viernes, 17 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVII

Pedo y científico quedaron paralizados,
y en instantes fueron rodeados.

A pesar de la enorme envergadura
que el disfraz el científico alcanzaba,
derribaron contra el suelo sus cinco metros de altura.

<<¡Soltadme, seres despreciables!
¡Soy vuestro dios! ¡No podéis hacerme esto!
¡Os ejecutaré como ratas miserables!>>

El científico estaba más enfadado que asustado.
Una cucaracha al final de la sala le habló,
con una tono de voz firme pero calmado:

<<EL ÚNICO DESPRECIABLE AQUÍ ES SU MAJESTAD.
AHORA QUE LA REVUELTA HA TRIUNFADO,
NO TOLERARÉ OTRO REINADO DE ATROCIDAD>>.

Alfredo reconoció a la cucaracha que esto decía.
 <<¡Grugnig! ¡Creí que nunca más te vería!>>

<<AÚN NO ESTABA EN PAZ CONTIGO.
NI CREO QUE JAMÁS LO ESTÉ,
NI YO NI MI ESPECIE, AMIGO.

<<LA REVOLUCIÓN ENTRE NUESTRAS GALERÍAS HA COMENZADO.
LA HE DIRIGIDO YO PERSONALMENTE, Y ESTÁ SIENDO UN ÉXITO.
PERO ADEMÁS, A TODAS ELLAS LA VERDAD LES HE CONTADO.

<<AL PRINCIPIO CREÍ QUE ME IBAN A EJECUTAR,
PERO TODAS ME PERDONARON POR MIS ACTOS.
EL HECHO DE QUE HAYA TENIDO VALOR PARA CONFESAR,

<<Y DE HABER AYUDADO A NUESTRA ESPECIE A RECTIFICAR,
HA CAUSADO ADMIRACIÓN ENTRE LAS MÍAS,
A PESAR DE LAS MUCHAS AMIGAS QUE HE VISTO ASESINAR.

<<POR ESO, AHORA SERÉ LA ENCARGADA DE GOBERNAR.
VIVIREMOS DE FORMA MUCHO MÁS CIVILIZADA,
¡NO IMAGINAS LO LEJOS QUE PODEMOS LLEGAR!

<<PERO SIN TÍ ESTO NO HABRÍA ESTALLADO.
LOS ASESINATOS SEGUIRÍAN,
Y ESTE MUNDO PERMANECERÍA CONDENADO.

<<TODAS LAS CUCARACHAS SABEN TU CUAL HA SIDO TU PAPEL.
CUANDO ACABE LA REVOLUCIÓN ENTRE LAS NUESTRAS,
TODAS TE ADORARAN COMO SU NUEVO DIOS EN TROPEL.

<<PERO ESO NO PODRÁ OCURRIR...
LOS DOS SABEMOS QUE TE QUIERES IR...>>

Grugnig agachó la cabeza, entristecido.
Cada vez sentía más afecto por ese pedo,
y la despedida era lo último que hubiese querido.

Alfredo realmente quería irse,
ya que de los primeros humanos
acababa de acordarse.

Pero por otra parte, despedirse de aquellas criaturas,
e irse de esa galería cada vez menos infernal,
le parecía un triste e incompleto final
llegados a estas alturas.

<<Grugnig, creo que serás el mejor
dirigiendo a tu especie por el buen camino.
Tienes mi total favor.

<<Pero antes de partir,
dos cosas te debo pedir.>>

<<TODAS LAS QUE QUIERAS, GRAN PEDO.>>
<<Primero: ahora que sabéis que todas las profecías eran falsas,
probablemente esto os importe in bledo...

<<Pero no subáis al mundo exterior.
No solo lo pido como un favor,

<<es más bien una recomendación.
Ahí arriba viven humanos...
y quien sabe, al veros, cual sería su reacción.

<<No son criaturas perversas, en general...
digamos que ninguno comparte la misma moral.

<<Si os viesen os tomarían por seres malvados.
Iniciarían una guerra, y esta vez de verdad.
No quiero que nadie sea asesinado...>>

Al contrario de lo que el pedo imaginó,
Grugnig a buenas se lo tomó:

<<NO HABRÁ NINGUN PROBLEMA AL RESPECTO.
PARA SER SINCEROS, ESTE MUNDO
ES NUESTRO HÁBITAT PERFECTO.

<<TAN SOLO QUERIAMOS SUBIR POR VENGANZA,
PARA INICIAR UNA GUERRA ABSURDA,
SOSTENIDA SOBRE UNA FALSA MATANZA.>>

<<El segundo favor que debo pedir...
es que a ningun humano debéis herir.

<<Aunque anteriormente hicieron la superficie trizas,
no tienen por qué ser una amenaza para nadie.
Es una especie excepcional, capaz de resurgir de sus cenizas.

<<Yo personalmente velaré por los seres humanos
Sé que no cometerán los mismos errores,
y también que mis esfuerzos no serán vanos.

<<Sé que después de ver a este ''rey'' impostor,
 la sola mención de su especie os inspirará terror...

<<Pero él es solo una excepción.
Su odio hacia los suyos y hacia toda forma de vida,
son la causa de su crueldad y enajenación.>>

Con todo, Grugnig aceptó su argumentación:
<<ME VEO OBLIGADO A CREERTE, GRAN PEDO.
LA VIOLENCIA NO DEVOLVERÁ A NADIE DE SU DEFUNCIÓN.

<<AÚN ASÍ, ESTE HUMANO HA SIDO MALVADO,
Y SI LE DEJAMOS IR PODRÍA SER UN PELIGRO.
POR ELLO, SE QUEDARÁ AQUÍ PARA SIEMPRE, ENCARCELADO.>>

Alfredo se quedó satisfecho.
El científico, aunque aún aturdido
y contrahecho,

protestó con toda su energía,
e intentó zafarse de las cucarachas,
pero la fuerza de estas se lo impedía.

<<LLEVAOS A ESTE DELINCUENTE,
Y ENCERRADLO EN LAS PROFUNDIDADES,
ASILADO DE TODA CUCARACHA DECENTE.>>

El científico, arrastrado,
se fue, junto con las cucarachas
que allí habían entrado.

Antes de cerrarse la puerta principal,
escuchó aún la voz del anciano,
clamando un augurio fatal:

<<Esta vez no ha podido ser, Alfredo,
¡pero llegará el día en el que seas mío!
¡Los humanos se evaporarán como gotas de rocío!
¡Y lo mejor es que tu mismo lo harás, asqueroso pedo!>>

Un mar de carcajadas histéricas inundó el pasadizo,
distorsionadas por el eco, y cada vez más lejanas,
mientras se llevaban a ese personaje enfermizo.

Alfredo ignoró como pudo aquella voz demente.
Ahora estaban solos en la sala Grugnig y Alfredo:
<<NO TE PREOCUPES, CON ÉL SERÉ CLEMENTE.

<<EN CUANTO A TÍ, CREO QUE YA ES HORA DE PARTIR.
HA SIDO UNA GRAN EXPERIENCIA PARA LOS DOS...
A PESAR DE QUE TANTAS CRIATURAS HAYAS VISTO MORIR...>>

Alfredo escuchó un débil ruido sobre su cabeza.
Sabía que era la trampilla de salida,
abierta por un mecanismo con gran delicadeza.
Era la hora de la despedida.

<<Cucarachas, Grugnig, siempre os recordaré.
Sois un ejemplo de que todos podemos cambiar a mejor.
Cuando la humanidad renazca, ese pensamiento siempre tendré.>>

Ambos sabían que no había que forzar más esta despedida.
Tras mirar aquella sala tétrica a su alrededor,
sonrió feliz de haber salvado a aquella especie de perpetuar el horror.
Atravesó entonces la rejilla de salida.

Aquel tunel vertical, terroso,
que la primera vez que bajó,
le condujo a un reino horroroso,

ahora le sacaba de un lugar lleno de esperanza,
exento desde ese momento de la crueldad y la matanza.

Recorrió este acceso a su verdadero hogar.
El mundo exterior, que ahora echaba tanto a faltar.

Tras un rato de recorrido,
la luz del exterior ya había percibido.

Y breves momentosmás adelante,
Alfredo lo terminó alcanzando.
El paisaje, de bello que era le resultó intimidante.

Era una preciosa mañana soleada.
Los rayos de sol acariciaban la hierba
que rodeaba la llana e inmensa explanada.

Alfredo llevaba meses sin ver el gran astro brillar.
Sintió necesidad, ante tal belleza y encuentro exterior,
de ponerse inevitablemente a llorar.

Después del shock inicial,
flotó en derredor con alegría,
hasta que al final,

se tumbó en el suelo agotado.
La noche llegaba ahora,
pues el resto del día fugaz había pasado.

Se tumbó encima de unos pequeños matojos,
que el tiempo había secado
hasta convertir en insignificantes despojos.

Un agarrotamiento recorrió lo más profundo de su alma.
Los ojos cada vez más se entrecerraban,
y finalmente se dejó llevar por el ambiente de calma.

Así acabo totalmente dormido,
por una suave brisa nocturna mecido,

al igual que cuando el planeta salvó,
feliz por el deber cumplido,
durante largo tiempo roncó.

(Seguro que hay quien cree que esto
es casi el final del poema, ¿no? Alfredo
salva a los bichos malos, y seguramente
de un modo mágico ya cumplirá su sueño
de ser humano. 3 o 4 partes más y ''se finí''.
A esa gente, solo me gustaria decirle lo siguiente:
el poema ni siquiera ha comenzado aún.
Próximamente la esperada (?) parte XXXVIII)



domingo, 12 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVI

(Anteriormente, Alfredo descubre
el secreto del ''rey cucaracha'' tras
iniciar una revuelta entre los insectos
e intentar escapar de la galería gigante).

<<¿Me creías muerto realmente?
Tenía ganas de volver a hablarte...
antes de convertirte en mi esclavo omnipotente.>>

<<Puedo caer, quebrar mi cuello y desnucarme,
puedo degenerar durante siglos...
¡Pero nunca, nada en este planeta podrá matarme!>>

Una carcajada histérica
brotó de sus carnes ajadas,
seguida de su voz envejecida pero colérica.

Aunque aún era reconocible,
su cuerpo había mutado de forma increíble.

Las arrugas de su cara se habían multiplicado,
y pocos pelos brotaban de su cabeza arrugada y podrida.
Además, sus ojos tenían un aspecto nublado.

Allí donde más se marcaban sus pruebas de vejez,
oscuras manchas de la dermis se extendían.
Parecía una oscura y podrida nuez.

Alfredo, asustado, retrocedió
y el loco científico milenario
con la mirada le siguió:

<<Cuando llegaste a mi laboratorio principal,
ya sospechaba que mi búsqueda llegaba a su final...

<<Gran pedo, eres un ser superior a todos los demás.
Gaseoso, invulnerable al dolor, casi incorpóreo...
cuando mutes, ¡dejarás a esas patéticas cucarachas atrás!

<<Lograré explotar tu poder hasta el extremo...
Serás... ¡Serás un dios supremo!

<<Y, con tu voluntad bajo mi control...
¡Morirán a mis pies todos esos miserables,
cual ratas disecadas en formol!

<<No estás comprendiendo nada...
¡Pero tranquilízate, amigo mío!
Mi meta ya está alcanzada,

<<No me importa todo explicar,
a pesar de que después,
¡de tu débil cerebro me consiga adueñar!>>

Avanzó un par de pasos hacia Alfredo,
haciendo temblar el suelo a cada uno,
y asustando todavía más al pedo,
mudo y quieto del miedo.

<<Verás, en este mundo
hay un mal demoníaco,
destruyéndolo todo y dejando el planeta moribundo.

<<¡Hablo de la humanidad!
Como raza sólo somos un problema.
No solo nos masacramos sin piedad,

<<¿A caso no piensas en la naturaleza?
Ni siquiera después de recrear el mundo,
crecerán bosques frondosos y con la misma entereza.>>

Alfredo recordó inevitablemente
como mientras viajaba, no vio árboles,
tan sólo estepa y llanuras constantemente.

<<Y los ánimales... ¡Especímenes tan potenciales!
Exterminamos a tantas criaturas,
fauna de propiedades increíbles, casi sobrenaturales...

<<No me extenderé en lo que a mi me hicieron.
Todo lo que me quitaron,
lo mucho que por dentro y por fuera me hirieron...>>

El científico se detuvo de forma dramática.
Enfundado en semejante disfraz, durante segundos,
su mirada se tornó aún más nublada y errática.

Como si recordase un tiempo pasado,
del que desearía no haberse alejado.

Pero rápidamente recuperó su expresión fogosa,
y su mirada se acentuó en intensidad de nuevo.
Se volvió aún más turbia, demente, espantosa:

<<Tengo motivos MUY numerosos
para eliminar a esa caterva de apestosos...

<<Por eso logré la inmortalidad.
Supe que yo solo tardaría siglos,
antes de lograr idear algo para borrar a la humanidad...

<<Llevaba incontables décadas fracasando la búsqueda de un arma biológica,
que lograse acabar con toda mi vergonzosa especie,
sin dañar un mínimo la vida animal y en suma, toda la ecológica.

<<Entonces, cuando estaba más encasillado
y ya me daba por acabado...

<<Llegaste a mi laboratorio por un destino azaroso.
Supe que serías la vía a mi objetivo,
a lograr, en suma ¡un mundo mucho más hermoso!

<<Pero no podía hacerte de mi propiedad.
Si me hubiese mostrado hostil,
hubieras podido huir con toda facilidad.

<<Supe que con alguien tan poderoso,
 volvería a encontrarme,
¡y así fue, amigo gaseoso!

<<Sabía que sin embargo, aún no eres suficientemente duro.
Como puedes ver, esta galería está hecha de un compuesto
por el que no puedes filtrarte.
Así el encuentro contigo es seguro.

<<Además tienes un incontrolable afecto,
hacia cada uno de esos miserables humanos,
y en cada uno respetas incluso su más vulgar defecto.

 <<Si te contaba mi propósito, nunca me ayudarías,
y de mi siempre, desesperado rehuirías.

<<Estuve trabajando desde entonces en un poderoso elixir,
para poder aplicártelo diciendo si te volvía a ver,
engañándote y diciendo que te volvería humano para mi meta conseguir.

<<Ese elixir solo tiene dos objetivos reales.
El primero es someter a mí tu mente,
para controlar todos tus delirios y afecciones irracionales,

<<y el propósito segundo,
alterar tu cuerpo de gas,
volverlo más corrosivo, nauseabundo,
¡para poder acabar más fácilmente con cada humano inmundo!

<<Sólo tuve que parar en una ocasión.
Cuando el mundo estuvo al borde
de la total incineración.

<<Creía que llegaba tarde para lograr
este infernal mundo salvar.

<<Pero por suerte, descubriste la gran maquinaria,
salvando la tierra, y cumpliendo la profecía
de esa secta que se hace llamar legendaria.

<<Encerrado en el subterráneo de mi laboratorio abandonado,
seguí, a pesar de temerme lo peor,
desarrollando el elixir, aún con fe en que en tal infierno hubieses aguantado.

<<Después, aquella gran explosión.
Me embargó la alegría,
supe que habías salvado el mundo de su destrucción.

<<Pero también que con todo, los humanos seguirían existiendo.
Una especie tan rastrera y perversa,
por una mera catástrofe no acaba pereciendo.

<<Cuando miré el exterior por primera ocasión,
el horror que había ahí fuera casi me dejó sin respiración.

<<Tinieblas agobiantes y densas,
criaturas sacadas del más horrible grimorio,
el horror en sus formas más extensas,
rodeaban con sus ojos de azufre las ruinas de mi laboratorio.

<<Solo había aguantado la parte subterránea en la que me escondí.
Observé como entre la oscuridad se cazaban,
y como sus miradas penetrantes me acechaban.
Bajé a toda prisa, inquieto, deseando estar lejos de allí

<<Tu no tardaste mucho en llegar.
La emoción se comía mis viejas entrañas,
puesto que el elixir poco antes había acabado de perfeccionar...>>

El pedo estaba ya aplastado contra una pared,
incapaz de escapar, aterrorizado.
Era consciente de que estaba a su merced.

<<Está hecho especialmente para masas de metano.
La parte más interesante fue aplicar tal milagro en las mías propias.
Las reacciones que experimentaron me mostraron que mi trabajo no era en vano.

<<Pero... eso eran gases corrientes...
se desvanecieron en inmensas contorsiones
y tras adquirir desproporcionadas dimensiones.
no tenían características lo bastante potentes.

<<Si embargo, tú eres el adecuado.
He hecho comprobaciones,
y en todos los detalles me he asegurado...

<<Escuché tu historia sobre la explosión,
los Chusos, y su máquina
fingiendo a cada detalle gran impresión.

<<¿Te crees que yo no sabía nada de esa secta?
¿O siquiera sobre la máquina y la entrada subterránea directa?

<<Se mucho más de lo que tú crees.
Conozco casi todos los secretos que entrama este planeta,
y soy consciente de todo lo que a tu alrededor ves.

<<Pensaba en contarte esto en aquel cubil,
Pero cuando ya iba a cerrar la compuerta del todo,
y negarte la escapatoria, de nuevo me atacó el destino vil.

<<Resbalé desde arriba, y al caerme mi cuello quedó destrozado.
¡Una pena! No te pude ver enfurecido y en plena frustración.
Solo sé que al volver de nuevo a la vida, todo a mi alrededor estaba arrasado.

<<Las tinieblas estaban desdibujadas como nubecillas de humo pequeñas.
Tampoco quedaba ninguna de esas formas de vida horribles.
No sabía que su poder llegaba tan lejos cuando de tu ira no te adueñas.

<<Me fui de esa zona infernal corriendo,
hasta que en esta estepa acabé llegando.
Sentía como la rabia me estaba consumiendo.

<<Una vez más volvía a perderte...
y a pesar de todo, seguía sabiendo que volvería a verte.

<<Mientras hacía mi nuevo hogar,
supe que tardaría demasiado en todo preparar.

<<Fue entonces cuando me fijé en las cucarachas que había bajo tierra.
¡Y fue entonces comenzó toda la diversión!
Las logré mutar hasta lo que son ahora y luego inventé lo de esa guerra.

<<Así, logré alimentar sus primitivos cerebros de odio a los humanos.
Me proclamé su rey embutido en este disfraz,
y luego ordené construir todas sus salas, el comedor, los corredores largos y llanos...

<<En dos semanas el nido tenía la forma actual.
Mientras, yo estaba en esta sala, esperando tu llegada.
Todo lo demás para mí era poco más que trivial.

<<Con todo, tuve que hacer mi papel de monarca,
con todo lo que ello abarca.

<<Ya habrás visto las despensas y la forma de hacer paredes...
¡¿Cómo no lo vas a haber visto?!
Cuando te lo propones, a cualquier lugar accedes.

<<Pensarás que lo que hago es cruel.
Que soy un loco que realiza matanzas secretas,
y solo por pura paranoia ejecuto a hordas en tropel.

<<¿Ignoras lo que podría haber pasado
si a estos seres crecer a su ritmo
les hubiese dejado?

<<La población excesiva no tendría comida suficiente.
Al principio solo habría alguna pequeña hambruna incipiente...

<<Pero las pocas semanas, o incluso días,
la inanición causaría auténticas guerras,
más sangrientas de lo que te imaginarías.

<<En todo caso, no esperaba que tan pronto llegarías...
Aunque ya estaba todo esto listo,
creí que hasta mucho tiempo, azarosamente aquí no acabarías.

<<Te has escapado dos veces de mis prisiones.
Pero ahora, son muy diferentes tus condiciones.

<<Pensaba soltar en breves a mi rebaño de aberraciones.
y dejar que se adueñasen de la tierra sin más dilaciones.

<<Entonces te fugaste de tu prisión,
así que pospuse unos días la hora del asalto,
por motivos de pura precaución.

<<Pero ahora que eres mío, todo será con otro proceder...
para empezar, re convertiré en una deidad,
con un poder de devastación en tal cantidad
que hasta los caparazones de mis cucarachas podrás deshacer.

<<Después, los dos saldremos de nuevo a la superficie terrestre.
Calculo que habremos exterminado
a los pocos humanos que sobrevivieron al desastre en tan solo un bimestre...

<<Solo entonces me daré por satisfecho,
y mi función con éxito habré hecho.

<<Pero ahora, ¡dejemos la palabrería!
¡Hoy será nuestro gran día!>>

El científico estaba ahora a un escaso metro de la ventosidad,
que acorralada contra la pared, hablo por primera vez y rogó piedad.

Haciendo oídos sordos, comenzó su disfraz a palpar.
Finalmente, de un pliegue de la parte superior,
un extraño frasco logró sacar.

<<Aquí está... en fin, odio tener que depedirme,
pero al menos, ¡con tu cuerpo mejorado si que podré unirme!>>

Pero un sonido lejano le hizo detenerse.
Desde el pasadizo tras la puerta principal,
una marabunta corriendo hacia la sala del trono podía oírse.

El ruido aumentaba en intensidad,
cada vez se oía con más sonoridad.

Y finalmente, un duro golpe se percibió,
seguido de muchos otros de misma fuerza.
En tan solo unos segundos ante ambos el portón cedió.

Tras el, decenas de cucarachas hicieron presencia,
dejando parados tanto al científico, todavía con la mascara quitada,
como a nuestra gaseosa pestilencia.


martes, 7 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXV

(Anteriormente, Grugnig y Alfredo se han
separado ya. Tras entrar dentro de la estatua,
comienza aquí su clamor a la verdad oscura
que se oculta a la mayoría de cucarachas).

<<¡Saludos mortales!
¡Os traigo noticias fatales!>>

Nada más comenzar,
las cucarachas se quedaron mudas.
A los instantes, comenzaron a clamar:

<<¡NUESTRO DIOS HA VENIDO!>>
<<¡JAMÁS CREÍ QUE ESTE MOMENTO
HABRÍA VIVIDO!>>

<<VIENE A APOYARNOS,
¡PARA QUE A LOS HUMANOS
PODAMOS CARGARNOS!>>

La chamana no se hizo a un lado,
reaccionó, aprovechando la situación
con un tono enfadado:

<<NUESTRO DIOS, CUCHSTRAL,
ENTRE NOSOTRAS SE HA MANIFESTADO,
¡LAS FIELES VEREMOS COMO TANTO SACRIFICIO TIENE FINAL!>>

Antes de que continuará, Alfredo impuso orden fácilmente:
<<¡Silencio cucarachas!
¡No sois conscientes de que sucede realmente!

<<Si, soy yo, ¡CUCHSTRAL!
La deidad que debéis escuchar.
¡Y vuestra raza está arrasada por el mal!>>

Se oyeron asustados murmullos.
Alfredo sonrió,
aquellos bichos eran suyos.

<<¡Vuestro rey os oculta el horror!
Os ha convencido para matar a los humanos,
¡Ha cometido un craso error!>>

Los muros aumentaron.
Cucarachas inquietas,
de nuevo clamaron.

<<Siempre se ha sabido,
que cada muro construido,

<<Con cucarachas viejas se levanta,
o al menos eso dice vuestro rey.
¡La verdad, os oculta, y hasta a mí me espanta!

<<Habréis notado probablemente
la ausencia de algunas compañeras
que no habéis visto últimamente...>>

Se oyeron comentarios aislados.
Todas recordaban misteriosas desapariciones.
Amigas y familiares que se esfumaban, sin tener razones,
y cuyos recuerdos aún no habían sido olvidados.

Alfredo se preparó para revelar la verdad:
<<No tenéis más que romper un reciente muro.
Como aquel en el que encerrasteis a ese pedo inseguro.
En sus paredes las encontraréis en gran cantidad.

<<Se trata de cucarachas que criticaban esta sociedad,
y que sospechaban del rey y su tamaña crueldad.

<<Se las junta en grupos sin avisar,
y mercenarias las rocían de alquitrán hirviente y acero.
Mueren tras un horrible sufrimiento para esos muros levantar.

<<Si a las más sádicas no os parece demasiado,
si con todo, pensáis que algo tan cruel está justificado...
visitad la puerta del comedor en el que tantas veces habéis estado.

<<Tras ese portal se esconde la mayor atrocidad.
Visitad la despensa y veréis que es lo que coméis.
Debéis interiorizar la oscura verdad.

<<Y por último, nunca salgáis al exterior.
No estáis preparadas para ese mundo,
ya que ni siquiera sois libres en esta galería inferior.

<<Ahora, erradicad esta locura de forma total,
¡O caerá sobre vosotras la ira de CUCHSTRAL!>>

Apenas acabó aquella confesión,
estalló entre las cucarachas la ira,
el deseo de venganza, odio, destrucción.
Desde uno de los ojos vio su reacción:

Todas las presentes se abalanzaron a la salida de forma masiva,
empujando, pisoteando, y actuando de forma primitiva.

Pero ahora no podía quedarse ahí mirando.
Cada instante contaba,
¡tenía que escapar volando!

Detrás suyo la oquedad se expandía.
<<No puedo ver como acaba esto,
¡no tengo todo el día!>>

Siguiendo la prolongación,
ante sus ojos el hueco en un túnel se abría.
Unos metros más adelante este en vertical se torcía.
El pasadizo final a la salida le llenó de intimidación.

Cuando ya se estaba adentrando,
notó un sonido seco y lejano,
y no pudo evitar quedarse escuchando:

Era el ruido que hace una construcción al ser derruida.
Le sucedieron terroríficos y distorsionados rugidos,
los más monstruosos que había oído en toda su vida.
Los insectos habían descubierto las paredes con sus seres queridos.

<<Supongo que ahora se dirigirán al comedor.
Me pregunto como reaccionarán tales bestias
cuando vean a sus crías almacenadas y mutiladas a su alrededor...>>

Tras unos instantes de reflexión, siguió avanzando.
Algo en su interior le decía que faltaba poco,
que la superficie pronto acabaría alcanzando.

Tras unos minutos de subida,
la cavidad acababa en una pequeña grieta.
Tras esta, estaba la sala del rey, y por último la salida.

<<Si Grugnig no me ha engañado,
pronto la libertad habré hallado.

<<Por fin podré abandonar este infierno de locura,
y volver a tierra segura.>>

A pesar de su resolución, la sala real,
ahora le inspiraba un miedo tal,

que tardó un rato en mentalizarse
y para salir disparado prepararse.

Como había ido allí con anterioridad,
decidió meditar todo con brevedad.

Había estado allí antes, así que logró recordar
hacia que dirección debía flotar.

Finalmente, tras unos momentos de reflexión,
se coló por aquella pequeña grieta,
dispuesto a cruzar la sala y alcanzar su salvación.

Solo unos instantes después de entrar,
se dio cuenta de que la habitación
estaba sin iluminar.

No podía ver absolutamente nada.
Hasta la última antorcha estaba apagada.

Sin saber donde estaba la salida,
escudriñó la habitación forzando la vista.
No distinguió a la cucaracha real. ¿Estaría escondida?

Y mientras tanteaba buscando el reducto de huida,
escuchó un espectral estruendo, de tierra chocando con un metal.
Su huida estaba ahora hundida.

Dos planchas de un extraño metal,
debían haber sellado la grieta y el reducto,
con una rapidez sin igual.

Tal y como Grugnig había advertido,
todo había sucedido.

Una voz extrañamente familiar,
interrumpió la tensión para clamar:

<<¡Buenos días Alfredo!
No saludas a un viejo amigo,
¿mi querido pedo?>>

Las antorchas se encendieron al momento.
<<¿Tan pronto te quieres ir de mi mundo?
¿A caso es tan malvado y cruento?>>

Primero miro a los lados.
En las paredes,
reconoció los grabados.

Pero por alguna razón,
ya no eran de color marrón.

Estaban pintados de color rojizo,
cuya tono estaba
entre furibundo y enfermizo.

Pero lo más atrayente,
no estaba en ese color ardiente.

Ante sus ojos, la monumental cucaracha rey hablaba.
Ahora estaba de pie, sobre sus enormes patas traseras.
Pero en ella algo raro notaba.

Su voz no era como esperaba.
No se parecía a la de una cucaracha,
y por alguna razón, a alguien le recordaba.

Era insípidamente seca y rasposa,
y su tono rápido, encendido
contrastaba de forma espantosa.

La cucaracha se llevó las manos a la cabeza.
<<Tanto protocolo me da algo de pereza,

<<y además, ¡ya eramos amigos de antemano!
así que mejor iré al grano...>>

Un sonido de cuero desgarrado
dejó a Alfredo aún más desconcertado.

La cabeza del rey cayó al suelo.
Estaba totalmente hueca y vacía.
No era más que una careta de cuero y pelo,

que aunque ahora desprendida y maltrecha,
se podía reconocer que estaba realmente bien hecha.

Alfredo subió la vista lentamente,
hasta tener al falso rey de frente.

Cuando vio de nuevo su faz,
tan tranquila y serena,
y en suma tan llena de paz,

sintió una mezcla entre pavor y sorpresa,
mientras era atravesado
por una mirada sádica y aviesa.

<<Te quedarás aquí una buena temporada,
mientras mis queridas criaturas
devoran a tus humanos en manada.

<<¡Tengo mucho que contarte,
antes de que mi tratamiento
pueda aplicarte...!>>

El indestructible científico milenario,
rió entonces de forma histérica,
embutido en ese disfraz grande como el mayor armario.

(Me he dado cuenta de que el poema habla por si solo.
Es una tontería que cada vez deje parrafadas tan
largas aquí abajo, ¿no? Intentaré publicar más a menudo.
Nos vemos pronto).