viernes, 17 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVII

Pedo y científico quedaron paralizados,
y en instantes fueron rodeados.

A pesar de la enorme envergadura
que el disfraz el científico alcanzaba,
derribaron contra el suelo sus cinco metros de altura.

<<¡Soltadme, seres despreciables!
¡Soy vuestro dios! ¡No podéis hacerme esto!
¡Os ejecutaré como ratas miserables!>>

El científico estaba más enfadado que asustado.
Una cucaracha al final de la sala le habló,
con una tono de voz firme pero calmado:

<<EL ÚNICO DESPRECIABLE AQUÍ ES SU MAJESTAD.
AHORA QUE LA REVUELTA HA TRIUNFADO,
NO TOLERARÉ OTRO REINADO DE ATROCIDAD>>.

Alfredo reconoció a la cucaracha que esto decía.
 <<¡Grugnig! ¡Creí que nunca más te vería!>>

<<AÚN NO ESTABA EN PAZ CONTIGO.
NI CREO QUE JAMÁS LO ESTÉ,
NI YO NI MI ESPECIE, AMIGO.

<<LA REVOLUCIÓN ENTRE NUESTRAS GALERÍAS HA COMENZADO.
LA HE DIRIGIDO YO PERSONALMENTE, Y ESTÁ SIENDO UN ÉXITO.
PERO ADEMÁS, A TODAS ELLAS LA VERDAD LES HE CONTADO.

<<AL PRINCIPIO CREÍ QUE ME IBAN A EJECUTAR,
PERO TODAS ME PERDONARON POR MIS ACTOS.
EL HECHO DE QUE HAYA TENIDO VALOR PARA CONFESAR,

<<Y DE HABER AYUDADO A NUESTRA ESPECIE A RECTIFICAR,
HA CAUSADO ADMIRACIÓN ENTRE LAS MÍAS,
A PESAR DE LAS MUCHAS AMIGAS QUE HE VISTO ASESINAR.

<<POR ESO, AHORA SERÉ LA ENCARGADA DE GOBERNAR.
VIVIREMOS DE FORMA MUCHO MÁS CIVILIZADA,
¡NO IMAGINAS LO LEJOS QUE PODEMOS LLEGAR!

<<PERO SIN TÍ ESTO NO HABRÍA ESTALLADO.
LOS ASESINATOS SEGUIRÍAN,
Y ESTE MUNDO PERMANECERÍA CONDENADO.

<<TODAS LAS CUCARACHAS SABEN TU CUAL HA SIDO TU PAPEL.
CUANDO ACABE LA REVOLUCIÓN ENTRE LAS NUESTRAS,
TODAS TE ADORARAN COMO SU NUEVO DIOS EN TROPEL.

<<PERO ESO NO PODRÁ OCURRIR...
LOS DOS SABEMOS QUE TE QUIERES IR...>>

Grugnig agachó la cabeza, entristecido.
Cada vez sentía más afecto por ese pedo,
y la despedida era lo último que hubiese querido.

Alfredo realmente quería irse,
ya que de los primeros humanos
acababa de acordarse.

Pero por otra parte, despedirse de aquellas criaturas,
e irse de esa galería cada vez menos infernal,
le parecía un triste e incompleto final
llegados a estas alturas.

<<Grugnig, creo que serás el mejor
dirigiendo a tu especie por el buen camino.
Tienes mi total favor.

<<Pero antes de partir,
dos cosas te debo pedir.>>

<<TODAS LAS QUE QUIERAS, GRAN PEDO.>>
<<Primero: ahora que sabéis que todas las profecías eran falsas,
probablemente esto os importe in bledo...

<<Pero no subáis al mundo exterior.
No solo lo pido como un favor,

<<es más bien una recomendación.
Ahí arriba viven humanos...
y quien sabe, al veros, cual sería su reacción.

<<No son criaturas perversas, en general...
digamos que ninguno comparte la misma moral.

<<Si os viesen os tomarían por seres malvados.
Iniciarían una guerra, y esta vez de verdad.
No quiero que nadie sea asesinado...>>

Al contrario de lo que el pedo imaginó,
Grugnig a buenas se lo tomó:

<<NO HABRÁ NINGUN PROBLEMA AL RESPECTO.
PARA SER SINCEROS, ESTE MUNDO
ES NUESTRO HÁBITAT PERFECTO.

<<TAN SOLO QUERIAMOS SUBIR POR VENGANZA,
PARA INICIAR UNA GUERRA ABSURDA,
SOSTENIDA SOBRE UNA FALSA MATANZA.>>

<<El segundo favor que debo pedir...
es que a ningun humano debéis herir.

<<Aunque anteriormente hicieron la superficie trizas,
no tienen por qué ser una amenaza para nadie.
Es una especie excepcional, capaz de resurgir de sus cenizas.

<<Yo personalmente velaré por los seres humanos
Sé que no cometerán los mismos errores,
y también que mis esfuerzos no serán vanos.

<<Sé que después de ver a este ''rey'' impostor,
 la sola mención de su especie os inspirará terror...

<<Pero él es solo una excepción.
Su odio hacia los suyos y hacia toda forma de vida,
son la causa de su crueldad y enajenación.>>

Con todo, Grugnig aceptó su argumentación:
<<ME VEO OBLIGADO A CREERTE, GRAN PEDO.
LA VIOLENCIA NO DEVOLVERÁ A NADIE DE SU DEFUNCIÓN.

<<AÚN ASÍ, ESTE HUMANO HA SIDO MALVADO,
Y SI LE DEJAMOS IR PODRÍA SER UN PELIGRO.
POR ELLO, SE QUEDARÁ AQUÍ PARA SIEMPRE, ENCARCELADO.>>

Alfredo se quedó satisfecho.
El científico, aunque aún aturdido
y contrahecho,

protestó con toda su energía,
e intentó zafarse de las cucarachas,
pero la fuerza de estas se lo impedía.

<<LLEVAOS A ESTE DELINCUENTE,
Y ENCERRADLO EN LAS PROFUNDIDADES,
ASILADO DE TODA CUCARACHA DECENTE.>>

El científico, arrastrado,
se fue, junto con las cucarachas
que allí habían entrado.

Antes de cerrarse la puerta principal,
escuchó aún la voz del anciano,
clamando un augurio fatal:

<<Esta vez no ha podido ser, Alfredo,
¡pero llegará el día en el que seas mío!
¡Los humanos se evaporarán como gotas de rocío!
¡Y lo mejor es que tu mismo lo harás, asqueroso pedo!>>

Un mar de carcajadas histéricas inundó el pasadizo,
distorsionadas por el eco, y cada vez más lejanas,
mientras se llevaban a ese personaje enfermizo.

Alfredo ignoró como pudo aquella voz demente.
Ahora estaban solos en la sala Grugnig y Alfredo:
<<NO TE PREOCUPES, CON ÉL SERÉ CLEMENTE.

<<EN CUANTO A TÍ, CREO QUE YA ES HORA DE PARTIR.
HA SIDO UNA GRAN EXPERIENCIA PARA LOS DOS...
A PESAR DE QUE TANTAS CRIATURAS HAYAS VISTO MORIR...>>

Alfredo escuchó un débil ruido sobre su cabeza.
Sabía que era la trampilla de salida,
abierta por un mecanismo con gran delicadeza.
Era la hora de la despedida.

<<Cucarachas, Grugnig, siempre os recordaré.
Sois un ejemplo de que todos podemos cambiar a mejor.
Cuando la humanidad renazca, ese pensamiento siempre tendré.>>

Ambos sabían que no había que forzar más esta despedida.
Tras mirar aquella sala tétrica a su alrededor,
sonrió feliz de haber salvado a aquella especie de perpetuar el horror.
Atravesó entonces la rejilla de salida.

Aquel tunel vertical, terroso,
que la primera vez que bajó,
le condujo a un reino horroroso,

ahora le sacaba de un lugar lleno de esperanza,
exento desde ese momento de la crueldad y la matanza.

Recorrió este acceso a su verdadero hogar.
El mundo exterior, que ahora echaba tanto a faltar.

Tras un rato de recorrido,
la luz del exterior ya había percibido.

Y breves momentosmás adelante,
Alfredo lo terminó alcanzando.
El paisaje, de bello que era le resultó intimidante.

Era una preciosa mañana soleada.
Los rayos de sol acariciaban la hierba
que rodeaba la llana e inmensa explanada.

Alfredo llevaba meses sin ver el gran astro brillar.
Sintió necesidad, ante tal belleza y encuentro exterior,
de ponerse inevitablemente a llorar.

Después del shock inicial,
flotó en derredor con alegría,
hasta que al final,

se tumbó en el suelo agotado.
La noche llegaba ahora,
pues el resto del día fugaz había pasado.

Se tumbó encima de unos pequeños matojos,
que el tiempo había secado
hasta convertir en insignificantes despojos.

Un agarrotamiento recorrió lo más profundo de su alma.
Los ojos cada vez más se entrecerraban,
y finalmente se dejó llevar por el ambiente de calma.

Así acabo totalmente dormido,
por una suave brisa nocturna mecido,

al igual que cuando el planeta salvó,
feliz por el deber cumplido,
durante largo tiempo roncó.

(Seguro que hay quien cree que esto
es casi el final del poema, ¿no? Alfredo
salva a los bichos malos, y seguramente
de un modo mágico ya cumplirá su sueño
de ser humano. 3 o 4 partes más y ''se finí''.
A esa gente, solo me gustaria decirle lo siguiente:
el poema ni siquiera ha comenzado aún.
Próximamente la esperada (?) parte XXXVIII)



domingo, 12 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVI

(Anteriormente, Alfredo descubre
el secreto del ''rey cucaracha'' tras
iniciar una revuelta entre los insectos
e intentar escapar de la galería gigante).

<<¿Me creías muerto realmente?
Tenía ganas de volver a hablarte...
antes de convertirte en mi esclavo omnipotente.>>

<<Puedo caer, quebrar mi cuello y desnucarme,
puedo degenerar durante siglos...
¡Pero nunca, nada en este planeta podrá matarme!>>

Una carcajada histérica
brotó de sus carnes ajadas,
seguida de su voz envejecida pero colérica.

Aunque aún era reconocible,
su cuerpo había mutado de forma increíble.

Las arrugas de su cara se habían multiplicado,
y pocos pelos brotaban de su cabeza arrugada y podrida.
Además, sus ojos tenían un aspecto nublado.

Allí donde más se marcaban sus pruebas de vejez,
oscuras manchas de la dermis se extendían.
Parecía una oscura y podrida nuez.

Alfredo, asustado, retrocedió
y el loco científico milenario
con la mirada le siguió:

<<Cuando llegaste a mi laboratorio principal,
ya sospechaba que mi búsqueda llegaba a su final...

<<Gran pedo, eres un ser superior a todos los demás.
Gaseoso, invulnerable al dolor, casi incorpóreo...
cuando mutes, ¡dejarás a esas patéticas cucarachas atrás!

<<Lograré explotar tu poder hasta el extremo...
Serás... ¡Serás un dios supremo!

<<Y, con tu voluntad bajo mi control...
¡Morirán a mis pies todos esos miserables,
cual ratas disecadas en formol!

<<No estás comprendiendo nada...
¡Pero tranquilízate, amigo mío!
Mi meta ya está alcanzada,

<<No me importa todo explicar,
a pesar de que después,
¡de tu débil cerebro me consiga adueñar!>>

Avanzó un par de pasos hacia Alfredo,
haciendo temblar el suelo a cada uno,
y asustando todavía más al pedo,
mudo y quieto del miedo.

<<Verás, en este mundo
hay un mal demoníaco,
destruyéndolo todo y dejando el planeta moribundo.

<<¡Hablo de la humanidad!
Como raza sólo somos un problema.
No solo nos masacramos sin piedad,

<<¿A caso no piensas en la naturaleza?
Ni siquiera después de recrear el mundo,
crecerán bosques frondosos y con la misma entereza.>>

Alfredo recordó inevitablemente
como mientras viajaba, no vio árboles,
tan sólo estepa y llanuras constantemente.

<<Y los ánimales... ¡Especímenes tan potenciales!
Exterminamos a tantas criaturas,
fauna de propiedades increíbles, casi sobrenaturales...

<<No me extenderé en lo que a mi me hicieron.
Todo lo que me quitaron,
lo mucho que por dentro y por fuera me hirieron...>>

El científico se detuvo de forma dramática.
Enfundado en semejante disfraz, durante segundos,
su mirada se tornó aún más nublada y errática.

Como si recordase un tiempo pasado,
del que desearía no haberse alejado.

Pero rápidamente recuperó su expresión fogosa,
y su mirada se acentuó en intensidad de nuevo.
Se volvió aún más turbia, demente, espantosa:

<<Tengo motivos MUY numerosos
para eliminar a esa caterva de apestosos...

<<Por eso logré la inmortalidad.
Supe que yo solo tardaría siglos,
antes de lograr idear algo para borrar a la humanidad...

<<Llevaba incontables décadas fracasando la búsqueda de un arma biológica,
que lograse acabar con toda mi vergonzosa especie,
sin dañar un mínimo la vida animal y en suma, toda la ecológica.

<<Entonces, cuando estaba más encasillado
y ya me daba por acabado...

<<Llegaste a mi laboratorio por un destino azaroso.
Supe que serías la vía a mi objetivo,
a lograr, en suma ¡un mundo mucho más hermoso!

<<Pero no podía hacerte de mi propiedad.
Si me hubiese mostrado hostil,
hubieras podido huir con toda facilidad.

<<Supe que con alguien tan poderoso,
 volvería a encontrarme,
¡y así fue, amigo gaseoso!

<<Sabía que sin embargo, aún no eres suficientemente duro.
Como puedes ver, esta galería está hecha de un compuesto
por el que no puedes filtrarte.
Así el encuentro contigo es seguro.

<<Además tienes un incontrolable afecto,
hacia cada uno de esos miserables humanos,
y en cada uno respetas incluso su más vulgar defecto.

 <<Si te contaba mi propósito, nunca me ayudarías,
y de mi siempre, desesperado rehuirías.

<<Estuve trabajando desde entonces en un poderoso elixir,
para poder aplicártelo diciendo si te volvía a ver,
engañándote y diciendo que te volvería humano para mi meta conseguir.

<<Ese elixir solo tiene dos objetivos reales.
El primero es someter a mí tu mente,
para controlar todos tus delirios y afecciones irracionales,

<<y el propósito segundo,
alterar tu cuerpo de gas,
volverlo más corrosivo, nauseabundo,
¡para poder acabar más fácilmente con cada humano inmundo!

<<Sólo tuve que parar en una ocasión.
Cuando el mundo estuvo al borde
de la total incineración.

<<Creía que llegaba tarde para lograr
este infernal mundo salvar.

<<Pero por suerte, descubriste la gran maquinaria,
salvando la tierra, y cumpliendo la profecía
de esa secta que se hace llamar legendaria.

<<Encerrado en el subterráneo de mi laboratorio abandonado,
seguí, a pesar de temerme lo peor,
desarrollando el elixir, aún con fe en que en tal infierno hubieses aguantado.

<<Después, aquella gran explosión.
Me embargó la alegría,
supe que habías salvado el mundo de su destrucción.

<<Pero también que con todo, los humanos seguirían existiendo.
Una especie tan rastrera y perversa,
por una mera catástrofe no acaba pereciendo.

<<Cuando miré el exterior por primera ocasión,
el horror que había ahí fuera casi me dejó sin respiración.

<<Tinieblas agobiantes y densas,
criaturas sacadas del más horrible grimorio,
el horror en sus formas más extensas,
rodeaban con sus ojos de azufre las ruinas de mi laboratorio.

<<Solo había aguantado la parte subterránea en la que me escondí.
Observé como entre la oscuridad se cazaban,
y como sus miradas penetrantes me acechaban.
Bajé a toda prisa, inquieto, deseando estar lejos de allí

<<Tu no tardaste mucho en llegar.
La emoción se comía mis viejas entrañas,
puesto que el elixir poco antes había acabado de perfeccionar...>>

El pedo estaba ya aplastado contra una pared,
incapaz de escapar, aterrorizado.
Era consciente de que estaba a su merced.

<<Está hecho especialmente para masas de metano.
La parte más interesante fue aplicar tal milagro en las mías propias.
Las reacciones que experimentaron me mostraron que mi trabajo no era en vano.

<<Pero... eso eran gases corrientes...
se desvanecieron en inmensas contorsiones
y tras adquirir desproporcionadas dimensiones.
no tenían características lo bastante potentes.

<<Si embargo, tú eres el adecuado.
He hecho comprobaciones,
y en todos los detalles me he asegurado...

<<Escuché tu historia sobre la explosión,
los Chusos, y su máquina
fingiendo a cada detalle gran impresión.

<<¿Te crees que yo no sabía nada de esa secta?
¿O siquiera sobre la máquina y la entrada subterránea directa?

<<Se mucho más de lo que tú crees.
Conozco casi todos los secretos que entrama este planeta,
y soy consciente de todo lo que a tu alrededor ves.

<<Pensaba en contarte esto en aquel cubil,
Pero cuando ya iba a cerrar la compuerta del todo,
y negarte la escapatoria, de nuevo me atacó el destino vil.

<<Resbalé desde arriba, y al caerme mi cuello quedó destrozado.
¡Una pena! No te pude ver enfurecido y en plena frustración.
Solo sé que al volver de nuevo a la vida, todo a mi alrededor estaba arrasado.

<<Las tinieblas estaban desdibujadas como nubecillas de humo pequeñas.
Tampoco quedaba ninguna de esas formas de vida horribles.
No sabía que su poder llegaba tan lejos cuando de tu ira no te adueñas.

<<Me fui de esa zona infernal corriendo,
hasta que en esta estepa acabé llegando.
Sentía como la rabia me estaba consumiendo.

<<Una vez más volvía a perderte...
y a pesar de todo, seguía sabiendo que volvería a verte.

<<Mientras hacía mi nuevo hogar,
supe que tardaría demasiado en todo preparar.

<<Fue entonces cuando me fijé en las cucarachas que había bajo tierra.
¡Y fue entonces comenzó toda la diversión!
Las logré mutar hasta lo que son ahora y luego inventé lo de esa guerra.

<<Así, logré alimentar sus primitivos cerebros de odio a los humanos.
Me proclamé su rey embutido en este disfraz,
y luego ordené construir todas sus salas, el comedor, los corredores largos y llanos...

<<En dos semanas el nido tenía la forma actual.
Mientras, yo estaba en esta sala, esperando tu llegada.
Todo lo demás para mí era poco más que trivial.

<<Con todo, tuve que hacer mi papel de monarca,
con todo lo que ello abarca.

<<Ya habrás visto las despensas y la forma de hacer paredes...
¡¿Cómo no lo vas a haber visto?!
Cuando te lo propones, a cualquier lugar accedes.

<<Pensarás que lo que hago es cruel.
Que soy un loco que realiza matanzas secretas,
y solo por pura paranoia ejecuto a hordas en tropel.

<<¿Ignoras lo que podría haber pasado
si a estos seres crecer a su ritmo
les hubiese dejado?

<<La población excesiva no tendría comida suficiente.
Al principio solo habría alguna pequeña hambruna incipiente...

<<Pero las pocas semanas, o incluso días,
la inanición causaría auténticas guerras,
más sangrientas de lo que te imaginarías.

<<En todo caso, no esperaba que tan pronto llegarías...
Aunque ya estaba todo esto listo,
creí que hasta mucho tiempo, azarosamente aquí no acabarías.

<<Te has escapado dos veces de mis prisiones.
Pero ahora, son muy diferentes tus condiciones.

<<Pensaba soltar en breves a mi rebaño de aberraciones.
y dejar que se adueñasen de la tierra sin más dilaciones.

<<Entonces te fugaste de tu prisión,
así que pospuse unos días la hora del asalto,
por motivos de pura precaución.

<<Pero ahora que eres mío, todo será con otro proceder...
para empezar, re convertiré en una deidad,
con un poder de devastación en tal cantidad
que hasta los caparazones de mis cucarachas podrás deshacer.

<<Después, los dos saldremos de nuevo a la superficie terrestre.
Calculo que habremos exterminado
a los pocos humanos que sobrevivieron al desastre en tan solo un bimestre...

<<Solo entonces me daré por satisfecho,
y mi función con éxito habré hecho.

<<Pero ahora, ¡dejemos la palabrería!
¡Hoy será nuestro gran día!>>

El científico estaba ahora a un escaso metro de la ventosidad,
que acorralada contra la pared, hablo por primera vez y rogó piedad.

Haciendo oídos sordos, comenzó su disfraz a palpar.
Finalmente, de un pliegue de la parte superior,
un extraño frasco logró sacar.

<<Aquí está... en fin, odio tener que depedirme,
pero al menos, ¡con tu cuerpo mejorado si que podré unirme!>>

Pero un sonido lejano le hizo detenerse.
Desde el pasadizo tras la puerta principal,
una marabunta corriendo hacia la sala del trono podía oírse.

El ruido aumentaba en intensidad,
cada vez se oía con más sonoridad.

Y finalmente, un duro golpe se percibió,
seguido de muchos otros de misma fuerza.
En tan solo unos segundos ante ambos el portón cedió.

Tras el, decenas de cucarachas hicieron presencia,
dejando parados tanto al científico, todavía con la mascara quitada,
como a nuestra gaseosa pestilencia.


martes, 7 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXV

(Anteriormente, Grugnig y Alfredo se han
separado ya. Tras entrar dentro de la estatua,
comienza aquí su clamor a la verdad oscura
que se oculta a la mayoría de cucarachas).

<<¡Saludos mortales!
¡Os traigo noticias fatales!>>

Nada más comenzar,
las cucarachas se quedaron mudas.
A los instantes, comenzaron a clamar:

<<¡NUESTRO DIOS HA VENIDO!>>
<<¡JAMÁS CREÍ QUE ESTE MOMENTO
HABRÍA VIVIDO!>>

<<VIENE A APOYARNOS,
¡PARA QUE A LOS HUMANOS
PODAMOS CARGARNOS!>>

La chamana no se hizo a un lado,
reaccionó, aprovechando la situación
con un tono enfadado:

<<NUESTRO DIOS, CUCHSTRAL,
ENTRE NOSOTRAS SE HA MANIFESTADO,
¡LAS FIELES VEREMOS COMO TANTO SACRIFICIO TIENE FINAL!>>

Antes de que continuará, Alfredo impuso orden fácilmente:
<<¡Silencio cucarachas!
¡No sois conscientes de que sucede realmente!

<<Si, soy yo, ¡CUCHSTRAL!
La deidad que debéis escuchar.
¡Y vuestra raza está arrasada por el mal!>>

Se oyeron asustados murmullos.
Alfredo sonrió,
aquellos bichos eran suyos.

<<¡Vuestro rey os oculta el horror!
Os ha convencido para matar a los humanos,
¡Ha cometido un craso error!>>

Los muros aumentaron.
Cucarachas inquietas,
de nuevo clamaron.

<<Siempre se ha sabido,
que cada muro construido,

<<Con cucarachas viejas se levanta,
o al menos eso dice vuestro rey.
¡La verdad, os oculta, y hasta a mí me espanta!

<<Habréis notado probablemente
la ausencia de algunas compañeras
que no habéis visto últimamente...>>

Se oyeron comentarios aislados.
Todas recordaban misteriosas desapariciones.
Amigas y familiares que se esfumaban, sin tener razones,
y cuyos recuerdos aún no habían sido olvidados.

Alfredo se preparó para revelar la verdad:
<<No tenéis más que romper un reciente muro.
Como aquel en el que encerrasteis a ese pedo inseguro.
En sus paredes las encontraréis en gran cantidad.

<<Se trata de cucarachas que criticaban esta sociedad,
y que sospechaban del rey y su tamaña crueldad.

<<Se las junta en grupos sin avisar,
y mercenarias las rocían de alquitrán hirviente y acero.
Mueren tras un horrible sufrimiento para esos muros levantar.

<<Si a las más sádicas no os parece demasiado,
si con todo, pensáis que algo tan cruel está justificado...
visitad la puerta del comedor en el que tantas veces habéis estado.

<<Tras ese portal se esconde la mayor atrocidad.
Visitad la despensa y veréis que es lo que coméis.
Debéis interiorizar la oscura verdad.

<<Y por último, nunca salgáis al exterior.
No estáis preparadas para ese mundo,
ya que ni siquiera sois libres en esta galería inferior.

<<Ahora, erradicad esta locura de forma total,
¡O caerá sobre vosotras la ira de CUCHSTRAL!>>

Apenas acabó aquella confesión,
estalló entre las cucarachas la ira,
el deseo de venganza, odio, destrucción.
Desde uno de los ojos vio su reacción:

Todas las presentes se abalanzaron a la salida de forma masiva,
empujando, pisoteando, y actuando de forma primitiva.

Pero ahora no podía quedarse ahí mirando.
Cada instante contaba,
¡tenía que escapar volando!

Detrás suyo la oquedad se expandía.
<<No puedo ver como acaba esto,
¡no tengo todo el día!>>

Siguiendo la prolongación,
ante sus ojos el hueco en un túnel se abría.
Unos metros más adelante este en vertical se torcía.
El pasadizo final a la salida le llenó de intimidación.

Cuando ya se estaba adentrando,
notó un sonido seco y lejano,
y no pudo evitar quedarse escuchando:

Era el ruido que hace una construcción al ser derruida.
Le sucedieron terroríficos y distorsionados rugidos,
los más monstruosos que había oído en toda su vida.
Los insectos habían descubierto las paredes con sus seres queridos.

<<Supongo que ahora se dirigirán al comedor.
Me pregunto como reaccionarán tales bestias
cuando vean a sus crías almacenadas y mutiladas a su alrededor...>>

Tras unos instantes de reflexión, siguió avanzando.
Algo en su interior le decía que faltaba poco,
que la superficie pronto acabaría alcanzando.

Tras unos minutos de subida,
la cavidad acababa en una pequeña grieta.
Tras esta, estaba la sala del rey, y por último la salida.

<<Si Grugnig no me ha engañado,
pronto la libertad habré hallado.

<<Por fin podré abandonar este infierno de locura,
y volver a tierra segura.>>

A pesar de su resolución, la sala real,
ahora le inspiraba un miedo tal,

que tardó un rato en mentalizarse
y para salir disparado prepararse.

Como había ido allí con anterioridad,
decidió meditar todo con brevedad.

Había estado allí antes, así que logró recordar
hacia que dirección debía flotar.

Finalmente, tras unos momentos de reflexión,
se coló por aquella pequeña grieta,
dispuesto a cruzar la sala y alcanzar su salvación.

Solo unos instantes después de entrar,
se dio cuenta de que la habitación
estaba sin iluminar.

No podía ver absolutamente nada.
Hasta la última antorcha estaba apagada.

Sin saber donde estaba la salida,
escudriñó la habitación forzando la vista.
No distinguió a la cucaracha real. ¿Estaría escondida?

Y mientras tanteaba buscando el reducto de huida,
escuchó un espectral estruendo, de tierra chocando con un metal.
Su huida estaba ahora hundida.

Dos planchas de un extraño metal,
debían haber sellado la grieta y el reducto,
con una rapidez sin igual.

Tal y como Grugnig había advertido,
todo había sucedido.

Una voz extrañamente familiar,
interrumpió la tensión para clamar:

<<¡Buenos días Alfredo!
No saludas a un viejo amigo,
¿mi querido pedo?>>

Las antorchas se encendieron al momento.
<<¿Tan pronto te quieres ir de mi mundo?
¿A caso es tan malvado y cruento?>>

Primero miro a los lados.
En las paredes,
reconoció los grabados.

Pero por alguna razón,
ya no eran de color marrón.

Estaban pintados de color rojizo,
cuya tono estaba
entre furibundo y enfermizo.

Pero lo más atrayente,
no estaba en ese color ardiente.

Ante sus ojos, la monumental cucaracha rey hablaba.
Ahora estaba de pie, sobre sus enormes patas traseras.
Pero en ella algo raro notaba.

Su voz no era como esperaba.
No se parecía a la de una cucaracha,
y por alguna razón, a alguien le recordaba.

Era insípidamente seca y rasposa,
y su tono rápido, encendido
contrastaba de forma espantosa.

La cucaracha se llevó las manos a la cabeza.
<<Tanto protocolo me da algo de pereza,

<<y además, ¡ya eramos amigos de antemano!
así que mejor iré al grano...>>

Un sonido de cuero desgarrado
dejó a Alfredo aún más desconcertado.

La cabeza del rey cayó al suelo.
Estaba totalmente hueca y vacía.
No era más que una careta de cuero y pelo,

que aunque ahora desprendida y maltrecha,
se podía reconocer que estaba realmente bien hecha.

Alfredo subió la vista lentamente,
hasta tener al falso rey de frente.

Cuando vio de nuevo su faz,
tan tranquila y serena,
y en suma tan llena de paz,

sintió una mezcla entre pavor y sorpresa,
mientras era atravesado
por una mirada sádica y aviesa.

<<Te quedarás aquí una buena temporada,
mientras mis queridas criaturas
devoran a tus humanos en manada.

<<¡Tengo mucho que contarte,
antes de que mi tratamiento
pueda aplicarte...!>>

El indestructible científico milenario,
rió entonces de forma histérica,
embutido en ese disfraz grande como el mayor armario.

(Me he dado cuenta de que el poema habla por si solo.
Es una tontería que cada vez deje parrafadas tan
largas aquí abajo, ¿no? Intentaré publicar más a menudo.
Nos vemos pronto).




domingo, 26 de febrero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXIV

(Mientras Alfredo y Grugnig
avanzaban, dos cucarachas centinela
les han interceptado para una inspección).

<<PERO...¡SI NO HE HECHO NADA!>>
Dijo la cucaracha, por esta situación asustada.

<<NO IMPORTA, ESTO ES UN CHEQUEO ALEATORIO,
SE REALIZA ENTRE CUCARACHAS AL AZAR
PARA DETECTAR ENFERMEDADES QUE SE PUEDAN CONTAGIAR,
Y LLEVAR A QUIENES LAS TENGAN EN CUARENTENA A UN SANATORIO.>>

De espaldas contra la pared a Grugnig pusieron.
Y entonces la inspección de cacheo hicieron.

Alfredo y la cucaracha sentían pánico.
En breves le encontrarían,
y les esperaría un castigo satánico.

Patas, ojos y antenas palparon.
CASI todo su cuerpo comprobaron.

No miraron bajo su caparazón.
Ambos respiraron aliviados;
se habían librado de su perdición.

Se disponía Grugnig a irse,
cuando, ante las palabras de una centinela,
tuvo que detenerse:

<<¡AÚN NO HEMOS COMPROBADO
QUE EN LAS ALAS NO ESTÉS AFECTADO!>>

Ahora sí que el pavor consumió a cucaracha y pedo.
Estaban paralizados por el miedo.

Y ahora ya todo había acabado.
Se hundía aquello
que Grugnig había planeado.

Cada centinela una ala del elitro agarró,
y con tres de sus patas sujetó.

Pero Alfredo, dentro escondido,
decidió no darse por vencido:

<<Todo está a punto de acabar.
¿Qué pierdo por algo probar?>>

En ese momento de las alas delanteras, hacia arriba tiraron
y Alfredo se pegó a estas con todas las fuerzas
que a pesar del miedo le llegaron.

Por encima de sus cabezas las levantaron,
y Alfredo al estar pegado a estas,
tuvo suerte porque no le detectaron.

Sobre ellas tenían el elitro alzado.
Como si de unas trampillas en la espalda de Grugnig
se hubiesen tratado.

Alfredo desde ahí arriba les miraba,
rígido, sintiendo como la angustia,
tan despiadada, por dentro le asfixiaba.

Por suerte, su vista no alzaron
y por los pelos no le pillaron.

Grugnig no entendía lo que pasaba,
¿Por qué no vieron a la ventosidad,
que estaba en su espalda atrapada?

¿Había desaparecido?
¿A dónde había ido?

Las centinelas su pensamiento interrupieron,
pues otro comentario profirieron:

<<TUS ALAS TIENEN UN OLOR MUY EXTRAÑO,
¡COMO SI NO TE HUBIESES LAVADO
EN MESES, O QUIEN SABE SI EN TODO UN AÑO!

<<NO QUEREMOS PROBLEMAS, TE DEJAREMOS PASAR.
PERO TAMBIÉN EN TU ESPALDA TE DEBES LIMPIAR.

<<LAS ENFERMEDADES POR SUCIEDAD,
SON INCREÍBLEMENTE CONTAGIOSAS;
UN PEQUEÑO BROTE PUEDE ACABAR CON MEDIA SOCIEDAD.

<<SI TE VOLVEMOS A ATRAPAR,
EN UN ESTADO TAN SUCIO,
TE DEBEREMOS ENCERRAR>>

Grugnig masculló: <<TENDRÉ MÁS CUIDADO...
Y ME APLICARÉ UN INTENSIVO... ASEADO.>>

Con una reverencia se despidieron.
Cuando del pasillo desaparecieron,

Grugnig clamó, preocupado:
<<¿GRAN PEDO?¿COMO TE HAS ESCAPADO?

<<¿SIGUES AHÍ ATRÁS?>>
Y Alfredo le contestó:
<<¡No aguantaba ni un minuto más!>>

Tras el alivio reparador,
volvieron a su misión,
ahora con menos temor:

<<LO QUE MÁS TEMÍA
ES QUE PASASE ALGO ASÍ.
NO CONTABA CON QUE ESTO PASARÍA.

<<EN TODO CASO, ESTAS INSPECCIONES,
SON MUY INSÓLITAS.
NO NOS VOLVEREMOS A ENCONTRAR CON OTRA DE ESTAS SITUACIONES...>>

<<Perfecto entonces. Y como iba diciendo...
¿Cómo acabaré de aquí escapando?>>

<<AQUÍ LLEGA LA PARTE QUE NO TE GUSTARÁ...
VERÁS, HACE POCO ME PREGUNTÉ:
DENTRO DE LA OQUEDAD DE LA ESTATUA... ¿QUE HABRÁ?

<<ESCUCHÉ ENTONCES UNA VOZ, UN SONIDO LEJANO.
PARECÍA VENIR DEL INTERIOR
DE ESE MONUMENTAL MONUMENTO PAGANO.

<<RECORDANDO LA DIRECCIÓN DE LA RESONANCIA,
Y CALCULANDO MENTALMENTE LA DISTANCIA,

<<CAÍ EN LA CUENTA
DEL ORIGEN
DE AQUELLA VOZ CRUENTA.

<<LA CAVIDAD ALCANZA SU FINAL...
COMUNICADA CON LA SALA REAL>>

Alfredo recordó aquel lugar.
A la gigantesca cucaracha que le recibió,
y como el resto le impidieron escapar.

<<La sala de la que acabas de hablar...
¿Es por la que tuve que entrar?>>

<<ME TEMO QUE... EN EFECTO.
Y ES EL ÚNICO ESCAPE DIRECTO.

<<SI TE QUIERES LARGAR,
POR AHÍ DEBERÁS PASAR.

<<CON LA CUCARACHA REY TE CRUZARÁS.
DEBES EVITAR QUE TE VEA,
O CERRARÁ LA SALIDA, Y AQUÍ TE QUEDARÁS.
SIENTO NO PODER AYUDARTE MÁS...>>

<<No importa, me las intentaré arreglar.
No me dejaré fácilmente atrapar.>>

Continuó un tramo callado.
Mientras avanzaban por el pasillo mal iluminado.
Finalmente, escuchó a Grugnig decir:
<<GRAN PEDO... HEMOS LLEGADO.
TU MISIÓN DEBES CUMPLIR.

<<ASÓMATE SIN TEMOR.
EN ESTOS MOMENTOS,
AQUÍ NO HAY NI CUCARACHAS NI MOVIMIENTOS.
ESTÁN OCUPADAS TRABAJANDO EN GALERÍAS DE INTERIOR.>>

Alfredo de su escondrijo salió.
Quedó fascinado con lo que vió.

Era una habitación
de gran extensión.

Quizás grande como el comedor.
Había nula decoración,
solo antorchas y candelabros en derredor.

Pero lo más impresionante,
era la estatua del centro,
una cucaracha rojiza gigante.

Se trataba de una construcción,
que aunque algo tosca, era de notable tamaño.
Siete metros de largo y otros tantos de ancho era su dimensión.
<<SOLO SABEMOS, QUE DE ALGUNA FORMA APARECIÓ AQUÍ ANTAÑO.>>

Su piedra parecía decorada,
pues por alguna extraña razón
de rojo había quedado pigmentada.

<<SINCERAMENTE, NO CREO QUE SEA DE ORIGEN NATURAL,
NI MUCHO MENOS, COMO SE ASEGURA, CELESTIAL.

<<PERO ESO NO IMPORTA AHORA, EN REALIDAD.
MÉTETE DENTRO, ANTES DE QUE ALGUNA LLEGUE.>>
Alfredo vio en los ojos de la estatua aquella oquedad.

Se metió dentro obediente a la voz,
raudo y veloz.

<<BUENO... NUESTRO VIAJE ACABA AQUÍ.>>
<<¿Estarás bien, Grugnig?
<<SÍ, NO DEBES PREOCUPARTE POR MÍ.

<<ESTARÉ BIEN, PERO AHORA DEBO MARCHAR.
PRONTO VENDRÁN LAS OTRAS.
RECUERDA DE LO QUE DEBES HABLAR.
¡NO NOS FALLES!
¡NADA TE CALLES!
DE TI DEPENDE EL FUTURO DE TODAS NOSOTRAS.>>

Escuchó unos pasos alejarse.
Cuando supo que por el pasillo
ya había vuelto a irse,

Sintió como nunca la soledad
ante tamaña adversidad.

Todo dependía ahora de su actuación.
Mientras improvisaba en su mente un guión,

Oyó un nuevo y pesado caminar.
Decenas de patas se escuchaban
al suelo pisar.
Miro por un orificio, y vió como se acercaban.
Las primeras cucarachas, a rezar a su dios acababan de llegar.

A medida que llegaban,
por hileras se situaban.

Era remarcable su organización.
No habían asientos de ningún tipo,
pero ello no impedía su perfecta distribución.

En filas de siete a cada lado se ponían.
No había empujones ni choques.
Con su gran organización se repartían.

Además, se movían muy rápidamente.
Como si quisieran adorar a su dios cuanto antes,
y salir pronto de aquella sala deprimente,
huyendo de la severidad,
de aquella divinidad,
tan respetada por su fuerza omnipotente.

Pocos minutos más adelante,
se habían agrupado ya casi todas,
con fugacidad acuciante.

Cuando la última se situó,
la sala abarcaba incontables,
centenares, el pedo estimó.

Entonces, apareciendo desde el final,
salió una cucaracha con aire espectral.

Caminaba hacia la deidad,
con parsimonia y solemnidad,

Probablemente era una chamana,
que dirigía la sepulcral celebración
de aquella figura pagana.

Al llegar a la escultura,
se giró, con poca prisa y soltura.

A todas las cucarachas de un barrido visual contempló.
Entonces, para iniciar su arenga se preparó.

Alfredo, aunque intimidado,
no se bloqueó por la presión:
<<Mi momento ha llegado.
Hora de acabar con esta situación.>>

Con una voz de exagerada gravedad,
justo cuando la chamana iba a comenzar,
inició Alfredo desde la estatua el discurso de la verdad:

(¡Fin de la parte XXXIV! Parece que
la situación de las cucarachas llegará
pronto a su fin. Todas estas correrías acaban
en este discurso. ¿le saldrá bien? ¿O la diñará
y tendrá ante él a todas las cucarachas de nuevo?
En la parte XXXV lo sabremos, amigos. Adieu.)

viernes, 17 de febrero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXIII

(Anteriormente, Alfredo y Grugnig,
la cucaracha, deciden unirse para
acabar con esta oleada de sadismo,
y de paso salvar a la humanidad. Su
plan comienza ahora).

<<TE EXPLICARÉ EL PLAN MIENTRAS AVANCEMOS.
SERÁ SENCILLO, EL ÚNICO PROBLEMA
ES EL RIESGO QUE CORREMOS.

<<NO TE PUEDO DAR MÁS INFORMACIÓN,
¡VAMOS CORTOS DE TIEMPO!
¡CUCARACHAS DE RELEVO PRONTO HARÁN SU APARICIÓN!>>

Mientras decía esto hubo terminado,
y el último caldero
de suciedad fue limpiado.

Se dirigió a Alfredo para explicar
como su dinámica iba a funcionar:

<<SI QUIERES QUE ESTO SE CONSIGA,
DEBES HACERME CASO
EN TODO LO QUE YO TE DIGA.

<<PARA EMPEZAR, DE MIS ALAS NO SALGAS.
NO IMPORTA LO QUE OCURRA,
IGNORA TODO LO QUE OIGAS,

<<PORQUE SI NOS VEN JUNTOS,
A MI ME MATARÁN,
Y A TI TE ENCARCELARÁN
EN CUESTIÓN DE SEGUNDOS.

<<SIGUIENTE, PODRÁS HABLAR,
PERO SI OTRA SE ACERCA,
ALETEARÉ LAS ALAS Y DEBERÁS CALLAR.

<<Y AHORA, VE HACIA MI ESPALDA RÁPIDAMENTE.
NO DIGAS NADA HASTA QUE TE AVISE,
O NOS PILLARÁN, GRÁBATE ESO EN TU MENTE.>>

Alfredo flotó rápidamente.
No le costó acomodarse,
pues en el comedor lo había hecho hasta la saciedad.

Y una vez bien  adentrado, la cucaracha empezó a desplazarse.
Alfredo escuchó sus pasos,
y la puerta a sus espaldas cerrarse.

Intuyó que iban de nuevo hasta el pasillo central,
aquel que conectaba hasta el comedor por la puerta principal.

Quiso plantear alguna cuestión,
pero prefiero ser cauteloso;
no era una apropiada situación.

Se percató entonces de pasos a su alrededor.
Acompañados de un sonido ensordecedor.

De nuevo el chirrido del metal oxidado,
que ya en los viejos carros de antes había escuchado.

Otro gran grupo de bichos,
a punto de sacar nuevas larvas
de sus cálidos nichos.

Como Grugnig había dicho, otro grupo de relevo había llegado,
y con este se habían cruzado.

Por suerte, Alfredo estaba bien refugiado;
ni el mejor ojo le hubiese detectado.

Pasaron de largo la cucaracha y el pedo, silenciosos.
Intentaban no pensar, en vano,
a lo que habían acudido aquellos seres perniciosos.

En unos instantes estaban ante la puerta del comedor.
Al abrirla, sonaron sus oxidadas bisagras,
y a Grugnig se le revolvieron las entrañas.
Iba a cruzar de nuevo aquel lugar, en el que literalmente,
se masticaba el horror,
y una oleada de sadismo flotaba eternamente.

Se abrió ante ambos una monstruosa cacofonía.,
en la que las cucarachas ingenuas,
comían vástagos en los que aún se respiraba la agonía.

Con todo, intentaron esforzarse,
y ante ese océano caníbal
avanzar sin inmutarse.

Con todo, fue un esfuerzo mayor.
Cada trozo masticado, mutilado,
y por mandíbulas de hierro machacado,
evocaba un pasado machado de dolor.

Grugnig a gran lentitud avanzaba,
Con la cabeza gacha, el suelo miraba.

El pedo sabía que en parte era responsable.
Esto le hacía sentirse como una genocida,
un ser psicótico a la par que deleznable.

Alguien más conocía su secreto más oscuro.
Hubiera deseado ser utilizada como relleno
de otro sanguinario muro.

Pero ahora debía ser fuerte.
Había sido causante de algo más
que una sola muerte,

aunque ahora aún podía purgarse.
Con la ayuda del pedo,
su raza podría salvarse,

abrir los ojos y abandonar este camino.
Evitaría muchas más muertes inocentes en el futuro,
¡lograría compensar su pasado de asesina!

No imaginaba como Alfredo la veía.
El pedo, a pesar de todo,
por Grugnig una gran compasión sentía.

Había causado incontables infanticidios,
pero nunca de forma voluntaria,
siempre obligado por una cucaracha rey sectaria,
y sabiendo que si se negase, podía ejecutarla y simular un suicidio.

Su arrepentimiento era sincero,
arriesgaba su vida
para ilustrar a los suyos de un modo certero.

Tras un inacabable recorrido,
mucho más tenso
de lo que ambos hubieran querido,

La entrada al pasillo alcanzaron,
y aquella obscura sala
atrás dejaron.

Estaban en la anterior galería,
la de la doble hilera
con una silueta de cucaracha sombría.

Tras otros minutos más de caminar,
Grugnig le dio permiso para hablar:

<<AHORA EL PASILLO ESTÁ SOLITARIO.
LO QUE QUIERAS PUEDES PREGUNTAR.
¡PERO NO SEAS TEMERARIO!

<<SI NOS DESCUBREN YA SABES QUE PASA...
YO MUERO, Y ESTA PASA A SER TU NUEVA CASA.>>

<<Tan solo quiero saber
que pretendes hacer>>

<<ES MÁS FÁCIL DE LO QUE PUEDAS IMAGINAR,
TE LO VOY A EXPLICAR:

<<EN UNA CERCANA GALERÍA,
HAY UNA FORMACIÓN DE PIEDRA
QUE DEBIÓ SURGIR EN ALGÚN LEJANO DÍA.

<<TIENE EL ASPECTO DE UNA CUCARACHA GIGANTE.
HAY MUCHAS TEORÍAS SOBRE SU ORIGEN,
PERO LO QUE NOS INTERESA ES QUE PARA MUCHAS ES MUY IMPORTANTE...

<<ES TRADICIÓN VENERARLA,
Y CON DEVOCIÓN RESPETARLA.

<<DE HECHO, ES NUESTRA ÚNICA COSTUMBRE ARRAIGADA,
DESDE QUE HUIMOS AQUÍ A LA DESESPERADA.>>

<<¿Y conmigo esto que tiene que ver?
No lo acabo de comprender...>>

<<CUANDO LLEGUEMOS A LA FIGURA,
VERÁS QUE EN SUS OJOS HAY UNAS DIMINUTAS MUESCAS.
ALGUIEN COMO TÚ PODRÁ ATRAVESARLAS CON SOLTURA.

<<POR LO QUE HE COMPROBADO,
LA ESCULTURA ESTÁ HUECA DE LADO A LADO.

<<ESO SIGNIFICA QUE CON TODA SEGURIDAD,
AL ENTRAR TE INTRODUCIRÁS EN UNA OQUEDAD.

<<CUANDO ESTÉS EN EL INTERIOR, ESPERA.
EN CIERTAS HORAS, LAS CUCARACHAS
VIENEN A REZAR CON UNA DEVOCIÓN.


<<LA SALA EN LA QUE ESTARÁS ES MUY GRANDE, ASÍ QUE PREPÁRATE.
SU AFORO ES DE CIENTOS DE NOSOTRAS.
SIEMPRE SE LLENA, CUANDO VEAS A LAS PRIMERAS ESPÉRATE.

<<EN ESE MOMENTO DEBERÁS HABLARLES.>>
<<¿¡Pero cómo?!>> Interrumpió la ventosidad,
<<¿Y qué debo decirles?>>

<<PRESÉNTATE A ELLAS COMO CUCHSTRAL,
LA DIOSA CUCARACHA DEL MUNDO ABISAL.

<<ASÍ ES COMO SE CONOCE A ESA ROCOSA ANOMALÍA...
TAN SOLO UN TROZO DE PIEDRA INANIMADO,
AUNQUE POR TODAS OVACIONADO.
SI VEN QUE TAL TROZO HABLA, LO CREERÁN MÁS QUE CUALQUIER PROFECÍA.>>

<<¿Y como se supone que me podré expresar?
¿Me verán e intentarán atacar?>>

<<NO, YA QUE AL ESTAR OCULTO,
NO TE VERÁN A TI,
CREERÁN QUE LA VOZ SALE DEL MONUMENTO DE CULTO.

<<INTENTA HABLAR CON LA VOZ AGRAVADA,
PARA QUE A LA NUESTRA SEA MÁS ASEMEJADA.>>

<<Por último, ¿qué debo decirles?
¿como puedo convencerles?>>

<<HÁBLALES DE LA FARSA EN LA QUE VIVIMOS.
COMO CON LAS NUESTRAS LAS PAREDES RELLENAMOS,
Y EN VANO COMO MOSCAS MORIMOS.

<<HABLA SOBRE LA REAL FALSEDAD,
DE COMO NOS OBLIGAN
A APALEAR A NUESTROS HIJOS HASTA LA SACIEDAD.

<<PARA PONER LA GUINDA AL PASTEL,
DILES QUE ENTREN EN LA SALA,
EN LA QUE TRITURAMOS A LOS NUESTROS SIN CUARTEL.

<<VERÁN EN ELLA DESPENSAS,
ABARROTADAS DE CADÁVERES A EXPENSAS.

<<HÁBLALES DE LA SALA EN LA QUE TE ENCERRARON,
Y SOBRE LO VIVOS QUE ESTABAN LOS CUERPOS
CUANDO CON ELLOS LA ALZARON.

<<TE OBEDECERÁN CON TODA SEGURIDAD,
PUESTO QUE CREERÁN QUE LES HABLA
LA MÁS DIVINA AUTORIDAD.>>

<<Suena bien planteado...
pero cuando el caos se haya desatado...

<<¿Cómo podré escapar?>>
Pero apenas acabada la pregunta,
las alas de Grugnig se pusieron a zumbar.

Alfredo decidió callar,
presto ahora a escuchar.

Unos pasos se percibieron detrás.
Eran dos cucarachas centinela,
cuyo trabajo era patrullar sin más.

Se quedaron mirando a Grugnig unos instantes.
La moral de pedo y bicho estaba a unos límites acuciantes.

Casi fue un alivio cuando aquella pausa acabó.
Aunque lo que vino después,
ninguno de nuestros amigos en mucho tiempo lo olvidó.

Con una poderosa orden, a la cucaracha hicieron parar:
<<DETENTE, ¡TE DEBEMOS INSPECCIONAR!>>

Grugnig se quedó completamente parado.
Quería correr, huir lejos,
volar hasta el lugar más lejano allí excavado.

Pero le pudo el pánico;
jamás pensó que temería a las suyas
como al más monstruoso ser satánico.

Antes de que reaccionara,
ambas le rodearon.
Ya no había forma de que escapara.

(Y fin, ¡Aquí acaba la parte XXXIII! Menuda
situación les aguarda a estos dos... por cierto,
no soy muy fan de hacer spoilers (es broma,
me encanta, no lo hago solo por no joder), pero
hay muchos personajes que han ido y venido en
la historia muy poco tiempo. Algunos ni 200 versos.
Alguno de estos personajes podría volver a aparecer.
No pongáis esa cara de decepción. Es muy probable
que ni remotamente imaginéis de quien hablo.
O que lo imaginéis y os equivoquéis. O que acert...
bueno, ya véis por donde voy. Pronto la parte XXXIV,
ya la tengo escrita a mano de hecho, ahora queda pasarla
a ordenata, cosa que me da un inmensamente mayor
pateo. Hasta luego, pedorros.
P.D.: Realmente lo siento por este tiempo de inactividad.
Ninguna excusa o motivo personal puede justificar esto.
Procuraría que no volviese a pasar, pero hasta entro de
tres meses quien sabe cuantas veces más puede pasar esto...
realmente lo siento. Ahora sí, hasta luego (intentaré que pronto),
pedorros).

viernes, 3 de febrero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXII

(Alfredo acaba de contemplar los horrores
tras la civilización de las cucarachas, y paralizado
por el terror, es descubierto por una cucaracha
dispuesta a dialogar).

<<NUESTRA MÁS OSCURA HISTORIA COMIENZA TRAS LA GUERRA,
CUANDO UNA MINORÍA DE LAS NUESTRAS HUIMOS BAJO TIERRA.

<<ÉRAMOS POCAS Y NOS SENTÍAMOS DÉBILES,
NUESTROS SUEÑOS ERAN ESTÉRILES.

<<PERO LA VOLUNTAD DEL ANTIGUO REY SALVÓ A LOS NUESTROS,
QUE DIRIGIÓ DE FORMA JUSTA A NUESTROS ANCESTROS...

<<LOGRÓ QUE NOS RECUPERÁRAMOS,
Y ASÍ ALGÚN DÍA NOS VENGÁRAMOS.>>

La cucaracha se contuvo,
y un gruñido iracundo
forzadamente contuvo.

<<Y ESO... ES EL INICIO DE NUESTRA HISTORIA OFICIAL,
SEGÚN AFIRMA CONSTANTEMENTE LA CASA REAL.

<<PERO TRAS VER LOS HORRORES...
Y DARME CUENTA DE QUE NOS GOBIERNAN MALHECHORES...

<<NO PUEDO CREERME TAL HISTORIA.
NO SIENDO GOBERNADO POR Y COMO ESCORIA.

<<SI ME CONSIDERAS COMO ELLOS NO TE EQUIVOCAS,
LAS ATROCIDADES QUE HE COMETIDO NO SON POCAS.

<<RECUERDO TODAVÍA,
CUANDO JUNTO CON OTRAS FUI ELEGIDA,
PARA DESEMPEÑAR ESTE TRABAJO GENOCIDA,
¡FATÍDICO DÍA!

<<NOS ELIGIERON POR NUESTRAS ACTITUDES.
FUERZA, INSENSIBILIDAD, OBEDIENCIA,
Y MÁS COSAS QUE LLAMAN VIRTUDES...

<<NOS FORZARON A ACTUAR,
SI ALGUNA SE NEGABA,
O CON CONTARLO TODO AMENAZABA,
NO DUDABAN EN MATAR.

<<ESTO LLEVA GENERACIONES OCURRIENDO,
Y A ESTE RITMO NO ACABARÁ DESAPARECIENDO.

<<LA MAYORÍA SE ACOSTUMBRAN,
OTRAS NO LO SOPORTAN,
Y ALGUNAS INCLUSO SE SUICIDAN.

<<PERO YO NO ME ATREVO.
SOY COBARDE Y NO SE DEFENDER
MIS PRINCIPIOS COMO DEBO.

<<NOS OBLIGAN A SACRFICAR.
A NUESTROS HIJOS DEGOLLAR.

<<HACEMOS PAREDES CON CUCARACHAS VIVAS Y FUERTES,
EN VEZ DE ESCOGER A LAS QUE HAN FALLECIDO.
LAS HACINAMOS Y LUEGO SELLAMOS HASTA LA MUERTE.

<<¿EL MOTIVO DE ESTO?
SERÍA MÁS COSTOSO USAR OTRO MATERIAL,
Y SUPUESTAMENTE MEJOR PARA EL RESTO.

<<NO IMPORTAN LAS VIDAS INDIVIDUALES,
SOLO EL BENEFICIO FINAL.
EL PENSAMIENTO DE LA MÁS CRUEL DE LAS SOCIEDADES.

<<EL RESTO DE ELLAS, NO SABEN NADA,
NINGUNA ESTÁ ENTERADA.

<<CUANDO VEN LAS PAREDES,
PIENSAN INGENUAS
QUE ESTÁN HECHAS CON VIEJOS CADÁVERES.
<<CUANDO DEVORAN CADA ALIMENTO,
NO IMAGINAN LA EXISTENCIA
DE TANTO SUFRIMIENTO.

<<ALGUNAS HAN SOSPECHADO Y CREADO RUMORES...
PARA ACABAR DECORANDO LAS PAREDES,
RODEADAS DE AMIGAS MUERTAS POR EL ODIO Y LOS RENCORES.

<<HE VIVIDO DEMASIADO DEMASIADO ESTE TORMENTO.
NO ME HE ATREVIDO A DEJARLO O REVELARME,
TEMO POR MI VIDA Y DE MI COBARDÍA ME ARREPIENTO.
¡PERO TÚ... CONTIGO AÚN PUEDO SALVARME!>>

Respondió entonces Alfredo:
<<¿Y como crees que te puedo ayudar?
No soy más que un simple pedo...>>

<<EN REALIDAD LO TENÍA TODO PLANEADO.
PENSANDO EN QUE HACER,
SI CONTIGO ME HUBIESE ENCONTRADO...

<<JUNTOS, PODREMOS REVELAR LA VERDAD,
SALVAREMOS NUESTRAS ALMAS Y A LA HUMANIDAD,

<<PERO ANTES, ¿ESTARÁS DISPUESTO A CREER,
A PESAR DE LO QUE ME HAS VISTO HACER?>>

<<La verdad, mucho me cuesta.
Pero para escapar de aquí
eres mi última apuesta.>>

<<TU CONFIANZA SERÁ RECOMPENSADA.
¡PRONTO, NUESTRA ESPECIE SERÁ LIBERADA!>>

La conversación interrumpieron,
cuando unos pasos se escucharon.

<<DEBE SER LA SUPERVISORA.
¡RÁPIDO, VUELVE AL CERROJO,
CUANDO SE ENFADA ES ATERRADORA!>>

Los pasos se intensificaban,
y a la puerta se acercaban.

Raudo, Alfredo se metió,
y lo que se acercaba vio.

Era una cucaracha de gran estatura.
Tenía un aspecto más fuerte,
y una mayor musculatura.

Se acercaba con pasos energéticos hacia la habitación.
Alfredo temía por su vida,
si le descubría sería su perdición.

Allí donde se escondía se encogió,
esperando una fría llave aplastarle contra el interior.
En su lugar, una gran sacudida sintió.

La cucaracha, de una energética patada,
había abierto la entrada.

<<¡GRUGNIG, RATA PEREZOSA!
¿HAS LIMPIADO YA ESTA POCILGA?
¡POR TU CULPA ESTÁ SIEMPRE ASQUEROSA!>>

<<ESTOY EN ELLO, SUPERVISORA,
ACABARÉ EN MENOS DE MEDIA HORA...>>

<<MÁS TE VALE QUE SEA VERDAD.
¡NECESITAREMOS TENER LOS ESTÓMAGOS LLENOS
PARA ATACAR A LA HUMANIDAD!>>

Grugnig respondió, fingiendo estar interesado:
<<¿EL DÍA DE ATAQUE YA ESTÁ CONFIRMADO?>>

<<FALTA MUY POCO PARA COMENZAR.
¡TRES DÍAS, Y NUESTRA CRUZADA PODREMOS COMENZAR!>>

Alfredo contuvo la respiración.
No esperaba tan poco tiempo antes de la acción.

<<UNA SEMANA MÁS HUBIÉRAMOS ESPERADO,
PERO DESDE QUE EL PEDO SE HA ESCAPADO...

<<NO QUIERE AYUDARNOS,
PERO TAMPOCO PUEDE DAÑARNOS...

<<AÚN ASÍ, HE NOTADO AL REY INQUIETO.
PARECÍA QUE GUARDASE ALGÚN SECRETO...

<<COMO SI EL PEDO LE DIESE INSEGURIDAD.
DE TODAS FORMAS, HA DUPLICADO LA VIGILANCIA,
PARA ATRAPAR PARA SIEMPRE A ESA VENTOSIDAD...

<<EN FIN, ¡DESIGNIOS REALES!
NO DEBEMOS ENTROMETERNOS
LAS CUCARACAS NORMALES...

<<Y AHORA, ¡ACABA DE LIMPIAR DE UNA VEZ!
RECUERDA, LIBRAS CUANDO ESTE BASURERO
NO PAREZCA UNA HEZ.>>

Se dirigió de nuevo a la puerta de la habitación.
Tras volver a cerrar de un fuerte golpe,
se escucho pasos alejándose, procedentes de tal bestión.

Alfredo salió de donde estaba.
De tales impactos, la cabeza
vueltas le daba.

La cucaracha llamada GRUGNIG dijo:
<<COMO PUEDES VER,
DEBEMOS ACTUAR YA, FIJO.

<<CUANDO ACABE DE LIMPIAR,
EN MIS ALAS TE DEBES OCULTAR.

<<NO DEBES MOVERTE DE SU INTERIOR,
SOLO CUANDO TE LO DIGA,
ACUDIRÁS AL ENCUENTRO DEL EXTERIOR.

<<SI TODO SALE SEGÚN LO PREVISTO,
NUESTRO OBJETIVO DE SALVACIÓN ESTARÁ LISTO.

<<Y POR SI TE LO ESTAS PREGUNTANDO...
SI, HAY UNA SALIDA
DESDE ALLÍ A DONDE TE ACABARÉ LLEVANDO.

<<PERO DEBES RECORDAR,
QUE HASTA QUE NO ME AYUDES,
NO PODRÁS ESCAPAR.

<<SI LO ACABAS HACIENDO,
LAS CUCARACHAS SEGUIRÁN CON SU PLAN,
Y ACABARÁN EMERGIENDO>>.

<<Comprendido todo.
Te ayudaré, y lo iba a hacer igualmente,
de cualquier modo...

<<En realidad, yo también quiero que acabéis de sufrir.
Mi conciencia no soportaría que tal masacre dejase sin descubrir...>>

<<EN NOMBRE DE TODAS NOSOTRAS TE LO AGRADEZCO.
PODER COLABORAR PARA ERRADICAR ESTAS MASACRES...
ES UN HONOR QUE NO MEREZCO...

<<AHORA MISMO ESTOY ACABANDO.
CUANDO TODO ESTO ESTÉ LIMPIADO,

<<COMENZARÁ NUESTRO TRAYECTO.
SI TODO SALE COMO HE PENSADO
SERÁ PERFECTO.>>

(Y bien, aquí termina la parte 32. Algo más breve
que las demás, pero el doble de larga que las primeras.
Si sigo así, voy a acabar haciendo partes de miles de
versos. Espero que eso no ocurra pronto. Sería demasiado
Alfredo, incluso para vosotros, ¿no, pedorros? Nos vemos). 

domingo, 22 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXI

(Anteriormente, Alfredo encuentra
la zona de desovación de las cucarachas.
Al ver las larvas, un terrible pensamiento
le ha cruzado la mente).

Menor era esta habitación,
que el comedor por el que había
pasado con antelación.

Decenas de cucarachas ante su presencia.
Todas estaban de pie frente a grandes sillares de piedra,
que sobresalían del suelo, dando una tosca esencia.

Las paredes, eran de color blanquecino,
lo cual recordaba al pasillo,
aunque con un iluminado mortecino.

Todas parecían golpear algo sobre la roca,
y en sus bruscos movimientos
se deducía una furia loca.

Con grandes y primitivas herramientas de metal,
machacaban algo a un ritmo infernal.

Miró Alfredo sus extremidades,
se fijó en sus patas superiores.

También en la mesa y sus utensilios oxidados,
y en el suelo sus ojos también se quedaron parados.

Por todas estas partes habían trozos de una pasta rosada,
que tan solo unos minutos atrás había pertenecido
a las viscosas criaturas larvadas.

Las cucarachas, con gran frialdad
mutilaban a sus propios descendientes.
Las mismas que condenaron a la humanidad,
por su inmensa crueldad.

Observó cada movimiento,
y como sus oxidados útiles
impactaban en la piedra dura como el cemento.

Contempló sin poder apartar la mirada,
como hasta la última larva era destrozada.

Algunas aún se movían,
y las golpeaban aún vivas
hasta que ya no se retorcían,
y en una vorágine de pulpa rosada morían.

Sus verdugos seguían impasibles.
golpeándolas sin inmutarse,
neutrales y pueriles.

Y así estuvieron,
hasta que las últimas larvas
en una agonía de golpes fenecieron.

Todas las cucarachas responsables
estaban envueltas de pedacitos de tal carnicería,
aunque no parecía importarles, a las indeseables.

Escuchó una voz a uno de los lados del macabro lugar.
Provenía de un plano que desde donde estaba no podía observar.

<<LLEVAD LAS MASAS A LA COCINA.
¡CARGAD CON TODAS LAS QUE PODÁIS
LLEVAR ENCIMA!>>

Las cucarachas agarraron con sus patas
aquellos cadáveres,
tratándolos como si fueran repugnantes seres,
o míseras ratas.

Se fueron todas hasta el lugar
del que provenía esa voz singular.

Cuando la última se hubo ido,
escuchó un sonoro ruido,

de una puerta que se acababa de cerrar
y por la que las cucarachas se fueron sin tardar.

Tras unos largos minutos de consternación,
Alfredo tuvo suficiente estómago
como para salir al encuentro de la habitación.

Por las paredes desnudas,
y las mesas de rocas duras

aún habían rastros sanguinolentos,
retazos de actos violentos.

Se sentía vigilado
por cada cadáver mutilado,

y apenas se sentía capaz de moverse
o tan solo girarse.
Sin embargo, al poco tiempo pudo sobreponerse.

Se fijó en otra puerta situada al final.
Por allí habían avanzado esos seres, y así el haría;
ya había sobrevivido a una escena infernal.

Avanzó intimidado
por cada resto y extremidad
que yacía ahora pulverizado.

Aunque ya se temía
lo que tras esa entrada
se encontraría,

solo quiso confirmar
que harían con las larvas
que acababan de despedazar.

Estaba ahora en el final de esa zona.
Su corazón zumbaba como una
hiperactiva hormona.

Finalmente se encontró frente a la puerta.
Quiso huir, pero algo le dijo
que no era momento para darse la vuelta.

Por la cerradura una vez más se metió,
inconsciente del lugar al que llegó.

Era una sala mucho más reducida.
Las paredes, aunque también blancas,
tenían una tonalidad más oscurecida.

Las cucarachas en todas direcciones se movían.
Muchas de ellas todavía cadáveres sostenían.

Escuchó un ruido similar al del agua hirviente,
como si algo se cociera en líquido incandescente.

Grandes bocanadas de humo le cegaron.
Tan solo ruidos de ajetreo y gruñidos de los insectos
a sus oídos le llegaron.

Cuando aquellas nubecillas se disiparon,
sus ojos el nuevo panorama contemplaron.

Los restos mortales
eran ahora hervidos
a temperaturas inusuales.

En grandes calderos que distinguió
en aquel habitáculo,
de trocitos cada uno se abarrotó.

Mientras algunas cucaracas parecían dar a otras alguna instrucción,
otras ablandaban la mezcla del caldero a golpes, sin ninguna compasión.

Al poco tiempo, algunas dejaron de remover.
Al principio pocas, pero al final
todas lo acabaron de hacer.

Entonces, se dirigieron a un pequeño armario,
que hasta ahora había pasado inadvertido,
por su reducido tamaño y aspecto ordinario.

Dentro de este había lo que parecían desagradables condimentos.
Forzando la vista, pudo ver algo parecido a lombrices,
pequeños animales subterráneos y algunas raices.

Cada una una porción de cada ingrediente cogió,
y hasta el caldero se lo llevó.

Comenzaron a remover la nueva combinación
hasta su total disolución.

Apagaron el fuego de cada caldero,
mientras vigilaban aquella especie
de extraño puchero.

Cuando el agua quedó templada,
sacaron cada uno la pasta
que habían dejado cocida.

Alfredo reconoció aquella pasta virulenta,
que ahora tenía una tonalidad
entre rosada y amarillenta.

La había visto antes, recordaba el lugar con horror.
Y es que no se trataba de otro sitio que del comedor.

Le vinieron a la mente aquellos seres abominables,
comiéndose a sus propias crías.
Jamás había visto actitudes tan condenables.

Las cucarachas estaban poniendo ahora el engrudo
en una especie de carros, probablemente listo
para ser servido crudo.

Y entonces escuchó de nuevo la voz anterior.
Vio ahora de quien provenía,
otra cucaracha, cuyo tamaño era ligeramente superior:

<<¡CUCARACHAS! DEBEMOS RECORDAR,
PORQUE ESTE ACTO DEBEMOS REALIZAR.

<<NUESTRO NÚMERO AUMENTA,
PERO NUESTRA COMIDA NO ACRECIENTA.

<<EL REY NOS HA ELEGIDO POR SER DE CONFIANZA,
PARA PERPETRAR ESTA INEVITABLE MATANZA.
¡PERO PRONTO, NOS ALCANZARÁN TIEMPOS DE BONANZA!

<<SI NO DESCARTÁSEMOS A LAS CUCARACHAS DÉBILES,
SI NO LES DIÉSEMOS PROPÓSITOS MÁS ÚTILES...

<<NUESTRO NÚMERO CRECERÍA,
HASTA UNA CIFRA DEMASIADO ALTA,
Y UNA GRAN HAMBRUNA APARECERÍA.

<<POR ESO, RECORDAD QUE AL SACRIFICAR A NUESTRAS HERMANAS,
AL ACABAR CON LAS MENOS SANAS...

<<LOGRAMOS PERPETUARNOS,
Y EVITAMOS EXTINGUIRNOS.

<<CUANDO SALGAMOS DE ESTA GALERÍA,
TENDREMOS ALIMENTOS Y ESPACIO,
Y NO NOS VEREMOS OBLIGADOS A HACER ESTO CADA DÍA.

<<POR ÚLTIMO, UNA COSA DEBEMOS RECORDAR.
DE ESTO NINGUNA DEBE HABLAR.

<<COMO ALGUIEN HABLE AL RESPECTO,
FINGIREMOS NO SABER NADA,
Y A ESCONDIDAS ACABAREMOS CON SEMEJANTE DESPERFECTO.

<<Y AHORA, LLEVAD AL COMEDERO EL ALIMENTO,
¡VENGA, RÁPIDAS COMO EL VIENTO!>>

Todas excepto una, agarraron su carro oxidado.
Alfredo se fijó en esta extrañado.

La cucaracha que llevaba la voz cantante
se dirigió a esta al instante:

<<RECUERDA, LIMPIA BIEN LOS CALDEROS,
LOS TROZOS DE PAPILLA NUNCA SE DESPRENDEN ENTEROS.>>

Entonces se dirigieron todas hasta la salida.
Tras ponerse en fila india, iniciaron su partida.

Alfredo en la cerradura se encogió.
Por suerte, era voluble,
y ni siquiera al introducir la llave ninguna le descubrió.

Cuando la última de las cucarachas salió,
y detrás de ella la puerta cerró,
Alfredo, aliviado, suspiró.

Y entonces escuchó la mención:
<<GRAN PEDO, YA PUEDES SALIR,
ESTÁ VACÍA LA HABITACIÓN.>>

Alfredo se quedó parado.
¿Cómo le había encontrado?

La cucaracha estaba ahora limpiando un caldero con un viejo trapo:
<<POR MI NO TEMAS, A MIS ALIADOS NUNCA LOS ATRAPO>>.

<<¿Aliado me acabas de llamar?>>
Alfredo por fin se atrevió a hablar.

<<POR SUPUESTO...
¿O A CASO AMBOS
NO QUEREMOS QUE ACABE ESTO?>>

<<¿Por qué me tendría que fiar?
Eres cómplice de la matanza
que acabáis de perpetrar>>.

<<LO DICES COMO SI FUERA VOLUNTARIO
ESCOGER ESTE MODO DE VIVIR
CRUEL E INNECESARIO.

<<TE VOY A CONTAR NUESTRA OSCURA HISTORIA,
Y EL HECHO DE QUE SEAMOS MANIPULADOS COMO ESCORIA>>.

Alfredo decidió escuchar.
Por otra cosa no podía optar.

Además, la ayuda de este insecto,
en el futuro podía servirle
para huir de este mundo imperfecto.

(Y aquí acaba la parte XXXI. En la próxima oiremos
otra versión de la historia de las cucarachas. Con todo
lo que sabe ahora Alfredo, ¿quién sabe lo que puede hacer?
Nos veremos en la parte XXXII, que ya arrastrará unos
5000 versos a sus espaldas. Adieu).



viernes, 20 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXX

(Anteriormente, Alfredo ha llegado
a una especie de comedor gigante
donde las cucarachas comen comida
asquerosa. Ahora ha tenido una
idea para desplazarse pasando
inadvertido).

Se metió rápidamente
entre aquellos élitros prominentes.

Completamente tapado,
en ese caparazón
estaría bien resguardado:

<<Ahora solo me queda esperar,
veamos cuanto se llega a acercar.>>

Y así, adosado al invertebrado,
siguió ahí un rato más largo
de lo que hubiera deseado.

Entonces Alfredo notó que el bicho se paraba.
Sintió como su cuerpo se tumbaba.

Quiso por la intriga asomarse,
y aquello que vio,
le hizo estremecerse.

La cucaracha se acaba de sentar,
y hacía la dirección que Alfredo ansiaba
había dejado de avanzar.

Echando una rápida ojeada
se percató de la localización
donde la cucaracha estaba sentada.

Al menos se había colocado
en un lugar medianamente
bien situado.

La mesa -o bloque de piedra- en la que estaba
se encontraba en un lateral,
pero casualmente, de los más cercanos al final,
de hecho, a menos de veinte metros de la puerta se situaba.

Mientras pensaba como llegar,
escuchó un sonido que le hizo desquiciar.
Parecida a una trituradora
y con una gula acusadora,

parece que la cucaracha en la que se escondía,
alcanzó aquella pasta insípida,
y con fruición se la comía.

Cada segundo que escuchaba
más consternado se quedaba.

Aquellos ruidos, aquellos sonidos de salpicadura,
cuando pedacitos de carne se desprendían,
destrozados por cada mordedura.

Haciendo un esfuerzo monumental,
Alfredo ignoró aquel sonido brutal.

Miró de nuevo a su alrededor,
buscando una cucaracha más cercana
al final de aquel enorme comedor.

A su lado había otra sentada
con aquella papilla también ocupada.

Estaba algo más cerca de la salida.
El pedo en desplazarse
sin que su presencia pudiera ser advertida.

Finalmente se decidió
y desde la parte mas cercana al suelo del elitro
hacia abajo descendió,
y desde el suelo reptó.

Hasta la otra cucaracha pudo llegar,
y el interior del nuevo caparazón pudo alcanzar.

Entonces vió más bichos dispuestos en lateral,
el último de ellos a unos pocos metros
del ansiado final.

Optando por exponerse tremendamente,
se movió de cucaracha en cucaracha
arriesgándose constantemente.

Tres veces se tuvo que parar,
pues cucarachas contiguas
acababan de devorar.

En ese momento se largaban
y tenía que esperar pacientemente
hasta que otras nuevas llegaban.

Más de una vez antes de tiempo se precipitó
porque en la que residía de comer ya terminó.

A pesar de la dificultad,
y con esfuerzo sin igual
llegó a la cucaracha final.
Refugiado en su coraza,
la presión actuaba con el con asiduidad,
como la más insidiosa tenaza.

A través de aquel escondrijo
se veía ya la sólida puerta de metal.
Estar tan cerca y lejos del final,
le intimidaba y dejaba hecho un amasijo.

Pero se dijo: <<¡No tengo todo el día!
¡Debo actuar con osadía!>>

Y cuando la cucaracha en la que estaba ya había terminado,
cuando se disponía a ir y ya casi se había incorporado,
Alfredo con suma rapidez hacia la rendija inferior ya se había abalanzado.

En el transcurso de un eterno instante
el pedo se coló por la rendija de la puerta gigante.

Y una vez dentro cerró los ojos esperando ser delatado,
pero no sucedió absolutamente nada,
al contrario de lo que el había imaginado.

Desde atrás se oían amortiguados
los ruidos que proferían las cucarachas
cuando los engrudos eran devorados.

Solo entonces se fijó en el lugar al que había cruzado.
Se trataba de una habitación de gran iluminado.

Desde donde la puerta acababa,
un túnel se desplegaba.

Pero este era muy inusual.
Su composición no era igual.

Suelo, pared y techo,
eran de reluciente piedra blanca,
que sustituía el color marrón sucio y contrahecho.

En sillares pulidos y brillantes aquel sitio se alzaba,
y a los laterales, dos hileras de columnas cilíndricas,
actuando como refuerzo sustentante.
Solo encontró en medio de tanta belleza
un elemento desconcertante
que contrastaba en la sala de refinada naturaleza.

En la pared que hacía de techo superior,
otro grabado, en el que aparecían dos cucarachas.
Una de ellas era pequeña e inferior.
La grande parecía alimentarle,
dirigiendo a su boca un gran tenedor.

<<Ahora mismo la razón de ese dibujo me es desconocida.
Lo que importa es encontrar mostrar la verdad,
y luego encontrar una salida.>>

Siguió avanzando hacia delante,
aunque tanto refinamiento le hacía
pararse a cada instante.

En las basas de las columnas había altos candelabros,
iluminando las contiguas paredes,
mucho más agradables debido a su ausencia de dibujos macabros.

Avanzó por este breve camino
sintiendo su mente cada vez más tranquila,
como si todo lo anterior le importase un comino.

Hay que admitir que la decoración,
mucho más relajante
influía en el de un modo impresionante,
ayudando a su relajación.

Después de tanto malestar constante,
esta galería era muy reconfortante.

Solo cuando estaba a punto de acabar su trayecto
en aquel pasillo
tan breve y sencillo
vio en frente suyo lo que parecía un retorno a aquel mundo abyecto.

Al final del túnel se encontraba otro enorme portón.
Estaba situado entre dos columnas
y bajo un triangular frontón.

La puerta era de color dorado.
Medía tres metros de altura,
y unos dos de anchura,
según Alfredo había estimado.

Estaba ajustada mucho mejor
y no había ninguna pequeña rendija,
por la que Alfredo pudiera pasar a la habitación posterior.

Empezó un cauteloso acercamiento a la puerta.
Y entonces, escuchó más aberrantes sonidos.
Una cosa era cierta:

de las cucarachas parecían no provenir.
No eran exactamente rugidos.
Sonaban más agudos, y en lloros parecían devenir.

Con curiosidad, Alfredo llegó hasta la cerradura.
Se preparó para una escena dura.

Y entonces, en esta se introdujo.
Lo que presenció le provocó tal asco,
que de ser corpóreo hubiera sufrido un abundante reflujo.

La habitación era de color blanco brillante,
como el pasillo que acababa de dejar
hacía un instante.

No habían columnas, ni muebles de ninguna clase.
De todas forma, no habría espacio que los alojase.

Centenares de cucarachas en el suelo postradas.
Todas boca arriba, quietas, resignadas.

Otras tantas a su lado incorporadas.
Les metían estas sus patas delanteras,
aquellas que acababan en garras,

por una profundidad corporal,
mientras las tumbadas emitían
débiles gruñidos de dolor carnal.

Las cucarachas que estaban de pie situadas,
introducían la mitad de sus extremidades
en aquellas asquerosas cavidades.
Entonces movían las garras en el interior,
como si buscasen algo a ciegas
de lo que tirar hacia el exterior.

Y así era, a las pocas torsiones,
y sin muchas más dilaciones,

de las cucarachas y sus entrañas,
salían unas masas extrañas.

Se trataba de una maleable y pastoso bulto.
de color gris y en una blanquecina pasta envuelto.

Alfredo sintió ganas de vomitar,
no entendió como no se pudo desmayar.

Sin embargo estaba totalmente paralizado.
No podía dejar de mirar, consternado,
aunque al mismo tiempo totalmente fascinado.

Al poco se dio cuenta de aquel lugar
debía de ser donde las cucarachas
iban a desovar.

Se fijó entonces en las cucarachas encargadas de extraer:
tras esa pasta pringosa coger,
en sus brazos se comenzó a estremecer.

<<OTRA TANDA, TRAED LOS CARROS>>
Dijo entonces una de las cucarachas de pie,
con la voz ligeramente alterada por los esfuerzos.

Se escuchó desde las sombras intraspasables de la habitación
el sonido de ruedas antiguas y metal carcomido por la oxidación.

Una decena de cucarachas entonces aparecían.
Carros rudimentarios, parecidos a vagonetas
con firmeza sostenían.

<<ECHAD LAS LARVAS DENTRO,
DEBEMOS LLEVARLAS A LA
SALA DEL REENCUENTRO.>>

Con gran brusqueza
aderezada de torpeza

las cucarachas portadoras,
se desprendieron de aquellas pastas
soltándolas con fuerza como cargas abrumadoras.

En los carros las dejaron caer.
Alfredo sentía como aquellas masas
no se paraban de mover.

Cuando todas las masas fueron arrojadas,
dijo una de las cucarachas:
<<PASO, ¡ABRID LAS ENTRADAS!>>

Nada más oír esto, Alfredo salió de su trance,
y se apartó de la cerradura.
Se fue detrás de una columna para evitar cualquier percance.

A los pocos instantes,
se escuchó el sonido de una enorme cerradura,
y se abrieron los dos portones gigantes.

De ellos salieron dos filas
de carros metálicos,
conducidos por aquellos seres satánicos
que se bifurcaron en un par de líneas.

Cada una se fue hacia un lado.
Al seguirlas con la mirada,
Alfredo vio detrás de cada columna final una entrada
de la que no se había percatado.

Las cucarachas de cada lado que iban delante,
sacaron una llave, abrieron sus respectivas entradas
y marcharon avante,
dejando aquel pasadizo de nuevo vacío al instante.

Alfredo pensó en seguirlas,
y de la forma anterior espiarlas.

Fue primero a la puerta de la derecha.
Se trataba de una entrada muy pobre,
de madera pútrida y semi deshecha.

Dramáticamente contrastaba
con la decoración que en ese pasillo
tan refinado pululaba.

Volvió a mirar colándose en el cerrojo,
y asomando desde este su ojo.

Si las escenas del parto
le parecieron macabras,
la repugnancia de estas
le dejó bien harto.

Las cucarachas aquellos bultos deshacían.
Larvas rosadas y pringosas de estos aparecían,
y los gruñidos que antes había oído Alfredo proferían.

Las cucarachas las acicalaban
y sus blandos cuerpos limpiaban.

Esos pequeños seres, del tamaño de un rostro,
eran cuidados de una forma especialmente detallista,
para tratarse de una raza similar al más espantoso monstruo.

Realmente se podía sentir la ternura,
bajo aquella mirada de cucaracha tan fría y dura.

Sin embargo, al ver aquellas crías indefensas
al visualizar aquellas pastas deformes,
sufrió un escalofrío, recordando unas imágenes perversas.

Un déjà vu espantoso le hizo sufrir un escalofrío espectral.
Tardó un rato en volver de nuevo al mundo real.

<<No puede ser... solo es mi imaginación...>>
pero en esta tenía demasiada convicción.

Raudo como una flecha,
dejó la malograda puerta derecha.

Al otro lado había una entrada izquierda.
<<Me aseguraré de que mi mente
sigue sana y cuerda>>.

Antes de entrar
no pudo evitar

fijarse en el estado de la entrada.
Estaba todavía más decrépita y malograda.

Madera negruzca a punto de desmoronarse,
y tan oscura e inquietante,
que Alfredo no pudo evitar asustarse.

Al meterse por la cerradura,
la habitación estaba demasiado oscura.

No podía ver.
Pero sentía que dentro ocurría algo,
y se quiso entrometer.

Se adentró entonces en la oscuridad,
temiendo por su seguridad.

Vio ante sus ojos otra pequeña galería
con antorchas iluminada.
Era corta, pero le dio la sensación de que cruzarla le costó más de un día.

Las paredes de este pasillo eran negras y oscurecidas.
No había decoración, ni siquiera grabados.
Alfredo se sentía rodeado por paredes envilecidas.

Escuchó escalofriantes ruidos,
acompañados de desesperados rugidos.

Escuchó también sonidos de metal.
Golpeando algo con una furia infernal.

Se horrorizó con cada espantoso choque de acero.
Finalmente, llegó al final, con un presentimiento certero.

De nuevo luz cegadora.
Alfredo estaba a punto de descubrir,
si lo que imaginaba, en la realidad era una cosa mucho más aterradora.

Y acertó completamente.
Lo que vio ante sus ojos quedó grabado a fuego.
Nunca olvidaría tal horror, se quedaría en su memoria permamente.

Alfredo descubrió el lado más oscuro de aquellos insectos.
Descubrió como aquella raza era algo más que un cúmulo de defectos.

Tanto le aterró,
que durante horas,
ni un palmo se movió.

(Bien, sigue en regla lo de dejaros con la tensión del momento.
Lo siento, realmente no puedo evitarlo... pero, ¿que puedo
hacerle? En el fondo sé que esto te encanta. Imaginar que
macabro secreto esconden las cucarachas... lo cierto es que
si lees las últimas 2 o 3 partes antes de esta, probablemente podrás
deducirlo. En fin, la parte XXXI vendrá pronto. Será aún menos
promiscua que la ''XXX''. Jaja, ¿lo pilláis? De todos modos,
mejor paro ya. Disfrutad amigos).




sábado, 7 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXIX

(Anteriormente, Alfredo ha descubierto
uno de los más turbios aspectos de la
civilización cucaracha. Se dispone ahora
a revelar al resto de estas la cruda
realidad).

A los pocos instantes,
ya se vislumbraba desde el exterior
la luz de las antorchas tan brillantes.

Estaba a punto de salir del escondrijo,
y enfrentarse al exterior,
a aquel subterráneo amasijo.

¿Quién sabe con que caminos
e ignotos destinos

se iba a encontrar?
¿Con que horrores
se podía aún cruzar?

Decidió que era hora de salir de esa cueva inmunda,
y debía darse prisa o no habría oportunidad segunda.

Acabó saliendo totalmente del hoyo.
A pesar de su tenacidad,
temblaba como un asustado pollo.

Le vino en mente una vez más
aquella marabunta de cucarachas,
rodeando su figura por delante y detrás.

Se acordó también de Enigine y su traición...
Y recordó ese estúpido argumento que el dio,
cargado de falsa convicción:

<<No me juzgues por ello, Alfredo,
pero tan solo una lección te quiero dar.

<<Debes saber ser más independiente,
y vas a aprenderlo ahora mismo,
aunque sea tan bruscamente.

<<¿No dijiste que no ayudarías a esa especie,
ni a ningún sujeto que de esta se precie?>>

Aunque técnicamente era una razón coherente,
Alfredo no acababa de creer que este fuera su designio,
y comenzó a maquinar en su mente

<<No creo que me intentase escarmentar.
Enigine no actúa de esta forma...
Puede que haya algo que me quiera ocultar...

<<Con el aún no me puedo enfadar,
hasta que todo lo que esconde
pueda averiguar>>.

Interrumpió esta reflexión,
cuando escuchó unos pasos,
que se acercaban a la prefabricada habitación.

Se escondió de nuevo en la rendija del agujero,
esperando que no le descubriesen por algún azar certero.

Una conversación ya iniciada,
se escuchó de pasada:

<<DIJO EL REY CUCARACHA EL OTRO DÍA,
QUE LA HUMANIDAD NI A SÍ MISMA SE QUERRÍA.

<<DIJO QUE DE HECHO SUS BEBÉS SUELEN SACRIFICAR,
OBLIGÁNDOLES A COMER CUCARACHAS DE ARRIBA,
HACIENDO QUE ENGULLAN HASTA REVENTAR...>>

Alfredo se estremeció
cuando tan cruel bulo escuchó.

<<¿TU CREES LO QUE DICE EL GRAN MONARCA?
SÉ QUE SU SABIDURÍA TODO LO ABARCA...

<<PERO... A VECES NO PUEDO CREER EN ALGO TAN SÁDICO.
PARECE IMPOSIBLE QUE EXISTA UNA ESPECIE
TAN CERCANA Y TOCANTE A LO SATÁNICO...>>

<<A VECES A MI TAMBIÉN ME CUESTA CREERLO,
PERO... NO ME VOY A ARRIESGAR A IR AHÍ SOLO
TAN SOLO PARA COMPROBARLO...>>

Las cucarachas ya habían pasado de largo.
Alfredo salió de aquel nicho de eterno letargo.

La habitación estaba situada
a un lado de un largo camino,
como una pequeña ramificación de este horadada.

Al asomarse al exterior,
pudo ver con que se había recubierto
la masacre anterior.

Una especie de material parecido a alquitrán,
solidificado y luego corroído por el salfumán.

Sobresalían algunos pinchos de textura metálica
y dimensión titánica.

Así se explica la horrible perdición
de aquellas bajo las que cayó
tal dolorosa aleación.

Caparazones atravesados,
por mil grandes clavos mutilados,
y por toneladas de esa negra piedra rematados.

Y entonces, tras asegurarse
de que nadie iba a acercarse,

salió de aquella habitación,
decidido a afrontar de una vez
su arriesgada misión.

Primero miró hacia cada dirección
de aquella bifurcación.

Eligió ir por la dirección diestra,
ya que estaba más oscura,
y esto le daba más sigilo que en la siniestra.

Volvió en ambas direcciones a mirar.
Ninguna cucaracha hasta donde su vista y oído
llegaban a alcanzar.

Las antorchas de esta parte curiosamente,
no iluminaban a penas nada,
y parecían a punto de apagarse constantemente.

Las paredes eran del mismo color que el túnel por el que bajó,
aunque en estas, ningún grabado histórico encontró.

En su lugar solo habían relieves de cucarachas enormes.
Estaban sobre sus dos patas traseras, formando en ambas paredes
dos líneas de contornos simétricas y uniformes.

Aunque no eran más que dibujos,
Alfredo se sentía intimidado
por aquellos grandes escarabajos.

Avanzó aún así con determinación,
preguntándose si aquel túnel
desembocaría en alguna otra misteriosa habitación.

Entonces, escuchó a lo lejos gruñidos.
A pesar de la lejanía desde la que sonaban,
se notaba que eran fuertes berridos.

Se giró al instante,
y vió a lo lejos
unas figura errante.

A medida que esta se acercaba,
su griterío ya escuchaba:

<<¡ALERTA, EL PEDO SE HA ESCAPADO!
¡EN SU CÁRCEL UNA PEQUEÑA MUESCA
HEMOS ENCONTRADO!>>

Recordó Alfredo aquella brecha,
que había utilizado para escapar
de aquella muralla contrahecha.

Los gritos cada vez más se aproximaban.
Hasta donde estaba el pedo
se acercaban.

No podía escapar,
o las antorchas le iluminarían,
y le podrían encontrar.

<<¡HAY QUE ATRAPAR A ESE TRAIDOR!
¡PRETENDE QUE NUESTRO BANDO,
EN LA INVASIÓN QUEDE PERDEDOR!>>

En el último momento,
se consiguió ocultar
rápido como el viento.

A uno de esos grabados de cucaracha se pegó,
y a la forma de este se adaptó.
Gracias a su color parecido a la pared asó inadvertido,
con toda facilidad se camufló,
esperando a que ese bicho se hubiese ido.

<<¡TODO EL MUNDO, DIFUNDIDLO!
¡SI LE VEIS, RÁPIDAMENTE CUBRIDLO!>>

Pasó mientras gritaba esto último por su lado,
más cerca de lo que Alfredo hubiese deseado.

Y cuando estaba a punto de pasar de largo,
la cucaracha quedó quieta, como sumida en el letargo.

Un sonido parecido a una gran aspiración
azotó el pasillo, acrecentando la tensión.

La cucaracha había olfateado.
Algo raro en el aire había notado.

<<ESE OLOR SOLO PUEDE A EL PERTENECERLE.
A PASADO POR ESTA PARTE,
¡POR AQUÍ HABRÁ QUE BUSCARLE!>>

La cucaracha se fue corriendo
mientras continuaba vociferando.

Cuando la perdió de alcance,
Alfredo aprovechó aquel percance,

y decidió ir por la otra dirección,
ya que en la que estaba las cucarachas le estarían buscando,
y esto podía ser su perdición.

Optó así por avanzar por la izquierda,
con tal de no ser atrapado
por ninguna criatura lerda.

Al poco tiempo volvía a pasar por la habitación,
aquella en la que había sido encarcelado
a modo de macabra prisión.

El pasillo de la siniestra,
era exactamente igual
que el de la diestra.

Mientras por este se movía,
se dio cuenta de que no sabía
ni allí que hacía.

Tan solo exploraba,
pero nada encontraba

Ni aunque con la salida acabase por topar,
de allí podría escapar,

ya que antes tendría que impedir aquella futura guerra
capaz de alterar el curso natural de la tierra.

Ahora lo único que podía hacer era limitarse a explorar,
hasta algo nuevo llegase a encontrar.

Finalmente, a lo lejos vio que el pasillo terminaba.
Al acercarse, se dio cuenta de que su exploración,
realmente ahora comenzaba.
Había más allá del pasillo, una habitación
de una enorme dimensión.

Cientos de cucarachas allí se encontraban,
y alrededor de rudimentarias mesas se juntaban,
en las que unas desagradables papillas
de tonalidades entre rosadas y amarillas,
con gran entusiasmo devoraban.

Resonaban dentelladas por todas partes,
comiendo aquella extraña pasta,
como si se tratara de un plato de bocartes.

Sus rosotros bañados en aquel extraño manjar,
que no podían dejar de triturar.

Era un espectáculo realmente desagradable,
que a ojos de Alfredo
era un acto abominable.

Y entonces se dio cuenta de que al final
se vislumbraba una puerta blindada,
que mantenía otra sala separada
de aquella habitación infernal.

¿Qué misterios aquella entrada escondería?
Alfredo descubrirlo quería.

Para él, en realidad,
traspasar la puerta por la cerradura
no era ninguna dificultad.

El problema era como lo haría,
ya que tendría que cruzar la sala
y toda cucaracha le vería.

En ese momento, un ruido detrás suyo escuchó.
Rápidamente, en un relieve de nuevo se colocó.
Al poco una cucaracha por ahí pasó.

Y entonces, a Alfredo se le apareció una loca solución,
para salir de aquella habitación.

(La conclusión de esta parte será especialmente
extensa esta vez. Solo quiero aclarar mis ideas).

(Otra vez lo dejo en la parte más interesante, ¿eh?
Puede que ya no haga (en un rato) más giros inesperados,
pero esto no cambia. En fin, dejemos a un lado la trama
del poema que siempre comento aquí. Ahora mismo este
''pequeñín'' estimo que debe de tener entre 4000 y 4500
versos. Eso es bastante. El poema más largo escrito en lengua
hispana de todos los tiempos es Elegías de varones ilustres de Indias,
de Juan de Castellanos, con 113000 versos. Guao. Así que...
he estado pensando... y me he dado cuenta de que mi poema
es aproximadamente un 4% de eso, y la mayor parte la he estado
escribiendo durante los últimos 5 meses. Por lo que me pregunto...
¿Por qué no batir el récord del poema más largo de la literatura
hispánica? Es una tarea dura, cierto. Y probablemente no lo
consiga. Pero, para ser sinceros, es algo que me llevo planteando
desde que retomé el poema, hace 4 o 5 meses. Quiero decir,
imaginadlo. La epopeya (si, el género de este poema aspira a ser
épica) más larga en nuestra lengua, va sobre un pedo que quiere
ser humano. Je... También quiero hablar sobre eso. Todos a mi
alrededor insisten en que estoy contando una historia estúpida
de un personaje vulgar y banal. Es la clara prueba de que las
gente solo se queda con la apariencia. Este poema empezó a cachondeo.
Pero con el tiempo, creo que cada vez le estoy echando más tiempo,
e incluso le estoy poniendo más amor a su creación. Estoy orgulloso
del poema. Durará tanto como pueda. De momento ya tengo escenas
que colaré como pueda en el futuro, y que ahora mismo todas juntas
me darían para 100000 versos. La cosa será que al llegar a esa cantidad
se me hayan ocurrido más ideas. Siempre me han dicho que soy
creativo. Quiero forzar mi límite, saber cual es mi alcance... o enloquecer
(aún más) en el intento. En fin, veremos que se le ha ocurrido
a Alfredo en la parte XXX. Y no, no será algo promiscuo, a pesar
del nombre en números romanos. Nos vemos.

P.D.: El otro día me sorprendí a mi mismo dibujando a un hombre
cucaracha. Algo sorprendente, porque me dan pánico esos bichos,
y de hecho no sé que narices me ha movido a escribir tantos versos
sobre una mazmorra llena de ellas. Aquí el dibujo).

(Bueno, la cámara de mi móvil está un paso por debajo de basura).

domingo, 1 de enero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXVIII

(Anteriormente, Alfredo ha estallado de
ira de nuevo, aunque sin lograr grandes efectos.
Mientras, Enigine se lamenta de las
consecuencias de este acto en los
universos).

Cuando Alfredo despertó,
negativamente se sorprendió.

Otra vez le rodeaba una masificación aterradora;
cientos de cucarachas sobre él,
con una mirada inyectada en sangre cegadora.

Intentó moverse,
pero a duras penas
podía sostenerse.

Tras haber pasado
por el anterior estado,
la furia le había agotado.

Se pudo dar cuenta sin embargo,
que las cucarachas no eran conscientes
de que había abandonado su breve letargo.

Además, no se movían salvajemente,
si no que estaban quietas,
reposando estáticamente.

Capto entonces su atención,
un brusco vozarrón:

<<¿ES ASÍ COMO DEBEMOS COLOCARNOS?>>
<<SÍ, RECUERDA QUE ENTRE NOSOTRAS HEMOS DE SITUARNOS.>>

<<¿PARA QUÉ DICES QUE HAY QUE PONERSE ASÍ?>>
<<ME HAN DICHO QUE ES PARA EVITAR QUE ESCAPE,
HASTA QUE SE HAYA CONSTRUIDO OTRA CELDA PARA LLEVÁRSELO DE AQUÍ.>>

A pesar de estar agotado,
escuchó con atención
todo lo que las cucarachas habían hablado.

Decidió esperar para moverse.
Recuperaría fuerzas,
y en el momento de traslado podría fugarse.

Escuchó entonces una voz exterior,
cuya sentencia le infundió pavor:

<<YA PODÉIS TAPAR ESTA PARED,
DEJADLES A SU MERCED.>>

Apenas esto escuchó,
cuando un brutal grito
completamente le desgarró.

A este le sucedieron incontables.
Todos bramidos de dolor,
rugidos de un tono insoportable.

Solo entonces se enteró,
de que venía de las cucarachas,
aquel griterío que tanto le sorprendió.

Las cucarachas que encima suyo estaban,
con todas sus fuerzas se desgañitaban.

<<¿Porqué chillan así estos insectos?
¿Será una especie de tortura psicológica,
para enloquecerme a todos los efectos?>>

Las cucarachas, además,
tenían todas los ojos muy abiertos,
intimidando a nuestro héroe de gas.

Pero lentamente, los chillidos comenzaron a apagarse.
Al mismo tiempo, algunos ojos empezaron a cerrarse.

A Alfredo le entró una gran inquietud.
Se acercó a una de las cucarachas de ojos cerrados.
Sus rasgos faciales estaban en una total quietud.

Tampoco la oía respirar.
Aquella cucaracha
acababa de expirar.

Se acercó a otra de ojo cerrado.
Su vitalidad también se había apagado.

A su alrededor ya no se oían gritos,
tan solo débiles chilliditos.

Y entonces escuchó una voz desde fuera,
y se prestó a escuchar lo que dijera:

<<¿HABÉIS COMPROBADO
QUE TODO HA SIDO SEPULTADO?>>

<<¡AFIRMATIVO! HASTA EL ÚLTIMO RINCÓN HEMOS REVISADO,
Y NO SOBRESALEN RESTOS DE CUCARACHA, NOS HEMOS ASEGURADO.>>

<<BIEN... EXCELENTE.
Y DEJAD QUE UNA COSA OS CUENTE.

<<NADIE DEBE ENCONTRAR AHÍ AÚN NINGÚN RESTO.
HASTA DENTRO DE UNAS POCAS DÉCADAS,
SUS CUERPOS LO SUFICIENTE NO SE HABRÁN DESCOMPUESTO.

<<CREE LA INMENSA MAYORÍA DE LOS NUESTROS,
QUE LAS MURALLAS ESTÁN HECHAS
CON INSECTOS QUE YA ESTÁN MUERTOS.

<<PERO LA MAYORÍA DE LAS QUE MUEREN POR CAUSAS NATURALES,
SUELEN SER DE EDAD MUY AVANZADA,
CON UN CUERPO DE COMPLEXIÓN MUY DEBILITADA.
POR ELLO, EMPLEAMOS PARA NUESTROS MUROS LAS MÁS FUERTES.

<<LAS LLEVAMOS HASTA LAS ZONAS INDICADAS,
Y TRAS SEPULTARLAS EN ALQUITRÁN HIRVIENDO,
SIMPLEMENTE LAS DAMOS POR DESAPARECIDAS.

<<LO HACEMOS CON SUMA DISCRECIÓN,
Y HASTA AHORA AÚN A NADIE
LE HA LLAMADO PARTICULARMENTE LA ATENCIÓN.

<<PERO SI ALGÚN DÍA
EL RESTO SE ENTERASE...
¡NUESTRA CIVILIZACIÓN CAERÍA!

<<LAS DEMÁS CUCARACHAS NO LO COMPRENDERÍAN,
Y CON TODAS LAS RESPONSABLES PRONTO ACABARÍAN.

<<POR ESO, NADA DE ESTO DEBÉIS DECIR,
O DE NADA HABRÁ SERVIDO
DURANTE TANTOS SIGLOS SUFRIR.

<<SALDREMOS DE AQUÍ EN UNA SEMANA.
SERÁ DURANTE UNA MAÑANA MUY TEMPRANA.

<<YA SERÍA NUESTRA PERDICIÓN
QUE SE DESCUBRIESE ESTO
TRAS NUESTRA RE COLONIZACIÓN,

<<PERO... ¡IMAGINAD SI SALIESE A LA LUZ ANTES!
A ESTAS ALTURAS, UN ALZAMIENTO DE LA MAYORÍA
CONTRA LAS CUCARACHAS DOMINANTES...

<<ANIQUILARÍA NUESTRA ÚNICA EXPECTATIVA
DE ACABAR CON ESA HUMANIDAD CORROSIVA.

<<VOLVERÍAN A HACERSE FUERTES,
Y PARA CUANDO HUBIÉRAMOS
CONSEGUIDO SUBSANAR NUESTRAS MUERTES,

<<YA TENDRÍAN POTENCIAL
PARA CAUSARNOS UNA EXTINCIÓN TOTAL.

<<ES POR ESO POR LO QUE DEBE GUARDARSE ESTE SECRETO.
SOLO DE IMAGINAR DE NUEVO LAS CONSECUENCIAS...
¡ME TIEMBLA TODO EL EXOESQUELETO!>>

<<JURAMOS QUE NO REVELAREMOS ESTO JAMÁS.
ANTES MORIREMOS QUE EN ESTA PROMESA ECHARNOS ATRÁS.>>

Tras unas breves palabras de despedida,
se dirigieron a un pasillo de salida.

Aquel macabro matadero quedó de nuevo abandonado,
con Alfredo cada vez más consternado.

Aquella raza miserable e invertebrada
era muchísimo más desalmada
que como el la pintaba.

<<,..ACÉRCATE... GRAN... VENTOSIDAD...>>
Una voz, ronca y debilitada,
le devolvió de nuevo a la realidad.

La voz provenía de una esquina de esta prisión.
Alfredo se acercó tras alguna vacilación.

Unos ojos, grandes pero semicerrados,
le miraban cansados.

Una enorme cucaracha yacía agonizante como una vulgar bestezuela.
Estaba aplastada por los restos de sus antiguas compañeras,
solo sobresalía su cara, en la se apreciaba que se estaba apagando como una vela.

<<GRAN PEDO... NO ME QUEDA MUCHO...
ASÍ QUE ESCUCHA... A ESTE MISERABLE... ANIMALUCHO...

<<GRUPOS DE CUCARACHAS... LLEVAMOS CORRIENDO ESTA SUERTE...
DESDE POCO DESPUÉS... DE CAVAR ESTA MADRIGUERA...
NINGUNA IMAGINÓ JAMÁS... QUE CRUELMENTE... NOS DABAN MUERTE...

<<SIEMPRE HABÍA HABIDO RUMORES...
PERO NUNCA JAMÁS...
IMAGINAMOS QUE NOS DOMINABAN... MONSTRUOS OPRESORES...

<<TENÍAS TU... LA RAZÓN...
NOS HAN ALIMENTADO...
CON LA SED DE VENGANZA... Y DESTRUCCIÓN...

<<A LA LARGA, MÁS HEMOS SUFRIDO,
ESTANDO AQUÍ DENTRO,
QUE CUANDO NOS TUVIMOS QUE HABER EXILIADO.

<<EL RESTO DE CUCARACHAS DEBEN SABER...
LA SUERTE QUE.. NOS A TOCADO CORRER...

<<NO TIENE NINGÚN SENTIDO...
INVADIR LA RAZA HUMANA,
CUANDO HACE EONES QUE NINGÚN MAL NOS HA REPERCUTIDO...

<<PERDÓNANOS ALFREDO POR NO OBEDECER,
TENÍAS RAZÓN SOBRE LO QUE DEBÍAMOS HACER...>>

Aunque se trataba de una bestia inmunda,
Alfredo se sintió conmovido,
y resolvió que merecía una oportunidad segunda.

<<Todo está perdonado.
Dalo por olvidado.>>

<<GRACIAS POR TODO, ALFREDO...
ESCUCHA... TE PUEDO SACAR DE ESTE ENREDO...

<<PERO DEBES HACERNOS UN GRAN... FAVOR...
POR EL BIEN DE CUCARACHAS Y HUMANOS...
AMBAS ESPECIES MERECEN VIVIR SIN TEMOR...

<<LES DEBES DE CONTAR LA VERDAD...
SOBRE... ESTA TAMAÑA CRUELDAD...

<<SOLO CUANDO VEAN ESTA HIPOCRESÍA...
EN LA QUE DICEN BUSCAR NUESTRO BIEN...
Y LUEGO NOS SEPULTAN... A SANGRE FRÍA...

<<SOLO EN ESE MOMENTO...
SE ROMPERÁ SU TESTARUDEZ...
DURA... COMO EL CEMENTO...>>

<<Pero ¿Como me van a creer?
¡Me capturarán nada más me puedan ver!>>

<<... LO SIENTO CON TODO MI CORAZÓN...
PERO... NO TE PUEDO AYUDAR AHÍ...
RUEGO TU PERDÓN...>>

<<No importa... ya pensaré la manera,
de convencer a cada cucaracha,
sin que en el intento muera...>>

<<TE LO AGRADEZCO... ETERNAMENTE...
Y ASÍ LO HARÁN... LAS DEMÁS CUCARACHAS,
A PARTIR DE UN PRÓXIMO PRESENTE...>>

En este momento, la cucaracha se convulsionó.
Acto seguido, abundante sangre vomitó.

Entrecerró más aquellos ojos cruentos.
Estaba muriéndose por momentos.

<<MI TIEMPO... ESTÁ... A PUNTO... DE ACABAR...>>
<<¡Espera! ¡Solo dime como de aquí puedo escapar!>>

Y contestó, delirante y con torpeza,
antes de la siguiente convulsión
<<SOBRE... MI... CABEZA...>>

Finalmente colapsó en su totalidad.
Encontró así la muerte,
por fin lejos de tanta adversidad.

Alfredo se acercó entonces a su cabeza inerte.
Una diminuta cavidad se abría entre esta
y el resto de víctimas de tal muerte.

Entre todo el resto mortal,
aquella cavidad tan estrecha,
se alargaba hasta la salida de ese sitio infernal.

Se volvió antes de marcharse.
Sabía que la cucaracha no podía oírle,
pero no pudo contenerse:

<<No te fallaré.
A tu raza salvaré.>>

Tras esta pausa emotiva,
se introdujo en el túnel,
listo para comunicar a las cucarachas tal misiva.

Aún no sabía como se las ingeniaría,
pero estaba seguro de que lo conseguiría,
y de paso, a la humanidad salvaría.

(Esperemos que Alfredo consiga su objetivo.
La trama puede parecer muy confusa ahora, con todo el rollo
de Enigine reflexionando sobre el futuro
del universo, y metiendo a Alfredo en el ajo,
porque sí. Pero creedme, que la cosa se aclarará
tarde o temprano. De momento, dejemos a Enigine
a un lado, y centrémonos en la nueva aventura
de Alfredo. Por primera vez podrá trazar un plan,
y no acogerse a uno de los MILLONES de giros
inesperados que aparecen en el poema, que por
cierto, ahora mismo ya es aproximadamente igual
o más largo que ''El Cantar del Mio Cid'', y
eso sin contar los comentarios e introducciones que
pongo en cada parte entre paréntesis. En resumidas
cuentas, veremos como Alfredo se las ingenia en la
próxima parte, la XXIX).