domingo, 22 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXI

(Anteriormente, Alfredo encuentra
la zona de desovación de las cucarachas.
Al ver las larvas, un terrible pensamiento
le ha cruzado la mente).

Menor era esta habitación,
que el comedor por el que había
pasado con antelación.

Decenas de cucarachas ante su presencia.
Todas estaban de pie frente a grandes sillares de piedra,
que sobresalían del suelo, dando una tosca esencia.

Las paredes, eran de color blanquecino,
lo cual recordaba al pasillo,
aunque con un iluminado mortecino.

Todas parecían golpear algo sobre la roca,
y en sus bruscos movimientos
se deducía una furia loca.

Con grandes y primitivas herramientas de metal,
machacaban algo a un ritmo infernal.

Miró Alfredo sus extremidades,
se fijó en sus patas superiores.

También en la mesa y sus utensilios oxidados,
y en el suelo sus ojos también se quedaron parados.

Por todas estas partes habían trozos de una pasta rosada,
que tan solo unos minutos atrás había pertenecido
a las viscosas criaturas larvadas.

Las cucarachas, con gran frialdad
mutilaban a sus propios descendientes.
Las mismas que condenaron a la humanidad,
por su inmensa crueldad.

Observó cada movimiento,
y como sus oxidados útiles
impactaban en la piedra dura como el cemento.

Contempló sin poder apartar la mirada,
como hasta la última larva era destrozada.

Algunas aún se movían,
y las golpeaban aún vivas
hasta que ya no se retorcían,
y en una vorágine de pulpa rosada morían.

Sus verdugos seguían impasibles.
golpeándolas sin inmutarse,
neutrales y pueriles.

Y así estuvieron,
hasta que las últimas larvas
en una agonía de golpes fenecieron.

Todas las cucarachas responsables
estaban envueltas de pedacitos de tal carnicería,
aunque no parecía importarles, a las indeseables.

Escuchó una voz a uno de los lados del macabro lugar.
Provenía de un plano que desde donde estaba no podía observar.

<<LLEVAD LAS MASAS A LA COCINA.
¡CARGAD CON TODAS LAS QUE PODÁIS
LLEVAR ENCIMA!>>

Las cucarachas agarraron con sus patas
aquellos cadáveres,
tratándolos como si fueran repugnantes seres,
o míseras ratas.

Se fueron todas hasta el lugar
del que provenía esa voz singular.

Cuando la última se hubo ido,
escuchó un sonoro ruido,

de una puerta que se acababa de cerrar
y por la que las cucarachas se fueron sin tardar.

Tras unos largos minutos de consternación,
Alfredo tuvo suficiente estómago
como para salir al encuentro de la habitación.

Por las paredes desnudas,
y las mesas de rocas duras

aún habían rastros sanguinolentos,
retazos de actos violentos.

Se sentía vigilado
por cada cadáver mutilado,

y apenas se sentía capaz de moverse
o tan solo girarse.
Sin embargo, al poco tiempo pudo sobreponerse.

Se fijó en otra puerta situada al final.
Por allí habían avanzado esos seres, y así el haría;
ya había sobrevivido a una escena infernal.

Avanzó intimidado
por cada resto y extremidad
que yacía ahora pulverizado.

Aunque ya se temía
lo que tras esa entrada
se encontraría,

solo quiso confirmar
que harían con las larvas
que acababan de despedazar.

Estaba ahora en el final de esa zona.
Su corazón zumbaba como una
hiperactiva hormona.

Finalmente se encontró frente a la puerta.
Quiso huir, pero algo le dijo
que no era momento para darse la vuelta.

Por la cerradura una vez más se metió,
inconsciente del lugar al que llegó.

Era una sala mucho más reducida.
Las paredes, aunque también blancas,
tenían una tonalidad más oscurecida.

Las cucarachas en todas direcciones se movían.
Muchas de ellas todavía cadáveres sostenían.

Escuchó un ruido similar al del agua hirviente,
como si algo se cociera en líquido incandescente.

Grandes bocanadas de humo le cegaron.
Tan solo ruidos de ajetreo y gruñidos de los insectos
a sus oídos le llegaron.

Cuando aquellas nubecillas se disiparon,
sus ojos el nuevo panorama contemplaron.

Los restos mortales
eran ahora hervidos
a temperaturas inusuales.

En grandes calderos que distinguió
en aquel habitáculo,
de trocitos cada uno se abarrotó.

Mientras algunas cucaracas parecían dar a otras alguna instrucción,
otras ablandaban la mezcla del caldero a golpes, sin ninguna compasión.

Al poco tiempo, algunas dejaron de remover.
Al principio pocas, pero al final
todas lo acabaron de hacer.

Entonces, se dirigieron a un pequeño armario,
que hasta ahora había pasado inadvertido,
por su reducido tamaño y aspecto ordinario.

Dentro de este había lo que parecían desagradables condimentos.
Forzando la vista, pudo ver algo parecido a lombrices,
pequeños animales subterráneos y algunas raices.

Cada una una porción de cada ingrediente cogió,
y hasta el caldero se lo llevó.

Comenzaron a remover la nueva combinación
hasta su total disolución.

Apagaron el fuego de cada caldero,
mientras vigilaban aquella especie
de extraño puchero.

Cuando el agua quedó templada,
sacaron cada uno la pasta
que habían dejado cocida.

Alfredo reconoció aquella pasta virulenta,
que ahora tenía una tonalidad
entre rosada y amarillenta.

La había visto antes, recordaba el lugar con horror.
Y es que no se trataba de otro sitio que del comedor.

Le vinieron a la mente aquellos seres abominables,
comiéndose a sus propias crías.
Jamás había visto actitudes tan condenables.

Las cucarachas estaban poniendo ahora el engrudo
en una especie de carros, probablemente listo
para ser servido crudo.

Y entonces escuchó de nuevo la voz anterior.
Vio ahora de quien provenía,
otra cucaracha, cuyo tamaño era ligeramente superior:

<<¡CUCARACHAS! DEBEMOS RECORDAR,
PORQUE ESTE ACTO DEBEMOS REALIZAR.

<<NUESTRO NÚMERO AUMENTA,
PERO NUESTRA COMIDA NO ACRECIENTA.

<<EL REY NOS HA ELEGIDO POR SER DE CONFIANZA,
PARA PERPETRAR ESTA INEVITABLE MATANZA.
¡PERO PRONTO, NOS ALCANZARÁN TIEMPOS DE BONANZA!

<<SI NO DESCARTÁSEMOS A LAS CUCARACHAS DÉBILES,
SI NO LES DIÉSEMOS PROPÓSITOS MÁS ÚTILES...

<<NUESTRO NÚMERO CRECERÍA,
HASTA UNA CIFRA DEMASIADO ALTA,
Y UNA GRAN HAMBRUNA APARECERÍA.

<<POR ESO, RECORDAD QUE AL SACRIFICAR A NUESTRAS HERMANAS,
AL ACABAR CON LAS MENOS SANAS...

<<LOGRAMOS PERPETUARNOS,
Y EVITAMOS EXTINGUIRNOS.

<<CUANDO SALGAMOS DE ESTA GALERÍA,
TENDREMOS ALIMENTOS Y ESPACIO,
Y NO NOS VEREMOS OBLIGADOS A HACER ESTO CADA DÍA.

<<POR ÚLTIMO, UNA COSA DEBEMOS RECORDAR.
DE ESTO NINGUNA DEBE HABLAR.

<<COMO ALGUIEN HABLE AL RESPECTO,
FINGIREMOS NO SABER NADA,
Y A ESCONDIDAS ACABAREMOS CON SEMEJANTE DESPERFECTO.

<<Y AHORA, LLEVAD AL COMEDERO EL ALIMENTO,
¡VENGA, RÁPIDAS COMO EL VIENTO!>>

Todas excepto una, agarraron su carro oxidado.
Alfredo se fijó en esta extrañado.

La cucaracha que llevaba la voz cantante
se dirigió a esta al instante:

<<RECUERDA, LIMPIA BIEN LOS CALDEROS,
LOS TROZOS DE PAPILLA NUNCA SE DESPRENDEN ENTEROS.>>

Entonces se dirigieron todas hasta la salida.
Tras ponerse en fila india, iniciaron su partida.

Alfredo en la cerradura se encogió.
Por suerte, era voluble,
y ni siquiera al introducir la llave ninguna le descubrió.

Cuando la última de las cucarachas salió,
y detrás de ella la puerta cerró,
Alfredo, aliviado, suspiró.

Y entonces escuchó la mención:
<<GRAN PEDO, YA PUEDES SALIR,
ESTÁ VACÍA LA HABITACIÓN.>>

Alfredo se quedó parado.
¿Cómo le había encontrado?

La cucaracha estaba ahora limpiando un caldero con un viejo trapo:
<<POR MI NO TEMAS, A MIS ALIADOS NUNCA LOS ATRAPO>>.

<<¿Aliado me acabas de llamar?>>
Alfredo por fin se atrevió a hablar.

<<POR SUPUESTO...
¿O A CASO AMBOS
NO QUEREMOS QUE ACABE ESTO?>>

<<¿Por qué me tendría que fiar?
Eres cómplice de la matanza
que acabáis de perpetrar>>.

<<LO DICES COMO SI FUERA VOLUNTARIO
ESCOGER ESTE MODO DE VIVIR
CRUEL E INNECESARIO.

<<TE VOY A CONTAR NUESTRA OSCURA HISTORIA,
Y EL HECHO DE QUE SEAMOS MANIPULADOS COMO ESCORIA>>.

Alfredo decidió escuchar.
Por otra cosa no podía optar.

Además, la ayuda de este insecto,
en el futuro podía servirle
para huir de este mundo imperfecto.

(Y aquí acaba la parte XXXI. En la próxima oiremos
otra versión de la historia de las cucarachas. Con todo
lo que sabe ahora Alfredo, ¿quién sabe lo que puede hacer?
Nos veremos en la parte XXXII, que ya arrastrará unos
5000 versos a sus espaldas. Adieu).



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