jueves, 29 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXVII

(Mientras Enigine reflexiona
sobre el futuro de los universos,
Alfredo sufre un ataque de ira,
arremetiendo contra las cucarachas).

Alfredo ya no recordaba.
Ya nada sentía,
tan solo odiaba.

Tanta sensación negativa
no cabía en su cuerpo,
lo agrandaba como una onda expansiva.

Sentía que no podía aguantar.
Su cabeza iba a colapsar,
pues su cuerpo, emociones tan negativas,
que le dejaban ansias corrosivas,
necesitava urgentemente purgar.

No era consciente de sus actos,
y solo supo posteriormente
lo que sucedió en términos exactos.

A medida que le latía frenético su gaseoso corazón,
crecía, incrementaba alentado por la tensión.

Mientras tanto, las cucarachas le seguían provocando,
inconscientes ellas de lo que estaba pasando.

De su figura aún más se reían,
girando a su alrededor,
con mofa a su lado se cruzaban.

Alfredo ya era ahora el triple de grande:
<<MIRAD, COMO UN GLOBO SE EXPANDE.>>

<<¿LE PINCHAMOS A VER SI REVIENTA?>>
Decían mientras él seguía alimentando su rencor,
con una determinación violenta.

Aquella acumulación de odio no pasó desapercibida,
cruzó fronteras que las leyes físicas y naturales
supuestamente le tenían prohibida.

Llegó hasta el más recóndito universo,
aquella purga de odio abyecto,
que en un brutal desquite deseaba ser converso.

Cierto ente de pleno lo percibió.
Aunque ya tenía asumido que llegaría este momento,
dicho ente se desesperó.

Y así, Enigine de nuevo se había teletransportado,
y estaba escondido tras unas rocas de la galería ahora,
contemplando este espectáculo que desearía no haber presenciado.

Su tamaño ahora era cinco veces mayor,
que cualquiera de esos seres,
y no daba signos de detener su ardor.

El zorro estaba escondido,
y notaba impotente como cada universo
iba a estar mucho más cerca de ser destruido.

Cuando Alfredo alcanzó su máximo tamaño,
diez veces mayor que antaño,

fue entonces cuando se preparó.
Aquel día nadie de allí nunca olvidó.

Alfredo, ahora convertido en una gigantesca masa,
y tan candente como una brasa,

dejó definitivamente de crecer.
El tiempo se detuvo.
Las cucarachas ignoraban que iba a hacer.

Enigine lo sabía y no podía parar de temer,
por lo que iba a suceder.

Y entonces, con la fuerza de mil bombas
estalló haciendo más ruido que una montaña de trombas.

Fue una explosión cegadora,
de la que cada galería
fue receptora.

Las paredes temblaron,
brechas se formaron.

<<El principio del fin a comenzado.>>
Se dijo Enigine apesadumbrado.

Un gas rojizo
cegó a todos,
hasta al bicho más enfermizo.

Y entonces, se generó la onda expansiva.
La oleada de gas metano más corrosiva,
resquebrajó las paredes como cal viva.

Se formaron grietas irreversibles.
Los muros parecían insostenibles.

Pero nada se derrumbó.
Entonces el gas se disipó.

Las cucarachas se prepararon para lo peor.
Pero respecto a lo que tenían en mente, les había ido mucho mejor.

Ni siquiera el odio más ciego,
ni el ardor, que quemaba como el fuego,

lograron hacerles mermar.
Ni una baja hubo que lamentar.

Se acercó otro purulento ser
a donde la explosión había sucedido,
y como el humo no se había disipado,
habló a Alfredo dirigiendo la mirada a un cráter,

que se había formado,
debido a la fuerza
con la que había explosionado.

<<PARECE QUE NO APRENDISTE LA LECCIÓN.
INTENTAR DERROTARNOS CON TU PESTE,
TE LLEVARÁ A LA PERDICIÓN.

<<PUDISTE HABER APROVECHADO,
Y CON LA CONFUSIÓN INTENTAR HABER ESCAPADO.

<<PERO AHORA HAS PERDIDO TU OPORTUNIDAD.
NOS ASEGURAREMOS DE QUE NO SALGAS DE AQUÍ.
TE PUDRIRÁS EL RESTO DE LA ETERNIDAD.

Solo cuando se disipó del todo el metano,
la cucaracha se dió cuenta
de que había estado hablando en vano.

En el fondo del cráter, Alfredo yacía.
Del cansancio por tal estallido,
ni siquiera se movía.

Estaba completamente dormido,
inconsciente de lo que momentos atrás había sido.

Mientras tanto, Enigine estaba de nuevo lejos.
Había ido a otra dimensión,
cuyas delimitaciones eran cristalinas como espejos.

A su alrededor no podía ver más que caos y destrucción.
La dimensión en sí tenía el mismo aspecto de siempre.
Estaba igual de estable, pero el podía oler la perdición.

Era consciente de que a su alrededor,
los cimientos fundamentales de los universos,
tan solo iban a peor.

<<Si vuelve a sufrir un estallido de furia tal,
los universos comenzarán a degenerar,
y desaparecerán en una estela de destrucción sin igual.

<<Tengo que evitar que sufra otro choque como este.
Debí en aquella prisión haberle ayudado,
jamás tales consecuencias me habría imaginado...
Como no actue pronto, puedo decir adiós a este bello universo celeste.

<<Y pensar que en aquel momento...
le abandoné con tan estúpido argumento...

<<Que tan solo algo de tiempo quería ganar...
y ahora se me está a punto de acabar...

<<¡Pero basta ya de fútiles lamentaciones!
Tengo que actuar pronto, sin más dilaciones.

<<Solo espero que para siempre no me odie,
sería fatal que no me haga caso y me desprecie.

<<Fatal para el, para sus estúpidos humanos,
tan toscos y mundanos,

<<Y también para un servidor...
sin universos, no tendré a donde ir,
y moriré en el vacío... que horror...

<<Todo debe suceder
tal y como planeé
desde que a el le dió por aparecer...

<<Si al menos supiera de donde proviene,
ese producto de falta de higiene...

<<Podría entonces intentar
con al ayuda de su creador
este embrollo arreglar.

<<No hay duda de que en todo caso ya ha expirado.
De lo contrario, su influencia en el universo aún ahora,
se podría haber notado...>>

Y así, se quedó Enigine cavilando,
sobre cosas que más adelante
intentaría a Alfredo acabar explicando.

Lo que no sabía Enigine en esos instantes,
es lo que sentía por Alfredo el pedo.
Emociones en todo caso incipientes,

pero que en un futuro,
probablemente le causasen un apuro.

(El estallido de furia de Alfredo no ha servido de nada...
que pena, hasta yo esperaba que sirviera de algo.
Pero no significa que todo acabe (otra vez) aquí.
Si a caso, falta la parte XXVIII, que tampoco tiene
por qué ser la última. Ahora mismo el poema tiene
más de 3100 versos. Es más largo que Beowulf,
y seguramente mucho más absurdo. En fin,
calidad vs cantidad, aunque para mi mala suerte,
suele ganar lo primero. Solo me queda decir
''hasta pronto, amigos''. P.D.:Un apunte, se que os parecerá
rara la actitud de Enigine. Tranquilos, más adelante
se explicará todo. No preguntéis más, se supone que
no tendría ni que haber escrito esto...).


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXVI

(Alfredo ha pedido ayuda a Enigine,
quien se la ha rechazado asegurando
que solo lo hace por su bien, dejándolo
a su suerte).

Ahora, Enigine se encontraba de allí muy distante.
Había vuelto a hacer un viaje dimensional en un instante.

Estaba en esos momentos vagando
por aquel imperfecto universo
al que a Alfredo había acabado llevando.

Entre las claras nieblas
se sentía relajado,
podía pasar horas entre las tinieblas.

Aprovechaba a menudo los momentos de soledad,
pensando siempre en voz alta
cavilaciones e incluso dilemas que se guardaba para su intimidad.

Esta ocasión no iba a ser menos,
ya notaba como le bullían los sesos.

<<De momento estará a salvo en aquella mazmorra...
podré ganar tiempo, mientras el a pataletas se atiborra...

<<Pero tarde o temprano llegará la hora...
...y lo peor es que su destino todavía ignora...

<<Si le cuento la verdad,
por una parte dejará esa idea infantil
de pertenecer a la decadente humanidad...

<<Pero también abandonará sus ganas de vivir...
En fatales consecuencias podría repercutir...

<<Y sin su colaboración,
jamás podré llevar a cabo
ninguna conclusión...

<<¡Si tan solo averiguase su secreto!
Eso sí que es todo un reto...

<<El universo perfecto aparecería...
la obra más magna se crearía...

<<Aquella cuyas leyes dimensionales
ni siquiera Alfredo desobedecería,
a pesar de sus propiedades anormales.

<<Su prolongada existencia nos pone en riesgo.
Si pronto no se desvanece,
y el misterio del universo ideal no aparece...
todas las dimensiones adoptarán un peligroso sesgo.

<<Y después de que esto ocurra...
será imposible que todo discurra.

<<Causando la absoluta muerte...
¡Funesta nuestra suerte!>>

Tras hacer todas estas reflexiones,
Enigine murmuró algunas cosas ininteligibles,
haciendo otro viaje sin más dilaciones.

Visitó realidades varias,
para soltar opiniones adversarias:

<<Esto es horrible...
...la degeneración es incontenible...>>

Este y muchos otros comentarios similares,
soltaba con una sincera preocupación,
y el más sentido de los pesares.

Tras varios viajes a otras dimensiones,
tenía un semblante cargado de preocupaciones.

Solo el entendía en este momento,
que en cada realidad estaba temblando
hasta el último cimiento.

Solo el era capaz de notar
que cada una de las dimensiones,
corría un peligro imposible de igualar,

y lo peor de todo, solo el sabía,
que si esto quería impedir,
Tarde o temprano, tendría que decidir,
¡Cuando con Alfredo acabaría!

 Mientras tanto, nuestro amigo seguía encarcelado.
Recientemente otra cucaracha a su lado había pasado:

<<HOLA ALFREDO, A LO MEJOR ESTO TE INTERESA:
EN CUESTIÓN DE DÍAS SALDREMOS A LA SUPERFICIE.
A MEDIDA QUE MATEMOS HUMANOS, TE PODEMOS MANDAR UNA REMESA.>>

Ahora ya había abandonado la felicidad.
En breves perdería a la humanidad.

Solo le quedaba la melancolía...
o eso era lo que pensaba,
hasta darse cuenta de que un dolor interior sentía.

Ya había notado esa sensación.
Recordó prometerse que no la volvería a sentir.
Recordó su desesperación.

La primera vez que la sintió...
entonces, lo recordó.

Fue en la base de ese científico,
que murió justo antes de darle un remedio,
que aseguraba que era eficaz y verídico.

Sintió por aquel entonces una presión inaguantable.
Era la furia, aderezada de la frustración más insostenible.

Maldijo entonces con todas sus fuerzas a las cucarachas y a Enigine.
Maldijo e insultó con más insultos de los que cualquiera imagine.

Y entonces se volvió de nuevo rojizo.
Su alma tenía ahora un talante enfermizo.

Enigine no se encontraba allí en ese momento,
si no que seguía volando por algún lugar perdido,
de entre todas las dimensiones del firmamento.

Aún así, pudo sentir en lo más hondo de su ser,
un desgarrador grito de furia,
que le perforó como a un globo un alfiler.

Sintió como a su alrededor
la realidad se desgarraba
e iba de mal en peor.

<<¿¡Qué he hecho?!
Porque eso le tuve que haber dicho...

<<Debí encubrirle una vez más,
aunque las consecuencias
fuesen peores en el futuro, pero ahora no hay marcha atrás...

<<Cada inestabilidad en su comportamiento,
en el deterioro de la realidad
irá en detrimento...

<<Y lo peor es que si a estas alturas se entera de la gravedad,
y de lo que debe hacer para salvar a su amantísima humanidad,

<<Sufrirá tal sobrecarga emocional,
que entonces si será nuestro final...>>

Volviendo de nuevo a la mazmorra de las cucarachas,
la sed de sangre era inabarcable,
y las ganas de reventar insectos, eran muchas.

Embistió la pared con toda su fuerza.
Trozos de cucaracha fosilizada
salieron volando, ligeros como hojas de berza.

Se retiró un poco,
y cargó de nuevo como un loco.

Cada vez que arremetía,
caparazones, patas y cabezas
desprendía.

Aquella macabra estructura
no era tan dura,

cuando quedaba enfrentada
a una furia descontrolada.

Desde la parte del muro exterior,
decenas de cucarachas asustadas
aguardaban saber lo que sucedía en el interior.

Mucho no tuvieron que esperar,
pues unos segundos más tarde,
la pared que le retenía se acabó por derrumbar.

De ella salió el furibundo Alfredo a toda velocidad.
Solo pensaba en sufrimiento, dolor, atrocidad.

Se abalanzó sobre las aberraciones que le miraban,
y se restregó de lleno para ver si se gaseaban.

No solo no morían,
si no que cruelmente se reían.

<<¡ERES PATÉTICO!>>
<<¡JAMÁS NOS MATARÁS,
DA IGUAL QUE ESTÉS COLÉRICO!>>

Por más que les rodeaba,
el metano apestoso
no les afectaba.

Las cucarachas eran totalmente inmunes,
y continuaban sus burlas y abucheos impunes.

Lejos de mitigarlo,
estos comentarios
aún más hicieron enfurecerlo.

Ya no era capaz de pensar.
La ira le dominaba,
y ahora iba a manejarlo en su lugar.

Fue entonces cuando se comenzó a hinchar.
Y Enigine a notarlo, solo pudo decir:
<<¿Podrán las dimensiones otro choque así soportar?>>

(El odio, esa emoción tan despreciable,
pero que todos necesitamos, aunque sea un minimo.
Es algo propio del ser humano, y también del Alfrediano.
Por una parte, puede ser necesaria su existencia,
por otra puede ser devastador, y sembrar mucha
muerte y destrucción por todas partes. No sé por qué,
algo me dice que en el caso de Alfredo está más cerca de suceder
lo segundo... intuiciones probablemente. El hecho
de ser el autor no influye para nada, claro. En la
parte XXVII sabremos si tenía razón sobre lo que voy a escribir...)


Poema Alfrediano: Parte XXV

(Alfredo ha sido encerrado tras negar su ayuda
a las cucarachas en una sala inexpugnable.
Según ha sido informado, será condenado
a yacer allí eternamente).

El tiempo volvía a ser confuso.
Horas y días se mezclaban
a ritmo delirante y difuso.

Alfredo muy bien sabía
lo que pronto pasaría.

En poco tiempo las cucarachas ya estarían en el exterior.
Y el quedaría ahí atrapado, impotente,
mientras destruían a aquella especie que tanto admiraba del mundo superior.

Aquellas criaturas demoníacas
heredarían por su culpa este bello mundo,
extenderían la muerte y el odio, esas maníacas...

Lo único que hacía era lamentarse.
A veces sufría arrebatos, y durante horas
solo podía desgañitarse.

Estaba tan perdido,
que cualquier compañía
bien le hubiese venido.

Solo al pensar esto último se acordó.
¡No estaba solo en este mundo!
¡Había alguien que por el siempre veló!

<<Enigine... ¿Estás a mi lado?>>
<<¿A caso crees que te he olvidado?>>

Oír de nuevo su suave voz le dio una gran relajación
No necesito girarse, sabía que estaba detrás suyo
aquel zorro misterioso, ¡su única salvación!

<<Yo siempre por ti he velado.
Casi todo el tiempo te estaba vigilando.

<<Te acompañé en tu camino por el pasillo,
mientras contemplabas los relieves,
y los macabros sueños de esos seres
para dominar este patético mundillo...>>

<<¡Suerte, Enigine, que todo lo has observado!
Ahora, salgamos de aquí rápido,
le daré a esas cucarachas su merecido,
su castigo será peor que cualquiera que hayan imaginado.>>

<<¿Salgamos? ¿Me incluyes a mí en este enredo?
Yo estoy donde me apetezca, Alfredo.

<<Tú eres el único que está atrapado.
Deberías verte. Tan cargado de miedo,
de desesperanza... tan asustado...>>

<<¿A dónde quieres llegar?>>
<<No me juzgues por ello, Alfredo,
pero tan solo una lección te quiero dar.

<<Debes saber ser más independiente,
y vas a aprenderlo ahora mismo,
aunque sea tan bruscamente.

<<¿No dijiste que no ayudarías a esa especie,
ni a ningún sujeto que de esta se precie?>>

Alfredo tuvo que admitir:
<<Si, eso es lo que quería decir...>>

<<Dices, y créeme que estás en lo cierto,
que un espécimen que dependa de otro,
acabará en el futuro muerto.

<<Que si una especie depende de otra,
acabará volviéndose inútil,
no sobrevivirá ni de potra...

<<Lo que has dicho, repito,
yo mismo lo corroboro y admito.

<<Y tu, Alfredo... me preocupas.
Lo diré... ¿vulgarmente?
No te puedo ir curando tus pupas.

<<Si te saco las castañas del fuego,
si te atiendo en cada ruego...

<<Es imposible que salgas adelante,
para creerlo habría que ser un tunante.

<<No te estoy haciendo ningún mal.
De hecho, deberías agradecer
que te diese esta valiosa lección moral.>>

<<¡Pero morirán miles de inocentes!>>
<<Miles... Sobre mi consciencia
pesan infinitas más muertes.

<<Esta no sería la vez primera
que dejó pasar a la muerte, certera.

<<Si actuase como tu quieres,
en unos siglos morirían millones
de tus queridísimos seres.

<<Ahora aprenderás la lección.
Toda consecuencia viene dada de una acción.>>

<<¿Esta es tu venganza por no obedecer?
¿Me haces esto por seguir queriendo dejar de ser un pedo,
y no acatar tu parecer?>>

<<Alfredo, me sorprende tan infantil comentario.
Como he dicho, nunca alteraría directamente
en ningún universo ni el aspecto más secundario...

<<O por lo menos no lo haría en este,
mi pequeño saco de peste.

<<Admito que es inusual
que te hayas encontrado en esta situación,
después de discutir conmigo sobre tu condición,
pero como he dicho, es algo anormal.

<<Te admiro, y por ello intentaré ser fuerte,
ignorando cada grito, cada súplica.
e incluso cada deseo de muerte.

<<Porque sí, hasta alguien como tú, tan puro
tiene a veces pensamientos impregnados del odio más duro.

<<Te daré una pista.
Cuando aceptes tus emociones,
a este lugar pútrido perderás de vista
sin más dilaciones.

<<Ojalá en mi tanta confianza no hubieras depositado.
En tí mismo deberías haber confiado
y ahora no te sentirías tan miserable y traicionado.

<<En fin, te he de abandonar,
que creo que más discursitos
no te van a entrar.>>e le acababa de dejar...

No se sentía enfadado.
Ni siquiera decepcionado.
Simplemente, destrozado.

Si que era cierto de que no valoras las cosas,
hasta que las pierdes de tus manos,
cuando desaparecen dejando trazas dolorosas.

Sintió esto de aquel zorro,
que sus ruegos
se había pasado por el forro.

No podía dejar de comerse la cabeza,
con la muerte de los humanos.
Este hecho le atormentaría con dureza,

hasta alcanzar la locura definitivamente.
Sí, esa afección que tantas veces había rozado,
que tantas veces como vino pudo haber rechazado,
llegaría al final, y se instalaría en su cabeza totalmente.

Se sentía como aquellas criaturas,
encerrado en un lugar tétrico,
abandonado de un modo nada ético,
y deseando salir de allí aunque fuese a rastras...

Nada había ganado,
y en cuanto a Enigine,
quien creía un amigo había perdido.

Al igual que en aquel extraño universo, solo sentía resignación,
pero ahora no había ningún zorro interdimensional para ayudarle,
y eso solo significaba su inevitable perdición.

(Que deprimente la vida de Alfredo ahora mismo.
¿En serio este es su destino? ¿Acabar sus días
tirado ahí, cual basura? No se vosotros, pero a mi no me gustan
nada estos finales, amigos. Si alguien realmente me leyese,
y no hablase ahora mismo solo y creyese que es el final
del poema, le dejaría decepcionado, Pero la realidad es que nadie
me lee, y por lo tanto acabar así no molestaría a... nadie.
La realidad es que me importa de poco a nada quien me lea o no,
de hecho hay que estar loco para seguir esta epopeya,
y aún más para seguir escribiéndola, intentando enderezar la
historia. Por ello, la parte XXVI saldrá próximamente).

Poema Alfrediano: Parte XXIV

(Anteriormente, Alfredo escucha
la trágica historia de las cucarachas.
Al negarse a luchar a su lado, miles
de ellas se abalanzan sobre el).

De nada le servía gritar.
Inútil era suplicar.
En vano intentaba escapar.

Cientos de extremidades,
antenas, cuerpos, patas
caían sobre él violentas,
formando una vorágine de dimensiones colosales.

Se sentía totalmente vulnerable,
a pesar de tener un cuerpo intocable.

Se desplazo frenéticamente,
huyendo de ese caos desesperadamente.

Allá donde avanzaba,
aquella maraña
le rodeaba.

Parecía como si cada metro cuadrado
de aquellos infraseres se hubiese plagado.

Entonces, entre todas aquella marabunta aberrante
se abrió un pequeño hueco al instante.

Uno pequeño, diminuto,
por el cual no pasaban las patas
ni un solo minuto.

Aprovechó nuestro Alfredo,
para deslizarse hacia este,
aprovechando su condición de incorpóreo pedo.

Pero, mientras se movía,
aquella masificación de cucarachas
a todas partes le seguía.

Entre tantas monstruosas acompañantes,
tan solo seguía viendo aquel hueco,
que perseguía a ritmos desesperantes.

<<Esta tiene que ser la salida,
el único hueco entre todas las cucarachas,
o la alcanzo, o mi vida está perdida.>>

Tras un tiempo inmedible
intentando escapar de todo ser deleznable

se encontraba Alfredo agobiado
y sumamente desesperado.

Vió entonces una pequeña lumbre.
<<¡Por fin, es el final!
¡Adiós cucarachas, ojalá vuestro plan se derrumbe!>>

A medida que se acercaba
su semblante se ilusionaba.

<<¡Esa es la antorcha que vi en el pasillo inicial!
¡Por fin llegaré hasta el final!>>

Pero cuando ya estaba a punto de llegar,
comenzó a sospechar.

<<Espera un momento.
¡esto no es la salida de ese aislamiento!>>

Súbitamente los ojos enrojecidos desaparecieron.
Las patas, antenas y extremidades se desvanecieron

La antorcha se apagó.
Toda la luz se esfumó.

<<¡CERRAD LA PUERTA!
¡QUE NO SE PUEDA DAR LA VUELTA!>>

Un ruido ensordecedor
le avisó de que estaba
atrapado en aquel interior.

Asustado como estaba con todas sus fuerzas gritó.
Pero sus fuerzas en vano gastó.

Largo tiempo sintió que estaba encerrado.
Finalmente escuchó una voz que le dejó desconcertado.

<<VAYA, VAYA, SI ES NUESTRO QUERIDO AMIGO...
¿SIGUES PENSANDO QUE NUNCA LUCHARÁS
EN ESTE BANDO, CONMIGO?

<<EN REALIDAD TENÍAS RAZÓN...
MIS DISCULPAS MÁS SINCERAS,
COMETIMOS UN ERROR QUE NO TIENE PERDÓN.

<<DEPOSITAMOS NUESTRA ESPERANZA
EN UNA INÚTIL PROFECÍA.
NO PODEMOS BASARNOS EN ELLA PARA UNA VENGANZA...>>

Interrumpieron la voz una especie de rugido entrecortado
era la malévola carcajada de ese ser enajenado.

<<POR ELLO, HEMOS ESTADO REFLEXIONANDO...
Y DE TI ACABAREMOS PRESCINDIENDO.

<<PASARÁS EL RESTO DE TU PATÉTICA EXISTENCIA
ENCERRADO EN ESTA SALA, POR MÁS QUE PIDAS CLEMENCIA.

<<PERO TRANQUILO, SERÁS BIEN RECORDADO.
GRACIAS A TI, NUESTRA VISIÓN DE ESPECIE SE HA ACLARADO.
TRAS EL CATACLISMO QUE NOS HAS CONFIRMADO,
LA HUMANIDAD DEBE DE HABERSE DEBILITADO.

<<ACABAR CON LOS ÚLTIMOS HUMANOS
SERÁ UN TRABAJO FÁCIL EN NUESTRAS MANOS.

<<DE HECHO... PUEDE QUE LA RAZA NO EXTINGAMOS...
A UNOS POCOS DE ELLOS MANTENDREMOS.
LES HAREMOS SUFRIR, LES TORTURAREMOS,
COMO A NUESTRAS HERMANAS DEL EXTERIOR LES TRATAREMOS.

<<Y FINALMENTE, AL CABO DE UNOS AÑOS
PROBABLEMENTE NOS CANSEMOS...
Y A LOS ÚLTIMOS BRUTALMENTE MASACREMOS,
EXTINGUIENDO A ESOS SERES CRUELES Y HURAÑOS.>>

Mientras decía todo esto,
Alfredo intentó filtrarse por las paredes
y huir de ese eterno arresto.

La cucaracha adivinó sus intenciones,
y dijo sin más dilaciones:

<<Y NO CREAS QUE VAS A PODER ESCAPAR.
ESTAS PAREDES JAMÁS PODRÁS TRASPASAR.

<<ESTÁN FABRICADAS CON CADÁVERES,
DE CUCARACHAS VIEJAS QUE MURIERON
EN CIRCUNSTANCIAS NATURALES.

<<Y POR SI NO TE HAS DADO CUENTA,
A NOSOTRAS NO NOS AFECTAS,
NI TÚ, NI TU PESTE CRUENTA.

<<SOMOS INVULNERABLES A ESOS FÉTIDOS OLORES,
Y TU NO NOS CAUSARAS MÁS PORMENORES.

<<POR OTRA PARTE, NOSOTRAS VAMOS A ORGANIZARNOS,
EN UNAS SEMANAS COMENZAREMOS A DESPLEGARNOS.

<<TE AGRADEZCO EN NOMBRE DE TODAS,
QUE NOS ALERTASES DE LA SITUACIÓN DE LOS HUMANOS.
ESTA VEZ, ¡SEREMOS GANADORAS!>>

El eco de aquella voz se apagó.
De nuevo Alfredo solo se quedó,

Ni siquiera se molestó en atravesar las paredes.
Jamás traspasaría los restos de esos seres.

Había sido engañado astutamente.
Al menos, para arrepentirse tendría mucho tiempo por delante,

encerrado en aquella sala hasta el final,
sabiendo que la humanidad,
por su culpa se enfrentaría a un destino fatal.

(Pobre Alfredo... pero el no tiene la culpa, ¿cierto?
no le podemos reprochar que haya alertado
a las cucarachas de que ha llegado su hora.
Ahora, quedará encerrado aquí, sin ninguna esperanza.
¿Cómo? ¿Esperáis otro giro de 180 grados?
¿Y si el giro inesperado... es que NO hay giro inesperado?
¿Eh? Puede que se me acabe ya la inspiración, y
este sea el final. Si, una historia con potencial,
que aún tiene cabos sueltos y misterios... ¿y a mi
que me importa dejaros con la intriga? O quizas...
todo lo que he escrito en este paréntesis sea
una solemne estupidez. En la parte XXV lo sabréis,
amigos. Porque, sí amigos, nuevo giro inesperado:
pronto la siguiente parte).

martes, 27 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXIII

(Alfredo avanza por un pasadizo
subterráneo que cuenta la historia
de unas siniestras bestias. Finalmente,
alcanza el final de este).

Había escuchado Alfredo una voz tremebunda.
De esta debían provenir aquellos gruñidos anteriores,
así como toda aquella amalgama de sonidos inmunda.

<<¿Quién anda por aquí?>>
Dijo el atemorizado Alfredo,
que tan solo quería salir de allí.

<<AHORA, ENCENDED LAS LUCES>>
Aquella voz parecía provenir de unas grandes fauces.

Fue entonces cuando se llenó todo de luz cegadora,
que iluminó aquella entrada aterradora.

Pronto los ojos de Alfredo se hubieron acostumbrado,
aunque pronto desearía que esto no hubiera pasado.

Se trataba de una gran sala de paredes marrones
cuyas paredes tenían antorchas encendidas a millones.

No habían por ningun lado puertas
ni mucho menos ventanas.

Las paredes presentaban grabados como los anteriores,
con grandes bestias de propiedades superiores.

Cuando dejó de mirar a los lados
se fijó en el centro de ese sitio,
y se quedaron petrificados.

En el centro de la habitación
se encontraba la más horrible abominación.

Recordó los primeros relieves, era idéntico a sus siluetas en su totalidad.
Una criatura gigantesca y oscura, de seis enormes patas
y ojos teñidos en rojo granate, que reflejaban lo sombrío de tal monstruosidad.

Dos antenas, gruesas como ramas
salían de su cabeza y reposaban sobre sus patas.

Su cara se hallaba casi ocultada
sobre esos siniestros ojos
que habrían asustado a la criatura más malvada.

Bajo estos, una gran dentadura,
cuyas piezas bucales
ocupaban casi todo el resto de su faz impura.

Estaba en esos momentos postrada,
bajo un enorme tórax negro alojada.

Gruñidos de toda índole comenzó a soltar,
hasta finalmente articular:

<<BIENVENIDO AL REINO DE LAS CUCARACHAS...
ESPERO QUE NO TE ATERREMOS, ¡PORQUE SOMOS MUCHAS!>>

Mientras decía esto, Alfredo escuchó un zumbido.
Una especie de aleteo, en todo caso un pequeño ruido.

Provenía de encima de su posición.
A pesar del miedo, miró hacia el techo.
Centenares de grandes ojos rojos le devolvieron la visión.

Centenares de cucarachas en el techo colgadas
le apuntaron con sus siniestras miradas.

<<ASÍ ES, NOBLE Y GIGANTESCO PEDO,
SOMOS INCONTABLES CUCARACHAS.
PERO NO DEBES TENERNOS NINGÚN MIEDO.

<<AL VENIR NUESTROS RELIEVES HABRÁS OBSERVADO.
SE TRATA DE NUESTRA TRÁGICA HISTORIA.
TE LA CONTARÉ DE NUEVO POR SI NO LA HAS COMPRENDIDO.>>

Alfredo estaba aterrorizado,
y le fue imposible haber reaccionado.

<<HACE MILLONES DE AÑOS EL MUNDO NOS PERTENECÍA.
CREAMOS GRANDES CIVILIZACIONES,
Y NUESTRO IMPERIO JAMÁS LANGUIDECÍA.

<<ERAMOS RESPETUOSOS CON EL RESTO DE ANIMALES,
A PESAR DE NUESTRO PODER Y CAPACIDAD ANORMALES.

<<CON EL TIEMPO, INVOLUCIONAMOS LENTAMENTE,
PERO NUESTRO PODER ERA TANTO
QUE NO FUE PREOCUPANTE.

<<MIENTRAS NOSOTROS DEGENERAMOS,
UN NUEVO PROBLEMA ENCONTRAMOS:
LOS DESPRECIABLES SERES HUMANOS.

<<GENERACIÓN TRAS GENERACIÓN,
SU PODER E INTELIGENCIA
ERAN CADA VEZ MOTIVO DE MAYOR PREOCUPACIÓN.

<<SU NÚMERO A UN RITMO RÁPIDO AUMENTABA.
SU DETERMINACIÓN Y MAÑA IMPRESIONABA.

<<SIN EMBARGO, ERAN CRIATURAS DESTRUCTIVAS.
ACABABAN CON CUALQUIER OBSTÁCULO.
TENÍAN DENTRO UN ALMA LLENA DE EMOCIONES CORROSIVAS.

<<UN DÍA, NOS DECLARARON LA GUERRA
POR EL DOMINIO DE LA TIERRA.

<<FUERON DÉCADAS DE INMENSO DOLOR.
TODO ERA MUERTE. TODO ERA MALDAD.
TODO ERA ODIO. TODO ERA TERROR.
LENTAMENTE, NOS EXTERMINARON SIN PIEDAD.

<<FINALMENTE, LAS POCAS SUPERVIVIENTES,
TOMAMOS DOS CAMINOS DIFERENTES.

<<LA MAYORÍA RESOLVIERON QUEDARSE EN EL EXTERIOR,
CREYENDO QUE LOS HUMANOS SE APIADARÍAN DE ELLAS
AHORA QUE HABÍAN GANADO EL DOMINIO DEL MUNDO SUPERIOR.

<<NO FUE ASÍ. LA INVOLUCIÓN CONTINUARON
SIGUIERON VOLVIÉNDOSE VULNERABLES,
Y TRAS UNOS MILLONES DE AÑOS INSUFRIBLES,
DE ESTAS SOLO MINÚSCULOS INSECTOS QUEDARON.

<<CRIATURAS MINÚSCULAS Y DESPRECIABLES,
QUE AUNQUE MÁS NUMEROSAS,
AÚN HOY EN DÍA TODAS LAS PERSONAS
SIGUEN PISOTEANDO Y MATANDO COMO MISERABLES.

<<HAN PERDIDO TODA SU INTELIGENCIA Y FUERZA,
ASÍ COMO SUS EMOCIONES, CONSCIENCIA;
SOBREVIVIR ES POR LO ÚNICO QUE CADA UNA SE ESFUERZA.

<<POR OTRA PARTE, EL RESTO DE NOSOTRAS
NOS REFUGIAMOS BAJO TIERRA.
FUE FÁCIL, PUES ERAMOS POCAS.

<<DESDE ENTONCES NO HEMOS INVOLUCIONADO.
SEGUIMOS UN PROCESO DE SELECCIÓN ESPECIAL,
EN EL QUE SOLO DEJAMOS VIVIR AL MÁS PREPARADO.

<<CONSTRUIMOS AQUÍ NUESTRA GALERÍA,
LOGRANDO ESCAPAR A LOS HUMANOS,
Y DE LA CRUELDAD QUE TENÍAN EN SUS MANOS.
NO HEMOS VISTO LA LUZ SOLAR DESDE ESE DÍA.
PERO CONTIGO TODO CAMBIA... ¡LO DICE LA PROFECÍA!>>

Alfredo por primera vez se atrevió a preguntar:
<<¿Y cual es esa profecía de la que acabas de hablar?>>

<<LA PROFECÍA DICE QUE LA TIERRA ARDERÁ,
Y CON MUCHOS HUMANOS ACABARÁ.

<<TRAS ESO, LA HUMANIDAD QUEDARÁ MUY DEBILITADA,
PERO NO TOTALMENTE ERRADICADA.>>

Se acordó entonces nuestro pedo de la catástrofe del cataclismo,
en la que la tierra era una bola de fuego incandescente,
y que Alfredo detuvo gracias a la máquina y su mega seísmo.

<<UN GIGANTESCO GAS DE METANO,
NOS VISITARÁ AL TIEMPO DE SUCEDER ESTO,
Y NOS AYUDARÁ A ACABAR CON EL RESTO.
PERECERÁN LOS ÚLTIMOS HUMANOS LUCHANDO EN VANO.

<<A TODOS MUTILAREMOS.
SUS CADÁVERES DEVORAREMOS.

<<Y ASÍ VENGAREMOS A NUESTRAS HERMANAS,
A TODAS LAS QUE SIGLO TRAS SIGLO,
HAN SIDO BRUTALMENTE ASESINADAS.

<<NO COMETEREMOS NINGÚN ERROR.
HASTA QUE EL ÚLTIMO HUMANO NO FENEZCA,
ATACAREMOS CON ARDOR.

<<VOLVEREMOS A TOMAR LAS RIENDAS.
REHAREMOS NUESTRAS VIVIENDAS.

<<SEGUIREMOS UNA RIGUROSA SELECCIÓN
PARA EVITAR DE NUEVO NUESTRA DEGENERACIÓN.

<<Y TÚ, NOBLE VENTOSIDAD
SERÁS LOADO Y RECORDADO
HASTA LA ETERNIDAD.

<<TÚ NOS CONDUCIRÁS A LA VICTORIA,
Y PASARÁS A LA HISTORIA.>>

Por todas partes clamaba un rugido ensordecedor.
Las cucarachas ovacionaban el discurso
del que Alfredo había sido merecedor.

Era evidente su emoción,
llevaban generaciones
esperando su aparición.

Alfredo sin embargo estaba aterrado.
Combatir contra los humanos
es lo último que hubiera deseado,
sobre todo con tan rencoroso aliado.

Aquellos entes habían sido tratados duramente,
y condenados a yacer allí injustamente,

pero las cucarachas eran vengativos seres
y la ira fluía por sus venas;
aún millones de años después de aquellas aberraciones,

su ansia por una venganza teñida de sangre y violencia,
les llevaba a un punto cercano a la demencia.

Ello las volvía aún peores,
y de más corruptas emociones.

Definitivamente a su lado no lucharía,
por más que lo dijese una profecía.

<<Lo siento insectos,
pero no apoyaré vuestra causa
ni vuestros métodos imperfectos.

<<Perdisteis la guerra contra el ser humano,
y desde entonces tan solo os alimentáis de un odio insano.

<<Millones de años después,
queréis volver las cosas del revés,

<<Vuestra especie siguiendo este camino perecerá,
puesto que por su cuenta jamás sobrevivirá.

<<Para acabar con la humanidad,
antes habréis necesitado esperar
a que sufran una gran calamidad,

<<y aún así solo con mi ayuda,
podríais saldar esta deuda.

<<Los humanos os vencieron,
pero ninguna ventaja tuvieron.

<<Sus actos pudieron tener mayor crueldad,
pero jugaron en igualdad de condiciones,
a pesar de no mostrar ninguna piedad.

<<Además, vuestra vida se basa en la venganza.
Con ella se alimenta vuestra esperanza.

<<En conclusión... esta no es mi guerra.
No os ayudaré en la conquista de la tierra.>>

Un silencio sepulcral
recorrió aquella sala infernal.

La cucaracha del centro de la habitación
tenía la mirada clavada en Alfredo.
Fue tajante su contestación.

<<LLEVAD A ESTE MISERABLE
A NUESTRA PRISIÓN MÁS INDESEABLE.>>

Centenares de ruidos y toscos rugidos se oyeron.
Incontables extremidades, ojos de un rojo ensangrentado
y otras protuberancias, con un vigor exacerbado
completamente sobre el se abalanzaron.
Las cucarachas del techo así le atacaron.

(Menudo mal trago está pasando Alfredo. Sí, sabemos que
es incorpóreo, pero eso no quita que no sea desagradable
que mil cucarachas gigantes enfurecidas te rodeen tan de cerca.
No se lo desearía ni a mi pero enemigo... a el con que le rodeasen
tan solo cien de esas me sobra... como podéis ver, los versos
son algo más cortos. Mejor así... ¿no? Además, involuntariamente, he comenzado
a alargar desde antes de la XX las partes. Ahora son el doble de extensas
más o menos. Es algo involuntario, pero creo que lo dejaré así.
En fin... en la parte XXIV sabremos que es de Alfredo. Chau...)

lunes, 26 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXII

(Alfredo ha rechazado abandonar
su búsqueda para ser humano. Tras
despedirse de Enigine, vuelve al
lugar del que desapareció: la
estepa).

Alfredo estuvo quieto hasta el amanecer,
mientras intentaba despejar
toda aquella información que acababa de absorber.

Cuando el alba ya había aparecido,
mentalmente estaba rendido.

<<No puedo darle a todo aquello más vueltas de tuerca,
o acabaré enloqueciendo totalmente,
de tanto insistir y de forma tan terca.>>

Por ello, Alfredo decidió que si de todo quería olvidarse,
para compensar, de lo que estaba haciendo se debía de acordar.

<<¡Es cierto! Estaba avanzando
y este nuevo mundo explorando

<<para así calmar mi mente
y poder ser libre de forma permanente.>>

Mientras se movía
no pudo evitar pensar en Enigine,
y su mente un dilema le servía;

<<¿Realmente deseo ser uno de ellos?
¿Quiero perder mi libertad,
y mi gran movilidad
cuando prefiero aprovecharla que estar junto a ellos?

<<Cada vez sé menos lo que deseo,
y en perseverancia ya flojeo...

<<Lo único que puedo hacer
es viajar hasta que esa decisión
pueda definitivamente escoger.

<<Mientras tanto
habrá que ir tirando...>>.

En su camino los días y las noches de nuevo aparecían.
Los extraños animales también de nuevo se oían.

Casi al instante volvió a acostumbrarse,
aunque de nuevo ver el paso de las jornadas
le hacía gratamente alegrarse.

Fue poco después cuando ese paraje
volvió a sufrir un cambio sustancial
que de nuevo alteró el transcurso del viaje.

Vislumbró a lo lejos un pequeño montículo.
Aunque de tamaño ridículo,

su existencia no había previsto,
ya que era la primera elevación
que allí había visto.

Se acercó hasta la elevación
con curiosidad y tentación.

La hierba alrededor del hoyo estaba podrida.
Un amasijo de rastrojos descompuestos yacían
sobre tierra lánguida y ennegrecida.

Prestó entonces a aquella elevación
su merecida atención.

Su altura de apenas un metro era lo menos importante
pues vio que en su pequeño apogeo,
había un agujero de profundidad gigante.

El agujero tenía tal oscuridad que era imposible ver el fondo de este,
contrastando con el paisaje de la estepa, envuelto en aquel cielo de color celeste.

Descubrir aquella puerta a otra nueva zona
le llenó de emoción,
y su corazón latía como una forzada bombona.

<<Me pregunto que habrá aquí dentro...
¡intentaré llegar hasta su centro!>>

Alfredo se introdujo así en su interior,
despidiéndose una vez más
de la estepa del mundo superior.

Por dentro, un estrecho túnel vertical
descendía hasta una profundidad abisal.

La luz apenas conseguía filtrarse,
y por ello las paredes de tierra
apenas podían vislumbrarse.

Conforme Alfredo bajaba,
cada vez menos luz llegaba.

Finalmente, todo quedó completamente a oscuras,
y el exterior tan solo se contemplaba como un punto de luz,
visible ahora a penas duras.

Cuando debido a la profundidad,
se hizo imposible ver cualquier claridad,

Alfredo comenzó a preocuparse
sobre cuanto aquel túnel podría extenderse.

El tiempo volvía a ser ahora incierto,
y el ambiente estaba completamente muerto.

Tras estar así un período indefinido,
escuchó entonces unos ruidos,
que a el habían llegado.

Eran sin duda sonidos raros,
definibles como toscos y raros,
pronunciados sin reparos.

Mientras Alfredo siguió descendiendo,
estos en nitidez e intensidad siguieron creciendo.

Se componían de bruscos gruñidos,
así como algunas pisadas,
aderezadas de misteriosos crujidos.

En medio de estas audiciones siniestras,
fue cuando Alfredo salió de esas tinieblas funestas.

Una luz parecida a una lumbre,
comenzó a dibujarse en lo más hondo del agujero,
causando a Alfredo incertidumbre.

Al acercarse, los sonidos aumentaban,
así como los detalles de aquella luz
que sus ojos ahora ya analizaban.

Se trataba de una antorcha, que se situaba
allí donde el foso ya terminaba.

Las paredes reflejadas,
ya no eran de tierra,
si no de piedras muy bien tallada.

Descubrió entonces que en el fondo del todo,
aquel túnel no acababa, si no que ahora se volvía horizontal,
formando una galería cuya estructura era de roca del color del lodo.

Se adentró así en esta continuación,
ansioso de saber donde y en qué acababa
aquella misteriosa excavación.

Realmente se trataba de una galería muy trabajada.
Tenía un par de zancadas de ancho y unos dos metros de alto.
Acababa en una bóveda de cañón,
construida con más de aquella piedra marrón,
que al igual que en las paredes estaba bastante bien tallada.

Había una sucesión de más antorchas en ambos muros,
revelando un inacabable pasillo de claroscuros.

Tras las primeras tres teas,
en las dos paredes encontró una inscripción,
''Historia de las criaturas subterráneas''.

A partir de entonces,
las paredes comenzaron a mostrar relieves.

Al principio, en ambos se veían
imágenes terroríficas,
que un buen rato se repetían.

A la izquierda y a la derecha,
se presentaban criaturas deformes y gigantescas,
talladas como una especie poderosa aunque contrahecha,
y de las que solo se veían siluetas.

Se representadas como criaturas rechonchas,
que aparecían moviéndose tanto de pie como postradas,
y de las cuales se percibían un triple par de patas.

De su cabeza salían dos pequeñas puntas, y
no parecían tener cuello, si no que cabeza y cuerpo estaban juntas.

A medida que avanzaba,
en cada parte la historia se diferenciaba.

En la línea zurda,
se representaba una degeneración
de esa raza oscura y burda.

Cada vez decrecían más en tamaño
que sus predecesores de antaño.

Las pequeñas puntas de su cabeza
se convertían en finas antenas,
mientras que perdían por momentos su grandeza.

Finalmente, quedaban convertidos
en ridículos insectos enpequeñecidos.

Unos pocos relieves más adelante,
aparecían unas figuras
que a Alfredo le recordaban a una especie por su semblante.

Criaturas delgadas
de dos brazos y piernas
y bastante esbeltas.

De puños y piernas deformes,
aparecían aplastando a miles a aquellos seres.

<<¡Son humanos!>>
Exclamó sobre aquellos titanes tiranos.

Tras unos relieves más de muerte y destrucción,
una flecha apuntando hacia arriba marcaba su finalización.

<<¿Qué significarán estas imágenes?>>
Se preguntaba Alfredo entonces.

El resto de aquella barrera
estaba vacía, y sobre su piedra marrón
tan solo se posaba algo de polvera.

Volvió sobre sus pasos,
para contemplar la zona derecha
desde sus trazados más vagos.

Las criaturas de aquí también sufrían un mal destino,
aunque de ambos, era el más interesante camino.

También se volvían débiles,
y sus esfuerzos por no caer en la misma degeneración
eran en todo caso, fútiles.

Sus antenas se iban alargando ligeramente.
Su posición cada vez era más marcadamente erguida,
y sus dos pares de patas delanteras se atrofiaban lentamente.

Relieves después, las siluetas humanoides aparecían.
Se originaba una guerra entonces una pelea entre ambas facciones,
y durante un largo trecho en esta contienda se exponían.

Finalmente, aquellas bestias gradualmente desaparecían,
y solo las figuras humanoides prevalecían.

Los grabados se tornaban desde entonces incoherentes y confusos.
Al poco, comenzaban a representar algo parecido a llamas por toda la pared,
así como figuras muriendo calcinadas entre incendios difusos.

Las llamas desaparecían más adelante,
dejando casi ningún superviviente.

A continuación, varios metros con cuerpos calcinados,
y unos pocos entes asustados.

Entonces, una especie de masa extraña
se posaba sobre ellos,
acechándoles como una hostil araña.
A Alfredo le recordaba a una especie de nube extraña.

Entonces, las monstruosidades volvían a hacer su aparición,
atacando a los pocos supervivientes y sembrando la muerte y destrucción.

La extraña nube parecía ayudarles,
y de hecho a los que huían conseguía
rápidamente capturarles.

La fúnebre historia acababa
cuando el contraataque triunfaba.

Se exponía un relieve más en el pasadizo.
En este, las bestias devoraban a los supervivientes,
sosteniendo entre sus patas y boca sus extremidades,
y descuartizando a todos de un modo vicioso y enfermizo.

La misteriosa nubecilla yacía sobre ellos.
Parecía satisfecha de verles comerlos.

Mientras asimilaba este relato truculento,
se dió cuenta de que el pasillo había acabado,
llegando al final a pesar de su avance lento.

Los extraños gruñidos habían dejado de oírse.
Ni el más mínimo ruido podía ahora percibirse.

Descubrió Alfredo una diminuta rejilla,
casi ocultada por una vieja losilla.

Se encontraba él justo encima
y decidió atravesar la susodicha
a pesar de que aquel sitio le daba grima.

Cuando definitivamente la cruzó,
en otra sala oscura se encontró.

Una voz monstruosa,
proveniente de una criatura
aberrante y horrorosa,
rompió el silencio de aquella tesitura.

<<¡RÁPIDO HERMANOS!
¡TAPAD LA TRAMPILLA, VAMOS!>>

La escasa luz que aún se filtraba desde una antorcha exterior,
desapareció súbitamente de allí, siendo imposible verla desde el interior.

(Guao... ¿Qué tensión, no? ¿No? Bueno, supongo
que al final ya os acabáis acostumbrando a estos
giros tan... ¿inesperados? en la trama. Bueno,
debo pedir disculpas por haber hecho versos taaaan
largos, en vez de currarme más rimas... ¡En fin,
hago lo que puedo! La mitad de esta parte ha sido escrita
en Navidad, si sirve de excusa. la próxima parte
incluye (Por milésima vez) un nuevo acontecimiento
que cambia toda la aventura, y (posiblemente) más
rimas y menos largo de línea. ¡Hasta la parte XXIII, amigos!)


viernes, 23 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXI

(Anteriormente, Enigine le habla
a Alfredo sobre los universos y realidades.
Además, le intenta convencer sobre seguir
siendo un pedo).

Aunque lo emocional le dictase,
que en un ser humano
quería transformarse,

su pensamiento racional,
le mostraba un hecho real,

y es que ser una ventosidad,
le daba muchísima más versatilidad.

Los argumentos de Enigine,
eran ciertos y sólidos,
y le dejaban la cabeza como una vorágine.

Pero Alfredo no estaba interesado en la funcionalidad.
Estaba dispuesto a perder la mayor parte de su movilidad,
quedando, como los humanos, sujeto al suelo y a la gravedad

a no traspasar nunca más muros,
y quedar indefenso ante seres obscuros.

También estaba dispuesto a renuncia a su inmortalidad
con tal de integrarse así a la humanidad.

Al tomar esta última decisión,
se acordó de cuando en aquel
páramo de fuego sufrió una condensación:

Solo entonces se dió cuenta de que esto era ilógico.
¿Cómo un gas, a gran temperatura,
puede licuarse de un modo tan trágico?

¿No se supone que esto ocurre al contrario,
cuando es el frío el que se cruza en tu itinerario?

Preguntó a Enigine al respecto,
que le contestó circunspecto:

<<Como he dicho, tu universo es uno de los más perfectos,
pero eso no quita que entre sus variables espacio temporales,
se produzcan pequeñas excepciones y defectos.

<<Debe de ser un error en las propiedades universales,
que provocó esas reacciones anormales.

<<En todos los universos con variables definidas
hay fallos, aunque serán menores
cuanto mejor estén trazadas>>

<<Eso explicaría esa afección,
pero acabo de recordar otra cuestión,>>

<<¿por qué dices que soy inmortal?
Me acuerdo de que al derretirme,
todo se volvió negro y creí ver el final.

<<Hasta ser revivido,
nada a mi alrededor hube percibido.>>

<<Alfredo, ni siquiera llegaste a morir,
y nadie te tuvo que revivir.

<<Cuando quedaste convertido en líquido,
se puso sobre tus ojos un manto negro e insípido.

<<Dejaste de ser capaz de ver,
y lo que había a tu alrededor no podías saber.

<<Tampoco podías oir nada.
En suma tu percepción del todo
estaba anulada.

<<Simplemente tu cuerpo de metano
no está adaptado al estado líquido,
y tus sentidos intentaban funcionar en vano.

<<Eras capaz de pensar con lucidez,
y por eso pensabas que habías muerto de una vez.

<<Sin embargo, tu sistema sensorial
no funcionaba para nada,
y quedaste inválido temiéndote que era tu final.

<<Lo único que no puedo comprender,
es como tras aquella licuación pudiste renacer,

<<Lo cierto es que en ese momento
estaba vagando por otro firmamento,

<<Y mientras esto estaba pasando,
no te estaba observando.>>

Alfredo había escuchado atentamente
todas estas respuestas,
y le pareció que había contestado correctamente.

Reflexionó un minuto más,
aunque ya tenía clara la respuesta
dentro de su cerebro de gas:

<<Enigine, he tomado una decisión,
y creo que el destino no me da otra opción.

<<He decidido que seguiré intentando conseguir mi objetivo.
Tan solo quiero ser aceptado entre los que considero que son de los míos,

<<Sé que me dirás
que merezco algo más.

<<Que yo no soy de nadie,
que pertenezco a la intemperie.

<<Pero la verdad...
prefiero ignorar esa realidad.

<<Es cierto que ser feliz viene dado por la ignorancia,
y por eso, quiero fingir que no hay nada más allá de mi universo,
en vez de vagar como un espíritu lleno de vitalidad y arrogancia.>>

Enigine, o mejor dicho su cabeza,
apuntó hacia Alfredo, sin volverse
o siquiera minimamente moverse.
No tenía rasgos, pero se percibía una expresión de dureza.

Cuando Alfredo acabó,
su voz de nuevo se percibió:

<<Como he dicho antes,
no voy a impedirte que cumplas tus sueños,
aunque me parezcan delirantes.

<<Creo que ya hemos hablado suficiente,
y debes tener ganas de irte de este
universo de forma permanente.

<<¿Quieres que a donde estabas de nuevo te lleve?
¿O prefieres preguntarme algo
antes de dejar este triste relieve?>>

<<Lo único que quiero saber
es cuando nos volveremos a ver.>>

<<Algo me dice que dentro de poco,
¡Tendrás tiempo de hacerte tantas preguntas
como para volverme loco!>>

Algo parecido a una sonrisa
se escuchó breve
y tenue como la brisa.

<<Bien, bien, ha sido una fantástica charla,
algún día habrá que... repetirla.

<<Te llevaré al lugar e intante
en el que desapareciste
de aquella estepa gigante.>>

La niebla superior comenzó a descender,
y en los ojos de Alfredo se acabó por poner.

El suelo y las montañas,
así como la silueta de Enigine,
se desdibujaron, cada vez más extrañas.

Cuando aquel manto de neblina
ocultó totalmente todo su alrededor,
se manifestó de nuevo esa voz, ahora mucho más fina:

<<Hasta pronto Alfredo,
no todos los días puedes
hablar con un pedo...>>

<<Adios Enigine, amigo,
gracias por hablar conmigo.>>

Alfredo sintió como una ráfaga de viento
atravesaba en todas direcciones su cuerpo.
Era agradable, como un aromático aliento.

Y entonces el manto blanco se empezó a desvanecer.
Bajo el una negrura grande comenzaba a dejarse ver.

Comenzó a escuchar ruidos familiares,
que tan solo podían provenir de animales.

También veía ante sus ojos
las estrellas de las constelaciones
que iluminaban aquella tierra de hierbas y rastrojos.

Había vuelto a la inmensa planicie,
y en la noche en la que abandonó su superficie.

(Y aquí cierra la parte XXI. Aunque quizás el hecho
de poner unos parentesis así a bote pronto ya daba pistas
de ello. En fin, Alfredo, mucho más sabio que antes
se encuentra en el lugar del que se fue, A saber que
aventura le esperará en la siguiente parte. Cuando se
me ocurra, os informo de ello en la parte XXII)

domingo, 18 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XX

(Anteriormente, Alfredo acaba
perdiendo la fé en escapar de
aquella región de las tinieblas
en la que no existe el tiempo
ni el espacio. De repente, una
voz le hace reaccionar).

Aquella voz que le hizo girarse
venía de un extraño ser,
que Alfredo jamás habría podido imaginarse.

Su cuerpo era el de un zorro de pelaje gris apagado,
pero donde debería tener su cola,
tres plumas rojo escarlata la habían reemplazado

Manchas negruzcas salpicaban las plumas,
que quedaban contrastadas con su cuerpo,
ya que eran muy coloridas.

Además, a partir de cada tobillo,
su piel adquiría un tono llamativo
que oscilaba entre blanquecino y amarillo.

Sus orejas también eran algo peculiares,
de estas salían algunos pelos gruesos,
de un negro negro como las profundidades abisales

Pero lo que más marcó a la ventosidad
fue la ausencia de rostro alguno,
dando a esa criatura una gran frialdad.

En la parte en la que debería dibujarse la boca,
los ojos, o al menos la napia,
había menos rasgos de los que se encontrarían en una roca.

Tan solo un manto de más pelaje oscurecido
se extendía por encima de su inexistente faz
plagada de misterios que ni la criatura habría imaginado.

Y ahora, aquel extraño ser estaba apuntándole de frente.
No tenía ojos, pero sentía como si le observase,
analizando cada oleada gaseosa y clasificándola en su mente.

La voz que instantes antes escuchó,
ahora de nuevo sonó:

<<¿No crees que deberías guardar calma?
Me apetece hablar contigo con toda mi... ¿alma?>>

Sin duda, esto provenía
de esa criatura que veía.

Se trataba de un sonido indescriptible.
Potente, pero de alguna forma inaudible.

No parecía una voz real,
no era aguda o grave,
ni clasificable como ronca o suave.
Escucharla era una experiencia anormal.

Daba mucho la sensación
de que tan solo era un producto
de su enfermiza imaginación.

Lo curioso es que era capaz de hablar,
pero no tenía boca alguna,
o siquiera un vestigio de paladar.

Alfredo estaba totalmente desconcertado,
y tantas cosas le habían sucedido,
y tal extenuación mental había sufrido,

que ni siquiera se asustó.
Como estaba cansado de vagar,
y prefería por la conversación optar,
por el diálogo optó:

<<¿Quién eres, y que haces en esta tierra loca?
¿Y cómo es que puedes hablar sin boca?>>

<<Veo que eres bastante curioso...
te gustará saber que puedo contestar casi todo,
mi querido pedo hermoso...

<<Para empezar, me comunico mediante telepatía...
es una forma divertida de conversar,
aunque confunde a seres que al respeto tiene poca sabiduría...

<<Preguntas donde estamos...
para ser sinceros,
¡En ninguna parte nos encontramos!

<<Este lugar realmente no existe.
No hay forma de entrar o salir,
a pesar de lo que pensaste y te dijiste.

<<En realidad, soy el (¿o tal vez la?) responsable,
de que acabases en este lugar frío y miserable...

<<aunque ya hablaremos del por qué más adelante,
aún nos queda una larga conversación más que extenuante.

<<Este sitio es distinto a nuestra realidad,
me refiero a aquella en la que existe la humanidad.

<<Verás, el universo se compone de variables,
todas ellas creadas específicamente y modificables.

<<Entre ellas se encuentran el espacio y lo temporal
así como otras menores, pero no menos importantes
para el basto universo actual.

<<El universo en el que tu vives es una realidad muy bien realizada.
Cada variable, con mucha habilidad ha sido ''programada'',

<<y eso ha dado lugar a un escenario a grandes rasgos ''perfecto'',
ya que exceptuando su natural caos, creo estar en lo correcto.

<<No obstante, esa no es la primera realidad creada.
Antes existieron otras mucho menos trabajadas.

<<Se trata de grandes esbozos, realidades que solo son restos de variables,
pequeños trozos y esbozos casi inapreciables.

<<cuyo éxito fue inexistente,
 y quedaron relegadas,
sumidas en un estado oscuro y latente.

<<En fin, esta es una de dichas zonas,
y para ser más exactos, una de las primeras.

<<Aquí no existían la mayoría de las variables de espacio,
el tiempo ni siquiera había sido ideado,
ni tampoco las propiedades de la materia se habían originado;
hay que admitir que al principio estos cambios iban despacio...

<<En fin... creo que más no te puedo aclarar
sobre cual es este lugar al que acabas de llegar.

Alfredo había escuchado atentamente
toda aquella información tan sorprendente,
y le respondió al instante;

<<Vale, creo que puedo asimilar donde me encuentro,
o al menos intentar asimilarlo vagamente.
Tengo más preguntas que te quiero hacer próximamente,
así que empiezo por una que me carcome por dentro:

<<¿Quién eres tú exactamente?
¿A caso eres mi creador,
o le conoces directamente?>>

El misterioso animal se quedó pensativo un instante,
para luego contestar con telepaticamente:

<<Estoy bastante seguro de no ser tu creador...
en cuanto al dueño de tan fétido olor...

<<Bien, es un misterio de quién se trata,
pero lo cierto es que el es el creador de todo esto:
desde el más gran universo hasta la más enana rata.

<<Y en cuanto a quien soy,
creo que nunca he contestado
a ello hasta hoy...

<<Mi nombre es Enigine,
y viajar entre las realidades
es la actividad que me define.

<<Ni siquiera recuerdo cuando nací;
tampoco donde exactamente,
y mucho menos quien me trajo hasta aquí,

<<Llevo existiendo
desde mucho antes
de que tu universo acabase naciendo.

<<¡Son ya tantas las áreas creadas!
aunque la mayoría, sin embargo,
no tardan en desaparecer y ser borradas.

<<Sin embargo, todavía quedan algunas,
que a pesar de incompletas,
yacen como misteriosas y eternas lagunas.

<<Como te he dicho antes,
soy capaz de desplazarme por ellas,
con la facilidad con la que cruzan la calle los viandantes .

<<Lo que aún no se exactamente,
es a que se debe mi costumbre
de moverme por aquí eternamente,

<<pero el caso es que me da tranquilidad,
y también una sensación de vitalidad...>>

Dijo entonces nuestro pedo:
<<¿Y eres tu quien aquí me ha traído?>>

<<Así es, mi querido Alfredo,
yo te he llevado a este lugar,
pero no debes de tener miedo,
tan solo lo hacía por hablar,.,>>

Alfredo se quedó sorprendido,
¿Cómo su nombre había adivinado?

<<¿No te esperabas que te conociera?
Llevo velando por tí desde una remota era

<<Te conozco desde poco después de tu nacimiento.
Te encontré por primera ocasión,
cuando viajabas para matar a ese genio de una buena gaseación.
¡Se te veía tan perdido y falto de conocimiento!

<<En aquel furtivo instante
me recordabas bastante

<<a cuando por primera vez cambie de universo.
Acabé en uno de caóticas leyes y tiempo inverso.
Al principio vagaba por allí decidido
a volver de donde había desaparecido.
Era un ignorante atrapado en un lugar disperso.

<<Estaba totalmente convencido,
de que cuando menos lo esperase,
a mi antiguo hogar habría regresado.

<<Pasó tiempo, e incontables viajes para interiorizar,
que no pertenezco a ningún hogar.>>

(Enigine agachó un instante su cabeza;
sentíase superado por la nostalgia y la tristeza,

aunque se sobrepuso rápidamente,
y dijo a Alfredo inmediatamente):

<<Ahora que lo pienso... ¿y si no estás destinado a ser de carne y hueso?
puede que tan solo sea un a absurda preocupación que te tiene obseso...>>

<<Pero un científico me aseguró que existía un remedio...>>
<<Y después de ver todo esto aún confías en su ciencia primitiva?
Te recomiendo que te quites esa idea de enmedio...

<<Escúchame bien,, Alfredo, no impediré que cumplas tus sueños
pero no debes dejar que se apoderen de tí y sean tus dueños.

<<Y es muy noble que intentes alcanzarlos,
pero ¿no crees que deberías replantearlos?

<<Piensa en las aventuras que has vivido
desde aquel remoto momento,
en el que fuiste de un misterioso ano pedido.

<<Has corrido aventuras
que no se lograrían
ni en cientos de vidas.

<<Tus viajes por un mundo cambiante,
(¡e incluso de una dimensión a otra!)
darían para escribir literatura de la más interesante.

<<De todos los universos que he conocido,
nunca ante mí una criatura tan interesante,
en mi camino había aparecido,

<<Eres uno de los seres más extraños
y al mismo tiempo menos huraños

<<que jamás podré observar...
¿y tu magnífica condición quieres dejar?

<<Si hubieras nacido siendo una persona,
milenios llevarías ya bien muerto;
jamás hubieras llegado a esta zona,
y sabes que estoy en lo cierto.

<<Como ente inmortal que eres,
podrás viajar y explorar todo lo que desees.

<<Además, ¿qué me dices de tu poderes?
Puedes flotar como un ave,
volando por la brisa suave,
o también gasear a los más inmundos seres.

<<Creo que estás por encima de algo tan mundano,
como ser un mero ser humano.

<<Pero lo que importa es tu opinión.
¿Todavía quieres sufrir una transformación?>>

Alfredo se encontraba indeciso,
nunca había valorado sus cualidades
de un modo tan preciso.

¿Odiaba tanto ser un pedo realmente?
¿A caso el problema era aquella testarudez permanente?

¿Qué quería sinceramente?
¿Qué le dictaban corazón y mente?

(Y aquí termina la parte XX, especialmente larga, claro.
Llevamos más de 2000 versos de míticas aventuras.
Como no celebramos los 1000, para compensar, esta parte
ha sido el doble de larga. En la parte XXI
volverá a acortarse a poco menos de 100 versos. ¿O quizás
debería celebrar que lleva el número del siglo en el que
se escribe? Bah... creo que celebro demasiadas cosas. En
fin... Nos vemos pronto, supongo.)

sábado, 17 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XIX

(Anteriormente, Alfredo ha comenzado
a vagar por aquella zona triste y gris,
en la que no existe el tiempo ni, como
se teme tanto, el espacio físico. Se
encuentra en un extraño lugar en el
que la realidad es completamente distinta).

Mientras vagaba entre aquellas tierras,
sentíase Alfredo con cada vez menos determinación.
Intentaba desesperadamente viajar con obstinación,
huyendo de esas grisáceas tienieblas,

pero también intentando escapar de algo mayor:
su creciente y asfixiante pavor.

Cuanto más se movía,
cuanto más huía,

y mientras más distancia de por medio ponía,
aquel miedo a no escapar de allí jamás
con mayor fiereza le acometía.

Aunque evitaba pensar que por más que viajaba,
la distancia ya no era una barrera real,
y moviéndose nada solucionaba,

sabía que estaba en un terreno diferente.
La lógica de sus pensamientos no tenía sentido,
y su corazón le decía que si la seguía estaba perdido,
en ese mundo de tristeza y penumbra permanente.

Aunque en su mente el tiempo pasaba,
en esta realidad parece que esto no funcionaba.

Pensó: <<A lo mejor tan solo estoy soñando,
y nada de esto está pasando.>>

Recordó Alfredo que en tiempos remotos,
cuando inició su travesía para ser humano
y antes de que casi todos los humanos quedasen calcinados,

escuchó rumores sobre una experiencia onírica,
conocida por su particularidad,
en la que la ensoñación es mucho más realística.

Este estado se puede conseguir con condiciones concretas
pero también escuchó que hay raros casos,
en los que vienen de formas aleatorias.

Estamos hablando del lúcido sueño,
en el que quien lo sufre,
es consciente de todo, y de este es dueño.

Aquel que se encuentra bajo este misterioso efecto,
sabe que en ese momento está soñando,
y puede despertar en el momento electo.

Pero aquello no era ninguna ensoñación,
y por más que lo intentó,
Alfredo no consiguió salir de esa dimensión.

Siguió un gran trecho moviéndose,
mientras intentaba acabar despertándose.

Tras intentarlo infinitas veces,
cruzarse con estrechas montañas a miles,

recorrer un mundo que jamás acababa,
y abandonar la esperanza que le quedaba,

acabó en el infranqueable suelo tumbado:
sus aspiraciones a escapar se habían evaporado.

Con una inmensa pena y apatía,
maldijo esta tierra de roca desnuda
así como aquel nefasto día,

en el que apareció en este sitio deprimente,
el primer escenario que pudo con su paciencia,
el primero en el que se rindió, casi demente,

sin encontrar una vía de huida
o siquiera un indicio de salida.

Y así, triste y postrado,
se quedó en aquella superfície.
Sintió que su vida había acabado.

Comenzó entonces a divagar
pensando en que haría ahora
en esta prisión de la que no iba a escapar-

Comenzó a rememorar su experiencia:
sus viajes y aventuras
la furia tras la muerte del hombre de ciencia...

recordó por este último suceso
lo cerca que estuvo de ser de carne y hueso.

Pero ahora ello era inalcanzable
y si quiera imaginarlo, impensable.

Sabía que pronto ocurriría
aquello que tanto temía:

la locura llegaría pronto,
su mente se desvanecería
dejándole idiota y tonto
¡en un fantasma se convertiría!

¿O acaso no era ya un ente espectral?
Estaba condenado a vagar por el limbo,
algo peor que cualquier tormento infernal.

Nada tenía ahora sentido,
y solo podía sentirse hundido.

En estos pensamientos obscuros
estuvo ensimismado
mientras sus gases seguían ahí tumbados.

Y continuó así, reflexionando,
quedándose progresivamente agotado,
y mentalmente sentía que su cabeza acabaría reventando.

<<¿Por qué no dejas de lado tus preocupaciones?>>
(Una voz le sacó de sus cavilaciones)

Bruscamente, Alfredo se levantó;
y fue entonces cuando le vió.

(Qué épico me está quedando, ¿no?
Creo que no conozco a nadie que haya leído
hasta aquí el poema entero. Francamente no
creo que exista un ser semejante. No os culpo.
Dudo que de hecho alguien lea esto... de todos
modos, tu ahora mismo lo estás haciendo, ya es
algo... próximamente más, ¡en la parte XX!
Aprovecho para decir que el universo Alfredo ha
superado los 2000 versos. Eso son muchos versos,
¿no?)





lunes, 5 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XVIII

(Alfredo ha recorrido una inmensa estepa,
con animales familiares aunque extraños,
y un vasto territorio de hierba. De golpe,
tras una noche de trayecto, amanece en un
lugar nada familiar para el).

En unos breves momentos
el horizonte ya se vislumbraba,
y a los pocos unos minutos
un nuevo escenario contemplaba.

Se encontraba en una explanada enorme y lítica
en la que no se apreciaba ni la forma de vida más raquítica.

Habían también montañas del mismo material
que se alzaban solitarias y dispersas
en aquel destino tan irreal.

Eran simples altiplanos sueltos,
todos altísimos y escarpados
y entre ellos separados;

su cima quedaba totalmente cubierta
por una densa y oscurecida niebla
que tapaba los cielos de aquella tierra muerta

Era como un desolado mundo de cemento,
con aquel cielo de neblina grisácea y triste
sacado de un fúnebre y macabro cuento.

Asemejaba aquello al purgatorio,
una especie de siniestro limbo
oscuro, triste, intransitorio.

A pesar de estar en aquel escenario
Alfredo solo sentía algo de desconfianza,
de tan acostumbrado que estaba a lo extraordinario.

Bien es cierto que su etéreo cuerpo estaba tenso,
hasta el punto de que no era apenas capaz de moverse.
Finalmente, optó por acercarse a la niebla haciendo un ascenso.

Subió y subió hacia aquella capa espesa,
pero se llevó una ingrata sorpresa.

De repente sintió una poderosísima presión.
Era incapaz de atravesar aquella misteriosa y grisácea niebla,
como si algo le empujase hacia abajo por alguna extraña razón.

Por más que se esforzara
seguía siendo empujado hacia atrás,
y es normal que al poco rato se cansara.

Alfredo se sentía totalmente desconcertado,
¿Qué es lo que le había pasado?

Siempre había sido capaz de atravesar cualquier cosa,
incluso el suelo, debido a su forma gaseosa.

Era capaz de filtrarse hasta en el material más duro,
y sin embargo, una simple neblina
actuaba como un impenetrable y denso muro.

Nunca antes había experimentado esta sensación
y estaba ahora atacado por la confusión.

Descendió hasta aquel suelo pedregoso,
tras aquel ascenso tan poco exitoso.

<<Si no puedo ascender hasta los cielos,
deberé buscar el camino en los suelos>>.

Y así, se abalanzó sobre estos,
pero su decepción solo aumentó
al dar de bruces con ellos.

Tampoco era capaz de atravesarlos.
Una presión similar a la del cielo
le impidió cruzarlos.

Aquí fue cuando realmente Alfredo se asustó.
¿Qué clase de dimensión era aquella?
¿Como es que filtrarse no consiguió?

Reparó mejor en aquella misteriosa superficie.
No presentaba ni una minúscula rendija,
desnivel o siquiera altiplanície,

-Si exceptuamos aquellas monumentales montañas
largas y estrechas que por todas partes pululaban separadas-

Tomó entonces Alfredo una decisión:
Viajaría en línea recta y sin rumbo fijo,
hasta escapar de aquella abominación.

Y así, continuó su viaje,
intentando ignorar
que se encontraba en aquel paraje.

Mientras se alejaba miraba al horizonte,
también oculto por una neblina entre gris y blanquecina,
el cual iba dejando ver al acercarse algún que otro nuevo monte.

Conforme avanzaba se veían más de aquellas elevaciones,
absurdas y fantasmagóricas que parecían visiones.

Parecía aquello una especie de prisión etérea,
desdibujada y sin ninguna barrera corpórea.

Poco después percibió que aquel lugar no solo a el atrapaba.
Desde aquel misterioso amanecer,
no había vuelto a anochecer.
El tiempo parece que allí tampoco avanzaba.

Para asegurarse y mientras seguía el camino recto,
decidió ir contando desde el número uno mentalmente,
para así reafirmarse en que esto era correcto.

Siguió contando y contando
a medida que se iba moviendo.

Cuando alcanzó el número diez mil,
aún no había cambiado la iluminación
en aquel mundo triste y vil.

Siguió hasta duplicar esa cantidad,
pero el escenario seguía igual
en su inmensa totalidad.

Agotó su paciencia antes de triplicar,
y es que no hacía falta seguir,
para este hecho confirmar.

Un sudor frío y metafórico
quebrantaba ahora su espíritu estoico.

Ya eran muchos y muy diferentes
los páramos que había visitado antes:

oscuras tinieblas,
frondosas estepas
y tierras abrasadoras

pero jamás pensó que lo que más temería,
era aquel enigmático limbo,
que en lo más profundo de su alma se quedaría.

En ningun otro sitio imperaba tal desolación.
Ni en la calcinada tierra en la que antaño sobrevivió,
donde mil lenguas de fuego sometían el mundo a la cremación.

Mientras cavilaba,
su trayecto avanzaba,

aunque algo le decía que tan solo avanzando,
el final de esa pesadilla no acabaría llegando.

(Menudo lío en el que se ha metido Alfredo.
¿Cómo escapará de este misterioso páramo?
¿Qué sorpresas le depara el futuro? Y,
¿Por qué no esperar a la siguiente parte, la
número XIX? Hasta entonces, amigos)