a la cucaracha real. ¿Estaría escondida?

Y mientras tanteaba buscando el reducto de huida,
escuchó un espectral estruendo, de tierra chocando con un metal.
Su huida estaba ahora hundida.

Dos planchas de un extraño metal,
debían haber sellado la grieta y el reducto,
con una rapidez sin igual.

Tal y como Grugnig había advertido,
todo había sucedido.

Una voz extrañamente familiar,
interrumpió la tensión para clamar:

<<¡Buenos días Alfredo!
No saludas a un viejo amigo,
¿mi querido pedo?>>

Las antorchas se encendieron al momento.
<<¿Tan pronto te quieres ir de mi mundo?
¿A caso es tan malvado y cruento?>>

Primero miro a los lados.
En las paredes,
reconoció los grabados.

Pero por alguna razón,
ya no eran de color marrón.

Estaban pintados de color rojizo,
cuya tono estaba
entre furibundo y enfermizo.

Pero lo más atrayente,
no estaba en ese color ardiente.

Ante sus ojos, la monumental cucaracha rey hablaba.
Ahora estaba de pie, sobre sus enormes patas traseras.
Pero en ella algo raro notaba.

Su voz no era como esperaba.
No se parecía a la de una cucaracha,
y por alguna razón, a alguien le recordaba.

Era insípidamente seca y rasposa,
y su tono rápido, encendido
contrastaba de forma espantosa.

La cucaracha se llevó las manos a la cabeza.
<<Tanto protocolo me da algo de pereza,

<<y además, ¡ya eramos amigos de antemano!
así que mejor iré al grano...>>

Un sonido de cuero desgarrado
dejó a Alfredo aún más desconcertado.

La cabeza del rey cayó al suelo.
Estaba totalmente hueca y vacía.
No era más que una careta de cuero y pelo,

que aunque ahora desprendida y maltrecha,
se podía reconocer que estaba realmente bien hecha.

Alfredo subió la vista lentamente,
hasta tener al falso rey de frente.

Cuando vio de nuevo su faz,
tan tranquila y serena,
y en suma tan llena de paz,

sintió una mezcla entre pavor y sorpresa,
mientras era atravesado
por una mirada sádica y aviesa.

<<Te quedarás aquí una buena temporada,
mientras mis queridas criaturas
devoran a tus humanos en manada.

<<¡Tengo mucho que contarte,
antes de que mi tratamiento
pueda aplicarte...!>>

El indestructible científico milenario,
rió entonces de forma histérica,
embutido en ese disfraz grande como el mayor armario.

(Me he dado cuenta de que el poema habla por si solo.
Es una tontería que cada vez deje parrafadas tan
largas aquí abajo, ¿no? Intentaré publicar más a menudo.
Nos vemos pronto).




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