sábado, 19 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XVI

(Anteriormente, Alfredo entabla amistad
con los humanos. Tras un pequeño discurso
hacia estos, le juran lealtad eterna)

Y cuando por fin parecía
que con la humanidad se entendía,

nuestro pedo dijo entonces algo que nadie esperaría,
y que a primera vista, una estupidez le parecería.

Alfredo le dijo a auqella diminuta población:
<<Seré sincero, necesitaréis trabajar duro
para salvaros de la total extinción.

<<Ello no significa que vaya a ayudaros en todo,
os las tendréis que arreglar a vuestro modo.

<<Solo me limitaré a defenderos,
en los casos más extremos,

<<La causa, es que solo ante la adversidad,
el gran ser humano ha demostrado,
su desarrollo, progresos y actividad>>.

Alfredo dijo esto sin ningún rencor,
mala sombra o aire vengador.

Y es que nuestro pedo había llegado a una conclusión,
sobre proteger a los humanos no era la solución.

Ya habían sobrevivido durante milenios,
sin ninguna ayuda o tipo de dios.

No quería ni pensar lo que podía suceder,
si dependían constantemente de él,
lo más seguro, que acabasen por perecer.

Con todo esto en mente,
decidió el bueno de Alfredo
explicárselo a aquella gente:

<<He comenzado yo vuestro camino,
pero deberéis arreglároslas solos,
de la forma que lo hagáis me importa un comino.

<<No lo hago con mala intención,
pero deberéis arreglároslas solos,
si dependéis de mi será vuestra perdición>>.

Aunque ellos sintieron profunda confusión,
decidieron tomárselo con aceptación.

Alfredo en el fondo tenía una doble intención:
no solo quería el bien de esa gente,
además, explorar aquel inmenso nuevo le provocaba tentación.

Aquel nuevo e inmenso planeta,
al que habia llegado desde una grieta,

le ofrecia enormes misterios,
dudas y demas delirios,

e iba a disfrutar inmensamente,
recorriendo en su trayecto,
cada nuevo continente...

Por otra parte, sentía un profundo instinto paternal,
otra parte de su gaseoso cuerpo le decía
que abandonarlos a su suerte estaba mal.

Pero entonces, volvió a mirar a los ojos a esas personas,
y le bastó para saber, que sobrevivirían por esas zonas.

Tras unos minutos de meditación,
consiguió encontrar la solución:

<<Como no deseo quedarme,
pero para siempre no quiero largarme,

<<Continuaré mi trayecto temporalmente,
aunque volveré por aquí periodicamente.

<<Seguiré por todo el mundo viajando,
pero cada varios años, por aquí iré pasando.

<<Ahora volveré a partir,
en este nuevo mundo
queda demasiado por descubrir.

<<Si cuando vuelva de mi trayecto,
estáis pasando un momento abyecto,

<<Velaré por vosotros,
aunque tendreis que arreglarlo solos>>.

Con estas palabras, Alfredo se despedía,
aunque jurando que finalmente regresaría.

Ante sus ojos maravillados,
se abría un inmenso horizonte,
y lucía un sol que los dejó deslumbrados.

Tras algunas breves despedidas y dilaciones,
se prestó a abandonar esa zona,
antes de que se arrepintiera y diera pie a más interrupciones.

Despidióse por última ocasión.
Sus aventuras por fin comenzaban,
y partía con gran emoción.

Otra vez, dejaría ir su espíritu libre y vivaz,
para viajar por aquellos mágicos lugares,
raudo, ligero, libre, en esencia, fugaz.

(Eso si que es ser un sufridor.
Eres por fin aceptado por los humanos,
pero de repente, te puede la neura
exploradora y a patearse medio mundo...
en din, en la parte XVII Alfredo comienza otro
gran viaje. Quien sabe que pasará esta vez...)

viernes, 18 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XV

(Alfredo encuentra a los humanos,
y les convence tras una breve dialéctica
de bajar de ese árbol, prometiendo protección
a estos.)

Descendieron por las ramas,
y ante Alfredo mostraron sus caras.

Se trataba de una familia de media docena,
dos hombres, dos mujeres, un bebé y un anciano,
de tanto estar ahí arriba demacrados como enfermos en cuarentena.

Les contemplo Alfredo fijamente:
<<Se recuperarán... seguramente>>

Le miraban todos ellos con ojos de temor,
e intentó Alfredo infundirles de valor:

<<Humanos, ¡vosotros sois la especie elegida!
Llevo sobre este este planeta desde hace milenios,
muchísimo más de lo que dura una mera vida.

<<He estado rodeado de especies de toda amalgama,
y puedo asegurar, que nunca ninguna alcanzó tal fama.

<<He visto especies sobrenaturales,
tales como ranas parlantes,
o genios gigantescos,
ninguna de ellas tan remarcables.

<<Allí por donde pasaba,
la tierra el hombre dominaba.

<<Este mundo siempre ha sido de vosotros,
habéis conquistado la tierra donde no lo hicieron otros.

<<Habéis erigido cuantiosas civilizaciones,
y os habéis multiplicado por millones.

<<Yo, que hacia el centro de la tierra he viajado,
donde he visto zonas legendarias e inimaginables,
nunca jamás una especie tan admirable he encontrado,
ni en los lugares más inhabitables.

<<Cometisteis errores, eso es cierto,
dejando a ese planeta casi extinguido y yerto,

<<Pero incluso ante la más terrible adversidad,
habíais de ser capaces de crear un poderoso artefacto,
capaz de revocar todo el caos y ruindad.

<<No se si existe algo más allá del cielo nuboso,
aunque si es así debe de sentirse muy orgulloso,
¿quien sabe si no algo envidioso?>>

Alfredo sintió al decir esto una extraña sensación,
parecida a una pequeña conmoción.

No obstante solo duro unos instantes,
así que no le dio importancia alguna,
y finalizó el discurso que había empezado antes:

<<Este es vuestro momento,
ahora podéis reconstruiros desde el principio
ya no hay fuego, ni desaparece hasta el último precipicio.
Ya no existe ese mundo purulento.

<<¡Expandiros por vuestro nuevo hogar,
y sometedlo totalmente sin dudar!

<<¡Vuestro verdadero legado,
ahora os ha llegado!

<<Yo mismo me aseguraré de que sobreviváis,
y los errores pasados de nuevo no cometáis>>.

Acabó así su pequeño discurso,
y en efecto salió como esperaba:
se ganó a los humanos a pulso.

Tras jurarle su máxima lealtad
para toda la perpetuidad.

Alfredo hallábase ahora contento:
comenzaba la nueva historia de la humanidad,
y el había establecido su primer cimiento.

(Guao, que épico queda el discurso de Alfredo...
Me gustaría hablar tan bien a mí, pero siempre me entra
pánico escénico y la barriga me comienza a funcionar mal
en momentos así... en fin, más en la parte XVI, o como
adoro llamar a este número romano, ''equisví'')



sábado, 12 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XIV

(Anteriormente, un estallido de ira
se apodera de Alfredo, el cual, mediante
una gigantesca explosión de furia
aniquila aquellos oscuros páramos y sus
tinieblas. Su instinto le indicará el camino
de vuelta a los humanos, para saber si estos han
logrado salvarse).

Comenzó Alfredo a guiarse por su intuición,
entre aquel vestigio de destrucción,
mientras sentía una creciente preocupación.

Si definitivamente la humanidad desaparecía,
¿Entonces con quien se comunicaría?

Es cierto que antaño de el todo el mundo escapaba,
pero aún así, en encontrar una excepción todavía confiaba.

Por otra parte, los humanos eran auténticos supervivientes,
resistiendo estoicos catástrofes, erupciones y grandes desastres.

Invencibles como parásitos,
su existencia no era un mero tránsito.

Aquella tierra incierta, caótica y borracha,
era, es y será propiedad del hombre,
adaptable y resistente como la cucaracha.

Alfredo continuó pensando,
y por aquel yermo avanzando

Con el tiempo, comenzó a aminorar el ritmo,
-y es que, hasta un pedo tiene su biorritmo-

El día con la noche se alternaba,
y su instinto aún le decía,
que el trecho aún seguía,
y por lo tanto esperanza quedaba.

Esta vez Alfredo no perdió la paciencia:
<<Más de una vez, mi impaciencia,
ha estado a punto de evitarme una nueva experiencia>>

se decía a veces sobre todo refiriendo
al gran túnel, el reciente páramo de la penumbra,
y demás experiencias que ahora estaba recordando.


Y su espera fue bien compensada.
La vegetación por fin fue vislumbrada.

Pequeños brotes resistentes
habían aguantado su furia
y gas más pudente.

Esa sensación instintiva fue acrecentando,
y se alegró de estarla experimentando.

Continuó su marcha, mientras a su alrededor,
volvía el verde manto en todo su esplendor.

Regresaba la hierba,
alta como media pierna.

Los animales no tardaron en hacer presencia,
pero esta vez, sin una oscura esencia.

Volvían a aparecer seres normales,
al contrario que sus contrapartes infernales.

Y, finalmente, acabó vislumbrando el gran árbol,
a sus ojos bello como el blanco mármol.

Estaba totalmente igual,
que cuando lo dejó
para ir a ese páramo inusual.


Aunque estaba a poca distancia,
llegar hasta sus raíces
podía con su impaciencia.

Finalmente, se situó bajo la copa del árbol monumental,
allí donde le tapaba la sombra de esa maravilla tan especial.

Tampoco esta vez le hizo falta elevar la vista hacia arriba,
sabía muy bien lo que en la copa había.

De nuevo, una sonrisa sincera y paternal
se dibujó en su rostro triunfal.

Aquel grupo aún ahí arriba se encaramaba,
tenaces y resistentes, esos eran los humanos
que el bueno de Alfredo recordaba.

Aún Alfredo no sabía,
como les convencería.

Le llegó entonces la inspiración
mś propia de la inprovisación.

Y es que a veces una idea estúpida,
funciona mejor que una estrategia,
púlida y bien planificada,
o al menos esto aprendió en su peripecia.

Subió hasta arriba de ese cúmulo de hojas,
manteniéndose alejado de los humanos
para no dejarlos intoxicados,
como pasó con sus oleadas de furia rojas.

Los humanos, que solo entonces lo detectaron,
(por su fétido aroma lo encontraron)
inmediantamente le hablaron:

<<Gran y pútido monstruo,
hemos visto desde aquí tu arrebato,
y como destruías ese lugar de modo arduo.

<<Pero no podemos confiar todavía,
nuestras vidas valen demasiado,
y estamos desamparados en esta algaravía.>>

Dijo Alfredo: <<¿A caso no veis donde estoy?
Prestad atención, ¡Que es para hoy!>>

Detectó entonces ese grupo superviviente
que ahora ahí arriba había un nuevo residente,

y el pánico les dejó helados,
sin poder hablar,
así estaban de trastornados:

<<¿Realmente no os dais cuenta,
de que podría haber subido cuando quisiera
y haberos devorado como caramelos de menta?

<<Hablais de desamparo, pues yo seré vuestro protector,
y os ayudaré hasta mi verdaderamente último estertor.

<<Ahora que conocéis mis intenciones,
por favor, bajad sin más dilaciones>>

Murmullos recorrieron toda esa zona,
y tras harto debate y discusión
comenzaron su descenso a esa hierba lozana.

(Parece ridículo, pero sí, Alfredo ha conseguido
en minutos lo que no se le ocurrió en semanas...
tal y como sucede en la vida real... ¿no?
Bueno, esto no importa ahora. ¿Que hará una vez
esten todos los humanos ahí abajo? Lo sabremos en
la parte XV, o 15 para los nacidos después del 476 d.c.).




miércoles, 9 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: parte XIII

(Anteriormente, Alfredo vagapor oscuros
páramos, rodeado de criaturas oscuras
y tinieblas. Casualmente encuentra a
su amigo, el anciano científico de décadas
atrás, pero justo cuando va a preparar un
remedio para la afección de Alfredo, muere,
frustrando a Alfredo hasta enfurecerle).

El pedo se encontraba furibundo,
pues había perdido su último pasaporte
para ser aceptado en este mundo.

Inconsciente de cualquiera de sus actos,
ascendió lanzando hedores putrefactos.

Tal era la peste que desprendida,
que al llegar a la compuerta,
esta practicamente quedó derretida.

Alfredo no reparó en este suceso,
de hecho, estaba alterado en exceso.

Tantos años, siglos y milenios,
todo para ver de nuevo escapar
sus más preciados sueños.

Una vez en el exterior,
cientos de ojos brillantes
le miraban con furor.

Aquellas bestias repugnantes,
seres oscuros, infernales
y criaturas reptantes...

Su vileza y fealdad,
así como la inmundidad

solo transformaban su anterior temor,
que ahora era puro odio revestido de un falso valor.

Descargó toda su rabia incipiente,
sobre todo oscuro ser viviente.

Allí donde su rojo cuerpo se posaba,
esa caterva de entes agonizaba.

A medida que rodeaba a las aberraciones,
morían tras breves combulsiones.

También la negra hierba se resentía,
por donde flotaba desaparecía.

En medio de este apogeo de pasión,
para ninguno de esos entes hubo salvación.

Finalmente, y tras horas frenéticas,
acabando con esas deficiencias genéticas,

Alfredo, aunque todavía con fuerzas,
detuvo su matanza de criaturas abyectas.

Aún rojizo, y aún enfadado,
el clímax de su desahogo
ahora había comenzado.

Su figura se hinchó y expandió,
por encima de los cadáveres,
en su totalidad creció.

Minutos más tarde,
de una colosal figura
podría haber hecho alarde.

Su área se extendía ahora centenares de metros,
y bajo el las bajas se contaban por cientos.

Y fue en ese momento cuando sucedió:
nuestro Alfredo, literalmente estalló.

Una inmensa oleada de metano se extendió por todas partes,
alcanzando la penumbra, las tierras y sus supervivientes,

todo ello acompañado un inmenso grito colérico,
que, ahora sí, culminaba el enfado del pedo histérico.

El fétido olor del pedo a distancias remotas se propagó,
y toda presencia que con este se topaba se desintegró.

Tardó unas horas en disiparse,
y a los pocos días,
la este ya acababa de evaporarse.

Tras este épico suceso,
desapareció aquel área,
eliminada por su ira ex proceso.

Tinieblas y criaturas fueron borradas;
nunca jamás pruebas de su existencia
allí serían encontradas.

Desapareció el bunker, desapareció la yerba,
y desapareció aquel grupo de seres, esa caterva.

Aquel nefasto lugar,
en un yermo se acababa
de mimetizar.

Ahora, un reluciente día soleado,
todo ese lugar yerto mantenía iluminado.
 
Cuando la explosión tuvo lugar,
Alfredo su consciencia pudo recuperar.

Creyó que en ese momento iba a morir,
y esta vez nadie le podría revivir.

Pero al contrario de lo que esperaba,
su vida aquí no acababa.

Alfredo sobrevivió a su explosión,
y revocó así su transformación,
volviendo a ser la mínima expresión.

Tras todo esto, hallábase Alfredo desorientado,
jamás de su poder se había percatado.

Juró que jamás se volvería a dejar llevar por las emociones,
porque en alguien como el, podían causar auténticas devastaciones.

Solo le vino un objetivo en mente,
asegurarse de que sus humanos,
no habían perecido fatalmente.

A pesar de que ahora ya no había sombra,
y el día ocultaba todo rastro de penumbra,

el camino de vuelta había quedado desintegrado,
y ni el más experto viajero se podría haber orientado.

Una sensación primigenia embargó a Alfredo,
parecía que el instinto guiaría a nuestro pedo.

(Lo que te hace un buen cabreo, ¿eh?
No, si cuando te pilla un día tonto...
el caso es que hasta la parte XIV, me temo
que no sabremos el alcance que ha tomado
el enfado de Alfredo. Esperemos que sus
humanos esten bien...)

viernes, 4 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XII

(Anteriormente, Alfredo decide
emprender una travesía por las
praderas para aclarar ideas.
Paulatinamente todo se torna
oscuro y decaído, incluyendo animales
y vegetación. Justo cuando va a irse, Alfredo
encuentra una misteriosa compuerta,
en la que se mete...)

Una anciana voz le habló ahora,
quebrando el silencio
que flotaba en aquella sala inquisidora
                                     
<<Vaya, por más siglos que pasasen,
¡siempre le reconocería, amigo,
y si no, que la cabeza me cortasen!>>

Por fin Alfredo logró recordar,
y ya no pudo para nada dudar.

¡Se trataba del anciano científico!
¿Habría pasado tanto tiempo ahí,
en esa especie de gran frigorífico?

Sus rasgos habían envejecido;
bastante había encogido,

y con la vista muy forzada,
y cojeando a cada zancada

las arrugas le solapaban toda la cara,
porque, amigos míos, a la vejez nadie la para.

Alfredo le contestó alegremente:
<<Parece que volvemos a vernos
tras el desastre inclemente...

<<¿Como ha sobrevivido tantos años?
¿Ha estado encerrado durante todos estos?>>

El científico se acomodó en una vieja butaca de la habitación.
Iba a comenzar ahora, al respecto de todo esto, una narración:

<<Poco después de que se fuera,
me interesé por su causa,
e investigué sin ninguna pausa,
para que en humano se convirtiera.

<<Cien años después seguía buscando su cura,
pero tuve que parar, intuyendo que ocurriría una locura.

<<Construí yo solo a lo largo de años esta fortaleza,
pues predije que pronto se iría al traste la naturaleza.

<<El cambio climático, llego paulatinamente,
pero yo me sentía aquí dentro seguro, relativamente.

<<Gracias al suero de la inmortalidad,
me he mantenido aquí toda una eternidad.

<<Milenios aquí dentro, pasé investigando,
aunque en algunos períodos he acabado desistiendo>>

<<Un temblor sucedió de repente,
seguido de un terremoto muy potente

<<Se escuchó una enorme explosión
de la que aún no tengo localización.>>

Alfredo recordó activar aquel estallido,
pero calló, pues no quisiera
al científico haber interrumpido.

<<Todas las paredes retumbaron,
más de milagro no se derrumbaron.>>

<<Desde ese momento,
nada ha pasado,
o al menos no se ha notado
dentro de estas paredes de cemento...>>

Dijo Alfredo: <<Perdón por ser tan impaciente,
pero ¿ha notado la presencia de la oscuridad incipiente?>>

Pensó Alfredo que este era el mejor momento
para explicarle todo este tormento.

Le contó absolutamente todo lo acontecido,
como aquella explosión había sucedido;

Relató el encuentro con el chuso,
el tunel, la máquina y su gran uso.

Habló también de humanos y vegetación,
como se oscurecía, y junto a la fauna,
alcanzaba la miseria y degeneración,
sin atisbo de esperanza alguna.

El científico escuchó con paciencia
su traumática experiencia.

Cuando Alfredo acabó,
el otro respondió:

<<¡Diantres! Ha pasado por el mismísmo infierno,
y su sufrimiento ha sido casi eterno,

<<no tengo ni idea de por qué ha terminado,
este macabro lugar tan ennegrecido.

<<¿Tal vez la máquina no era tan precisa,
y no restauró el mundo de forma concisa?

<<Recordemos que hay factores,
ante los que los científicos aún somos inferiores...>>

Hubo un intenso silencio durante un buen rato,
hasta que el científico, tuvo un recuerdo muy grato:

<<Aún así, tengo preparada una sorpresa,
para ese mal que tanto le pesa.>>

A Alfredo se le iluminaron los ojos:
<<¿¡Tiene una cura para deshacer entes metanosos!?>>

<<Bueno, se trata de un remedio poco convencional,
y su descubrimiento ha sido algo casi paranormal.

Te lo reservaba porque sabía que volverías,
y me ha costado encontrarlo algo más que unos días.

Alfredo no cabía en sí de gozo,
una enorme sonrisa hizo su esbozo:

<<¡Por fin, ahora ya seré humano!
¡Dejaré esta forma de producto del ano!>>

<<Tranquilo, chico, antes que nada,
dejaré la compuerta bien cerrada.

<<Cuando baje, hago ya un prototipo,
te lo aplicas, y de un humano tendrás el tipo>>

Entonces, subió el científico a cerrar la compuerta,
mientras Alfredo no podía creer que esta situación fuese cierta.

Más el destino, ente traidor y rastrero,
actuó como un auténtico cuatrero,

y mientras por la escalera de la compuerta subía,
la evidente desgracia ya se presentía.

Finalmente, cuando las manos en la entrada puso,
uno de los viejos escalones, ahora oxidado y contuso,
cedió por su excesivo e indebido uso.

Y así, cayó zulo abajo,
golpeándose la cabeza a destajo.

Y la aterrorizada mirada de Alfredo,
la fatal caída percibió con  miedo.

Se acercó flotando hasta el anciano,
aunque lo evidente yacía diáfano:

el viejísimo científico había muerto,
y su cadáver yacía en el suelo yerto.

Tardó Alfredoen asimilar la situación,
y a medida que pasaba el tiempo,
aumentaba su frustración.

La furia cada vez le cegaba más,
y ahora ya no había marcha atrás:

Alfredo se encontraba iracundo,
y empezó a acumular odio,
y sensaciones de lo más inmundo.

Comenzó un fenomeno excepcional:
y es que su enfado era tal,

que se tornó totalmente rojizo,
y su semblante se deshizo.

Se encontraba totalmente desquiciado;
la incipiente ira le había cegado.

(Menudo mosqueo que ha pillado nuestro Alfredo.
¿Qué pasará ahora? ¿Qué clase de consecuencias
puede tener enfurecer a un pedo? Más suspense
hasta la parte XIII. Ya por el número creo que da
ideas de la mala suerte que tendrá quien se tope
con este iracundo ente de metano. En fin, ¡chau!).

Poema Alfrediano: Parte XI

(Anteriormente, Alfredo habla con los
humanos, que le rehuyen como a un
monstruo. Alfredo promete que se ganará
su confianza, aunque aún no sabe como).

Como Alfredo idea no tenía,
de como su confianza se ganaría,

resolvió que lo mejor que podía hacer,
era dejar a esos humanos,
pues ellos solos ya se podían valer.

Devorado otra vez por la curiosidad,
y mientras no pudiera poner de su lado a la humanidad,

le dió por aquel extenso campo de yerba cruzar,
pues estaba convencido de que en algún punto,
los dominios de este iban a terminar.

Despidióse de los humanos,
sin recibir respuesta
de estos supervivientes natos.

<<Cuando sepa como les puedo convencer,
volveré en lo que dura un atardecer>>

Por perderse no se tuvo que preocupar,
pues tal era el hedor que desprendía,
que entre la yerba un rastro tenía que dejar.

Así, por ahí por donde se movía,
la yerba entre la que pasaba,
quedaba marchita y se moría;
al caballo de Atila recordaba.

En línea recta avanzó,
y pocas veces se paró.

A su ida, aunque al principio más sosegada,
encontró especies que dejaron su mente marcada.

Animales extraídos de un relato de terror,
bestias que conducían a la locura y el horror.

A medida que avanzaba,
y cuando ese viejo árbol,
ya ni siquiera avistaba,

No exagero para nada si digo que esas aberraciones
parecían del diablo auténticas personificaciones.

Al comienzo de su trayecto,
descubrió antiguos animales,
ninguno de ellos tan abyecto.

Reconocía entonces entre las yerbas
leones, cabras e incluso algunas cebras.

Los animales con el tiempo, comenzaban a degenerar,
aunque a un ritmo más lento de lo que se pudiera sospechar,

Incipientes taras genéticas,
aparecían incesantmente
en esas criaturas patéticas

Cada vez seres más monstruosos,
de grandes garras, protuberancias
y deformes miembros incoloros.

Desquiciaban la moral del noble Alfredo,
el cual, aunque invulnerable a esos seres,
no podía evitar una sensación cercana al miedo.

Pero si algo en común tenían,
es que hasta los más vagos vestigios,
del pobre pedo huían.

Tal vez fuera por puro instinto,
o simplemente debido a su hedor,
quien sabe si a un factor distinto.

También la vegetación cambiaba,
conforme Alfredo avanzaba.

Lo que antes era una vital y verdísima pradera,
había quedado reducido a malas hierbas,
que de color negruzco y sensación perecedera,
Habían degenerado al mismo tiempo que las bestias.

Todo se reducía a un vasto dominio de muerte y amargura,
en el que reptaban criaturas nacidas de la locura.

Tierras de un toque cada vez más espectral
que se extendían a una distancia inalcanzable,
y el horizonte solo era un mero umbral.

Las noches allí eran un espectáculo inquietante.
Allá donde la vista se posara,
se veía desfiguraciones arrastrándose incesantemente.

Sus ojos, malignos y desprovistos de parpados,
en la oscuridad de la noche brillaban crispados.

Observaban a Alfredo, interesados,
aunque también bastante atemorizados.

Y durante la noche, tal era la tensión,
que Alfredo era incapaz de moverse,
de su insignificante posición.

Solo por el día se desplazaba,
puesto que tanto pánico,
entonces no pasaba.

El entorno, cada vez más degenerado,
con mayor intensidad había cambiado.

Semanas después de haberse adentrado
en este territorio demonizado,

tinieblas comenzaron a entreverse
en el lejano horizonte,
más al acercarse comenzaron a extenderse.

Finalmente, el cielo hasta entonces azul y diurno
quedó totalmente recubierto por este manto nocturno,

y el pobre Alfredo prácticamente quedó cegado;
la noche perpetua había llegado.

<<Algo ha tenido que salir mal,
aquí hay un error fatal...

<<La máquina de esos misteriosos chusos
no debería haber creado estos páramos confusos,

<<¿Qué puede haber causado este lugar?
¿Y qué hay de esos monstruos,
que ya dan pavor solo de imaginar?>>

Se movía casi sin rumbo concreto
y cada vez sentíase más perdido,
sin saber como salir de ese lugar secreto.

En varias ocasiones presenció a los animales cazando,
a pesar de ya solo poder ver sus brillantes ojos destelleando.

Se apreciaba como esa mirada fulminante
se dirigía hacía otra idem sin dudarlo un instante,

y tras un breve momento para impulsarse,
el depredador saltaba sin inmutarse.

Caía el carnívoro sobre los otros pares de ojos,
y ambos rodaban por el suelo,
mientras uno le arrancaba al otro sus débiles miembros fofos.

Tras unos momentos de débil forcejeo,
uno de los dos penetrantes pares de ojos,
desaparecían sin dejar lugar a más titubeos.

Se escuchaban entonces sonidos horrorosos,
que significaban devoraciones dantescas,
y casi se podía percibir como las arterias arrancadas,
eran devoradas por bocas plagadas de dientes asquerosos.

Y en este dantesco panorama,
Alfredo sentía como destacaba,
y su presencia se observaba
por todos los seres de aquella amalgama.

Pasó un tiempo indefinido,
probablemente un mes o dos,
sin que nada hubiera ocurrido.

Encontrar el camino de vuelta imposible,
pues con la oscuridad, el rastro de negra yerba
era ahora practicamente invisible.

Pensó entonces en regresar,
y ya intentaría de algún modo,
que los seres humanos le pudiesen tolerar.

Reparó cuando ya se iba a girar
en una rareza sin par:

algo parecido a una piedra metálica,
que repuntando entre toda la oscuridad,
brillaba de forma enigmática.

Al acercarse Alfredo a esta,
su inquietud en escena fue puesta:

Se trataba de una gigantesca compuerta,
seguramente ideada para esconderse
de toda esa zona lánguida y muerta.

La impresión del pedo aumentó
cuando se acercó.

La entrada no estaba del todo cerrada.
Una minúscula rendija le fue revelada.

Alfredo optó por entrar
para poder descansar.

Ya saldría al exterior después
para irse de ese páramo,
y no volver ni con los sesos hechos purés.

Descendió entonces escotilla adentro,
pero solo oscuridad acudía a su encuentro.

Seguro de seguir bajando,
acabó el suelo alcanzando.

Encontrábase de repente en una habitación,
pero tan oscura estaba,
que no podía permitirse la más mínima visión.

En ese momento, las luces de la habitación se encendieron,
y cuando por fin al destello los ojos de Alfredo se acostumbraron,

encontró a quien jamás pensó que volvería a ver.
A alguien, que tras tanto tiempo, le costó reconocer,
pero finalmente, en sus recuerdos volvió a aparecer.

(Flipa... qué de versos, ¿eh? Perdón
por tanto coloquial a la vez... de hecho
moverme por la vida de otra forma distinta
a la que escribo me hace confundirme
muy a menudo... a lo que iba, la
próxima entrega nos dirá con quien se topa
Alfredo. Y no os quejéis... que esta es el
doble de larga, ¿eh? ¡Chao, hasta la parte XII!)