sábado, 7 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXIX

(Anteriormente, Alfredo ha descubierto
uno de los más turbios aspectos de la
civilización cucaracha. Se dispone ahora
a revelar al resto de estas la cruda
realidad).

A los pocos instantes,
ya se vislumbraba desde el exterior
la luz de las antorchas tan brillantes.

Estaba a punto de salir del escondrijo,
y enfrentarse al exterior,
a aquel subterráneo amasijo.

¿Quién sabe con que caminos
e ignotos destinos

se iba a encontrar?
¿Con que horrores
se podía aún cruzar?

Decidió que era hora de salir de esa cueva inmunda,
y debía darse prisa o no habría oportunidad segunda.

Acabó saliendo totalmente del hoyo.
A pesar de su tenacidad,
temblaba como un asustado pollo.

Le vino en mente una vez más
aquella marabunta de cucarachas,
rodeando su figura por delante y detrás.

Se acordó también de Enigine y su traición...
Y recordó ese estúpido argumento que el dio,
cargado de falsa convicción:

<<No me juzgues por ello, Alfredo,
pero tan solo una lección te quiero dar.

<<Debes saber ser más independiente,
y vas a aprenderlo ahora mismo,
aunque sea tan bruscamente.

<<¿No dijiste que no ayudarías a esa especie,
ni a ningún sujeto que de esta se precie?>>

Aunque técnicamente era una razón coherente,
Alfredo no acababa de creer que este fuera su designio,
y comenzó a maquinar en su mente

<<No creo que me intentase escarmentar.
Enigine no actúa de esta forma...
Puede que haya algo que me quiera ocultar...

<<Con el aún no me puedo enfadar,
hasta que todo lo que esconde
pueda averiguar>>.

Interrumpió esta reflexión,
cuando escuchó unos pasos,
que se acercaban a la prefabricada habitación.

Se escondió de nuevo en la rendija del agujero,
esperando que no le descubriesen por algún azar certero.

Una conversación ya iniciada,
se escuchó de pasada:

<<DIJO EL REY CUCARACHA EL OTRO DÍA,
QUE LA HUMANIDAD NI A SÍ MISMA SE QUERRÍA.

<<DIJO QUE DE HECHO SUS BEBÉS SUELEN SACRIFICAR,
OBLIGÁNDOLES A COMER CUCARACHAS DE ARRIBA,
HACIENDO QUE ENGULLAN HASTA REVENTAR...>>

Alfredo se estremeció
cuando tan cruel bulo escuchó.

<<¿TU CREES LO QUE DICE EL GRAN MONARCA?
SÉ QUE SU SABIDURÍA TODO LO ABARCA...

<<PERO... A VECES NO PUEDO CREER EN ALGO TAN SÁDICO.
PARECE IMPOSIBLE QUE EXISTA UNA ESPECIE
TAN CERCANA Y TOCANTE A LO SATÁNICO...>>

<<A VECES A MI TAMBIÉN ME CUESTA CREERLO,
PERO... NO ME VOY A ARRIESGAR A IR AHÍ SOLO
TAN SOLO PARA COMPROBARLO...>>

Las cucarachas ya habían pasado de largo.
Alfredo salió de aquel nicho de eterno letargo.

La habitación estaba situada
a un lado de un largo camino,
como una pequeña ramificación de este horadada.

Al asomarse al exterior,
pudo ver con que se había recubierto
la masacre anterior.

Una especie de material parecido a alquitrán,
solidificado y luego corroído por el salfumán.

Sobresalían algunos pinchos de textura metálica
y dimensión titánica.

Así se explica la horrible perdición
de aquellas bajo las que cayó
tal dolorosa aleación.

Caparazones atravesados,
por mil grandes clavos mutilados,
y por toneladas de esa negra piedra rematados.

Y entonces, tras asegurarse
de que nadie iba a acercarse,

salió de aquella habitación,
decidido a afrontar de una vez
su arriesgada misión.

Primero miró hacia cada dirección
de aquella bifurcación.

Eligió ir por la dirección diestra,
ya que estaba más oscura,
y esto le daba más sigilo que en la siniestra.

Volvió en ambas direcciones a mirar.
Ninguna cucaracha hasta donde su vista y oído
llegaban a alcanzar.

Las antorchas de esta parte curiosamente,
no iluminaban a penas nada,
y parecían a punto de apagarse constantemente.

Las paredes eran del mismo color que el túnel por el que bajó,
aunque en estas, ningún grabado histórico encontró.

En su lugar solo habían relieves de cucarachas enormes.
Estaban sobre sus dos patas traseras, formando en ambas paredes
dos líneas de contornos simétricas y uniformes.

Aunque no eran más que dibujos,
Alfredo se sentía intimidado
por aquellos grandes escarabajos.

Avanzó aún así con determinación,
preguntándose si aquel túnel
desembocaría en alguna otra misteriosa habitación.

Entonces, escuchó a lo lejos gruñidos.
A pesar de la lejanía desde la que sonaban,
se notaba que eran fuertes berridos.

Se giró al instante,
y vió a lo lejos
unas figura errante.

A medida que esta se acercaba,
su griterío ya escuchaba:

<<¡ALERTA, EL PEDO SE HA ESCAPADO!
¡EN SU CÁRCEL UNA PEQUEÑA MUESCA
HEMOS ENCONTRADO!>>

Recordó Alfredo aquella brecha,
que había utilizado para escapar
de aquella muralla contrahecha.

Los gritos cada vez más se aproximaban.
Hasta donde estaba el pedo
se acercaban.

No podía escapar,
o las antorchas le iluminarían,
y le podrían encontrar.

<<¡HAY QUE ATRAPAR A ESE TRAIDOR!
¡PRETENDE QUE NUESTRO BANDO,
EN LA INVASIÓN QUEDE PERDEDOR!>>

En el último momento,
se consiguió ocultar
rápido como el viento.

A uno de esos grabados de cucaracha se pegó,
y a la forma de este se adaptó.
Gracias a su color parecido a la pared asó inadvertido,
con toda facilidad se camufló,
esperando a que ese bicho se hubiese ido.

<<¡TODO EL MUNDO, DIFUNDIDLO!
¡SI LE VEIS, RÁPIDAMENTE CUBRIDLO!>>

Pasó mientras gritaba esto último por su lado,
más cerca de lo que Alfredo hubiese deseado.

Y cuando estaba a punto de pasar de largo,
la cucaracha quedó quieta, como sumida en el letargo.

Un sonido parecido a una gran aspiración
azotó el pasillo, acrecentando la tensión.

La cucaracha había olfateado.
Algo raro en el aire había notado.

<<ESE OLOR SOLO PUEDE A EL PERTENECERLE.
A PASADO POR ESTA PARTE,
¡POR AQUÍ HABRÁ QUE BUSCARLE!>>

La cucaracha se fue corriendo
mientras continuaba vociferando.

Cuando la perdió de alcance,
Alfredo aprovechó aquel percance,

y decidió ir por la otra dirección,
ya que en la que estaba las cucarachas le estarían buscando,
y esto podía ser su perdición.

Optó así por avanzar por la izquierda,
con tal de no ser atrapado
por ninguna criatura lerda.

Al poco tiempo volvía a pasar por la habitación,
aquella en la que había sido encarcelado
a modo de macabra prisión.

El pasillo de la siniestra,
era exactamente igual
que el de la diestra.

Mientras por este se movía,
se dio cuenta de que no sabía
ni allí que hacía.

Tan solo exploraba,
pero nada encontraba

Ni aunque con la salida acabase por topar,
de allí podría escapar,

ya que antes tendría que impedir aquella futura guerra
capaz de alterar el curso natural de la tierra.

Ahora lo único que podía hacer era limitarse a explorar,
hasta algo nuevo llegase a encontrar.

Finalmente, a lo lejos vio que el pasillo terminaba.
Al acercarse, se dio cuenta de que su exploración,
realmente ahora comenzaba.
Había más allá del pasillo, una habitación
de una enorme dimensión.

Cientos de cucarachas allí se encontraban,
y alrededor de rudimentarias mesas se juntaban,
en las que unas desagradables papillas
de tonalidades entre rosadas y amarillas,
con gran entusiasmo devoraban.

Resonaban dentelladas por todas partes,
comiendo aquella extraña pasta,
como si se tratara de un plato de bocartes.

Sus rosotros bañados en aquel extraño manjar,
que no podían dejar de triturar.

Era un espectáculo realmente desagradable,
que a ojos de Alfredo
era un acto abominable.

Y entonces se dio cuenta de que al final
se vislumbraba una puerta blindada,
que mantenía otra sala separada
de aquella habitación infernal.

¿Qué misterios aquella entrada escondería?
Alfredo descubrirlo quería.

Para él, en realidad,
traspasar la puerta por la cerradura
no era ninguna dificultad.

El problema era como lo haría,
ya que tendría que cruzar la sala
y toda cucaracha le vería.

En ese momento, un ruido detrás suyo escuchó.
Rápidamente, en un relieve de nuevo se colocó.
Al poco una cucaracha por ahí pasó.

Y entonces, a Alfredo se le apareció una loca solución,
para salir de aquella habitación.

(La conclusión de esta parte será especialmente
extensa esta vez. Solo quiero aclarar mis ideas).

(Otra vez lo dejo en la parte más interesante, ¿eh?
Puede que ya no haga (en un rato) más giros inesperados,
pero esto no cambia. En fin, dejemos a un lado la trama
del poema que siempre comento aquí. Ahora mismo este
''pequeñín'' estimo que debe de tener entre 4000 y 4500
versos. Eso es bastante. El poema más largo escrito en lengua
hispana de todos los tiempos es Elegías de varones ilustres de Indias,
de Juan de Castellanos, con 113000 versos. Guao. Así que...
he estado pensando... y me he dado cuenta de que mi poema
es aproximadamente un 4% de eso, y la mayor parte la he estado
escribiendo durante los últimos 5 meses. Por lo que me pregunto...
¿Por qué no batir el récord del poema más largo de la literatura
hispánica? Es una tarea dura, cierto. Y probablemente no lo
consiga. Pero, para ser sinceros, es algo que me llevo planteando
desde que retomé el poema, hace 4 o 5 meses. Quiero decir,
imaginadlo. La epopeya (si, el género de este poema aspira a ser
épica) más larga en nuestra lengua, va sobre un pedo que quiere
ser humano. Je... También quiero hablar sobre eso. Todos a mi
alrededor insisten en que estoy contando una historia estúpida
de un personaje vulgar y banal. Es la clara prueba de que las
gente solo se queda con la apariencia. Este poema empezó a cachondeo.
Pero con el tiempo, creo que cada vez le estoy echando más tiempo,
e incluso le estoy poniendo más amor a su creación. Estoy orgulloso
del poema. Durará tanto como pueda. De momento ya tengo escenas
que colaré como pueda en el futuro, y que ahora mismo todas juntas
me darían para 100000 versos. La cosa será que al llegar a esa cantidad
se me hayan ocurrido más ideas. Siempre me han dicho que soy
creativo. Quiero forzar mi límite, saber cual es mi alcance... o enloquecer
(aún más) en el intento. En fin, veremos que se le ha ocurrido
a Alfredo en la parte XXX. Y no, no será algo promiscuo, a pesar
del nombre en números romanos. Nos vemos.

P.D.: El otro día me sorprendí a mi mismo dibujando a un hombre
cucaracha. Algo sorprendente, porque me dan pánico esos bichos,
y de hecho no sé que narices me ha movido a escribir tantos versos
sobre una mazmorra llena de ellas. Aquí el dibujo).

(Bueno, la cámara de mi móvil está un paso por debajo de basura).

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