lunes, 11 de diciembre de 2017

Poema Alfrediano: parte XXXIX

(Anteriormente, Alfredo ha caído en un
profundo sueño, en el cual Enigine ha
aprovechado para hablarle, y advertirle
sobre la amenaza universal que suponen
sus enfados).

Alfredo despertó inmediantamente de aquel sueño,
aún sin sospechar que habían pasado incontables meses
mientras dormía como un leño.

Sin embargo, pronto se dio cuenta de que algo había pasado,
al ver que durante su larga ''ausencia'' todo el paisaje había cambiado.

Donde tan solo pastos y hierbas poblaban,
había crecido un bosque bastante decente
cuyos árboles gran altura alcanzaban.

Vio que trepaba por las ramas alguna que otra ardilla,
eso sí, con una piel entre negruzca y amarronada,
y una mirada rojiza, penetrante y mortecina,

semejante a las criaturas que contempló
cuando tiempo atrás,
su exploración por el nuevo mundo comenzó.

Definitivamente debía ser consecuencia de la restauración;
cuando la gran máquina del centro de la tierra se activó,
acabando con la mayoría del calcinado planeta con su explosión,
probablemente casi ningún animal sobrevivió.

Es posible por tanto, que la minoría de la fauna superviviente,
hubiese sufrido mutaciones, alteraciones, o algo similar.
Alfredo, en medio de este acto errático que era teorizar,
se preguntó si acaso los animales no serían más que una simiente,

semillas generadas junto con la reconstrucción planetaria,
que, además de reconstruir el mundo a un aspecto similar al que tenía,
también había sido capaz, gracias a su tecnología legendaria,

de producir una amalgama de fauna con un aspecto muy parecido,
al que tenía la hasta entonces existente, logrando sustituir así,
a todas las especies animales que en la remodelación habían perecido.

Quizá se podría explicar la región oscura por la que tiempo atrás viajó,
así como su fauna misteriosa y de ojos amarillos,
como un desliz que la máquina cometió.

Era una divagación bastante enrevesada,
pero todavía más lo era aquel nuevo y extraño mundo,
así que no se debía dar por descartada.

Decidió no pensar más en ello por el momento.
Pero algo mucho peor le llegó a la memoria,
quedando petrificado como el cemento:

<<¿Cómo es posible que todo esto tan rápido haya crecido,
en el tiempo que me he mantenido dormido?

<<Mi viaje solo había durado unas cuantas mañanas,
pero mientras dormía, ¡Los segundos, se han transformado en semanas!

<<Para que este bosque surja de una pradera,
en la que no avistaba arbustos siquiera,

<<¡Deben de haber pasado decenas de años!
¿Durante cuanto tiempo me han amparado estos castaños?>>

Lo que le llevó a caer en algo preocupante:
<<¿¡Qué ha sido de aquella familia de humanos!?>>
Exclamó con voz alarmante.

Había actuado de forma irresponsable.
Abandonar a esos pobres y desvalidos supervivientes,
con la excusa de que no dependiesen de sus poderes ''omnipotentes''...
Alfredo se sentía miserable.

Partió, flotando con toda su energía,
en la dirección por la que vino,
en lo que ahora era un lejano día.

Sin embargo, mientras regresaba no cesaba de mortificarse;
consternado, se temía lo peor para aquella raza,
y no cesaba de interrogarse.

No comprendía que clase de trastorno,
le había impulsado a irse,
llevándole a este angustioso retorno.

<<No volveré a abandonarles ni un minuto en el futuro>>,
decía un Alfredo exasperado y brioso,
creyendo que podía predecir sus actos de modo seguro.

El viaje fue realizado con excepcional velocidad,
debido a que ahora el entorno no exploraba,
si no que al lugar del que se fue raudo viajaba.
Con todo, a él le pareció una eternidad.

No era consciente del recorrido,
solo iba en línea recta,
más veloz de lo que nunca se hubiese movido.

Más allá del bosque se abría aquella estepa infinita,
que cruzó todavía con gran tensión,
convencido de que ahora tenía mayor extensión,
y llegando a convencerse de que debía estar maldita.

Poco antes de la décima jornada,
un temor recorrió la cabeza del pedo,
¿y si había tomado la dirección equivocada?

Llevaba mucho tiempo avanzando,
<<Dos semanas, seguramente,
y podría ser que al moverme esté errando>>

La solución era volver de nuevo hacia el lugar donde despertó,
y de allí, hacer el mismo recorrido, pero en la dirección contraria.
Enérgico, aquella idea fruto de la paranoia rechazó.

<<Siempre que he iniciado un viaje,
lo interesante sucede cuando estoy a punto de desistir,
cuando ya no me queda apenas coraje,
¡Así que ahora debo resistir!>>

Su determinación no fue en vano,
y fue en el amanecer siguiente,
cuando acabó la búsqueda de algún resto humano.

A lo lejos creyó ver una elevación.
La parte superior era de color verde,
la inferior, de tonalidad marrón.
Al principio pensó que era una visión.

Pero, cuando se acercaba,
vio que su vista no le engañaba.

¡Aquella elevación era el árbol gigante!
Pero nunca había recordado que su tronco,
tuviese un ancho semejante.

Cuando se acercó,
fue cuando comprendió.

¡Aquella anchura exagerada,
no era del propio árbol,
si no de una enorme empalizada!

Parece que alguien allí se había asentado.
Alfredo se detuvo en seco.
Si hubiese tenido corazón, le latiría descontrolado.
¡Los humanos habían prosperado!

Por una parte esto le aliviaba.
Pero por otra,
la culpabilidad le anegaba.

¿Quién sabe que penalidades tuvieron que pasar,
para aquella especie de diminuta aldea crear'

Pensó el pedo, no obstante,
que ese no era momento
para mostrarse vacilante.

Cuanto antes les abordase,
antes podría intentar que aquella raza
su irresponsabilidad perdonase.

Volvió a avanzar,
aunque su velocidad
no pudo evitar aminorar.

Le llegaron desde lejos voces juveniles,
y al acercarse una pizca más,
resonaron risas más infantiles.

Parece que habían pasado al menos un par de generaciones,
y aquellos serían los descendientes de los primeros humanos.
Nuestro pedo tuvo entonces buenas sensaciones.

Se encontraba a tan solo unas decenas de metros del asentamiento,
y decidió sobrevolarla y situarse encima de esta,
aunque supo que si le descubrían allí, sería algo violento.

Cuando se elevó por encima de aquellos muros de madera,
observó el interior de aquel lugar desde arriba,
quería ver así la población entera.

Veía en todo aquel perímetro circular,
casas toscas de madera con techo de paja.
En el centro de todas, como pudo observar,

había una más grande de lo normal.
Pero Alfredo conocía las costumbres humanas,
y sabía que esto era normal:

<<Seguramente viva ahí quien manda>>
Sabía que una casa mayor da sensación de poder,
como si le hiciese propaganda.

En torno al gran árbol estaba construida la residencia,
y este probablemente hacía de pilar principal.
Probablemente edificarla llevo mucho esfuerzo y paciencia

Frente a la entrada, había un pequeño espacio abierto.
<<Debe ser la plaza principal de la ciudad,
si estoy en lo cierto>>.

Se fijó en que habían más árboles plantados,
en distintos puntos situados.

En comparación con el gran árbol eran de menor tamaño,
<<Unos dos metros, menos que los que vi en el bosque antaño>>

Intuyó lo que parecía ser tierra arada,
en la parte trasera de uno de los hogares,
rodeada de una estacada.

Hubiese querido seguir observando,
pero de repente se dio cuenta de algo:
no se oía ni un alma respirando.

No estaba a mucha altura,
y pudo ver que había pasado
con gran soltura.

Los humanos miraban todos hacia el cielo.
El pedo sabía que le observaban a él.
Pensó que el miedo les había dejado parados como el hielo.

<<Cuando las piernas les respondan huirán en estampida>>
Se dijo en extremo pesimista,
nuestro gaseoso protagonista,
<<No dejaran ni tan solo que me despida>>

Pero se dio cuenta de que no estaban asustados.
En realidad, más bien estaban impresionados.

La mayoría en aquella plaza estaban,
algunos rezagados llegaron instantes después.
Al mirarle todos a la vez, ligeramente le avergonzaban.

¿Cuanta gente había?
Calculó Alfredo,
que de un centenar se trataría.

¿Habrían transmitido sus antepasados,
el mensaje de lealtad al pedo?
¿O la habrían declinado al creerse abandonados?

Una voz interrumpió su pensamiento,
un grito llevado hasta él por el viento:

<<¡Avisad a la chamana!>> creyó escuchar.
<<¡La chamana, la chamana!>>, repetían cada vez más voces,
mientras el se preguntaba de quién se podía tratar.

Varios de los adultos entraron en la gran residencia,
al mismo tiempo que seguían lanzando miradas de soslayo,
a aquella gaseosa pero confusa presencia.

Tras una espera incómoda y silenciosa,
(Ni a los humanos ni al propio Alfredo,
para romper el hielo se les ocurrió ninguna idea ingeniosa),

Los adultos volvieron a salir por la entrada.
Tras ellos, una persona muy anciana.
De piel cobriza y apergaminada,

Y espalda doblada por la edad,
su debilitado aspecto,
de por sí ya infundía piedad.

Aunque desde ahí arriba no lo podía del todo apreciar,
Alfredo se dio cuenta de su delgadez y baja estatura,
de una especie de decrepitud que la edad le había debido de causar.

Las gentes observaban por igual,
tanto a aquella menuda presencia,
como al cuesco inusual.

Este último, decidió descender lentamente,
solo a la mitad de altura que estaba,
para no llegar a alcanzar con su hedor a la gente.

Ahora la veía con más precisión
Se trataba de una anciana,
<<seguramente la chamana>>
o al menos a Alfredo le dio esa sensación.

Pareció comprender en seguida  por qué el pedo no descendía.
Tras hacer algunos gestos a los adultos que la habían acompañado,
estos apartaron al resto, quienes al comprender  lo sucedido,
se encerraron en sus casas, como si fuese de noche y hubiese acabado el día.

La plaza quedó desierta en un instante.
Solo aquella enigmática chamana quedaba.
Acabó pronto con aquella situación tan cortante.

Con un gesto le indicó a Alfredo que descendiera,
y que en la casa central se introdujera.

Y este, tras unos momentos de titubear,
Entró siguiendo a la abuela,
curioso por lo que esta le querría comunicar.

(Y aquí acaba esta parte. La verdad, la hubiese extendido
un poco más, pero unos 220 versos ya son bastantes de una
sola vez, ¿no?
Por cierto, ya echaba de menos seguir escribiendo las
aventuras de este protagonista. Llevaba tiempo sabiendo
lo que debía escribir, pero no encontraba el momento,
y tal. Ahora ya es seguro que este poema tiene entre 6000 y 6400
versos, y la mejor parte es que ya sé EXACTAMENTE como
dirigir la historia los próximos 4000. Esperemos que cuando haya
escrito esos 4000, ya se me hayan ocurrido otros tantos al menos...
Ya me estoy yendo por las ramas otra vez. Hasta otra y eso).

lunes, 18 de septiembre de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVIII

(Tras escapar de las galerías de las cucarachas,
Alfredo ha optado por darse un merecido descanso,
ya una vez en la superficie).

Alfredo se desvaneció tranquilo y satisfecho.
No tenía por qué temer a nadie más,
y ninguna cucaracha iría ahora a su acecho.

Y así, mientras en la plácida vegetación reposaba
pasó décadas durmiendo,
ajeno al mundo que le rodeaba.

Árboles grandes y frondosos brotaron,
y animales de todo tipo los poblaron.

Se formó alrededor suyo un bosque de gran tamaño,
mayor que cualquiera por el que hubiese pasado antaño.

Volvieron de nuevo las precipitaciones,
los días nublados, soleados y las estaciones.

La tierra que ahora le rodeaba,
ya se parecía a la que antes poblaba.

Sin embargo el todavía no lo puedo ver,
ya que estando dormido,
difícil hubiese tenido
poder algo a su alrededor esclarecer.

Pero fue su sueño espectacular,
lo que más vale la pena narrar.

Y es que nuestro pedo tiene una extraña habilidad:
hasta en los brazos de morfeo,
encuentra alguna aventura, desafío o adversidad.

Se encontraba en un espeluznante lugar,
uno por el que poco tiempo atrás,
se había visto obligado a escrutar.

Era aquella sala de tonalidad blanquecina,
en la que hace poco vio a las cucarachas
matar a sus vástagos en una ceremonia asesina.

Una aureola de misterio le envolvía,
en ese espacio siniestro
en el que no había noche ni día.

Tan realista era su percepción,
que al principio no se dio cuenta de que era un sueño,
creyendo que sufría una alucinación.

Miró entonces al suelo y al techo,
a los lados izquierdo y derecho.

No comprendía que hacía allí situado,
mucho menos como pudo haber llegado.

Entonces, sintió unas palabras en un tono familiar:
<<Alfredo... ¿te podrías girar?>>
Lo hizo acto reflejo y sin dudar.

Hacia donde ahora miraba, la habitación había cambiado.
Donde tenía que estar la puerta que daba al comedor,
había ahora un gran butrón iluminado,
del cual una luz blanca salía, iluminando todo en derredor.

<<Por favor... entra por este portal>>
Preguntó el aludido, desconfiado:
<<¿No encontraré ahí mi final?>>

Sintió una respuesta rápidamente:
<<¿Cómo voy a poder destruirte?
Me he metido en tu sueño para algo decirte,
y en este eres invulnerable, afortunadamente>>

El pedo cayó en ese momento en la cuenta,
de que solo estaba en una experiencia onírica,
y no en ninguna sala sangrienta.

Avanzó -aunque titubeante-
hacia aquella especie de portal,
cruzando al instante.

La luz le cegó como si al sol mirase,
le abrazó y envolvió;
sin vista quedaría hasta que se acostumbrase.

Sin embargo, pronto pudo asimilar ese destello,
viendo ante sus ojos lo que le ocultaba aquello.

En medio de esa bruma deslumbrante,
reconoció al autor de aquella palabrería
que recordaba de manera poco distante.

Su negra y peluda espalda,
sus patas de color gualda,

su rostro sin facciones,
y sus grandes orejas de tres pelos,
con las que captaba todos los recuerdos,
sueños, esperanzas y emociones.

Alfredo se quedó de golpe parado.
Resultaba incomodo volver a ver a Enigine.
Especialmente después de como se había portado.

<<Tenía mucho de lo que hablar.
Y tu extenso letargo,
es la mejor situación que podía encontrar.>>

Alfredo, a pesar de no ser rencoroso,
seguía mosqueado con aquel zorro misterioso.

Pero antes de hacérselo saber,
este ya lo pudo entrever:

<<Sé que te debo una disculpa.
Cometí un grave error,
y fue todo por mi culpa.

<<Es por eso que a modo de compensación,
recibirás una justificada explicación.>>

Puesto que en esencia,
Alfredo no deseaba otra cosa de él,
toleró de buen grado su presencia.

Y así, el zorro interdimensional,
confesó reveladores secretos al final:

<<Como te he contado, nací en un tiempo primigenio,
al parecer por designios de algún Dios o ente de gran ingenio. 

<<Aparecí en una de tantas dimensiones incompletas,
sin siquiera estrellas, astros o planetas.

<<Sin embargo, era consciente,
de que habían muchos otros universos,
creados por la misma entidad omnipotente.

<<Tardé mucho en aprender a desplazarme,
no menos en acostumbrarme.

<<Finalmente, tras largos espacios atemporales,
y pasadas realidades vacías y simplemente estomagantes.

<<Llegué al lugar más perfecto de todos los ideados.
Una realidad dotada de espacio, tiempo... ¡y vida!
Se nota que el responsable con más amor no la pudo haber creado.

<<Me refiero a aquella en la que tu has nacido,
¡la dimensión definitiva y más magnífica!
Y en la que durante eones más cómodo me he sentido.

<<Relativamente, tú naciste hace apenas un instante...
pero tu aparición es quizá en este caótico universo,
el evento más importante>>

Tras esta peculiar introducción,
Alfredo estaba más que nunca
anegado por la confusión.

Sin embargo, sintió que faltaba poco,
para aclarar sus cada vez mayores dudas,
que a cada momento le taladraban más el coco.
Así que calló, y dejó proseguir a esa criatura, sin censuras:

<<Al igual que yo, eres algo totalmente diferente.
Un misterioso y revolucionario ente.

<<Verás, nosotros dos, a estas alturas,
somos las únicas criaturas

<<creadas de forma directa,
por esa especie de dios,
y de forma casi perfecta.

<<Ningún otro ser vivo imaginable,
ha sido creado a manos de la presunta deidad;
son tan solo producto de uno de sus universos, en realidad.
Pero tu y yo somos algo totalmente inabarcable.

<<Ninguno de los dos ha nacido de forma natural.
No tendríamos que existir ni ser algo ''real''.

<<Nuestra existencia es algo que contradice cualquier principio universal,
¡Estamos por encima de las leyes del continuo espacio tiempo,
ya que nuestra existencia ha sucedido al margen de cualquier propiedad espacial!>>

La ventosidad, sin saber por qué, sintió que hablaba con veracidad,
y creyó sus palabras con total rotundidad.

<<Sin embargo, nuestro ''padre'' cometió un error...
...como pronto averigüé con pavor.>>

<<Este universo no es tan ''perfecto'' como pensé al principio.
No me satisface tener que decirte esto...
pero tu existencia hace que estemos al borde del precipicio.>>

Alfredo no pudo callar más, tal era su conmoción:
<<¿¡Mi existencia hace peligrar al universo entero!?
¿¡Insinúas que debería desaparecer como solución!?>>

Enigine, también incómodo en ese momento,
procedió a seguir hablando,
con la esperanza de paliar en el otro el descontento.

<<¡No es eso lo que pretendía decir, exactamente!
Simplemente, la existencia de dos seres como nosotros,
ha dejado a esta dimensión en una situación preocupante.

<<Por lo que pude averiguar, la totalidad de las realidades,
tiene un único punto débil en común:
sólo pueden albergar a un ser con nuestras propiedades.

<<Cuando nací, probablemente mi creador
no había imaginado que añadiría a alguien como yo
en ningún tiempo posterior.

<<A lo mejor, por olvido o curiosidad,
decidió añadirte a ti mucho tiempo después,
a una consciente y enigmática ventosidad.

<<El caso es que en un tiempo reciente,
los universos cada vez están experimentando más anomalías.
¡Han llegado a desaparecer varios en pocos días!
Y la situación es muy preocupante.

<<Este, y todos los demás,
están cerca de llegar a un punto,
en el que no habrá marcha atrás.

<<Si ese momento llega a cumplirse,
todas las dimensiones colapsarán sin remedio,
y nada de ellas -ni siquiera nosotros- podrá salvarse.

<<Pero en realidad, no es tu presencia en sí lo problemático.
Lo que ha causado mayormente problema titánico...

<<...son tus arrebatos de enfado.
Cuando te tornabas rojizo y te hinchabas,
y solo la ira estaba de tu lado,

<<en esos momentos, la degeneración interdimensional,
se acelera de una manera exponencial.

<<Aunque debí advertirte hace bastante,
no lo hice, sufría un miedo constante.

<<¿Y si reaccionabas de tal manera,
que el universo del todo se autodestruyera?

<<Fue por eso por lo que me reuní contigo en aquella dimensión.
Pero al final, aquel temor se adueñó de mi,
y no fui capaz de llegar a esta conclusión.

<<Cuando me llamaste, mientras estabas atrapado,
¡no contaba con que te hubieses mosqueado!

<<Si hubieses buscado una salida un poco más esmeradamente,
te hubieses dado cuenta de que había una pequeñísima grieta.
Tus nervios te impidieron percibir nada, realmente.

<<Tan solo deseo que de otro no dependas,
y cuando estés en apuros,
suplicándome no vengas.

<<¿No es lo que con tus humanos haces?
No lo hice con mala intención,
son mis pensamientos más veraces.>>

Procedió un silencio inquietante,
antes de que Alfredo,
sintiese más ''palabrería pensante'':

<<El sueño se está acabando.
Antes de que te des cuenta,
ya te estarás desperezando.

<<Solo quiero que te quedes con el mensaje.
No vuelvas a dejarte llevar por la ira.

<<Tal vez si no sufres una nueva explosión,
podamos librarnos de la aniquilación.

<<Aunque tu presencia podría considerarse alarmante,
quizá por si sola no logrará deteriorar más la situación,
y escaparemos de un final apabullante.>>

La luz que rodeaba a Alfredo, de nuevo se intensificó,
y en breves instantes, del todo le cegó.

<<Espero que nos veamos en otra ocasión.
Y si sabes mantener la calma,
no tendrás por qué pasar ninguna preocupación>>

(Y así, el poema vuelve a la vida.
El autor -yo- ha ganduleado demasiado
en este proyecto. Hora de volver al tajo).


sábado, 16 de septiembre de 2017

Alfredo vuelve.

¡Hola Alfredievers! Me he fijado en que hace bastante tiempo dejé un mensaje en el que decía que dejaba de escribir temporalmente, para sacar un libro con este poema. JE.

No voy a negarlo al 100%. A ver, no está en mis planes ahora mismo, pero puede ser que algún día lo haga. Es improbable, en todo caso. Así que de momento, dejemos esa movida como ''pospuesta''.

(Antes de pasar al contenido principal, el poema ya tiene twitter. Click AQUÍ para visitarlo).

El caso es que con la tontería me he pasado meeeses sin escribir nada. Ni una nueva línea. Podría decirse que me han servido de ''medio año sabático'', en el que he aprovechado para meterme en más proyectos todavía, y en suma, he pasado grandes momentos ociosos.

Sin embargo, estos momentos han hecho que vosotros, mis lectores, no podáis seguir consumiendo las extrañas aventuras de este no menos raro poema. Sé que, en los momentos que escribo estas líneas lastimeras, no soy precisamente una super estrella: Soy consciente de que mi número de ''fans'' se pueden contar con los dedos de las dos manos, el de lectores con los de una sola, y no me extrañaría que nadie se haya llegado a leer el poema entero, o siquiera la mitad.

También he recibido criticas (constructivas a menudo), que dicen que este poema ya está alargándose innecesariamente (no lo niego, pero no voy a parar ahora), y los versos cada vez se hacen más pesados. Sumemos a esto el uso excesivo del ripio (rimas fáciles, como dos verbos [llegado, matado]).

Sí, sé que el poema no es perfecto ni de casualidad, y que los pocos que lo siguen son conscientes de que esto ''ya se está yendo de madre''. Pero eso no es excusa para haber parado todo este tiempo. Aunque sea, como respeto al propio Alfredo.

Por eso, este poema volverá a ser prolongado en breves. Porque, hemos superado los 6000 versos. Sí, 6000, ese es el número que hemos compartido con Alfredo hasta ahora. Y si hemos alcanzado 6000 versos, podremos llegar a 10000, y hasta los que haga falta. ¡Sí, señor! Alfredo aún tiene muchas correrías que vivir. Habrán momentos mejores, otros peores. Pero a nuestra ventosidad aún le quedan muchas correrías y aventuras que vivir antes de alcanzar su destino final. Así pues, ¡deseemos 10, no, 100, o mejor, 1000 años más de Alfredo! ¡Alfredo hasta siempre! ¡De ahora en adelante, y hasta mucho más allá!

Gracias por tu atención. Si has llegado a leer toda esta lastimera nota, te lo agradecemos, Alfredo y yo. Intentaré publicar en breves.

viernes, 17 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVII

Pedo y científico quedaron paralizados,
y en instantes fueron rodeados.

A pesar de la enorme envergadura
que el disfraz el científico alcanzaba,
derribaron contra el suelo sus cinco metros de altura.

<<¡Soltadme, seres despreciables!
¡Soy vuestro dios! ¡No podéis hacerme esto!
¡Os ejecutaré como ratas miserables!>>

El científico estaba más enfadado que asustado.
Una cucaracha al final de la sala le habló,
con una tono de voz firme pero calmado:

<<EL ÚNICO DESPRECIABLE AQUÍ ES SU MAJESTAD.
AHORA QUE LA REVUELTA HA TRIUNFADO,
NO TOLERARÉ OTRO REINADO DE ATROCIDAD>>.

Alfredo reconoció a la cucaracha que esto decía.
 <<¡Grugnig! ¡Creí que nunca más te vería!>>

<<AÚN NO ESTABA EN PAZ CONTIGO.
NI CREO QUE JAMÁS LO ESTÉ,
NI YO NI MI ESPECIE, AMIGO.

<<LA REVOLUCIÓN ENTRE NUESTRAS GALERÍAS HA COMENZADO.
LA HE DIRIGIDO YO PERSONALMENTE, Y ESTÁ SIENDO UN ÉXITO.
PERO ADEMÁS, A TODAS ELLAS LA VERDAD LES HE CONTADO.

<<AL PRINCIPIO CREÍ QUE ME IBAN A EJECUTAR,
PERO TODAS ME PERDONARON POR MIS ACTOS.
EL HECHO DE QUE HAYA TENIDO VALOR PARA CONFESAR,

<<Y DE HABER AYUDADO A NUESTRA ESPECIE A RECTIFICAR,
HA CAUSADO ADMIRACIÓN ENTRE LAS MÍAS,
A PESAR DE LAS MUCHAS AMIGAS QUE HE VISTO ASESINAR.

<<POR ESO, AHORA SERÉ LA ENCARGADA DE GOBERNAR.
VIVIREMOS DE FORMA MUCHO MÁS CIVILIZADA,
¡NO IMAGINAS LO LEJOS QUE PODEMOS LLEGAR!

<<PERO SIN TÍ ESTO NO HABRÍA ESTALLADO.
LOS ASESINATOS SEGUIRÍAN,
Y ESTE MUNDO PERMANECERÍA CONDENADO.

<<TODAS LAS CUCARACHAS SABEN TU CUAL HA SIDO TU PAPEL.
CUANDO ACABE LA REVOLUCIÓN ENTRE LAS NUESTRAS,
TODAS TE ADORARAN COMO SU NUEVO DIOS EN TROPEL.

<<PERO ESO NO PODRÁ OCURRIR...
LOS DOS SABEMOS QUE TE QUIERES IR...>>

Grugnig agachó la cabeza, entristecido.
Cada vez sentía más afecto por ese pedo,
y la despedida era lo último que hubiese querido.

Alfredo realmente quería irse,
ya que de los primeros humanos
acababa de acordarse.

Pero por otra parte, despedirse de aquellas criaturas,
e irse de esa galería cada vez menos infernal,
le parecía un triste e incompleto final
llegados a estas alturas.

<<Grugnig, creo que serás el mejor
dirigiendo a tu especie por el buen camino.
Tienes mi total favor.

<<Pero antes de partir,
dos cosas te debo pedir.>>

<<TODAS LAS QUE QUIERAS, GRAN PEDO.>>
<<Primero: ahora que sabéis que todas las profecías eran falsas,
probablemente esto os importe in bledo...

<<Pero no subáis al mundo exterior.
No solo lo pido como un favor,

<<es más bien una recomendación.
Ahí arriba viven humanos...
y quien sabe, al veros, cual sería su reacción.

<<No son criaturas perversas, en general...
digamos que ninguno comparte la misma moral.

<<Si os viesen os tomarían por seres malvados.
Iniciarían una guerra, y esta vez de verdad.
No quiero que nadie sea asesinado...>>

Al contrario de lo que el pedo imaginó,
Grugnig a buenas se lo tomó:

<<NO HABRÁ NINGUN PROBLEMA AL RESPECTO.
PARA SER SINCEROS, ESTE MUNDO
ES NUESTRO HÁBITAT PERFECTO.

<<TAN SOLO QUERIAMOS SUBIR POR VENGANZA,
PARA INICIAR UNA GUERRA ABSURDA,
SOSTENIDA SOBRE UNA FALSA MATANZA.>>

<<El segundo favor que debo pedir...
es que a ningun humano debéis herir.

<<Aunque anteriormente hicieron la superficie trizas,
no tienen por qué ser una amenaza para nadie.
Es una especie excepcional, capaz de resurgir de sus cenizas.

<<Yo personalmente velaré por los seres humanos
Sé que no cometerán los mismos errores,
y también que mis esfuerzos no serán vanos.

<<Sé que después de ver a este ''rey'' impostor,
 la sola mención de su especie os inspirará terror...

<<Pero él es solo una excepción.
Su odio hacia los suyos y hacia toda forma de vida,
son la causa de su crueldad y enajenación.>>

Con todo, Grugnig aceptó su argumentación:
<<ME VEO OBLIGADO A CREERTE, GRAN PEDO.
LA VIOLENCIA NO DEVOLVERÁ A NADIE DE SU DEFUNCIÓN.

<<AÚN ASÍ, ESTE HUMANO HA SIDO MALVADO,
Y SI LE DEJAMOS IR PODRÍA SER UN PELIGRO.
POR ELLO, SE QUEDARÁ AQUÍ PARA SIEMPRE, ENCARCELADO.>>

Alfredo se quedó satisfecho.
El científico, aunque aún aturdido
y contrahecho,

protestó con toda su energía,
e intentó zafarse de las cucarachas,
pero la fuerza de estas se lo impedía.

<<LLEVAOS A ESTE DELINCUENTE,
Y ENCERRADLO EN LAS PROFUNDIDADES,
ASILADO DE TODA CUCARACHA DECENTE.>>

El científico, arrastrado,
se fue, junto con las cucarachas
que allí habían entrado.

Antes de cerrarse la puerta principal,
escuchó aún la voz del anciano,
clamando un augurio fatal:

<<Esta vez no ha podido ser, Alfredo,
¡pero llegará el día en el que seas mío!
¡Los humanos se evaporarán como gotas de rocío!
¡Y lo mejor es que tu mismo lo harás, asqueroso pedo!>>

Un mar de carcajadas histéricas inundó el pasadizo,
distorsionadas por el eco, y cada vez más lejanas,
mientras se llevaban a ese personaje enfermizo.

Alfredo ignoró como pudo aquella voz demente.
Ahora estaban solos en la sala Grugnig y Alfredo:
<<NO TE PREOCUPES, CON ÉL SERÉ CLEMENTE.

<<EN CUANTO A TÍ, CREO QUE YA ES HORA DE PARTIR.
HA SIDO UNA GRAN EXPERIENCIA PARA LOS DOS...
A PESAR DE QUE TANTAS CRIATURAS HAYAS VISTO MORIR...>>

Alfredo escuchó un débil ruido sobre su cabeza.
Sabía que era la trampilla de salida,
abierta por un mecanismo con gran delicadeza.
Era la hora de la despedida.

<<Cucarachas, Grugnig, siempre os recordaré.
Sois un ejemplo de que todos podemos cambiar a mejor.
Cuando la humanidad renazca, ese pensamiento siempre tendré.>>

Ambos sabían que no había que forzar más esta despedida.
Tras mirar aquella sala tétrica a su alrededor,
sonrió feliz de haber salvado a aquella especie de perpetuar el horror.
Atravesó entonces la rejilla de salida.

Aquel tunel vertical, terroso,
que la primera vez que bajó,
le condujo a un reino horroroso,

ahora le sacaba de un lugar lleno de esperanza,
exento desde ese momento de la crueldad y la matanza.

Recorrió este acceso a su verdadero hogar.
El mundo exterior, que ahora echaba tanto a faltar.

Tras un rato de recorrido,
la luz del exterior ya había percibido.

Y breves momentosmás adelante,
Alfredo lo terminó alcanzando.
El paisaje, de bello que era le resultó intimidante.

Era una preciosa mañana soleada.
Los rayos de sol acariciaban la hierba
que rodeaba la llana e inmensa explanada.

Alfredo llevaba meses sin ver el gran astro brillar.
Sintió necesidad, ante tal belleza y encuentro exterior,
de ponerse inevitablemente a llorar.

Después del shock inicial,
flotó en derredor con alegría,
hasta que al final,

se tumbó en el suelo agotado.
La noche llegaba ahora,
pues el resto del día fugaz había pasado.

Se tumbó encima de unos pequeños matojos,
que el tiempo había secado
hasta convertir en insignificantes despojos.

Un agarrotamiento recorrió lo más profundo de su alma.
Los ojos cada vez más se entrecerraban,
y finalmente se dejó llevar por el ambiente de calma.

Así acabo totalmente dormido,
por una suave brisa nocturna mecido,

al igual que cuando el planeta salvó,
feliz por el deber cumplido,
durante largo tiempo roncó.

(Seguro que hay quien cree que esto
es casi el final del poema, ¿no? Alfredo
salva a los bichos malos, y seguramente
de un modo mágico ya cumplirá su sueño
de ser humano. 3 o 4 partes más y ''se finí''.
A esa gente, solo me gustaria decirle lo siguiente:
el poema ni siquiera ha comenzado aún.
Próximamente la esperada (?) parte XXXVIII)



domingo, 12 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXVI

(Anteriormente, Alfredo descubre
el secreto del ''rey cucaracha'' tras
iniciar una revuelta entre los insectos
e intentar escapar de la galería gigante).

<<¿Me creías muerto realmente?
Tenía ganas de volver a hablarte...
antes de convertirte en mi esclavo omnipotente.>>

<<Puedo caer, quebrar mi cuello y desnucarme,
puedo degenerar durante siglos...
¡Pero nunca, nada en este planeta podrá matarme!>>

Una carcajada histérica
brotó de sus carnes ajadas,
seguida de su voz envejecida pero colérica.

Aunque aún era reconocible,
su cuerpo había mutado de forma increíble.

Las arrugas de su cara se habían multiplicado,
y pocos pelos brotaban de su cabeza arrugada y podrida.
Además, sus ojos tenían un aspecto nublado.

Allí donde más se marcaban sus pruebas de vejez,
oscuras manchas de la dermis se extendían.
Parecía una oscura y podrida nuez.

Alfredo, asustado, retrocedió
y el loco científico milenario
con la mirada le siguió:

<<Cuando llegaste a mi laboratorio principal,
ya sospechaba que mi búsqueda llegaba a su final...

<<Gran pedo, eres un ser superior a todos los demás.
Gaseoso, invulnerable al dolor, casi incorpóreo...
cuando mutes, ¡dejarás a esas patéticas cucarachas atrás!

<<Lograré explotar tu poder hasta el extremo...
Serás... ¡Serás un dios supremo!

<<Y, con tu voluntad bajo mi control...
¡Morirán a mis pies todos esos miserables,
cual ratas disecadas en formol!

<<No estás comprendiendo nada...
¡Pero tranquilízate, amigo mío!
Mi meta ya está alcanzada,

<<No me importa todo explicar,
a pesar de que después,
¡de tu débil cerebro me consiga adueñar!>>

Avanzó un par de pasos hacia Alfredo,
haciendo temblar el suelo a cada uno,
y asustando todavía más al pedo,
mudo y quieto del miedo.

<<Verás, en este mundo
hay un mal demoníaco,
destruyéndolo todo y dejando el planeta moribundo.

<<¡Hablo de la humanidad!
Como raza sólo somos un problema.
No solo nos masacramos sin piedad,

<<¿A caso no piensas en la naturaleza?
Ni siquiera después de recrear el mundo,
crecerán bosques frondosos y con la misma entereza.>>

Alfredo recordó inevitablemente
como mientras viajaba, no vio árboles,
tan sólo estepa y llanuras constantemente.

<<Y los ánimales... ¡Especímenes tan potenciales!
Exterminamos a tantas criaturas,
fauna de propiedades increíbles, casi sobrenaturales...

<<No me extenderé en lo que a mi me hicieron.
Todo lo que me quitaron,
lo mucho que por dentro y por fuera me hirieron...>>

El científico se detuvo de forma dramática.
Enfundado en semejante disfraz, durante segundos,
su mirada se tornó aún más nublada y errática.

Como si recordase un tiempo pasado,
del que desearía no haberse alejado.

Pero rápidamente recuperó su expresión fogosa,
y su mirada se acentuó en intensidad de nuevo.
Se volvió aún más turbia, demente, espantosa:

<<Tengo motivos MUY numerosos
para eliminar a esa caterva de apestosos...

<<Por eso logré la inmortalidad.
Supe que yo sólo tardaría siglos,
antes de lograr idear algo para borrar a la humanidad...

<<Llevaba incontables décadas fracasando la búsqueda de un arma biológica,
que lograse acabar con toda mi vergonzosa especie,
sin dañar un mínimo la vida animal y en suma, toda la ecológica.

<<Entonces, cuando estaba más encasillado
y ya me daba por acabado...

<<Llegaste a mi laboratorio por un destino azaroso.
Supe que serías la vía a mi objetivo,
a lograr, en suma ¡un mundo mucho más hermoso!

<<Pero no podía hacerte de mi propiedad.
Si me hubiese mostrado hostil,
hubieras podido huir con toda facilidad.

<<Supe que con alguien tan poderoso,
 volvería a encontrarme,
¡y así fue, amigo gaseoso!

<<Sabía que sin embargo, aún no eres suficientemente duro.
Como puedes ver, esta galería está hecha de un compuesto
por el que no puedes filtrarte.
Así el encuentro contigo es seguro.

<<Además tienes un incontrolable afecto,
hacia cada uno de esos miserables humanos,
y en cada uno respetas incluso su más vulgar defecto.

 <<Si te contaba mi propósito, nunca me ayudarías,
y de mi siempre, desesperado rehuirías.

<<Estuve trabajando desde entonces en un poderoso elixir,
para poder aplicártelo diciendo si te volvía a ver,
engañándote y diciendo que te volvería humano para mi meta conseguir.

<<Ese elixir solo tiene dos objetivos reales.
El primero es someter a mí tu mente,
para controlar todos tus delirios y afecciones irracionales,

<<y el propósito segundo,
alterar tu cuerpo de gas,
volverlo más corrosivo, nauseabundo,
¡para poder acabar más fácilmente con cada humano inmundo!

<<Sólo tuve que parar en una ocasión.
Cuando el mundo estuvo al borde
de la total incineración.

<<Creía que llegaba tarde para lograr
este infernal mundo salvar.

<<Pero por suerte, descubriste la gran maquinaria,
salvando la tierra, y cumpliendo la profecía
de esa secta que se hace llamar legendaria.

<<Encerrado en el subterráneo de mi laboratorio abandonado,
seguí, a pesar de temerme lo peor,
desarrollando el elixir, aún con fe en que en tal infierno hubieses aguantado.

<<Después, aquella gran explosión.
Me embargó la alegría,
supe que habías salvado el mundo de su destrucción.

<<Pero también que con todo, los humanos seguirían existiendo.
Una especie tan rastrera y perversa,
por una mera catástrofe no acaba pereciendo.

<<Cuando miré el exterior por primera ocasión,
el horror que había ahí fuera casi me dejó sin respiración.

<<Tinieblas agobiantes y densas,
criaturas sacadas del más horrible grimorio,
el horror en sus formas más extensas,
rodeaban con sus ojos de azufre las ruinas de mi laboratorio.

<<Solo había aguantado la parte subterránea en la que me escondí.
Observé como entre la oscuridad se cazaban,
y como sus miradas penetrantes me acechaban.
Bajé a toda prisa, inquieto, deseando estar lejos de allí

<<Tu no tardaste mucho en llegar.
La emoción se comía mis viejas entrañas,
puesto que el elixir poco antes había acabado de perfeccionar...>>

El pedo estaba ya aplastado contra una pared,
incapaz de escapar, aterrorizado.
Era consciente de que estaba a su merced.

<<Está hecho especialmente para masas de metano.
La parte más interesante fue aplicar tal milagro en las mías propias.
Las reacciones que experimentaron me mostraron que mi trabajo no era en vano.

<<Pero... eso eran gases corrientes...
se desvanecieron en inmensas contorsiones
y tras adquirir desproporcionadas dimensiones.
no tenían características lo bastante potentes.

<<Si embargo, tú eres el adecuado.
He hecho comprobaciones,
y en todos los detalles me he asegurado...

<<Escuché tu historia sobre la explosión,
los Chusos, y su máquina
fingiendo a cada detalle gran impresión.

<<¿Te crees que yo no sabía nada de esa secta?
¿O siquiera sobre la máquina y la entrada subterránea directa?

<<Se mucho más de lo que tú crees.
Conozco casi todos los secretos que entrama este planeta,
y soy consciente de todo lo que a tu alrededor ves.

<<Pensaba en contarte esto en aquel cubil,
Pero cuando ya iba a cerrar la compuerta del todo,
y negarte la escapatoria, de nuevo me atacó el destino vil.

<<Resbalé desde arriba, y al caerme mi cuello quedó destrozado.
¡Una pena! No te pude ver enfurecido y en plena frustración.
Solo sé que al volver de nuevo a la vida, todo a mi alrededor estaba arrasado.

<<Las tinieblas estaban desdibujadas como nubecillas de humo pequeñas.
Tampoco quedaba ninguna de esas formas de vida horribles.
No sabía que su poder llegaba tan lejos cuando de tu ira no te adueñas.

<<Me fui de esa zona infernal corriendo,
hasta que en esta estepa acabé llegando.
Sentía como la rabia me estaba consumiendo.

<<Una vez más volvía a perderte...
y a pesar de todo, seguía sabiendo que volvería a verte.

<<Mientras hacía mi nuevo hogar,
supe que tardaría demasiado en todo preparar.

<<Fue entonces cuando me fijé en las cucarachas que había bajo tierra.
¡Y fue entonces comenzó toda la diversión!
Las logré mutar hasta lo que son ahora y luego inventé lo de esa guerra.

<<Así, logré alimentar sus primitivos cerebros de odio a los humanos.
Me proclamé su rey embutido en este disfraz,
y luego ordené construir todas sus salas, el comedor, los corredores largos y llanos...

<<En pocas décadas el nido tenía la forma actual.
Mientras, yo estaba en esta sala, esperando tu llegada.
Todo lo demás para mí era poco más que trivial.

<<Con todo, tuve que hacer mi papel de monarca,
con todo lo que ello abarca.

<<Ya habrás visto las despensas y la forma de hacer paredes...
¡¿Cómo no lo vas a haber visto?!
Cuando te lo propones, a cualquier lugar accedes.

<<Pensarás que lo que hago es cruel.
Que soy un loco que realiza matanzas secretas,
y solo por pura paranoia ejecuto a hordas en tropel.

<<¿Ignoras lo que podría haber pasado
si a estos seres crecer a su ritmo
les hubiese dejado?

<<La población excesiva no tendría comida suficiente.
Al principio solo habría alguna pequeña hambruna incipiente...

<<Pero las pocas semanas, o incluso días,
la inanición causaría auténticas guerras,
más sangrientas de lo que te imaginarías.

<<En todo caso, no esperaba que tan pronto llegarías...
Aunque ya estaba todo esto listo,
creí que hasta mucho más tiempo, azarosamente aquí no acabarías.

<<Te has escapado dos veces de mis prisiones.
Pero ahora, son muy diferentes tus condiciones.

<<Pensaba soltar en breves a mi rebaño de aberraciones.
y dejar que se adueñasen de la tierra sin más dilaciones.

<<Entonces te fugaste de tu prisión,
así que pospuse unos días la hora del asalto,
por motivos de pura precaución.

<<Pero ahora que eres mío, todo será con otro proceder...
para empezar, re convertiré en una deidad,
con un poder de devastación en tal cantidad
que hasta los caparazones de mis cucarachas podrás deshacer.

<<Después, los dos saldremos de nuevo a la superficie terrestre.
Calculo que habremos exterminado
a los pocos humanos que sobrevivieron al desastre en tan solo un bimestre...

<<Solo entonces me daré por satisfecho,
y mi función con éxito habré hecho.

<<Pero ahora, ¡dejemos la palabrería!
¡Hoy será nuestro gran día!>>

El científico estaba ahora a un escaso metro de la ventosidad,
que acorralada contra la pared, hablo por primera vez y rogó piedad.

Haciendo oídos sordos, comenzó su disfraz a palpar.
Finalmente, de un pliegue de la parte superior,
un extraño frasco logró sacar.

<<Aquí está... en fin, odio tener que depedirme,
pero al menos, ¡con tu cuerpo mejorado si que podré unirme!>>

Pero un sonido lejano le hizo detenerse.
Desde el pasadizo tras la puerta principal,
una marabunta corriendo hacia la sala del trono podía oírse.

El ruido aumentaba en intensidad,
cada vez se oía con más sonoridad.

Y finalmente, un duro golpe se percibió,
seguido de muchos otros de misma fuerza.
En tan solo unos segundos ante ambos el portón cedió.

Tras el, decenas de cucarachas hicieron presencia,
dejando parados tanto al científico, todavía con la mascara quitada,
como a nuestra gaseosa pestilencia.


martes, 7 de marzo de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXV

(Anteriormente, Grugnig y Alfredo se han
separado ya. Tras entrar dentro de la estatua,
comienza aquí su clamor a la verdad oscura
que se oculta a la mayoría de cucarachas).

<<¡Saludos mortales!
¡Os traigo noticias fatales!>>

Nada más comenzar,
las cucarachas se quedaron mudas.
A los instantes, comenzaron a clamar:

<<¡NUESTRO DIOS HA VENIDO!>>
<<¡JAMÁS CREÍ QUE ESTE MOMENTO
HABRÍA VIVIDO!>>

<<VIENE A APOYARNOS,
¡PARA QUE A LOS HUMANOS
PODAMOS CARGARNOS!>>

La chamana no se hizo a un lado,
reaccionó, aprovechando la situación
con un tono enfadado:

<<NUESTRO DIOS, CUCHSTRAL,
ENTRE NOSOTRAS SE HA MANIFESTADO,
¡LAS FIELES VEREMOS COMO TANTO SACRIFICIO TIENE FINAL!>>

Antes de que continuará, Alfredo impuso orden fácilmente:
<<¡Silencio cucarachas!
¡No sois conscientes de que sucede realmente!

<<Si, soy yo, ¡CUCHSTRAL!
La deidad que debéis escuchar.
¡Y vuestra raza está arrasada por el mal!>>

Se oyeron asustados murmullos.
Alfredo sonrió,
aquellos bichos eran suyos.

<<¡Vuestro rey os oculta el horror!
Os ha convencido para matar a los humanos,
¡Ha cometido un craso error!>>

Los muros aumentaron.
Cucarachas inquietas,
de nuevo clamaron.

<<Siempre se ha sabido,
que cada muro construido,

<<Con cucarachas viejas se levanta,
o al menos eso dice vuestro rey.
¡La verdad, os oculta, y hasta a mí me espanta!

<<Habréis notado probablemente
la ausencia de algunas compañeras
que no habéis visto últimamente...>>

Se oyeron comentarios aislados.
Todas recordaban misteriosas desapariciones.
Amigas y familiares que se esfumaban, sin tener razones,
y cuyos recuerdos aún no habían sido olvidados.

Alfredo se preparó para revelar la verdad:
<<No tenéis más que romper un reciente muro.
Como aquel en el que encerrasteis a ese pedo inseguro.
En sus paredes las encontraréis en gran cantidad.

<<Se trata de cucarachas que criticaban esta sociedad,
y que sospechaban del rey y su tamaña crueldad.

<<Se las junta en grupos sin avisar,
y mercenarias las rocían de alquitrán hirviente y acero.
Mueren tras un horrible sufrimiento para esos muros levantar.

<<Si a las más sádicas no os parece demasiado,
si con todo, pensáis que algo tan cruel está justificado...
visitad la puerta del comedor en el que tantas veces habéis estado.

<<Tras ese portal se esconde la mayor atrocidad.
Visitad la despensa y veréis que es lo que coméis.
Debéis interiorizar la oscura verdad.

<<Y por último, nunca salgáis al exterior.
No estáis preparadas para ese mundo,
ya que ni siquiera sois libres en esta galería inferior.

<<Ahora, erradicad esta locura de forma total,
¡O caerá sobre vosotras la ira de CUCHSTRAL!>>

Apenas acabó aquella confesión,
estalló entre las cucarachas la ira,
el deseo de venganza, odio, destrucción.
Desde uno de los ojos vio su reacción:

Todas las presentes se abalanzaron a la salida de forma masiva,
empujando, pisoteando, y actuando de forma primitiva.

Pero ahora no podía quedarse ahí mirando.
Cada instante contaba,
¡tenía que escapar volando!

Detrás suyo la oquedad se expandía.
<<No puedo ver como acaba esto,
¡no tengo todo el día!>>

Siguiendo la prolongación,
ante sus ojos el hueco en un túnel se abría.
Unos metros más adelante este en vertical se torcía.
El pasadizo final a la salida le llenó de intimidación.

Cuando ya se estaba adentrando,
notó un sonido seco y lejano,
y no pudo evitar quedarse escuchando:

Era el ruido que hace una construcción al ser derruida.
Le sucedieron terroríficos y distorsionados rugidos,
los más monstruosos que había oído en toda su vida.
Los insectos habían descubierto las paredes con sus seres queridos.

<<Supongo que ahora se dirigirán al comedor.
Me pregunto como reaccionarán tales bestias
cuando vean a sus crías almacenadas y mutiladas a su alrededor...>>

Tras unos instantes de reflexión, siguió avanzando.
Algo en su interior le decía que faltaba poco,
que la superficie pronto acabaría alcanzando.

Tras unos minutos de subida,
la cavidad acababa en una pequeña grieta.
Tras esta, estaba la sala del rey, y por último la salida.

<<Si Grugnig no me ha engañado,
pronto la libertad habré hallado.

<<Por fin podré abandonar este infierno de locura,
y volver a tierra segura.>>

A pesar de su resolución, la sala real,
ahora le inspiraba un miedo tal,

que tardó un rato en mentalizarse
y para salir disparado prepararse.

Como había ido allí con anterioridad,
decidió meditar todo con brevedad.

Había estado allí antes, así que logró recordar
hacia que dirección debía flotar.

Finalmente, tras unos momentos de reflexión,
se coló por aquella pequeña grieta,
dispuesto a cruzar la sala y alcanzar su salvación.

Solo unos instantes después de entrar,
se dio cuenta de que la habitación
estaba sin iluminar.

No podía ver absolutamente nada.
Hasta la última antorcha estaba apagada.

Sin saber donde estaba la salida,
escudriñó la habitación forzando la vista.
No distinguió a la cucaracha real. ¿Estaría escondida?

Y mientras tanteaba buscando el reducto de huida,
escuchó un espectral estruendo, de tierra chocando con un metal.
Su huida estaba ahora hundida.

Dos planchas de un extraño metal,
debían haber sellado la grieta y el reducto,
con una rapidez sin igual.

Tal y como Grugnig había advertido,
todo había sucedido.

Una voz extrañamente familiar,
interrumpió la tensión para clamar:

<<¡Buenos días Alfredo!
No saludas a un viejo amigo,
¿mi querido pedo?>>

Las antorchas se encendieron al momento.
<<¿Tan pronto te quieres ir de mi mundo?
¿A caso es tan malvado y cruento?>>

Primero miro a los lados.
En las paredes,
reconoció los grabados.

Pero por alguna razón,
ya no eran de color marrón.

Estaban pintados de color rojizo,
cuya tono estaba
entre furibundo y enfermizo.

Pero lo más atrayente,
no estaba en ese color ardiente.

Ante sus ojos, la monumental cucaracha rey hablaba.
Ahora estaba de pie, sobre sus enormes patas traseras.
Pero en ella algo raro notaba.

Su voz no era como esperaba.
No se parecía a la de una cucaracha,
y por alguna razón, a alguien le recordaba.

Era insípidamente seca y rasposa,
y su tono rápido, encendido
contrastaba de forma espantosa.

La cucaracha se llevó las manos a la cabeza.
<<Tanto protocolo me da algo de pereza,

<<y además, ¡ya eramos amigos de antemano!
así que mejor iré al grano...>>

Un sonido de cuero desgarrado
dejó a Alfredo aún más desconcertado.

La cabeza del rey cayó al suelo.
Estaba totalmente hueca y vacía.
No era más que una careta de cuero y pelo,

que aunque ahora desprendida y maltrecha,
se podía reconocer que estaba realmente bien hecha.

Alfredo subió la vista lentamente,
hasta tener al falso rey de frente.

Cuando vio de nuevo su faz,
tan tranquila y serena,
y en suma tan llena de paz,

sintió una mezcla entre pavor y sorpresa,
mientras era atravesado
por una mirada sádica y aviesa.

<<Te quedarás aquí una buena temporada,
mientras mis queridas criaturas
devoran a tus humanos en manada.

<<¡Tengo mucho que contarte,
antes de que mi tratamiento
pueda aplicarte...!>>

El indestructible científico milenario,
rió entonces de forma histérica,
embutido en ese disfraz grande como el mayor armario.

(Me he dado cuenta de que el poema habla por si solo.
Es una tontería que cada vez deje parrafadas tan
largas aquí abajo, ¿no? Intentaré publicar más a menudo.
Nos vemos pronto).




domingo, 26 de febrero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXIV

(Mientras Alfredo y Grugnig
avanzaban, dos cucarachas centinela
les han interceptado para una inspección).

<<PERO...¡SI NO HE HECHO NADA!>>
Dijo la cucaracha, por esta situación asustada.

<<NO IMPORTA, ESTO ES UN CHEQUEO ALEATORIO,
SE REALIZA ENTRE CUCARACHAS AL AZAR
PARA DETECTAR ENFERMEDADES QUE SE PUEDAN CONTAGIAR,
Y LLEVAR A QUIENES LAS TENGAN EN CUARENTENA A UN SANATORIO.>>

De espaldas contra la pared a Grugnig pusieron.
Y entonces la inspección de cacheo hicieron.

Alfredo y la cucaracha sentían pánico.
En breves le encontrarían,
y les esperaría un castigo satánico.

Patas, ojos y antenas palparon.
CASI todo su cuerpo comprobaron.

No miraron bajo su caparazón.
Ambos respiraron aliviados;
se habían librado de su perdición.

Se disponía Grugnig a irse,
cuando, ante las palabras de una centinela,
tuvo que detenerse:

<<¡AÚN NO HEMOS COMPROBADO
QUE EN LAS ALAS NO ESTÉS AFECTADO!>>

Ahora sí que el pavor consumió a cucaracha y pedo.
Estaban paralizados por el miedo.

Y ahora ya todo había acabado.
Se hundía aquello
que Grugnig había planeado.

Cada centinela una ala del elitro agarró,
y con tres de sus patas sujetó.

Pero Alfredo, dentro escondido,
decidió no darse por vencido:

<<Todo está a punto de acabar.
¿Qué pierdo por algo probar?>>

En ese momento de las alas delanteras, hacia arriba tiraron
y Alfredo se pegó a estas con todas las fuerzas
que a pesar del miedo le llegaron.

Por encima de sus cabezas las levantaron,
y Alfredo al estar pegado a estas,
tuvo suerte porque no le detectaron.

Sobre ellas tenían el elitro alzado.
Como si de unas trampillas en la espalda de Grugnig
se hubiesen tratado.

Alfredo desde ahí arriba les miraba,
rígido, sintiendo como la angustia,
tan despiadada, por dentro le asfixiaba.

Por suerte, su vista no alzaron
y por los pelos no le pillaron.

Grugnig no entendía lo que pasaba,
¿Por qué no vieron a la ventosidad,
que estaba en su espalda atrapada?

¿Había desaparecido?
¿A dónde había ido?

Las centinelas su pensamiento interrupieron,
pues otro comentario profirieron:

<<TUS ALAS TIENEN UN OLOR MUY EXTRAÑO,
¡COMO SI NO TE HUBIESES LAVADO
EN MESES, O QUIEN SABE SI EN TODO UN AÑO!

<<NO QUEREMOS PROBLEMAS, TE DEJAREMOS PASAR.
PERO TAMBIÉN EN TU ESPALDA TE DEBES LIMPIAR.

<<LAS ENFERMEDADES POR SUCIEDAD,
SON INCREÍBLEMENTE CONTAGIOSAS;
UN PEQUEÑO BROTE PUEDE ACABAR CON MEDIA SOCIEDAD.

<<SI TE VOLVEMOS A ATRAPAR,
EN UN ESTADO TAN SUCIO,
TE DEBEREMOS ENCERRAR>>

Grugnig masculló: <<TENDRÉ MÁS CUIDADO...
Y ME APLICARÉ UN INTENSIVO... ASEADO.>>

Con una reverencia se despidieron.
Cuando del pasillo desaparecieron,

Grugnig clamó, preocupado:
<<¿GRAN PEDO?¿COMO TE HAS ESCAPADO?

<<¿SIGUES AHÍ ATRÁS?>>
Y Alfredo le contestó:
<<¡No aguantaba ni un minuto más!>>

Tras el alivio reparador,
volvieron a su misión,
ahora con menos temor:

<<LO QUE MÁS TEMÍA
ES QUE PASASE ALGO ASÍ.
NO CONTABA CON QUE ESTO PASARÍA.

<<EN TODO CASO, ESTAS INSPECCIONES,
SON MUY INSÓLITAS.
NO NOS VOLVEREMOS A ENCONTRAR CON OTRA DE ESTAS SITUACIONES...>>

<<Perfecto entonces. Y como iba diciendo...
¿Cómo acabaré de aquí escapando?>>

<<AQUÍ LLEGA LA PARTE QUE NO TE GUSTARÁ...
VERÁS, HACE POCO ME PREGUNTÉ:
DENTRO DE LA OQUEDAD DE LA ESTATUA... ¿QUE HABRÁ?

<<ESCUCHÉ ENTONCES UNA VOZ, UN SONIDO LEJANO.
PARECÍA VENIR DEL INTERIOR
DE ESE MONUMENTAL MONUMENTO PAGANO.

<<RECORDANDO LA DIRECCIÓN DE LA RESONANCIA,
Y CALCULANDO MENTALMENTE LA DISTANCIA,

<<CAÍ EN LA CUENTA
DEL ORIGEN
DE AQUELLA VOZ CRUENTA.

<<LA CAVIDAD ALCANZA SU FINAL...
COMUNICADA CON LA SALA REAL>>

Alfredo recordó aquel lugar.
A la gigantesca cucaracha que le recibió,
y como el resto le impidieron escapar.

<<La sala de la que acabas de hablar...
¿Es por la que tuve que entrar?>>

<<ME TEMO QUE... EN EFECTO.
Y ES EL ÚNICO ESCAPE DIRECTO.

<<SI TE QUIERES LARGAR,
POR AHÍ DEBERÁS PASAR.

<<CON LA CUCARACHA REY TE CRUZARÁS.
DEBES EVITAR QUE TE VEA,
O CERRARÁ LA SALIDA, Y AQUÍ TE QUEDARÁS.
SIENTO NO PODER AYUDARTE MÁS...>>

<<No importa, me las intentaré arreglar.
No me dejaré fácilmente atrapar.>>

Continuó un tramo callado.
Mientras avanzaban por el pasillo mal iluminado.
Finalmente, escuchó a Grugnig decir:
<<GRAN PEDO... HEMOS LLEGADO.
TU MISIÓN DEBES CUMPLIR.

<<ASÓMATE SIN TEMOR.
EN ESTOS MOMENTOS,
AQUÍ NO HAY NI CUCARACHAS NI MOVIMIENTOS.
ESTÁN OCUPADAS TRABAJANDO EN GALERÍAS DE INTERIOR.>>

Alfredo de su escondrijo salió.
Quedó fascinado con lo que vió.

Era una habitación
de gran extensión.

Quizás grande como el comedor.
Había nula decoración,
solo antorchas y candelabros en derredor.

Pero lo más impresionante,
era la estatua del centro,
una cucaracha rojiza gigante.

Se trataba de una construcción,
que aunque algo tosca, era de notable tamaño.
Siete metros de largo y otros tantos de ancho era su dimensión.
<<SOLO SABEMOS, QUE DE ALGUNA FORMA APARECIÓ AQUÍ ANTAÑO.>>

Su piedra parecía decorada,
pues por alguna extraña razón
de rojo había quedado pigmentada.

<<SINCERAMENTE, NO CREO QUE SEA DE ORIGEN NATURAL,
NI MUCHO MENOS, COMO SE ASEGURA, CELESTIAL.

<<PERO ESO NO IMPORTA AHORA, EN REALIDAD.
MÉTETE DENTRO, ANTES DE QUE ALGUNA LLEGUE.>>
Alfredo vio en los ojos de la estatua aquella oquedad.

Se metió dentro obediente a la voz,
raudo y veloz.

<<BUENO... NUESTRO VIAJE ACABA AQUÍ.>>
<<¿Estarás bien, Grugnig?
<<SÍ, NO DEBES PREOCUPARTE POR MÍ.

<<ESTARÉ BIEN, PERO AHORA DEBO MARCHAR.
PRONTO VENDRÁN LAS OTRAS.
RECUERDA DE LO QUE DEBES HABLAR.
¡NO NOS FALLES!
¡NADA TE CALLES!
DE TI DEPENDE EL FUTURO DE TODAS NOSOTRAS.>>

Escuchó unos pasos alejarse.
Cuando supo que por el pasillo
ya había vuelto a irse,

Sintió como nunca la soledad
ante tamaña adversidad.

Todo dependía ahora de su actuación.
Mientras improvisaba en su mente un guión,

Oyó un nuevo y pesado caminar.
Decenas de patas se escuchaban
al suelo pisar.
Miro por un orificio, y vió como se acercaban.
Las primeras cucarachas, a rezar a su dios acababan de llegar.

A medida que llegaban,
por hileras se situaban.

Era remarcable su organización.
No habían asientos de ningún tipo,
pero ello no impedía su perfecta distribución.

En filas de siete a cada lado se ponían.
No había empujones ni choques.
Con su gran organización se repartían.

Además, se movían muy rápidamente.
Como si quisieran adorar a su dios cuanto antes,
y salir pronto de aquella sala deprimente,
huyendo de la severidad,
de aquella divinidad,
tan respetada por su fuerza omnipotente.

Pocos minutos más adelante,
se habían agrupado ya casi todas,
con fugacidad acuciante.

Cuando la última se situó,
la sala abarcaba incontables,
centenares, el pedo estimó.

Entonces, apareciendo desde el final,
salió una cucaracha con aire espectral.

Caminaba hacia la deidad,
con parsimonia y solemnidad,

Probablemente era una chamana,
que dirigía la sepulcral celebración
de aquella figura pagana.

Al llegar a la escultura,
se giró, con poca prisa y soltura.

A todas las cucarachas de un barrido visual contempló.
Entonces, para iniciar su arenga se preparó.

Alfredo, aunque intimidado,
no se bloqueó por la presión:
<<Mi momento ha llegado.
Hora de acabar con esta situación.>>

Con una voz de exagerada gravedad,
justo cuando la chamana iba a comenzar,
inició Alfredo desde la estatua el discurso de la verdad:

(¡Fin de la parte XXXIV! Parece que
la situación de las cucarachas llegará
pronto a su fin. Todas estas correrías acaban
en este discurso. ¿le saldrá bien? ¿O la diñará
y tendrá ante él a todas las cucarachas de nuevo?
En la parte XXXV lo sabremos, amigos. Adieu.)