miércoles, 14 de febrero de 2018

Poema ¿Alfrediano?: Parte XLII

(Anteriormente, Alfredo explora su nuevo hogar,
reflexionando erráticamente sobre los humanos,
mientras el misterioso Enigine se pasea por
las dimensiones, observando a su vez a Alfredo).

Mientras Alfredo sobre sus experiencias reflexionaba,
y el misterioso Enigine entre universos viajaba,

había alguien lleno de rencor.
Vengativo y colérico,
y cuya propia voz causaba pavor.

Tan peligroso y malvado,
que incluso sus anteriores vasallos
lo mantenían encerrado.

No era ninguna monstruosidad.
No era un ente sobrenatural.
Pero estaba lejos de la humanidad.

El científico todavía seguía igual de indignado,
que el mismo día en el que el pedo se escapó de nuevo,
y por culpa de este él acabo encerrado.

Solo habían pasado unas pocas noches desde el momento fatídico,
estaba a punto de cumplir su noble propósito,
y de nuevo volvió a fracasar de modo verídico.

Ahora, estaba solo en aquella prisión,
custodiada por sus propias cucarachas.
Pero el se negaba a considerarlo como su perdición.

Había empezado de cero en más de otra ocasión.
Recordó sus palabras cuando lo alejaron de Alfredo,
y como juró que enfrentaría a los humanos a la perdición.

Al fin y al cabo, seguía siendo inmortal.
¡Tenía todo el tiempo para escapar!
<<No hay forma de que eternamente me puedan atrapar,
¡cuando consiga fugarme, será el final!>>

Volvió a observar la sala, distraído
En realidad era un espacio lejano
de ser demasiado reducido.

Las paredes eran de piedra más bien amarronada.
pues la cucaracha como material de construcción
había sido (obviamente) reemplazada:

Había un montículo blando y mullido
que servía como cómoda cama,
a pesar de parecer un extraño nido.

Algunos minúsculos orificios luz exterior filtraban,
pues al otro lado una serie de antorchas
su mazmorra iluminaban.

A izquierda y derecha había unos relieves tallados,
con los cuerpos de dos de aquellos insectos,
graciosamente dibujados.

Se trataba de dos cucarachas en pose rampante.
El ver, aunque fuese de forma gráfica
a aquellas traidoras le resultaba irritante.

Frente a él, había una pequeña ranura,
como estaba ajustada a los ojos de una cucaracha,
era de gran altura,

a más de dos metros estaba situada,
haciendo sentir al encogido prisionero
como alguien de una pequeñez inusitada,

reparó en que le habían oído de nuevo despotricar,
sobre su fútil intento de escapar,

dos rojos ojos compuestos desde el otro lado,
observaban su cara de amargura:

<<VEO QUE SIGUES OBSTINADO
CON HUIR, OH GRAN TIRANO>>.
Reconoció la voz que le había contestado.

Del nuevo monarca, -Grugnig I- procedía.
Era la primera vez que le visitaba aquel día.

Solía ir a verle por mera curiosidad,
pues poco le preocupaba su estado en realidad.

Puesto que el científico no tenía nada mejor que hacer,
y llegados a este punto no parecia
que tuviese mucho que perder,

decidió conversar con la cucaracha sucesora:
<<Puede que me hayas quitado mi poder,
y ahora vayas ganando tú, usurpadora,

<<pero, ¿como a todas las cucarachas alimentarás?
¿cómo toda la sobrepoblación contendrás?

<<Si intentas alimentar a los tuyos de forma honrada,
¡acabaran por morir hambrientos y debilitados,
y vuestra raza se dará por acabada!>>

La rojiza mirada de Grugnig permanecía impasible:
<<TIENES RAZÓN, MANTENERLOS COMO IMAGINAS,
SERÍA CIERTAMENTE IMPOSIBLE.

<<SIN EMBARGO, TU PENSABAS EN EL CORTO PLAZO.
QUERÍAS UTILIZARNOS PARA UN FIN INMEDIATO,
ELIMINAR A LOS HUMANOS DE UN BANDAZO.

<<PERO AHORA NUESTRA VISIÓN ES HACIA EL FUTURO,
Y TE ALEGRARÁ SABER QUE TUS CRIATURAS
YA HAN ENCONTRADO UNA SOLUCIÓN PARA UN PROBLEMA TAN DURO>>.

El científico se hallaba confuso.
Pensaba que el problema de la alimentación
sería en aquellas especies su perdición.
¿Había sido un iluso?

<<ENCONTRAMOS HACE POCO, HA MAYOR PROFUNDIDAD,
UNOS HONGOS QUE SE REPRODUCEN CON ASIDUIDAD.

<<NO SOLO SON COMESTIBLES,
SI NO QUE ADEMÁS SON
INCREÍBLEMENTE SOSTENIBLES.

<<DE TODOS MODOS, LA TIERRA NO ES INFINITA,
Y ALGÚN DÍA SE NOS PODRÍA ACABAR EL ESPACIO,
DE FORMA HIPOTÉTICA Y FORTUITA.

<<PERO PARA ESO DEBERÍAN PASAR MILENIOS.
NO OBSTANTE, ARREGLAREMOS ESO EN DECENIOS.

<<¿NO PENSASTE EN ALGO TAN SIMPLE COMO CONCIENCIAR,
SOBRE COMO LA SUPERPOBLACIÓN,
CONTRA NOSOTROS MISMOS SE PODRÍA DOBLEGAR?>>

Todo esto al científico le llegó de repente.
Aquella noticia le mortificó,
le dio sin piedad en toda la frente.

Si Grugnig decía la verdad, su plan había sido frustrado.
La idea era esperar a que aquella sociedad entrase en tumulto,
cuando las últimas reservas de comida hubiesen acabado.

La confusión, el caos y las reyertas,
serían una cortina de humo para escapar,
y una vez la libertad pudiese alcanzar,
las cucarachas podrían darse por muertas.

Pero su sociedad ahora se había afianzado.
Hasta que no encontrase forma de todas las cucarachas confrontar,
contra aquel reino, bien organizado luchar,
allí estaría confinado.

<<SI FUESE POR MI, Y POR CADA CUCARACHA ASESINADA,
AHORA MISMO ESTARÍAS MUCHO MÁS QUE MUERTO,
PERO ALFREDO NOS DIJO QUE NO TE DIÉRAMOS ESA MUERTE TAN ANSIADA.

<<ÉL NOS SALVÓ DE TU GENOCIDIO.
ASÍ QUE LO MENOS QUE PODEMOS HACER,
ES SU DESEO DE MANTENERTE VIVO OBEDECER,
AUNQUE NOS PAREZCA UN FASTIDIO.

<<DE TODAS FORMAS, TENGO BUENAS NOTICIAS.
DESDE HACE DÍAS NO HAS COMIDO NADA.
¡PERO NUESTROS HONGOS SON COSAS MUY NUTRICIAS!>>

Era cierto. No se había alimentado.
Aunque era inmortal, la falta de nutrientes,
pasado el tiempo, podría dejarle debilitado.

Una negra pasta con una forma parecida a una seta deteriorada,
por la rendija desde la que Grugnig miraba fue deslizada.

Al caer al suelo, hizo un ruido pringoso.
Era flácida, y de un hedor asqueroso.

Aunque la inmortalidad llevaba alteraciones en el metabolismo,
el científico llevaba ya días allí, sin alimentarse,
y comenzaba a resentirse su organismo.

Con un gesto aparentemente desconfiado,
en unos instantes delante de la comida
ya se había situado.

Decidió engullir, sintiéndose humillado.
Pero cuando mordió esa masa pútrida,
sintió tal náusea que lamentó haberla probado.
Carcajadas sonoras sonaban desde el otro lado:

<<¿NO TE GUSTA LO QUE ESTÁS SABOREANDO?
PUES MÁS VALE QUE TE VAYAS ACOSTUMBRANDO...

<<SOLO COMEMOS ESTO, Y A NOSOTRAS NOS APASIONA.
¿NO ERAS UNO DE LOS NUESTROS, EL MISMÍSIMO MONARCA?
TU RECHAZO ME IMPRESIONA...>>

La cucaracha real se alejó.
El científico estaba dominado por la ira,
pero su rencor no le dominó.

Más risotadas seguían oyéndose de forma cada vez más alejada.
Se notaba que Grugnig reía
más de lo que quería,
a propósito intentaba dejar su moral aún más socavada.

Mientras a duras penas comía
esa hedionda porquería,

y sus tripas temblaban
y sus papilas se doblegaban,

notaba como sus ideales,
sus aspiraciones y deseos,
eran reemplazados como tales.

¿La idea que había perseguido era una idiotez?
¿Eran sus compañeros de especie el problema en sí?
No, había caído en ese error una y otra vez.

Ahora todo era claro y ufano.
Su verdadero enemigo no era en sí el humano.

Habiéndose puesto de parte de la naturaleza,
dándole su ayuda, mutando a sus criaturas,
dirigiéndolas hacia la grandeza,

había sido no solo vilmente traicionado,
si no también encarcelado,
y aún peor, como un animal de feria había sido humillado.

Se enfrentaba a un oponente mucho más poderoso,
en un principio frágil y al mismo tiempo monstruoso.

Se refería a la propia vida tal y como la conocemos,
aquella que todos poseemos.

Animales, humanos, incluso vegetales.
Todos ellos se habían burlado de él,
de todos ellos emanaban los mismos males.

Algo tan perfecto como lo es el propio universo,
no podía permitirse tener seres de un calibre
tan imperfecto, de un talante tan perverso.

Ya no era una cuestión de resquemor,
de odio puro o venganza,
era puramente sobre eliminar aquel error.

<<Esto me hace mucho más fácil mi objetivo.
Antes quería acabar con todos los humanos,
sin tocar a ningún otro ser vivo.

<<Pero ahora solo tengo que causar la extinción más masiva,
hacer que todo muera sin excepción,
que este mundo acabe de forma totalmente destructiva.

<<Ese es el nuevo significado de mi existencia.
¡El propio universo debe haber transmitido esta idea a mi mente,
hacer que todo fenezca sin ninguna benevolencia!>>

Comía aquel hongo asqueroso ya sin reparar en su sabor,
mientras en su cabeza crecía aquel terrorífico plan
contra todo lo que había a su alrededor.

<<Humanos, plantas, animales,
y hasta entes sobrenaturales,

<<Y también ese grotesco pedo maloliente.
¡Os mataré a todos, y tu Alfredo, serás el siguiente!>>

(Tétrico, ¿no? Y así acaba la parte 42 del poema.
Si os fijáis, el científico cree haber encontrado
el significado de la vida y el universo JUSTO en
este número del poema. Es una referencia a cierta
obra de ficción. ¡Buscadlo por google, si no
no tiene gracia!).

(Oh, es cierto y feliz día de San Valentín,
San Solterín, o San lo que sea).



lunes, 12 de febrero de 2018

Poema Alfrediano: Parte XLI

(Anteriormente, Alfredo habla con la chamana,
que brevemente le dice quién es, y como los
supervivientes humanos han vivido todo ese
tiempo. Ahora se ha decidido a explorar la aldea).

Aunque al principio se sentía emocionado,
Alfredo decidió recorrer la pequeña aldea
sin que los sentimientos le dejasen cegado.

Quería cuanto habían hecho los humanos en su ausencia,
sin que su cabeza lo magnificase o despreciase.
Se fijó en que no veía ninguna otra presencia.

Miró primero las casas de madera que rodeaban esa plaza pequeña.
No podían encontrarse en otro lugar si no dentro de estas.
Cayó en la cuenta de que se escondían por cautela y no vergüeña.

Dirigió la mirada al azar hacia uno de esos vanos.
Creyó ver unos ojos curiosos,
que al encontrarse con su mirada se esfumaron tempranos.

Avanzó por aquellas callejuelas.
Empezaba a atardecer,
pronto la noche teñiría todo de oscuras acuarelas.

Los hechos, en poco tiempo habían pasado fugaces.
Cucarachas, Enigine, y todo su confuso viaje.
Ahora estaba rodeado de aquellos humanos vivaces.

Por primera vez no huían de su presencia,
conscientes de que no era malvado.
Pero ninguno demasiado se había acercado,
también reconocían su olorosa pestilencia.

<<En realidad, esto se parece cada vez más a lo que quería...
mi problema no era ser un pedo, si no el rechazo de los humanos.
Nunca imaginé que esto sucedería...

<<...ser por estas inteligentes criaturas aceptado.
A pesar de seguir siendo mortal para su nariz,
que no me dejen de lado.

<<Y pensar que lo único que hice fue dar un mediocre discurso improvisado...
¿Cómo es que mis palabras de algún modo les han ayudado?

<<Entiendo que con las cucarachas lo mismo sucediese.
Tras aquella estatua su deidad me creían,
y con mis palabras las podía convencer de lo que quisiese,

<<Sin embargo las personas tal y como soy me vieron.
Sabían que era peligroso y podía matar a todos a mi antojo,
pero al estar desesperados, y subidos a ese gran árbol, me creyeron,
y infundidos de esperanza y determinación, descendieron.

<<Han sabido adaptarse a un mundo renovado,
actuando can cautela, creciendo lentamente,
se han multiplicado.
No debería sentirme avergonzado,
por dejarles solos cuando me fui anteriormente,
¡más bien debería asombrado!

<<Si es con estas especies con las que voy a convivir,
puedo sentirme contento con mi suerte,
¡he elegido bien con quienes subsistir!>>

Todo ello en silencio lo pensaba,
mientras por las calles cada vez más oscuras,
emocionado paseaba.

Realmente la aldea no era de tan gran tamaño,
como cuando la había visto horas antes,
pero aún habiendo sido preso de su engaño,

ahora analizaba de forma objetiva,
y veía su magnitud expansiva.

En el tiempo que había pasado desde que el sol se escondió,
y una risueña luna creciente rodeada en tinieblas apareció,

había rodeado casi todas las casas y entresijos,
desde los habitáculos más grandes a los más canijos.

Por la oscuridad muy bien no veía,
pero aún así pudo apreciar cosas varias,
que volvería a observar a la luz del día.

Creyó ver una cerca de tamaño reducido,
que rodeaba a un misterioso y rechoncho ganado.
No se acercó tanto como habría querido,

lo último que quería era a esos entes intoxicar,
haciendo que de nuevo con los humanos´
se volviese a enemistar.

Había una estructura algo más suntuoso que cualquier casa o cabaña
sobre una base de piedra, y madera pintada de colores llamativos.
Parecía estar bien atendido, ya que no tenía ni una telaraña.

Y así, aquí y allá, descubriendo pequeños sitios que más adelante revisitó,
fue cuando el cementerio del lugar conoció.

Creyó ver una lumbre más allá de la rústica empalizada,
y se acercó a comprobarlo, pues lo último que quería,
era ver su nueva vida abrasada.

Detrás de las murallas de madera,
no se escondía ningun incendio,
tan solo era la llama de una antorcha perecedera.

A unos metros de esta, había otra similar,
y frente a las dos una tercera,
formando los lados de un espacio triangular,

el cual estaba enteramente recubierto una suelo gris de piedra.
Entre las dos antorchas más alejadas desde donde Alfredo estaba,
había cinco amarillentas losas cubiertas de hiedra.

Y con letras blancas, sobre el gris suelo grabado:
<<Aquí yacen los primeros humanos
que el gran pedo ha hallado>>.

Allí debían estar los dos hombres, las dos mujeres y el anciano,
los verdaderos padres de la nueva humanidad,
cuya fe en el propio Alfredo no había pasado en vano.

Sintió realmente lo que engrandece a sus nuevos semejantes tangibles.
Algo más que su número, su cerebro y desde luego su fuerza.
Su espíritu de superación, su rechazo a rendirse, eso les volvía invencibles.

Puede que esta vez hubiesen necesitado un pequeño impulso para arrancar,
¿y a caso Alfredo no lo necesitó cuando fue engullido por ese mundo de fuego?
Si ese humano extraño no le hubiese salvado, desde luego,
su destino allí, en ese mundo desolado, tendría que terminar.

¿O tal vez Enigine le hubiese salvado?
¿Quién sabe si ese zorro realmente deseaba
que Alfredo nunca hubiese despertado?

Pensándolo bien, afirmó que Alfredo era inestable y peligroso.
¿No sería la opción más cómoda que el pedo desapareciese,
previniendo que su inestabilidad todos los universos destruyese,
dejando sólo un vacío muerto y horroroso?

Sin embargo, nuestro héroe tal cosa no podía imaginar.
Enigine no podía ser ese tipo de criatura.
Además, no le quedaba otra opción que su palabra aceptar.

Y así, pasó la noche con sus errática imaginación,
primero alabando a los seres humanos,
luego temiendo su propio poder de destrucción,

amén de otros desvarios y patrañas,
aventuras pasadas, y propias hazañas.

y así hasta llegar la madrugada,
cuando el sol expulsó a las estrellas,
y dejó una luna invisible y desamparada.

El astro rey, a medida que amanecía,
con sus ardientes y fogosos rayos,
las nubes de una nueva jornada mecía.

Volvió al centro del asentamiento con una rara sensación;
pronto aquella anciana despertaría,
y a lo largo de este nuevo día,
todo lo restante sobre los nuevos humanos le contaría.
Retornaron sus sentimientos monumentales en esa población.

<<Puede que sea un lugar reducido,
más de lo que en un principio,
mis ojos habían creído.

<<Pero ya lo puedo imaginar,
como en unos años,
esto va a aumentar.

<<Será un mundo gigante,
donde una mejor vida y sociedad,
irán siempre por delante>>.

La sensación en su cuerpo se acrecentó,
y dijo algo que a sí mismo le sorprendió:

<<Por algún motivo creo que debería asumir responsabilidad.
Pueden llegar lejos, alcanzar un gran potencial.
Pero si cometen los mismos errores y actúan con la misma necedad,
volverán a colapsar, y esta vez podría ser su final>>.

En este mundo de dudas en el que vivía,
algo le estaba diciendo de nuevo
que todo pronto se le aclararía.

Y mientras Alfredo unos últimos minutos esperaba,
(pues ya bostezos matutinos, aquí y allí escuchaba),

cabe darle espacio al ente interdimensional,
Enigine, que en ese momento seguía moviéndose
entre las dimensiones que no habían llegado a su final.

Esta dimensión nunca tuvo toda la gama cromática.
Una monotonía de tonos verdes apagados,
y amarillos sucios y ofuscados,
yacía en aquel tejido espacio-temporal, estática.

Ni siquiera poseía propiedades como gravedad,
o dimensiones explicables para el humano,
tales como altura, anchura y profundidad.

Aunque en un principio parecía agobiante,
aquel vacío no molestaba a Enigine,
más bien parecióle tranquilizante.

<<Es una de las dimensiones más simples que han sobrevivido.
Con una estructura tan débil como la que posee,
¡jamás lo hubiese creído!>>

Había escuchado no solo lo que el pedo decía,
si no también lo que pensaba,
y el oírlo al parecer le divertía.

<<Nunca pensé que pudiese pensar tales tonterías...
¿no entiende que, si lo desease,
hace mucho que habría acabado con sus días?

<<Sin embargo, sigo sin comprender,
que me impide tal acción
sobre esa ventosidad cometer.

<<Por una parte lo más sensato sería dejarlo aniquilado,
no puedo concebir que con tal temperamento,
impida para siempre que su poder destructor de nuevo sea revelado,
causando, probablemente, que todo desaparezca, hasta el único cimiento.

<<Pero algo, una fuerza superior,
que emana desde mi propio interior,

<<hace que la idea me parezca absurda,
su solo planteamiento una maniobra burda,´

<<y verle caído ante mi presencia,
es algo que me resulta dispar,
alejado, de hecho, de mi propia esencia>>.

Pensaba así esta misteriosa entidad,
mientras vagaba por los remanentes,
de dimensiones débiles, distantes de ser omnipotentes,
hasta después del fin de la eternidad.

<<A lo mejor lo que nos une y nos impide desconfiar,
y cara a cara todo en una lucha afrontar,

<<es nuestro propio origen ancestral.
Puede que nuestro creador,
no quiere que ese sea el final.

<<¡Quién sabe que podría suceder en el futuro!
Creía todo saberlo,
y a consecuencia preverlo,
pero ahora solo sé que nada es seguro...

<<Me parezco más a él de lo que hubiese pensado.
Ambos somos completos ignorantes,
solo que nuestra ignorancia, en distintos niveles se ha situado>>.

Fue entonces, cuando de golpe su aspecto preció haber cambiado.
Aunque no tenía rostro, todas sus extremidades,
parecían de pura tensión haber contorsionado:

<<Sin embargo, lo importante es que aún tiene una oportunidad.
No ha estallado de nuevo afortunadamente.
Pero si lo hace... ¡entonces solo me quedará destrozarlo hasta el fin de la eternidad!>>

(Aquí acaba la parte XLI del poema... aunque,
obviamente, el hecho de ver estos paréntesis
debería ser pista suficiente. Siento haber tardado...
he escrito esto con algo de fiebre, pero me he asegurado
de que al menos tenga los típicos 200 versos de extensión...
Eso no significa que esto vaya a quedar inactivo para siempre
algún día. Volviendo al tema... me está encantando
como me está quedando el personaje de Enigine...
próximamente la parte XLII, el número que significa..
emm... ¿todo? Adios...)

(P.D: ¡Ha sido creada una página de lucha
con las estadísticas de Alfredo! Y está en
inglés, que queda profesional... la página está AQUÍ.
¿No es una pasada?  [aunque tampoco es para tanto :P])

domingo, 24 de diciembre de 2017

Poema Alfrediano: Parte XL

(Anteriormente, Alfredo descubre una aldea
alrededor del árbol en el que dejó a los humanos.
Tras un inquietante encuentro con estos,
la que parece ser la jefa de la aldea le ha 
invitado a su choza).

Entró Alfredo titubeante,
no por temor de qué le pudiera pasar,
si no por aquella situación desconcertante.

Una mescolanza entre intriga y curiosidad,
le embargaban en cuerpo y alma
hasta su totalidad.

Mientras la abuela cerraba la puerta de forma discreta
reparó en el interior de aquella caseta.

A pesar de ser tan rústica -era mayormente de madera-
tenía un aspecto ciertamente acogedor,
que no dejaba incómodo a cualquiera.

Las paredes eran de un agradable beige pálido,
había a la siniestra una mesa larga, con varios asientos.
Estaría en el comedor que se alzaba sobre esos cimientos.
En todo caso, se reflejaba un ambiente cálido.

Era una estructura circular,
puesto que toda se parecía situar,

en torno al gigante árbol en el que todo comenzó,
cuando a los primeros ¿o tal vez últimos?
de aquella especie encontró.

Esto le daba un aspecto ampliado,
a su vez amplificado,

con los grandes ventanales,
que hacían que la luz entrase
en cantidades garrafales.

En distintos puntos de las paredes habían objetos espirituales,
puede que utilizados en distintos rituales.

Entre estos distinguió varios atrapasueños,
¡quién sabe de cuantos sus redes serían dueños!

Habían amuletos y talismanes en cantidad difícilmente numerable,
pero Alfredo no se fijó en esos momentos en nada de ello.
Se fijó en que tenía en frente a la abuela, y desprendía un aura incomparable.

Sus huesos cansados estaban sobre una especie de sillón,
voluminoso como el más blando y fofo colchón,

pero de telas oscuras revestido,
dando un aspecto que infundía respeto,
a pesar de parecer cómodo y mullido.

Lo miraba sin ni siquiera pestañear,
con sus ojos arrugados y su vista envejecida,
como si algo en él intentase encontrar.

Reparó entonces en la sencillez de su ropaje.
En vez de lo que esperaba de un chamán,
-un fastuoso y ceremonial traje-,

Llevaba una modesta túnica de cuero,
y un pequeño colgante con un guijarro rojo,
puede que para protegerse del mal agüero.

Habló de repente, con una voz languidecida,
pero con una sensación de seguridad y sabiduría.
Parecía que llevaba esperando mucho este día,
y de lo que iba a decir estaría muy convencida:

<<Hacía mucho que no nos veíamos, ventosidad...
...creí que cuando volvieses por aquí,
mi alma ya habría pasado a la eternidad...>>

De modo que ya se habían visto en otro momento.
¿Pero como era aquello mínimamente posible?
¿Cuándo había visto a aquel encogido sarmiento?

<<¿No recuerdas a aquellos supervivientes?
El resto de esta aldea son sus descendientes...>>

Alfredo farfulló, casi hipnotizado:
<<El.. ¿resto?... entonces tú...>>
Respondió aquella a la ventosidad que había invitado.

<<Dos mujeres, dos hombres, un bebé y un abuelo...
yo soy aquella criatura casi recién nacida,
y ahora este pueblo entero tutelo>>.

Si quería dejar a Alfredo asombrado,
realmente lo había logrado.

No la había visto en el pasado más que durante un instante,
y ahora, aquel reencuentro le resultó harto emocionante.

<<Aquel anciano era en aquel clan el patriarca,
un chaman con una sabiduría que mucho abarca.

<<Cuando, a los pocos años, pereció,
fue mi padre el que el cargo heredó,

<<y fue hace ya mucho tiempo, demasiado,
cuando también el se fue a un lugar mejor,
y yo obtuve este puesto tan respetado.
En ese tiempo nada malo nos ha pasado.

<<Para hablar con total sinceridad,
no recordaba tu aspecto ni lo más mínimo,
¡ni siquiera estaba segura del todo de que fueses de verdad!

<<Cuando llegaste era demasiado menor,
como para poder recordar algo a mi alrededor.

<<Sin embargo, los otros cuatro que me acompañaban,
ellos si es cierto que te recordaban.

<<Dicen que gracias a ti aprendieron,
bajaron del gran árbol,
y sus miedos de una vez combatieron.

<<Creí que en realidad eras un ente metafórico,
una creencia o ejemplo de vida alegórico,

<<pero te defendían con tal énfasis y fervor,
que me acabé viendo obligada a creer,
que al fin y al cabo debía mi supervivencia a un pedo superior.>>

Se sentía en suma halagado.
¡Y todavía le recordaban,
seguía siendo memorado!

<<Solo hay una cosa que nadie comprendía.
Parece que afirmaste que te irías a recorrer el nuevo mundo,
pero añadiste que pasadas dos décadas volverías un buen día.

<<Mucho más tiempo ha pasado,
del que habías estipulado,

<<Y ha sido tras casi cinco veces ese lapso temporal,
cuando aquí has regresado, al final.>>

Contestó el pedo, sintiéndose más confiado:
<<Lo reconozco, y estoy sumamente avergonzado.

<<En mi travesía encontré cosas espectaculares,
contratiempos y sucesos fenomenales,

<<que retrasaron mi avance de forma prodigiosa.
Fue para mí una sensación horrorosa,

<<cuando supe lo que me retrasaba,
cada minuto que no regresaba.>>

Si Alfredo definió sus aventuras con tal ambigüedad,
fue para no hablar de las cucarachas, y así protegerlas,
fue por ello por lo que eludió la verdad.

<<Hablaré en un futuro a cualquier interesado,
ahora solo quiero saber más sobre vosotros,
sobre todo lo aquí sucedido y realizado>>.

La abuela, a pesar de su aspecto cansado,
por la propia vida y vejez marcado,

se mostró contenta de hablar.
Parecía que disfrutaba,
cuando sus experiencias podía narrar:

<<La primera parte la conozco por como me la contaron,
aquellos que a tu partida, solos prosperaron.

<<A tu ida, aquel mundo nuevo la familia se decidió a explorar.
Aunque verde y lleno de hierba, era un tanto peculiar.
No se presenciaba ningún otro árbol, ningún animal lográbamos hallar.

<<Decididos, en dirección contraria a la tuya algunos partieron,
y en el árbol, el anciano y mi madre conmigo en brazos esperaron.
Fue con la puesta del sol cuando al fin regresaron.

<<Llevaban los dos hombres y la mujer exploradores,
gran cantidad de frutos grandes, y rojos como las ascuas,
y dijeron que habían muchos más en los alrededores.

<<Sin embargo, en el gran árbol debíamos asentarnos,
por que allí era donde tu en el futuro vendrías a buscarnos.

<<Plantamos parte de los frutos bermellones,
y el resto fueron devorados sin contemplaciones.

<<Eran dulces... del tamaño de una mano, o algo mayor,
y de su piel blanda se exhalaba un agradable olor.

<<De sus semillas nacieron los árboles que ahora toda la aldea llenan,
y gracias a los cuales, las familias no mueren de inanición,
y todas las noches afortunadamente cenan.

<<Comimos esos y otros frutos durante los años posteriores,
pues no podíamos arriesgarnos a buscar animales para cazar,
si moría uno de los nuestros, el resto tendría muchas más complicaciones.

<<Una de las primeras cosas que me viene a la memoria,
fue el primer parto que he visto en la historia.

<<A penas había dejado de gatear,
pero en mi vieja memoria
ha querido ese recuerdo anidar>>.

<<Fue la otra mujer -no mi madre- la que parió,
y de allí un indefenso crío nació.

<<Fue entonces, con ya dos descendientes,
cuando los adultos comenzaron a correr riesgos más potentes.

<<Por primera vez vi animales,
según el anciano distintos a los del viejo mundo,
muy raros y anormales.

<<Pero su carne era jugosa,
y fueron añadidos sin ninguna opinión dudosa.

<<Aquellos que los cazaban,
eran muy experimentados,
y siempre intactos regresaban.

<<Algunos de esos animales no parecían ser muy peligrosos,
y fueron domesticados por nosotros rápidamente,
hasta dejarnos a todos nosotros un ganado bien hermoso,

<<de unas criaturas fofas y con mucho pelo rizado,
''ovejas negras'' decía mi sabio abuelo que se llamaban,
si mi memoria todavía no ha fallado.

<<A parte de eso, el resto es rápido de contar.
Pronto llegaron más descendientes,
rápidamente nos conseguimos multiplicar.

<<El título de líder y chaman de los nuestros,
ha ido siendo heredado hasta los restos.

<<Construimos todo esto con la madera de lo que daba cada fruto.
hicimos una empalizada de madera para protegernos de los animales,
que aunque nunca nos diezmaron, fue un movimiento astuto,

<<a nuestros descendientes de ti se les habló,
y hasta hace unas horas,
cada uno de los nuestros tu llegada aguardó.

<<En este momento, tu salida de mi casa aguardan.
Con todo, ya saben que acercarse a ti es letal,
así que no te extrañe si de ti algo se apartan.>>

Con esto todo concluyó.
Todo lo destacable contó.

<<Ahora, sal si quieres a explorar en derredor,
contempla lo que hemos hecho mientras estabas en el exterior.
¡Hemos logrado llegar muy lejos en tan poco tiempo,
y todo gracias a tu mensaje motivador!>>

Vio que no hacía falta contestar,
y tras un poco vacilar,
salió ahí fuera a mirar.

A ras del suelo veía todo sorprendido.
Tenía entendido que le costó milenios a los primeros hombres,
lo que estos en décadas habían conseguido.

El fuego, la agricultura, y el ganado,
cosas desarrolladas antaño a lo largo de centurias,
en menos de una estos humanos las habían logrado.

El mayor motivo es que ya poseían conocimientos.
Sus antepasados habían hecho todo aquello,
y su memoria colectiva se sostenía sobre los mismos cimientos.

<<Aún así esto muestra un inmenso potencial.
Con un poco de impulso, estos humanos
han progresado a ritmo demencial.>>

Entre dientes a sí mismo se decía.
<<Quien sabe si algún día,
progresaran hasta el punto,
de recuperar su antigua tecnología.>>

En todo caso, el destino de los humanos aún duraría.
Su extinción, sin duda mucho más tardaría.

(Fin de la parte XL. Cuando he comenzado a escribir esta,
quería hacer la coña de ponerle 300 versos, en lugar de los
habituales 200-220, por el tema de ser la parte ''XL''.
Pero por otra parte, debía acabar esta parte en nochebuena,
como regalo navideño a aquellos que leéis el poema, y también
a los que no lo leéis, y de pura chorra estáis viendo esto.
Así que he hecho lo que he podido en casi 2 horas. En todo
caso, si estás leyendo esto, ¡feliz navidad! Próximanente
vendrá la parte XLI. ¿Estará entrando este poema ya en
al crisis de los 40? Claro que no, ya ha empezado a ser
decadente desde la parte I... en resumidas cuentas, ¡Feliz
Navidad!)  

lunes, 11 de diciembre de 2017

Poema Alfrediano: parte XXXIX

(Anteriormente, Alfredo ha caído en un
profundo sueño, en el cual Enigine ha
aprovechado para hablarle, y advertirle
sobre la amenaza universal que suponen
sus enfados).

Alfredo despertó inmediantamente de aquel sueño,
aún sin sospechar que habían pasado incontables meses
mientras dormía como un leño.

Sin embargo, pronto se dio cuenta de que algo había pasado,
al ver que durante su larga ''ausencia'' todo el paisaje había cambiado.

Donde tan solo pastos y hierbas poblaban,
había crecido un bosque bastante decente
cuyos árboles gran altura alcanzaban.

Vio que trepaba por las ramas alguna que otra ardilla,
eso sí, con una piel entre negruzca y amarronada,
y una mirada rojiza, penetrante y mortecina,

semejante a las criaturas que contempló
cuando tiempo atrás,
su exploración por el nuevo mundo comenzó.

Definitivamente debía ser consecuencia de la restauración;
cuando la gran máquina del centro de la tierra se activó,
acabando con la mayoría del calcinado planeta con su explosión,
probablemente casi ningún animal sobrevivió.

Es posible por tanto, que la minoría de la fauna superviviente,
hubiese sufrido mutaciones, alteraciones, o algo similar.
Alfredo, en medio de este acto errático que era teorizar,
se preguntó si acaso los animales no serían más que una simiente,

semillas generadas junto con la reconstrucción planetaria,
que, además de reconstruir el mundo a un aspecto similar al que tenía,
también había sido capaz, gracias a su tecnología legendaria,

de producir una amalgama de fauna con un aspecto muy parecido,
al que tenía la hasta entonces existente, logrando sustituir así,
a todas las especies animales que en la remodelación habían perecido.

Quizá se podría explicar la región oscura por la que tiempo atrás viajó,
así como su fauna misteriosa y de ojos amarillos,
como un desliz que la máquina cometió.

Era una divagación bastante enrevesada,
pero todavía más lo era aquel nuevo y extraño mundo,
así que no se debía dar por descartada.

Decidió no pensar más en ello por el momento.
Pero algo mucho peor le llegó a la memoria,
quedando petrificado como el cemento:

<<¿Cómo es posible que todo esto tan rápido haya crecido,
en el tiempo que me he mantenido dormido?

<<Mi viaje solo había durado unas cuantas mañanas,
pero mientras dormía, ¡Los segundos, se han transformado en semanas!

<<Para que este bosque surja de una pradera,
en la que no avistaba arbustos siquiera,

<<¡Deben de haber pasado decenas de años!
¿Durante cuanto tiempo me han amparado estos castaños?>>

Lo que le llevó a caer en algo preocupante:
<<¿¡Qué ha sido de aquella familia de humanos!?>>
Exclamó con voz alarmante.

Había actuado de forma irresponsable.
Abandonar a esos pobres y desvalidos supervivientes,
con la excusa de que no dependiesen de sus poderes ''omnipotentes''...
Alfredo se sentía miserable.

Partió, flotando con toda su energía,
en la dirección por la que vino,
en lo que ahora era un lejano día.

Sin embargo, mientras regresaba no cesaba de mortificarse;
consternado, se temía lo peor para aquella raza,
y no cesaba de interrogarse.

No comprendía que clase de trastorno,
le había impulsado a irse,
llevándole a este angustioso retorno.

<<No volveré a abandonarles ni un minuto en el futuro>>,
decía un Alfredo exasperado y brioso,
creyendo que podía predecir sus actos de modo seguro.

El viaje fue realizado con excepcional velocidad,
debido a que ahora el entorno no exploraba,
si no que al lugar del que se fue raudo viajaba.
Con todo, a él le pareció una eternidad.

No era consciente del recorrido,
solo iba en línea recta,
más veloz de lo que nunca se hubiese movido.

Más allá del bosque se abría aquella estepa infinita,
que cruzó todavía con gran tensión,
convencido de que ahora tenía mayor extensión,
y llegando a convencerse de que debía estar maldita.

Poco antes de la décima jornada,
un temor recorrió la cabeza del pedo,
¿y si había tomado la dirección equivocada?

Llevaba mucho tiempo avanzando,
<<Dos semanas, seguramente,
y podría ser que al moverme esté errando>>

La solución era volver de nuevo hacia el lugar donde despertó,
y de allí, hacer el mismo recorrido, pero en la dirección contraria.
Enérgico, aquella idea fruto de la paranoia rechazó.

<<Siempre que he iniciado un viaje,
lo interesante sucede cuando estoy a punto de desistir,
cuando ya no me queda apenas coraje,
¡Así que ahora debo resistir!>>

Su determinación no fue en vano,
y fue en el amanecer siguiente,
cuando acabó la búsqueda de algún resto humano.

A lo lejos creyó ver una elevación.
La parte superior era de color verde,
la inferior, de tonalidad marrón.
Al principio pensó que era una visión.

Pero, cuando se acercaba,
vio que su vista no le engañaba.

¡Aquella elevación era el árbol gigante!
Pero nunca había recordado que su tronco,
tuviese un ancho semejante.

Cuando se acercó,
fue cuando comprendió.

¡Aquella anchura exagerada,
no era del propio árbol,
si no de una enorme empalizada!

Parece que alguien allí se había asentado.
Alfredo se detuvo en seco.
Si hubiese tenido corazón, le latiría descontrolado.
¡Los humanos habían prosperado!

Por una parte esto le aliviaba.
Pero por otra,
la culpabilidad le anegaba.

¿Quién sabe que penalidades tuvieron que pasar,
para aquella especie de diminuta aldea crear'

Pensó el pedo, no obstante,
que ese no era momento
para mostrarse vacilante.

Cuanto antes les abordase,
antes podría intentar que aquella raza
su irresponsabilidad perdonase.

Volvió a avanzar,
aunque su velocidad
no pudo evitar aminorar.

Le llegaron desde lejos voces juveniles,
y al acercarse una pizca más,
resonaron risas más infantiles.

Parece que habían pasado al menos un par de generaciones,
y aquellos serían los descendientes de los primeros humanos.
Nuestro pedo tuvo entonces buenas sensaciones.

Se encontraba a tan solo unas decenas de metros del asentamiento,
y decidió sobrevolarla y situarse encima de esta,
aunque supo que si le descubrían allí, sería algo violento.

Cuando se elevó por encima de aquellos muros de madera,
observó el interior de aquel lugar desde arriba,
quería ver así la población entera.

Veía en todo aquel perímetro circular,
casas toscas de madera con techo de paja.
En el centro de todas, como pudo observar,

había una más grande de lo normal.
Pero Alfredo conocía las costumbres humanas,
y sabía que esto era normal:

<<Seguramente viva ahí quien manda>>
Sabía que una casa mayor da sensación de poder,
como si le hiciese propaganda.

En torno al gran árbol estaba construida la residencia,
y este probablemente hacía de pilar principal.
Probablemente edificarla llevo mucho esfuerzo y paciencia

Frente a la entrada, había un pequeño espacio abierto.
<<Debe ser la plaza principal de la ciudad,
si estoy en lo cierto>>.

Se fijó en que habían más árboles plantados,
en distintos puntos situados.

En comparación con el gran árbol eran de menor tamaño,
<<Unos dos metros, menos que los que vi en el bosque antaño>>

Intuyó lo que parecía ser tierra arada,
en la parte trasera de uno de los hogares,
rodeada de una estacada.

Hubiese querido seguir observando,
pero de repente se dio cuenta de algo:
no se oía ni un alma respirando.

No estaba a mucha altura,
y pudo ver que había pasado
con gran soltura.

Los humanos miraban todos hacia el cielo.
El pedo sabía que le observaban a él.
Pensó que el miedo les había dejado parados como el hielo.

<<Cuando las piernas les respondan huirán en estampida>>
Se dijo en extremo pesimista,
nuestro gaseoso protagonista,
<<No dejaran ni tan solo que me despida>>

Pero se dio cuenta de que no estaban asustados.
En realidad, más bien estaban impresionados.

La mayoría en aquella plaza estaban,
algunos rezagados llegaron instantes después.
Al mirarle todos a la vez, ligeramente le avergonzaban.

¿Cuanta gente había?
Calculó Alfredo,
que de un centenar se trataría.

¿Habrían transmitido sus antepasados,
el mensaje de lealtad al pedo?
¿O la habrían declinado al creerse abandonados?

Una voz interrumpió su pensamiento,
un grito llevado hasta él por el viento:

<<¡Avisad a la chamana!>> creyó escuchar.
<<¡La chamana, la chamana!>>, repetían cada vez más voces,
mientras el se preguntaba de quién se podía tratar.

Varios de los adultos entraron en la gran residencia,
al mismo tiempo que seguían lanzando miradas de soslayo,
a aquella gaseosa pero confusa presencia.

Tras una espera incómoda y silenciosa,
(Ni a los humanos ni al propio Alfredo,
para romper el hielo se les ocurrió ninguna idea ingeniosa),

Los adultos volvieron a salir por la entrada.
Tras ellos, una persona muy anciana.
De piel cobriza y apergaminada,

Y espalda doblada por la edad,
su debilitado aspecto,
de por sí ya infundía piedad.

Aunque desde ahí arriba no lo podía del todo apreciar,
Alfredo se dio cuenta de su delgadez y baja estatura,
de una especie de decrepitud que la edad le había debido de causar.

Las gentes observaban por igual,
tanto a aquella menuda presencia,
como al cuesco inusual.

Este último, decidió descender lentamente,
solo a la mitad de altura que estaba,
para no llegar a alcanzar con su hedor a la gente.

Ahora la veía con más precisión
Se trataba de una anciana,
<<seguramente la chamana>>
o al menos a Alfredo le dio esa sensación.

Pareció comprender en seguida  por qué el pedo no descendía.
Tras hacer algunos gestos a los adultos que la habían acompañado,
estos apartaron al resto, quienes al comprender  lo sucedido,
se encerraron en sus casas, como si fuese de noche y hubiese acabado el día.

La plaza quedó desierta en un instante.
Solo aquella enigmática chamana quedaba.
Acabó pronto con aquella situación tan cortante.

Con un gesto le indicó a Alfredo que descendiera,
y que en la casa central se introdujera.

Y este, tras unos momentos de titubear,
Entró siguiendo a la abuela,
curioso por lo que esta le querría comunicar.

(Y aquí acaba esta parte. La verdad, la hubiese extendido
un poco más, pero unos 220 versos ya son bastantes de una
sola vez, ¿no?
Por cierto, ya echaba de menos seguir escribiendo las
aventuras de este protagonista. Llevaba tiempo sabiendo
lo que debía escribir, pero no encontraba el momento,
y tal. Ahora ya es seguro que este poema tiene entre 6000 y 6400
versos, y la mejor parte es que ya sé EXACTAMENTE como
dirigir la historia los próximos 4000. Esperemos que cuando haya
escrito esos 4000, ya se me hayan ocurrido otros tantos al menos...
Ya me estoy yendo por las ramas otra vez. Hasta otra y eso).

lunes, 18 de septiembre de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVIII

(Tras escapar de las galerías de las cucarachas,
Alfredo ha optado por darse un merecido descanso,
ya una vez en la superficie).

Alfredo se desvaneció tranquilo y satisfecho.
No tenía por qué temer a nadie más,
y ninguna cucaracha iría ahora a su acecho.

Y así, mientras en la plácida vegetación reposaba
pasó décadas durmiendo,
ajeno al mundo que le rodeaba.

Árboles grandes y frondosos brotaron,
y animales de todo tipo los poblaron.

Se formó alrededor suyo un bosque de gran tamaño,
mayor que cualquiera por el que hubiese pasado antaño.

Volvieron de nuevo las precipitaciones,
los días nublados, soleados y las estaciones.

La tierra que ahora le rodeaba,
ya se parecía a la que antes poblaba.

Sin embargo el todavía no lo puedo ver,
ya que estando dormido,
difícil hubiese tenido
poder algo a su alrededor esclarecer.

Pero fue su sueño espectacular,
lo que más vale la pena narrar.

Y es que nuestro pedo tiene una extraña habilidad:
hasta en los brazos de morfeo,
encuentra alguna aventura, desafío o adversidad.

Se encontraba en un espeluznante lugar,
uno por el que poco tiempo atrás,
se había visto obligado a escrutar.

Era aquella sala de tonalidad blanquecina,
en la que hace poco vio a las cucarachas
matar a sus vástagos en una ceremonia asesina.

Una aureola de misterio le envolvía,
en ese espacio siniestro
en el que no había noche ni día.

Tan realista era su percepción,
que al principio no se dio cuenta de que era un sueño,
creyendo que sufría una alucinación.

Miró entonces al suelo y al techo,
a los lados izquierdo y derecho.

No comprendía que hacía allí situado,
mucho menos como pudo haber llegado.

Entonces, sintió unas palabras en un tono familiar:
<<Alfredo... ¿te podrías girar?>>
Lo hizo acto reflejo y sin dudar.

Hacia donde ahora miraba, la habitación había cambiado.
Donde tenía que estar la puerta que daba al comedor,
había ahora un gran butrón iluminado,
del cual una luz blanca salía, iluminando todo en derredor.

<<Por favor... entra por este portal>>
Preguntó el aludido, desconfiado:
<<¿No encontraré ahí mi final?>>

Sintió una respuesta rápidamente:
<<¿Cómo voy a poder destruirte?
Me he metido en tu sueño para algo decirte,
y en este eres invulnerable, afortunadamente>>

El pedo cayó en ese momento en la cuenta,
de que solo estaba en una experiencia onírica,
y no en ninguna sala sangrienta.

Avanzó -aunque titubeante-
hacia aquella especie de portal,
cruzando al instante.

La luz le cegó como si al sol mirase,
le abrazó y envolvió;
sin vista quedaría hasta que se acostumbrase.

Sin embargo, pronto pudo asimilar ese destello,
viendo ante sus ojos lo que le ocultaba aquello.

En medio de esa bruma deslumbrante,
reconoció al autor de aquella palabrería
que recordaba de manera poco distante.

Su negra y peluda espalda,
sus patas de color gualda,

su rostro sin facciones,
y sus grandes orejas de tres pelos,
con las que captaba todos los recuerdos,
sueños, esperanzas y emociones.

Alfredo se quedó de golpe parado.
Resultaba incomodo volver a ver a Enigine.
Especialmente después de como se había portado.

<<Tenía mucho de lo que hablar.
Y tu extenso letargo,
es la mejor situación que podía encontrar.>>

Alfredo, a pesar de no ser rencoroso,
seguía mosqueado con aquel zorro misterioso.

Pero antes de hacérselo saber,
este ya lo pudo entrever:

<<Sé que te debo una disculpa.
Cometí un grave error,
y fue todo por mi culpa.

<<Es por eso que a modo de compensación,
recibirás una justificada explicación.>>

Puesto que en esencia,
Alfredo no deseaba otra cosa de él,
toleró de buen grado su presencia.

Y así, el zorro interdimensional,
confesó reveladores secretos al final:

<<Como te he contado, nací en un tiempo primigenio,
al parecer por designios de algún Dios o ente de gran ingenio. 

<<Aparecí en una de tantas dimensiones incompletas,
sin siquiera estrellas, astros o planetas.

<<Sin embargo, era consciente,
de que habían muchos otros universos,
creados por la misma entidad omnipotente.

<<Tardé mucho en aprender a desplazarme,
no menos en acostumbrarme.

<<Finalmente, tras largos espacios atemporales,
y pasadas realidades vacías y simplemente estomagantes.

<<Llegué al lugar más perfecto de todos los ideados.
Una realidad dotada de espacio, tiempo... ¡y vida!
Se nota que el responsable con más amor no la pudo haber creado.

<<Me refiero a aquella en la que tu has nacido,
¡la dimensión definitiva y más magnífica!
Y en la que durante eones más cómodo me he sentido.

<<Relativamente, tú naciste hace apenas un instante...
pero tu aparición es quizá en este caótico universo,
el evento más importante>>

Tras esta peculiar introducción,
Alfredo estaba más que nunca
anegado por la confusión.

Sin embargo, sintió que faltaba poco,
para aclarar sus cada vez mayores dudas,
que a cada momento le taladraban más el coco.
Así que calló, y dejó proseguir a esa criatura, sin censuras:

<<Al igual que yo, eres algo totalmente diferente.
Un misterioso y revolucionario ente.

<<Verás, nosotros dos, a estas alturas,
somos las únicas criaturas

<<creadas de forma directa,
por esa especie de dios,
y de forma casi perfecta.

<<Ningún otro ser vivo imaginable,
ha sido creado a manos de la presunta deidad;
son tan solo producto de uno de sus universos, en realidad.
Pero tu y yo somos algo totalmente inabarcable.

<<Ninguno de los dos ha nacido de forma natural.
No tendríamos que existir ni ser algo ''real''.

<<Nuestra existencia es algo que contradice cualquier principio universal,
¡Estamos por encima de las leyes del continuo espacio tiempo,
ya que nuestra existencia ha sucedido al margen de cualquier propiedad espacial!>>

La ventosidad, sin saber por qué, sintió que hablaba con veracidad,
y creyó sus palabras con total rotundidad.

<<Sin embargo, nuestro ''padre'' cometió un error...
...como pronto averigüé con pavor.>>

<<Este universo no es tan ''perfecto'' como pensé al principio.
No me satisface tener que decirte esto...
pero tu existencia hace que estemos al borde del precipicio.>>

Alfredo no pudo callar más, tal era su conmoción:
<<¿¡Mi existencia hace peligrar al universo entero!?
¿¡Insinúas que debería desaparecer como solución!?>>

Enigine, también incómodo en ese momento,
procedió a seguir hablando,
con la esperanza de paliar en el otro el descontento.

<<¡No es eso lo que pretendía decir, exactamente!
Simplemente, la existencia de dos seres como nosotros,
ha dejado a esta dimensión en una situación preocupante.

<<Por lo que pude averiguar, la totalidad de las realidades,
tiene un único punto débil en común:
sólo pueden albergar a un ser con nuestras propiedades.

<<Cuando nací, probablemente mi creador
no había imaginado que añadiría a alguien como yo
en ningún tiempo posterior.

<<A lo mejor, por olvido o curiosidad,
decidió añadirte a ti mucho tiempo después,
a una consciente y enigmática ventosidad.

<<El caso es que en un tiempo reciente,
los universos cada vez están experimentando más anomalías.
¡Han llegado a desaparecer varios en pocos días!
Y la situación es muy preocupante.

<<Este, y todos los demás,
están cerca de llegar a un punto,
en el que no habrá marcha atrás.

<<Si ese momento llega a cumplirse,
todas las dimensiones colapsarán sin remedio,
y nada de ellas -ni siquiera nosotros- podrá salvarse.

<<Pero en realidad, no es tu presencia en sí lo problemático.
Lo que ha causado mayormente problema titánico...

<<...son tus arrebatos de enfado.
Cuando te tornabas rojizo y te hinchabas,
y solo la ira estaba de tu lado,

<<en esos momentos, la degeneración interdimensional,
se acelera de una manera exponencial.

<<Aunque debí advertirte hace bastante,
no lo hice, sufría un miedo constante.

<<¿Y si reaccionabas de tal manera,
que el universo del todo se autodestruyera?

<<Fue por eso por lo que me reuní contigo en aquella dimensión.
Pero al final, aquel temor se adueñó de mi,
y no fui capaz de llegar a esta conclusión.

<<Cuando me llamaste, mientras estabas atrapado,
¡no contaba con que te hubieses mosqueado!

<<Si hubieses buscado una salida un poco más esmeradamente,
te hubieses dado cuenta de que había una pequeñísima grieta.
Tus nervios te impidieron percibir nada, realmente.

<<Tan solo deseo que de otro no dependas,
y cuando estés en apuros,
suplicándome no vengas.

<<¿No es lo que con tus humanos haces?
No lo hice con mala intención,
son mis pensamientos más veraces.>>

Procedió un silencio inquietante,
antes de que Alfredo,
sintiese más ''palabrería pensante'':

<<El sueño se está acabando.
Antes de que te des cuenta,
ya te estarás desperezando.

<<Solo quiero que te quedes con el mensaje.
No vuelvas a dejarte llevar por la ira.

<<Tal vez si no sufres una nueva explosión,
podamos librarnos de la aniquilación.

<<Aunque tu presencia podría considerarse alarmante,
quizá por si sola no logrará deteriorar más la situación,
y escaparemos de un final apabullante.>>

La luz que rodeaba a Alfredo, de nuevo se intensificó,
y en breves instantes, del todo le cegó.

<<Espero que nos veamos en otra ocasión.
Y si sabes mantener la calma,
no tendrás por qué pasar ninguna preocupación>>

(Y así, el poema vuelve a la vida.
El autor -yo- ha ganduleado demasiado
en este proyecto. Hora de volver al tajo).


sábado, 16 de septiembre de 2017

Alfredo vuelve.

¡Hola Alfredievers! Me he fijado en que hace bastante tiempo dejé un mensaje en el que decía que dejaba de escribir temporalmente, para sacar un libro con este poema. JE.

No voy a negarlo al 100%. A ver, no está en mis planes ahora mismo, pero puede ser que algún día lo haga. Es improbable, en todo caso. Así que de momento, dejemos esa movida como ''pospuesta''.

(Antes de pasar al contenido principal, el poema ya tiene twitter. Click AQUÍ para visitarlo).

El caso es que con la tontería me he pasado meeeses sin escribir nada. Ni una nueva línea. Podría decirse que me han servido de ''medio año sabático'', en el que he aprovechado para meterme en más proyectos todavía, y en suma, he pasado grandes momentos ociosos.

Sin embargo, estos momentos han hecho que vosotros, mis lectores, no podáis seguir consumiendo las extrañas aventuras de este no menos raro poema. Sé que, en los momentos que escribo estas líneas lastimeras, no soy precisamente una super estrella: Soy consciente de que mi número de ''fans'' se pueden contar con los dedos de las dos manos, el de lectores con los de una sola, y no me extrañaría que nadie se haya llegado a leer el poema entero, o siquiera la mitad.

También he recibido criticas (constructivas a menudo), que dicen que este poema ya está alargándose innecesariamente (no lo niego, pero no voy a parar ahora), y los versos cada vez se hacen más pesados. Sumemos a esto el uso excesivo del ripio (rimas fáciles, como dos verbos [llegado, matado]).

Sí, sé que el poema no es perfecto ni de casualidad, y que los pocos que lo siguen son conscientes de que esto ''ya se está yendo de madre''. Pero eso no es excusa para haber parado todo este tiempo. Aunque sea, como respeto al propio Alfredo.

Por eso, este poema volverá a ser prolongado en breves. Porque, hemos superado los 6000 versos. Sí, 6000, ese es el número que hemos compartido con Alfredo hasta ahora. Y si hemos alcanzado 6000 versos, podremos llegar a 10000, y hasta los que haga falta. ¡Sí, señor! Alfredo aún tiene muchas correrías que vivir. Habrán momentos mejores, otros peores. Pero a nuestra ventosidad aún le quedan muchas correrías y aventuras que vivir antes de alcanzar su destino final. Así pues, ¡deseemos 10, no, 100, o mejor, 1000 años más de Alfredo! ¡Alfredo hasta siempre! ¡De ahora en adelante, y hasta mucho más allá!

Gracias por tu atención. Si has llegado a leer toda esta lastimera nota, te lo agradecemos, Alfredo y yo. Intentaré publicar en breves.

viernes, 17 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVII

Pedo y científico quedaron paralizados,
y en instantes fueron rodeados.

A pesar de la enorme envergadura
que el disfraz el científico alcanzaba,
derribaron contra el suelo sus cinco metros de altura.

<<¡Soltadme, seres despreciables!
¡Soy vuestro dios! ¡No podéis hacerme esto!
¡Os ejecutaré como ratas miserables!>>

El científico estaba más enfadado que asustado.
Una cucaracha al final de la sala le habló,
con una tono de voz firme pero calmado:

<<EL ÚNICO DESPRECIABLE AQUÍ ES SU MAJESTAD.
AHORA QUE LA REVUELTA HA TRIUNFADO,
NO TOLERARÉ OTRO REINADO DE ATROCIDAD>>.

Alfredo reconoció a la cucaracha que esto decía.
 <<¡Grugnig! ¡Creí que nunca más te vería!>>

<<AÚN NO ESTABA EN PAZ CONTIGO.
NI CREO QUE JAMÁS LO ESTÉ,
NI YO NI MI ESPECIE, AMIGO.

<<LA REVOLUCIÓN ENTRE NUESTRAS GALERÍAS HA COMENZADO.
LA HE DIRIGIDO YO PERSONALMENTE, Y ESTÁ SIENDO UN ÉXITO.
PERO ADEMÁS, A TODAS ELLAS LA VERDAD LES HE CONTADO.

<<AL PRINCIPIO CREÍ QUE ME IBAN A EJECUTAR,
PERO TODAS ME PERDONARON POR MIS ACTOS.
EL HECHO DE QUE HAYA TENIDO VALOR PARA CONFESAR,

<<Y DE HABER AYUDADO A NUESTRA ESPECIE A RECTIFICAR,
HA CAUSADO ADMIRACIÓN ENTRE LAS MÍAS,
A PESAR DE LAS MUCHAS AMIGAS QUE HE VISTO ASESINAR.

<<POR ESO, AHORA SERÉ LA ENCARGADA DE GOBERNAR.
VIVIREMOS DE FORMA MUCHO MÁS CIVILIZADA,
¡NO IMAGINAS LO LEJOS QUE PODEMOS LLEGAR!

<<PERO SIN TÍ ESTO NO HABRÍA ESTALLADO.
LOS ASESINATOS SEGUIRÍAN,
Y ESTE MUNDO PERMANECERÍA CONDENADO.

<<TODAS LAS CUCARACHAS SABEN TU CUAL HA SIDO TU PAPEL.
CUANDO ACABE LA REVOLUCIÓN ENTRE LAS NUESTRAS,
TODAS TE ADORARAN COMO SU NUEVO DIOS EN TROPEL.

<<PERO ESO NO PODRÁ OCURRIR...
LOS DOS SABEMOS QUE TE QUIERES IR...>>

Grugnig agachó la cabeza, entristecido.
Cada vez sentía más afecto por ese pedo,
y la despedida era lo último que hubiese querido.

Alfredo realmente quería irse,
ya que de los primeros humanos
acababa de acordarse.

Pero por otra parte, despedirse de aquellas criaturas,
e irse de esa galería cada vez menos infernal,
le parecía un triste e incompleto final
llegados a estas alturas.

<<Grugnig, creo que serás el mejor
dirigiendo a tu especie por el buen camino.
Tienes mi total favor.

<<Pero antes de partir,
dos cosas te debo pedir.>>

<<TODAS LAS QUE QUIERAS, GRAN PEDO.>>
<<Primero: ahora que sabéis que todas las profecías eran falsas,
probablemente esto os importe in bledo...

<<Pero no subáis al mundo exterior.
No solo lo pido como un favor,

<<es más bien una recomendación.
Ahí arriba viven humanos...
y quien sabe, al veros, cual sería su reacción.

<<No son criaturas perversas, en general...
digamos que ninguno comparte la misma moral.

<<Si os viesen os tomarían por seres malvados.
Iniciarían una guerra, y esta vez de verdad.
No quiero que nadie sea asesinado...>>

Al contrario de lo que el pedo imaginó,
Grugnig a buenas se lo tomó:

<<NO HABRÁ NINGUN PROBLEMA AL RESPECTO.
PARA SER SINCEROS, ESTE MUNDO
ES NUESTRO HÁBITAT PERFECTO.

<<TAN SOLO QUERIAMOS SUBIR POR VENGANZA,
PARA INICIAR UNA GUERRA ABSURDA,
SOSTENIDA SOBRE UNA FALSA MATANZA.>>

<<El segundo favor que debo pedir...
es que a ningun humano debéis herir.

<<Aunque anteriormente hicieron la superficie trizas,
no tienen por qué ser una amenaza para nadie.
Es una especie excepcional, capaz de resurgir de sus cenizas.

<<Yo personalmente velaré por los seres humanos
Sé que no cometerán los mismos errores,
y también que mis esfuerzos no serán vanos.

<<Sé que después de ver a este ''rey'' impostor,
 la sola mención de su especie os inspirará terror...

<<Pero él es solo una excepción.
Su odio hacia los suyos y hacia toda forma de vida,
son la causa de su crueldad y enajenación.>>

Con todo, Grugnig aceptó su argumentación:
<<ME VEO OBLIGADO A CREERTE, GRAN PEDO.
LA VIOLENCIA NO DEVOLVERÁ A NADIE DE SU DEFUNCIÓN.

<<AÚN ASÍ, ESTE HUMANO HA SIDO MALVADO,
Y SI LE DEJAMOS IR PODRÍA SER UN PELIGRO.
POR ELLO, SE QUEDARÁ AQUÍ PARA SIEMPRE, ENCARCELADO.>>

Alfredo se quedó satisfecho.
El científico, aunque aún aturdido
y contrahecho,

protestó con toda su energía,
e intentó zafarse de las cucarachas,
pero la fuerza de estas se lo impedía.

<<LLEVAOS A ESTE DELINCUENTE,
Y ENCERRADLO EN LAS PROFUNDIDADES,
AISLADO DE TODA CUCARACHA DECENTE.>>

El científico, arrastrado,
se fue, junto con las cucarachas
que allí habían entrado.

Antes de cerrarse la puerta principal,
escuchó aún la voz del anciano,
clamando un augurio fatal:

<<Esta vez no ha podido ser, Alfredo,
¡pero llegará el día en el que seas mío!
¡Los humanos se evaporarán como gotas de rocío!
¡Y lo mejor es que tu mismo lo harás, asqueroso pedo!>>

Un mar de carcajadas histéricas inundó el pasadizo,
distorsionadas por el eco, y cada vez más lejanas,
mientras se llevaban a ese personaje enfermizo.

Alfredo ignoró como pudo aquella voz demente.
Ahora estaban solos en la sala Grugnig y Alfredo:
<<NO TE PREOCUPES, CON ÉL SERÉ CLEMENTE.

<<EN CUANTO A TÍ, CREO QUE YA ES HORA DE PARTIR.
HA SIDO UNA GRAN EXPERIENCIA PARA LOS DOS...
A PESAR DE QUE TANTAS CRIATURAS HAYAS VISTO MORIR...>>

Alfredo escuchó un débil ruido sobre su cabeza.
Sabía que era la trampilla de salida,
abierta por un mecanismo con gran delicadeza.
Era la hora de la despedida.

<<Cucarachas, Grugnig, siempre os recordaré.
Sois un ejemplo de que todos podemos cambiar a mejor.
Cuando la humanidad renazca, ese pensamiento siempre tendré.>>

Ambos sabían que no había que forzar más esta despedida.
Tras mirar aquella sala tétrica a su alrededor,
sonrió feliz de haber salvado a aquella especie de perpetuar el horror.
Atravesó entonces la rejilla de salida.

Aquel tunel vertical, terroso,
que la primera vez que bajó,
le condujo a un reino horroroso,

ahora le sacaba de un lugar lleno de esperanza,
exento desde ese momento de la crueldad y la matanza.

Recorrió este acceso a su verdadero hogar.
El mundo exterior, que ahora echaba tanto a faltar.

Tras un rato de recorrido,
la luz del exterior ya había percibido.

Y breves momentosmás adelante,
Alfredo lo terminó alcanzando.
El paisaje, de bello que era le resultó intimidante.

Era una preciosa mañana soleada.
Los rayos de sol acariciaban la hierba
que rodeaba la llana e inmensa explanada.

Alfredo llevaba meses sin ver el gran astro brillar.
Sintió necesidad, ante tal belleza y encuentro exterior,
de ponerse inevitablemente a llorar.

Después del shock inicial,
flotó en derredor con alegría,
hasta que al final,

se tumbó en el suelo agotado.
La noche llegaba ahora,
pues el resto del día fugaz había pasado.

Se tumbó encima de unos pequeños matojos,
que el tiempo había secado
hasta convertir en insignificantes despojos.

Un agarrotamiento recorrió lo más profundo de su alma.
Los ojos cada vez más se entrecerraban,
y finalmente se dejó llevar por el ambiente de calma.

Así acabo totalmente dormido,
por una suave brisa nocturna mecido,

al igual que cuando el planeta salvó,
feliz por el deber cumplido,
durante largo tiempo roncó.

(Seguro que hay quien cree que esto
es casi el final del poema, ¿no? Alfredo
salva a los bichos malos, y seguramente
de un modo mágico ya cumplirá su sueño
de ser humano. 3 o 4 partes más y ''se finí''.
A esa gente, solo me gustaria decirle lo siguiente:
el poema ni siquiera ha comenzado aún.
Próximamente la esperada (?) parte XXXVIII)