domingo, 22 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXI

(Anteriormente, Alfredo encuentra
la zona de desovación de las cucarachas.
Al ver las larvas, un terrible pensamiento
le ha cruzado la mente).

Menor era esta habitación,
que el comedor por el que había
pasado con antelación.

Decenas de cucarachas ante su presencia.
Todas estaban de pie frente a grandes sillares de piedra,
que sobresalían del suelo, dando una tosca esencia.

Las paredes, eran de color blanquecino,
lo cual recordaba al pasillo,
aunque con un iluminado mortecino.

Todas parecían golpear algo sobre la roca,
y en sus bruscos movimientos
se deducía una furia loca.

Con grandes y primitivas herramientas de metal,
machacaban algo a un ritmo infernal.

Miró Alfredo sus extremidades,
se fijó en sus patas superiores.

También en la mesa y sus utensilios oxidados,
y en el suelo sus ojos también se quedaron parados.

Por todas estas partes habían trozos de una pasta rosada,
que tan solo unos minutos atrás había pertenecido
a las viscosas criaturas larvadas.

Las cucarachas, con gran frialdad
mutilaban a sus propios descendientes.
Las mismas que condenaron a la humanidad,
por su inmensa crueldad.

Observó cada movimiento,
y como sus oxidados útiles
impactaban en la piedra dura como el cemento.

Contempló sin poder apartar la mirada,
como hasta la última larva era destrozada.

Algunas aún se movían,
y las golpeaban aún vivas
hasta que ya no se retorcían,
y en una vorágine de pulpa rosada morían.

Sus verdugos seguían impasibles.
golpeándolas sin inmutarse,
neutrales y pueriles.

Y así estuvieron,
hasta que las últimas larvas
en una agonía de golpes fenecieron.

Todas las cucarachas responsables
estaban envueltas de pedacitos de tal carnicería,
aunque no parecía importarles, a las indeseables.

Escuchó una voz a uno de los lados del macabro lugar.
Provenía de un plano que desde donde estaba no podía observar.

<<LLEVAD LAS MASAS A LA COCINA.
¡CARGAD CON TODAS LAS QUE PODÁIS
LLEVAR ENCIMA!>>

Las cucarachas agarraron con sus patas
aquellos cadáveres,
tratándolos como si fueran repugnantes seres,
o míseras ratas.

Se fueron todas hasta el lugar
del que provenía esa voz singular.

Cuando la última se hubo ido,
escuchó un sonoro ruido,

de una puerta que se acababa de cerrar
y por la que las cucarachas se fueron sin tardar.

Tras unos largos minutos de consternación,
Alfredo tuvo suficiente estómago
como para salir al encuentro de la habitación.

Por las paredes desnudas,
y las mesas de rocas duras

aún habían rastros sanguinolentos,
retazos de actos violentos.

Se sentía vigilado
por cada cadáver mutilado,

y apenas se sentía capaz de moverse
o tan solo girarse.
Sin embargo, al poco tiempo pudo sobreponerse.

Se fijó en otra puerta situada al final.
Por allí habían avanzado esos seres, y así el haría;
ya había sobrevivido a una escena infernal.

Avanzó intimidado
por cada resto y extremidad
que yacía ahora pulverizado.

Aunque ya se temía
lo que tras esa entrada
se encontraría,

solo quiso confirmar
que harían con las larvas
que acababan de despedazar.

Estaba ahora en el final de esa zona.
Su corazón zumbaba como una
hiperactiva hormona.

Finalmente se encontró frente a la puerta.
Quiso huir, pero algo le dijo
que no era momento para darse la vuelta.

Por la cerradura una vez más se metió,
inconsciente del lugar al que llegó.

Era una sala mucho más reducida.
Las paredes, aunque también blancas,
tenían una tonalidad más oscurecida.

Las cucarachas en todas direcciones se movían.
Muchas de ellas todavía cadáveres sostenían.

Escuchó un ruido similar al del agua hirviente,
como si algo se cociera en líquido incandescente.

Grandes bocanadas de humo le cegaron.
Tan solo ruidos de ajetreo y gruñidos de los insectos
a sus oídos le llegaron.

Cuando aquellas nubecillas se disiparon,
sus ojos el nuevo panorama contemplaron.

Los restos mortales
eran ahora hervidos
a temperaturas inusuales.

En grandes calderos que distinguió
en aquel habitáculo,
de trocitos cada uno se abarrotó.

Mientras algunas cucaracas parecían dar a otras alguna instrucción,
otras ablandaban la mezcla del caldero a golpes, sin ninguna compasión.

Al poco tiempo, algunas dejaron de remover.
Al principio pocas, pero al final
todas lo acabaron de hacer.

Entonces, se dirigieron a un pequeño armario,
que hasta ahora había pasado inadvertido,
por su reducido tamaño y aspecto ordinario.

Dentro de este había lo que parecían desagradables condimentos.
Forzando la vista, pudo ver algo parecido a lombrices,
pequeños animales subterráneos y algunas raices.

Cada una una porción de cada ingrediente cogió,
y hasta el caldero se lo llevó.

Comenzaron a remover la nueva combinación
hasta su total disolución.

Apagaron el fuego de cada caldero,
mientras vigilaban aquella especie
de extraño puchero.

Cuando el agua quedó templada,
sacaron cada uno la pasta
que habían dejado cocida.

Alfredo reconoció aquella pasta virulenta,
que ahora tenía una tonalidad
entre rosada y amarillenta.

La había visto antes, recordaba el lugar con horror.
Y es que no se trataba de otro sitio que del comedor.

Le vinieron a la mente aquellos seres abominables,
comiéndose a sus propias crías.
Jamás había visto actitudes tan condenables.

Las cucarachas estaban poniendo ahora el engrudo
en una especie de carros, probablemente listo
para ser servido crudo.

Y entonces escuchó de nuevo la voz anterior.
Vio ahora de quien provenía,
otra cucaracha, cuyo tamaño era ligeramente superior:

<<¡CUCARACHAS! DEBEMOS RECORDAR,
PORQUE ESTE ACTO DEBEMOS REALIZAR.

<<NUESTRO NÚMERO AUMENTA,
PERO NUESTRA COMIDA NO ACRECIENTA.

<<EL REY NOS HA ELEGIDO POR SER DE CONFIANZA,
PARA PERPETRAR ESTA INEVITABLE MATANZA.
¡PERO PRONTO, NOS ALCANZARÁN TIEMPOS DE BONANZA!

<<SI NO DESCARTÁSEMOS A LAS CUCARACHAS DÉBILES,
SI NO LES DIÉSEMOS PROPÓSITOS MÁS ÚTILES...

<<NUESTRO NÚMERO CRECERÍA,
HASTA UNA CIFRA DEMASIADO ALTA,
Y UNA GRAN HAMBRUNA APARECERÍA.

<<POR ESO, RECORDAD QUE AL SACRIFICAR A NUESTRAS HERMANAS,
AL ACABAR CON LAS MENOS SANAS...

<<LOGRAMOS PERPETUARNOS,
Y EVITAMOS EXTINGUIRNOS.

<<CUANDO SALGAMOS DE ESTA GALERÍA,
TENDREMOS ALIMENTOS Y ESPACIO,
Y NO NOS VEREMOS OBLIGADOS A HACER ESTO CADA DÍA.

<<POR ÚLTIMO, UNA COSA DEBEMOS RECORDAR.
DE ESTO NINGUNA DEBE HABLAR.

<<COMO ALGUIEN HABLE AL RESPECTO,
FINGIREMOS NO SABER NADA,
Y A ESCONDIDAS ACABAREMOS CON SEMEJANTE DESPERFECTO.

<<Y AHORA, LLEVAD AL COMEDERO EL ALIMENTO,
¡VENGA, RÁPIDAS COMO EL VIENTO!>>

Todas excepto una, agarraron su carro oxidado.
Alfredo se fijó en esta extrañado.

La cucaracha que llevaba la voz cantante
se dirigió a esta al instante:

<<RECUERDA, LIMPIA BIEN LOS CALDEROS,
LOS TROZOS DE PAPILLA NUNCA SE DESPRENDEN ENTEROS.>>

Entonces se dirigieron todas hasta la salida.
Tras ponerse en fila india, iniciaron su partida.

Alfredo en la cerradura se encogió.
Por suerte, era voluble,
y ni siquiera al introducir la llave ninguna le descubrió.

Cuando la última de las cucarachas salió,
y detrás de ella la puerta cerró,
Alfredo, aliviado, suspiró.

Y entonces escuchó la mención:
<<GRAN PEDO, YA PUEDES SALIR,
ESTÁ VACÍA LA HABITACIÓN.>>

Alfredo se quedó parado.
¿Cómo le había encontrado?

La cucaracha estaba ahora limpiando un caldero con un viejo trapo:
<<POR MI NO TEMAS, A MIS ALIADOS NUNCA LOS ATRAPO>>.

<<¿Aliado me acabas de llamar?>>
Alfredo por fin se atrevió a hablar.

<<POR SUPUESTO...
¿O A CASO AMBOS
NO QUEREMOS QUE ACABE ESTO?>>

<<¿Por qué me tendría que fiar?
Eres cómplice de la matanza
que acabáis de perpetrar>>.

<<LO DICES COMO SI FUERA VOLUNTARIO
ESCOGER ESTE MODO DE VIVIR
CRUEL E INNECESARIO.

<<TE VOY A CONTAR NUESTRA OSCURA HISTORIA,
Y EL HECHO DE QUE SEAMOS MANIPULADOS COMO ESCORIA>>.

Alfredo decidió escuchar.
Por otra cosa no podía optar.

Además, la ayuda de este insecto,
en el futuro podía servirle
para huir de este mundo imperfecto.

(Y aquí acaba la parte XXXI. En la próxima oiremos
otra versión de la historia de las cucarachas. Con todo
lo que sabe ahora Alfredo, ¿quién sabe lo que puede hacer?
Nos veremos en la parte XXXII, que ya arrastrará unos
5000 versos a sus espaldas. Adieu).



viernes, 20 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXX

(Anteriormente, Alfredo ha llegado
a una especie de comedor gigante
donde las cucarachas comen comida
asquerosa. Ahora ha tenido una
idea para desplazarse pasando
inadvertido).

Se metió rápidamente
entre aquellos élitros prominentes.

Completamente tapado,
en ese caparazón
estaría bien resguardado:

<<Ahora solo me queda esperar,
veamos cuanto se llega a acercar.>>

Y así, adosado al invertebrado,
siguió ahí un rato más largo
de lo que hubiera deseado.

Entonces Alfredo notó que el bicho se paraba.
Sintió como su cuerpo se tumbaba.

Quiso por la intriga asomarse,
y aquello que vio,
le hizo estremecerse.

La cucaracha se acaba de sentar,
y hacía la dirección que Alfredo ansiaba
había dejado de avanzar.

Echando una rápida ojeada
se percató de la localización
donde la cucaracha estaba sentada.

Al menos se había colocado
en un lugar medianamente
bien situado.

La mesa -o bloque de piedra- en la que estaba
se encontraba en un lateral,
pero casualmente, de los más cercanos al final,
de hecho, a menos de veinte metros de la puerta se situaba.

Mientras pensaba como llegar,
escuchó un sonido que le hizo desquiciar.
Parecida a una trituradora
y con una gula acusadora,

parece que la cucaracha en la que se escondía,
alcanzó aquella pasta insípida,
y con fruición se la comía.

Cada segundo que escuchaba
más consternado se quedaba.

Aquellos ruidos, aquellos sonidos de salpicadura,
cuando pedacitos de carne se desprendían,
destrozados por cada mordedura.

Haciendo un esfuerzo monumental,
Alfredo ignoró aquel sonido brutal.

Miró de nuevo a su alrededor,
buscando una cucaracha más cercana
al final de aquel enorme comedor.

A su lado había otra sentada
con aquella papilla también ocupada.

Estaba algo más cerca de la salida.
El pedo en desplazarse
sin que su presencia pudiera ser advertida.

Finalmente se decidió
y desde la parte mas cercana al suelo del elitro
hacia abajo descendió,
y desde el suelo reptó.

Hasta la otra cucaracha pudo llegar,
y el interior del nuevo caparazón pudo alcanzar.

Entonces vió más bichos dispuestos en lateral,
el último de ellos a unos pocos metros
del ansiado final.

Optando por exponerse tremendamente,
se movió de cucaracha en cucaracha
arriesgándose constantemente.

Tres veces se tuvo que parar,
pues cucarachas contiguas
acababan de devorar.

En ese momento se largaban
y tenía que esperar pacientemente
hasta que otras nuevas llegaban.

Más de una vez antes de tiempo se precipitó
porque en la que residía de comer ya terminó.

A pesar de la dificultad,
y con esfuerzo sin igual
llegó a la cucaracha final.
Refugiado en su coraza,
la presión actuaba con el con asiduidad,
como la más insidiosa tenaza.

A través de aquel escondrijo
se veía ya la sólida puerta de metal.
Estar tan cerca y lejos del final,
le intimidaba y dejaba hecho un amasijo.

Pero se dijo: <<¡No tengo todo el día!
¡Debo actuar con osadía!>>

Y cuando la cucaracha en la que estaba ya había terminado,
cuando se disponía a ir y ya casi se había incorporado,
Alfredo con suma rapidez hacia la rendija inferior ya se había abalanzado.

En el transcurso de un eterno instante
el pedo se coló por la rendija de la puerta gigante.

Y una vez dentro cerró los ojos esperando ser delatado,
pero no sucedió absolutamente nada,
al contrario de lo que el había imaginado.

Desde atrás se oían amortiguados
los ruidos que proferían las cucarachas
cuando los engrudos eran devorados.

Solo entonces se fijó en el lugar al que había cruzado.
Se trataba de una habitación de gran iluminado.

Desde donde la puerta acababa,
un túnel se desplegaba.

Pero este era muy inusual.
Su composición no era igual.

Suelo, pared y techo,
eran de reluciente piedra blanca,
que sustituía el color marrón sucio y contrahecho.

En sillares pulidos y brillantes aquel sitio se alzaba,
y a los laterales, dos hileras de columnas cilíndricas,
actuando como refuerzo sustentante.
Solo encontró en medio de tanta belleza
un elemento desconcertante
que contrastaba en la sala de refinada naturaleza.

En la pared que hacía de techo superior,
otro grabado, en el que aparecían dos cucarachas.
Una de ellas era pequeña e inferior.
La grande parecía alimentarle,
dirigiendo a su boca un gran tenedor.

<<Ahora mismo la razón de ese dibujo me es desconocida.
Lo que importa es encontrar mostrar la verdad,
y luego encontrar una salida.>>

Siguió avanzando hacia delante,
aunque tanto refinamiento le hacía
pararse a cada instante.

En las basas de las columnas había altos candelabros,
iluminando las contiguas paredes,
mucho más agradables debido a su ausencia de dibujos macabros.

Avanzó por este breve camino
sintiendo su mente cada vez más tranquila,
como si todo lo anterior le importase un comino.

Hay que admitir que la decoración,
mucho más relajante
influía en el de un modo impresionante,
ayudando a su relajación.

Después de tanto malestar constante,
esta galería era muy reconfortante.

Solo cuando estaba a punto de acabar su trayecto
en aquel pasillo
tan breve y sencillo
vio en frente suyo lo que parecía un retorno a aquel mundo abyecto.

Al final del túnel se encontraba otro enorme portón.
Estaba situado entre dos columnas
y bajo un triangular frontón.

La puerta era de color dorado.
Medía tres metros de altura,
y unos dos de anchura,
según Alfredo había estimado.

Estaba ajustada mucho mejor
y no había ninguna pequeña rendija,
por la que Alfredo pudiera pasar a la habitación posterior.

Empezó un cauteloso acercamiento a la puerta.
Y entonces, escuchó más aberrantes sonidos.
Una cosa era cierta:

de las cucarachas parecían no provenir.
No eran exactamente rugidos.
Sonaban más agudos, y en lloros parecían devenir.

Con curiosidad, Alfredo llegó hasta la cerradura.
Se preparó para una escena dura.

Y entonces, en esta se introdujo.
Lo que presenció le provocó tal asco,
que de ser corpóreo hubiera sufrido un abundante reflujo.

La habitación era de color blanco brillante,
como el pasillo que acababa de dejar
hacía un instante.

No habían columnas, ni muebles de ninguna clase.
De todas forma, no habría espacio que los alojase.

Centenares de cucarachas en el suelo postradas.
Todas boca arriba, quietas, resignadas.

Otras tantas a su lado incorporadas.
Les metían estas sus patas delanteras,
aquellas que acababan en garras,

por una profundidad corporal,
mientras las tumbadas emitían
débiles gruñidos de dolor carnal.

Las cucarachas que estaban de pie situadas,
introducían la mitad de sus extremidades
en aquellas asquerosas cavidades.
Entonces movían las garras en el interior,
como si buscasen algo a ciegas
de lo que tirar hacia el exterior.

Y así era, a las pocas torsiones,
y sin muchas más dilaciones,

de las cucarachas y sus entrañas,
salían unas masas extrañas.

Se trataba de una maleable y pastoso bulto.
de color gris y en una blanquecina pasta envuelto.

Alfredo sintió ganas de vomitar,
no entendió como no se pudo desmayar.

Sin embargo estaba totalmente paralizado.
No podía dejar de mirar, consternado,
aunque al mismo tiempo totalmente fascinado.

Al poco se dio cuenta de aquel lugar
debía de ser donde las cucarachas
iban a desovar.

Se fijó entonces en las cucarachas encargadas de extraer:
tras esa pasta pringosa coger,
en sus brazos se comenzó a estremecer.

<<OTRA TANDA, TRAED LOS CARROS>>
Dijo entonces una de las cucarachas de pie,
con la voz ligeramente alterada por los esfuerzos.

Se escuchó desde las sombras intraspasables de la habitación
el sonido de ruedas antiguas y metal carcomido por la oxidación.

Una decena de cucarachas entonces aparecían.
Carros rudimentarios, parecidos a vagonetas
con firmeza sostenían.

<<ECHAD LAS LARVAS DENTRO,
DEBEMOS LLEVARLAS A LA
SALA DEL REENCUENTRO.>>

Con gran brusqueza
aderezada de torpeza

las cucarachas portadoras,
se desprendieron de aquellas pastas
soltándolas con fuerza como cargas abrumadoras.

En los carros las dejaron caer.
Alfredo sentía como aquellas masas
no se paraban de mover.

Cuando todas las masas fueron arrojadas,
dijo una de las cucarachas:
<<PASO, ¡ABRID LAS ENTRADAS!>>

Nada más oír esto, Alfredo salió de su trance,
y se apartó de la cerradura.
Se fue detrás de una columna para evitar cualquier percance.

A los pocos instantes,
se escuchó el sonido de una enorme cerradura,
y se abrieron los dos portones gigantes.

De ellos salieron dos filas
de carros metálicos,
conducidos por aquellos seres satánicos
que se bifurcaron en un par de líneas.

Cada una se fue hacia un lado.
Al seguirlas con la mirada,
Alfredo vio detrás de cada columna final una entrada
de la que no se había percatado.

Las cucarachas de cada lado que iban delante,
sacaron una llave, abrieron sus respectivas entradas
y marcharon avante,
dejando aquel pasadizo de nuevo vacío al instante.

Alfredo pensó en seguirlas,
y de la forma anterior espiarlas.

Fue primero a la puerta de la derecha.
Se trataba de una entrada muy pobre,
de madera pútrida y semi deshecha.

Dramáticamente contrastaba
con la decoración que en ese pasillo
tan refinado pululaba.

Volvió a mirar colándose en el cerrojo,
y asomando desde este su ojo.

Si las escenas del parto
le parecieron macabras,
la repugnancia de estas
le dejó bien harto.

Las cucarachas aquellos bultos deshacían.
Larvas rosadas y pringosas de estos aparecían,
y los gruñidos que antes había oído Alfredo proferían.

Las cucarachas las acicalaban
y sus blandos cuerpos limpiaban.

Esos pequeños seres, del tamaño de un rostro,
eran cuidados de una forma especialmente detallista,
para tratarse de una raza similar al más espantoso monstruo.

Realmente se podía sentir la ternura,
bajo aquella mirada de cucaracha tan fría y dura.

Sin embargo, al ver aquellas crías indefensas
al visualizar aquellas pastas deformes,
sufrió un escalofrío, recordando unas imágenes perversas.

Un déjà vu espantoso le hizo sufrir un escalofrío espectral.
Tardó un rato en volver de nuevo al mundo real.

<<No puede ser... solo es mi imaginación...>>
pero en esta tenía demasiada convicción.

Raudo como una flecha,
dejó la malograda puerta derecha.

Al otro lado había una entrada izquierda.
<<Me aseguraré de que mi mente
sigue sana y cuerda>>.

Antes de entrar
no pudo evitar

fijarse en el estado de la entrada.
Estaba todavía más decrépita y malograda.

Madera negruzca a punto de desmoronarse,
y tan oscura e inquietante,
que Alfredo no pudo evitar asustarse.

Al meterse por la cerradura,
la habitación estaba demasiado oscura.

No podía ver.
Pero sentía que dentro ocurría algo,
y se quiso entrometer.

Se adentró entonces en la oscuridad,
temiendo por su seguridad.

Vio ante sus ojos otra pequeña galería
con antorchas iluminada.
Era corta, pero le dio la sensación de que cruzarla le costó más de un día.

Las paredes de este pasillo eran negras y oscurecidas.
No había decoración, ni siquiera grabados.
Alfredo se sentía rodeado por paredes envilecidas.

Escuchó escalofriantes ruidos,
acompañados de desesperados rugidos.

Escuchó también sonidos de metal.
Golpeando algo con una furia infernal.

Se horrorizó con cada espantoso choque de acero.
Finalmente, llegó al final, con un presentimiento certero.

De nuevo luz cegadora.
Alfredo estaba a punto de descubrir,
si lo que imaginaba, en la realidad era una cosa mucho más aterradora.

Y acertó completamente.
Lo que vio ante sus ojos quedó grabado a fuego.
Nunca olvidaría tal horror, se quedaría en su memoria permamente.

Alfredo descubrió el lado más oscuro de aquellos insectos.
Descubrió como aquella raza era algo más que un cúmulo de defectos.

Tanto le aterró,
que durante horas,
ni un palmo se movió.

(Bien, sigue en regla lo de dejaros con la tensión del momento.
Lo siento, realmente no puedo evitarlo... pero, ¿que puedo
hacerle? En el fondo sé que esto te encanta. Imaginar que
macabro secreto esconden las cucarachas... lo cierto es que
si lees las últimas 2 o 3 partes antes de esta, probablemente podrás
deducirlo. En fin, la parte XXXI vendrá pronto. Será aún menos
promiscua que la ''XXX''. Jaja, ¿lo pilláis? De todos modos,
mejor paro ya. Disfrutad amigos).




sábado, 7 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXIX

(Anteriormente, Alfredo ha descubierto
uno de los más turbios aspectos de la
civilización cucaracha. Se dispone ahora
a revelar al resto de estas la cruda
realidad).

A los pocos instantes,
ya se vislumbraba desde el exterior
la luz de las antorchas tan brillantes.

Estaba a punto de salir del escondrijo,
y enfrentarse al exterior,
a aquel subterráneo amasijo.

¿Quién sabe con que caminos
e ignotos destinos

se iba a encontrar?
¿Con que horrores
se podía aún cruzar?

Decidió que era hora de salir de esa cueva inmunda,
y debía darse prisa o no habría oportunidad segunda.

Acabó saliendo totalmente del hoyo.
A pesar de su tenacidad,
temblaba como un asustado pollo.

Le vino en mente una vez más
aquella marabunta de cucarachas,
rodeando su figura por delante y detrás.

Se acordó también de Enigine y su traición...
Y recordó ese estúpido argumento que el dio,
cargado de falsa convicción:

<<No me juzgues por ello, Alfredo,
pero tan solo una lección te quiero dar.

<<Debes saber ser más independiente,
y vas a aprenderlo ahora mismo,
aunque sea tan bruscamente.

<<¿No dijiste que no ayudarías a esa especie,
ni a ningún sujeto que de esta se precie?>>

Aunque técnicamente era una razón coherente,
Alfredo no acababa de creer que este fuera su designio,
y comenzó a maquinar en su mente

<<No creo que me intentase escarmentar.
Enigine no actúa de esta forma...
Puede que haya algo que me quiera ocultar...

<<Con el aún no me puedo enfadar,
hasta que todo lo que esconde
pueda averiguar>>.

Interrumpió esta reflexión,
cuando escuchó unos pasos,
que se acercaban a la prefabricada habitación.

Se escondió de nuevo en la rendija del agujero,
esperando que no le descubriesen por algún azar certero.

Una conversación ya iniciada,
se escuchó de pasada:

<<DIJO EL REY CUCARACHA EL OTRO DÍA,
QUE LA HUMANIDAD NI A SÍ MISMA SE QUERRÍA.

<<DIJO QUE DE HECHO SUS BEBÉS SUELEN SACRIFICAR,
OBLIGÁNDOLES A COMER CUCARACHAS DE ARRIBA,
HACIENDO QUE ENGULLAN HASTA REVENTAR...>>

Alfredo se estremeció
cuando tan cruel bulo escuchó.

<<¿TU CREES LO QUE DICE EL GRAN MONARCA?
SÉ QUE SU SABIDURÍA TODO LO ABARCA...

<<PERO... A VECES NO PUEDO CREER EN ALGO TAN SÁDICO.
PARECE IMPOSIBLE QUE EXISTA UNA ESPECIE
TAN CERCANA Y TOCANTE A LO SATÁNICO...>>

<<A VECES A MI TAMBIÉN ME CUESTA CREERLO,
PERO... NO ME VOY A ARRIESGAR A IR AHÍ SOLO
TAN SOLO PARA COMPROBARLO...>>

Las cucarachas ya habían pasado de largo.
Alfredo salió de aquel nicho de eterno letargo.

La habitación estaba situada
a un lado de un largo camino,
como una pequeña ramificación de este horadada.

Al asomarse al exterior,
pudo ver con que se había recubierto
la masacre anterior.

Una especie de material parecido a alquitrán,
solidificado y luego corroído por el salfumán.

Sobresalían algunos pinchos de textura metálica
y dimensión titánica.

Así se explica la horrible perdición
de aquellas bajo las que cayó
tal dolorosa aleación.

Caparazones atravesados,
por mil grandes clavos mutilados,
y por toneladas de esa negra piedra rematados.

Y entonces, tras asegurarse
de que nadie iba a acercarse,

salió de aquella habitación,
decidido a afrontar de una vez
su arriesgada misión.

Primero miró hacia cada dirección
de aquella bifurcación.

Eligió ir por la dirección diestra,
ya que estaba más oscura,
y esto le daba más sigilo que en la siniestra.

Volvió en ambas direcciones a mirar.
Ninguna cucaracha hasta donde su vista y oído
llegaban a alcanzar.

Las antorchas de esta parte curiosamente,
no iluminaban a penas nada,
y parecían a punto de apagarse constantemente.

Las paredes eran del mismo color que el túnel por el que bajó,
aunque en estas, ningún grabado histórico encontró.

En su lugar solo habían relieves de cucarachas enormes.
Estaban sobre sus dos patas traseras, formando en ambas paredes
dos líneas de contornos simétricas y uniformes.

Aunque no eran más que dibujos,
Alfredo se sentía intimidado
por aquellos grandes escarabajos.

Avanzó aún así con determinación,
preguntándose si aquel túnel
desembocaría en alguna otra misteriosa habitación.

Entonces, escuchó a lo lejos gruñidos.
A pesar de la lejanía desde la que sonaban,
se notaba que eran fuertes berridos.

Se giró al instante,
y vió a lo lejos
unas figura errante.

A medida que esta se acercaba,
su griterío ya escuchaba:

<<¡ALERTA, EL PEDO SE HA ESCAPADO!
¡EN SU CÁRCEL UNA PEQUEÑA MUESCA
HEMOS ENCONTRADO!>>

Recordó Alfredo aquella brecha,
que había utilizado para escapar
de aquella muralla contrahecha.

Los gritos cada vez más se aproximaban.
Hasta donde estaba el pedo
se acercaban.

No podía escapar,
o las antorchas le iluminarían,
y le podrían encontrar.

<<¡HAY QUE ATRAPAR A ESE TRAIDOR!
¡PRETENDE QUE NUESTRO BANDO,
EN LA INVASIÓN QUEDE PERDEDOR!>>

En el último momento,
se consiguió ocultar
rápido como el viento.

A uno de esos grabados de cucaracha se pegó,
y a la forma de este se adaptó.
Gracias a su color parecido a la pared asó inadvertido,
con toda facilidad se camufló,
esperando a que ese bicho se hubiese ido.

<<¡TODO EL MUNDO, DIFUNDIDLO!
¡SI LE VEIS, RÁPIDAMENTE CUBRIDLO!>>

Pasó mientras gritaba esto último por su lado,
más cerca de lo que Alfredo hubiese deseado.

Y cuando estaba a punto de pasar de largo,
la cucaracha quedó quieta, como sumida en el letargo.

Un sonido parecido a una gran aspiración
azotó el pasillo, acrecentando la tensión.

La cucaracha había olfateado.
Algo raro en el aire había notado.

<<ESE OLOR SOLO PUEDE A EL PERTENECERLE.
A PASADO POR ESTA PARTE,
¡POR AQUÍ HABRÁ QUE BUSCARLE!>>

La cucaracha se fue corriendo
mientras continuaba vociferando.

Cuando la perdió de alcance,
Alfredo aprovechó aquel percance,

y decidió ir por la otra dirección,
ya que en la que estaba las cucarachas le estarían buscando,
y esto podía ser su perdición.

Optó así por avanzar por la izquierda,
con tal de no ser atrapado
por ninguna criatura lerda.

Al poco tiempo volvía a pasar por la habitación,
aquella en la que había sido encarcelado
a modo de macabra prisión.

El pasillo de la siniestra,
era exactamente igual
que el de la diestra.

Mientras por este se movía,
se dio cuenta de que no sabía
ni allí que hacía.

Tan solo exploraba,
pero nada encontraba

Ni aunque con la salida acabase por topar,
de allí podría escapar,

ya que antes tendría que impedir aquella futura guerra
capaz de alterar el curso natural de la tierra.

Ahora lo único que podía hacer era limitarse a explorar,
hasta algo nuevo llegase a encontrar.

Finalmente, a lo lejos vio que el pasillo terminaba.
Al acercarse, se dio cuenta de que su exploración,
realmente ahora comenzaba.
Había más allá del pasillo, una habitación
de una enorme dimensión.

Cientos de cucarachas allí se encontraban,
y alrededor de rudimentarias mesas se juntaban,
en las que unas desagradables papillas
de tonalidades entre rosadas y amarillas,
con gran entusiasmo devoraban.

Resonaban dentelladas por todas partes,
comiendo aquella extraña pasta,
como si se tratara de un plato de bocartes.

Sus rosotros bañados en aquel extraño manjar,
que no podían dejar de triturar.

Era un espectáculo realmente desagradable,
que a ojos de Alfredo
era un acto abominable.

Y entonces se dio cuenta de que al final
se vislumbraba una puerta blindada,
que mantenía otra sala separada
de aquella habitación infernal.

¿Qué misterios aquella entrada escondería?
Alfredo descubrirlo quería.

Para él, en realidad,
traspasar la puerta por la cerradura
no era ninguna dificultad.

El problema era como lo haría,
ya que tendría que cruzar la sala
y toda cucaracha le vería.

En ese momento, un ruido detrás suyo escuchó.
Rápidamente, en un relieve de nuevo se colocó.
Al poco una cucaracha por ahí pasó.

Y entonces, a Alfredo se le apareció una loca solución,
para salir de aquella habitación.

(La conclusión de esta parte será especialmente
extensa esta vez. Solo quiero aclarar mis ideas).

(Otra vez lo dejo en la parte más interesante, ¿eh?
Puede que ya no haga (en un rato) más giros inesperados,
pero esto no cambia. En fin, dejemos a un lado la trama
del poema que siempre comento aquí. Ahora mismo este
''pequeñín'' estimo que debe de tener entre 4000 y 4500
versos. Eso es bastante. El poema más largo escrito en lengua
hispana de todos los tiempos es Elegías de varones ilustres de Indias,
de Juan de Castellanos, con 113000 versos. Guao. Así que...
he estado pensando... y me he dado cuenta de que mi poema
es aproximadamente un 4% de eso, y la mayor parte la he estado
escribiendo durante los últimos 5 meses. Por lo que me pregunto...
¿Por qué no batir el récord del poema más largo de la literatura
hispánica? Es una tarea dura, cierto. Y probablemente no lo
consiga. Pero, para ser sinceros, es algo que me llevo planteando
desde que retomé el poema, hace 4 o 5 meses. Quiero decir,
imaginadlo. La epopeya (si, el género de este poema aspira a ser
épica) más larga en nuestra lengua, va sobre un pedo que quiere
ser humano. Je... También quiero hablar sobre eso. Todos a mi
alrededor insisten en que estoy contando una historia estúpida
de un personaje vulgar y banal. Es la clara prueba de que las
gente solo se queda con la apariencia. Este poema empezó a cachondeo.
Pero con el tiempo, creo que cada vez le estoy echando más tiempo,
e incluso le estoy poniendo más amor a su creación. Estoy orgulloso
del poema. Durará tanto como pueda. De momento ya tengo escenas
que colaré como pueda en el futuro, y que ahora mismo todas juntas
me darían para 100000 versos. La cosa será que al llegar a esa cantidad
se me hayan ocurrido más ideas. Siempre me han dicho que soy
creativo. Quiero forzar mi límite, saber cual es mi alcance... o enloquecer
(aún más) en el intento. En fin, veremos que se le ha ocurrido
a Alfredo en la parte XXX. Y no, no será algo promiscuo, a pesar
del nombre en números romanos. Nos vemos.

P.D.: El otro día me sorprendí a mi mismo dibujando a un hombre
cucaracha. Algo sorprendente, porque me dan pánico esos bichos,
y de hecho no sé que narices me ha movido a escribir tantos versos
sobre una mazmorra llena de ellas. Aquí el dibujo).

(Bueno, la cámara de mi móvil está un paso por debajo de basura).

domingo, 1 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXVIII

(Anteriormente, Alfredo ha estallado de
ira de nuevo, aunque sin lograr grandes efectos.
Mientras, Enigine se lamenta de las
consecuencias de este acto en los
universos).

Cuando Alfredo despertó,
negativamente se sorprendió.

Otra vez le rodeaba una masificación aterradora;
cientos de cucarachas sobre él,
con una mirada inyectada en sangre cegadora.

Intentó moverse,
pero a duras penas
podía sostenerse.

Tras haber pasado
por el anterior estado,
la furia le había agotado.

Se pudo dar cuenta sin embargo,
que las cucarachas no eran conscientes
de que había abandonado su breve letargo.

Además, no se movían salvajemente,
si no que estaban quietas,
reposando estáticamente.

Capto entonces su atención,
un brusco vozarrón:

<<¿ES ASÍ COMO DEBEMOS COLOCARNOS?>>
<<SÍ, RECUERDA QUE ENTRE NOSOTRAS HEMOS DE SITUARNOS.>>

<<¿PARA QUÉ DICES QUE HAY QUE PONERSE ASÍ?>>
<<ME HAN DICHO QUE ES PARA EVITAR QUE ESCAPE,
HASTA QUE SE HAYA CONSTRUIDO OTRA CELDA PARA LLEVÁRSELO DE AQUÍ.>>

A pesar de estar agotado,
escuchó con atención
todo lo que las cucarachas habían hablado.

Decidió esperar para moverse.
Recuperaría fuerzas,
y en el momento de traslado podría fugarse.

Escuchó entonces una voz exterior,
cuya sentencia le infundió pavor:

<<YA PODÉIS TAPAR ESTA PARED,
DEJADLES A SU MERCED.>>

Apenas esto escuchó,
cuando un brutal grito
completamente le desgarró.

A este le sucedieron incontables.
Todos bramidos de dolor,
rugidos de un tono insoportable.

Solo entonces se enteró,
de que venía de las cucarachas,
aquel griterío que tanto le sorprendió.

Las cucarachas que encima suyo estaban,
con todas sus fuerzas se desgañitaban.

<<¿Porqué chillan así estos insectos?
¿Será una especie de tortura psicológica,
para enloquecerme a todos los efectos?>>

Las cucarachas, además,
tenían todas los ojos muy abiertos,
intimidando a nuestro héroe de gas.

Pero lentamente, los chillidos comenzaron a apagarse.
Al mismo tiempo, algunos ojos empezaron a cerrarse.

A Alfredo le entró una gran inquietud.
Se acercó a una de las cucarachas de ojos cerrados.
Sus rasgos faciales estaban en una total quietud.

Tampoco la oía respirar.
Aquella cucaracha
acababa de expirar.

Se acercó a otra de ojo cerrado.
Su vitalidad también se había apagado.

A su alrededor ya no se oían gritos,
tan solo débiles chilliditos.

Y entonces escuchó una voz desde fuera,
y se prestó a escuchar lo que dijera:

<<¿HABÉIS COMPROBADO
QUE TODO HA SIDO SEPULTADO?>>

<<¡AFIRMATIVO! HASTA EL ÚLTIMO RINCÓN HEMOS REVISADO,
Y NO SOBRESALEN RESTOS DE CUCARACHA, NOS HEMOS ASEGURADO.>>

<<BIEN... EXCELENTE.
Y DEJAD QUE UNA COSA OS CUENTE.

<<NADIE DEBE ENCONTRAR AHÍ AÚN NINGÚN RESTO.
HASTA DENTRO DE UNAS POCAS DÉCADAS,
SUS CUERPOS LO SUFICIENTE NO SE HABRÁN DESCOMPUESTO.

<<CREE LA INMENSA MAYORÍA DE LOS NUESTROS,
QUE LAS MURALLAS ESTÁN HECHAS
CON INSECTOS QUE YA ESTÁN MUERTOS.

<<PERO LA MAYORÍA DE LAS QUE MUEREN POR CAUSAS NATURALES,
SUELEN SER DE EDAD MUY AVANZADA,
CON UN CUERPO DE COMPLEXIÓN MUY DEBILITADA.
POR ELLO, EMPLEAMOS PARA NUESTROS MUROS LAS MÁS FUERTES.

<<LAS LLEVAMOS HASTA LAS ZONAS INDICADAS,
Y TRAS SEPULTARLAS EN ALQUITRÁN HIRVIENDO,
SIMPLEMENTE LAS DAMOS POR DESAPARECIDAS.

<<LO HACEMOS CON SUMA DISCRECIÓN,
Y HASTA AHORA AÚN A NADIE
LE HA LLAMADO PARTICULARMENTE LA ATENCIÓN.

<<PERO SI ALGÚN DÍA
EL RESTO SE ENTERASE...
¡NUESTRA CIVILIZACIÓN CAERÍA!

<<LAS DEMÁS CUCARACHAS NO LO COMPRENDERÍAN,
Y CON TODAS LAS RESPONSABLES PRONTO ACABARÍAN.

<<POR ESO, NADA DE ESTO DEBÉIS DECIR,
O DE NADA HABRÁ SERVIDO
DURANTE TANTOS SIGLOS SUFRIR.

<<SALDREMOS DE AQUÍ EN UNA SEMANA.
SERÁ DURANTE UNA MAÑANA MUY TEMPRANA.

<<YA SERÍA NUESTRA PERDICIÓN
QUE SE DESCUBRIESE ESTO
TRAS NUESTRA RE COLONIZACIÓN,

<<PERO... ¡IMAGINAD SI SALIESE A LA LUZ ANTES!
A ESTAS ALTURAS, UN ALZAMIENTO DE LA MAYORÍA
CONTRA LAS CUCARACHAS DOMINANTES...

<<ANIQUILARÍA NUESTRA ÚNICA EXPECTATIVA
DE ACABAR CON ESA HUMANIDAD CORROSIVA.

<<VOLVERÍAN A HACERSE FUERTES,
Y PARA CUANDO HUBIÉRAMOS
CONSEGUIDO SUBSANAR NUESTRAS MUERTES,

<<YA TENDRÍAN POTENCIAL
PARA CAUSARNOS UNA EXTINCIÓN TOTAL.

<<ES POR ESO POR LO QUE DEBE GUARDARSE ESTE SECRETO.
SOLO DE IMAGINAR DE NUEVO LAS CONSECUENCIAS...
¡ME TIEMBLA TODO EL EXOESQUELETO!>>

<<JURAMOS QUE NO REVELAREMOS ESTO JAMÁS.
ANTES MORIREMOS QUE EN ESTA PROMESA ECHARNOS ATRÁS.>>

Tras unas breves palabras de despedida,
se dirigieron a un pasillo de salida.

Aquel macabro matadero quedó de nuevo abandonado,
con Alfredo cada vez más consternado.

Aquella raza miserable e invertebrada
era muchísimo más desalmada
que como el la pintaba.

<<,..ACÉRCATE... GRAN... VENTOSIDAD...>>
Una voz, ronca y debilitada,
le devolvió de nuevo a la realidad.

La voz provenía de una esquina de esta prisión.
Alfredo se acercó tras alguna vacilación.

Unos ojos, grandes pero semicerrados,
le miraban cansados.

Una enorme cucaracha yacía agonizante como una vulgar bestezuela.
Estaba aplastada por los restos de sus antiguas compañeras,
solo sobresalía su cara, en la se apreciaba que se estaba apagando como una vela.

<<GRAN PEDO... NO ME QUEDA MUCHO...
ASÍ QUE ESCUCHA... A ESTE MISERABLE... ANIMALUCHO...

<<GRUPOS DE CUCARACHAS... LLEVAMOS CORRIENDO ESTA SUERTE...
DESDE POCO DESPUÉS... DE CAVAR ESTA MADRIGUERA...
NINGUNA IMAGINÓ JAMÁS... QUE CRUELMENTE... NOS DABAN MUERTE...

<<SIEMPRE HABÍA HABIDO RUMORES...
PERO NUNCA JAMÁS...
IMAGINAMOS QUE NOS DOMINABAN... MONSTRUOS OPRESORES...

<<TENÍAS TU... LA RAZÓN...
NOS HAN ALIMENTADO...
CON LA SED DE VENGANZA... Y DESTRUCCIÓN...

<<A LA LARGA, MÁS HEMOS SUFRIDO,
ESTANDO AQUÍ DENTRO,
QUE CUANDO NOS TUVIMOS QUE HABER EXILIADO.

<<EL RESTO DE CUCARACHAS DEBEN SABER...
LA SUERTE QUE.. NOS A TOCADO CORRER...

<<NO TIENE NINGÚN SENTIDO...
INVADIR LA RAZA HUMANA,
CUANDO HACE EONES QUE NINGÚN MAL NOS HA REPERCUTIDO...

<<PERDÓNANOS ALFREDO POR NO OBEDECER,
TENÍAS RAZÓN SOBRE LO QUE DEBÍAMOS HACER...>>

Aunque se trataba de una bestia inmunda,
Alfredo se sintió conmovido,
y resolvió que merecía una oportunidad segunda.

<<Todo está perdonado.
Dalo por olvidado.>>

<<GRACIAS POR TODO, ALFREDO...
ESCUCHA... TE PUEDO SACAR DE ESTE ENREDO...

<<PERO DEBES HACERNOS UN GRAN... FAVOR...
POR EL BIEN DE CUCARACHAS Y HUMANOS...
AMBAS ESPECIES MERECEN VIVIR SIN TEMOR...

<<LES DEBES DE CONTAR LA VERDAD...
SOBRE... ESTA TAMAÑA CRUELDAD...

<<SOLO CUANDO VEAN ESTA HIPOCRESÍA...
EN LA QUE DICEN BUSCAR NUESTRO BIEN...
Y LUEGO NOS SEPULTAN... A SANGRE FRÍA...

<<SOLO EN ESE MOMENTO...
SE ROMPERÁ SU TESTARUDEZ...
DURA... COMO EL CEMENTO...>>

<<Pero ¿Como me van a creer?
¡Me capturarán nada más me puedan ver!>>

<<... LO SIENTO CON TODO MI CORAZÓN...
PERO... NO TE PUEDO AYUDAR AHÍ...
RUEGO TU PERDÓN...>>

<<No importa... ya pensaré la manera,
de convencer a cada cucaracha,
sin que en el intento muera...>>

<<TE LO AGRADEZCO... ETERNAMENTE...
Y ASÍ LO HARÁN... LAS DEMÁS CUCARACHAS,
A PARTIR DE UN PRÓXIMO PRESENTE...>>

En este momento, la cucaracha se convulsionó.
Acto seguido, abundante sangre vomitó.

Entrecerró más aquellos ojos cruentos.
Estaba muriéndose por momentos.

<<MI TIEMPO... ESTÁ... A PUNTO... DE ACABAR...>>
<<¡Espera! ¡Solo dime como de aquí puedo escapar!>>

Y contestó, delirante y con torpeza,
antes de la siguiente convulsión
<<SOBRE... MI... CABEZA...>>

Finalmente colapsó en su totalidad.
Encontró así la muerte,
por fin lejos de tanta adversidad.

Alfredo se acercó entonces a su cabeza inerte.
Una diminuta cavidad se abría entre esta
y el resto de víctimas de tal muerte.

Entre todo el resto mortal,
aquella cavidad tan estrecha,
se alargaba hasta la salida de ese sitio infernal.

Se volvió antes de marcharse.
Sabía que la cucaracha no podía oírle,
pero no pudo contenerse:

<<No te fallaré.
A tu raza salvaré.>>

Tras esta pausa emotiva,
se introdujo en el túnel,
listo para comunicar a las cucarachas tal misiva.

Aún no sabía como se las ingeniaría,
pero estaba seguro de que lo conseguiría,
y de paso, a la humanidad salvaría.

(Esperemos que Alfredo consiga su objetivo.
La trama puede parecer muy confusa ahora, con todo el rollo
de Enigine reflexionando sobre el futuro
del universo, y metiendo a Alfredo en el ajo,
porque sí. Pero creedme, que la cosa se aclarará
tarde o temprano. De momento, dejemos a Enigine
a un lado, y centrémonos en la nueva aventura
de Alfredo. Por primera vez podrá trazar un plan,
y no acogerse a uno de los MILLONES de giros
inesperados que aparecen en el poema, que por
cierto, ahora mismo ya es aproximadamente igual
o más largo que ''El Cantar del Mio Cid'', y
eso sin contar los comentarios e introducciones que
pongo en cada parte entre paréntesis. En resumidas
cuentas, veremos como Alfredo se las ingenia en la
próxima parte, la XXIX).